[...] «Carla, por ejemplo. Una chica de 14 años que estudiaba en un colegio, el Santo Ángel de la Guarda, y con una madre que ahora conocemos, Monserrat. Carla se suicidó arrojándose por un acantilado de su ciudad, Gijón, enferma de desesperación por el acoso y la burla a la que le sometían algunas compañeras de clase. Se mofaban de su físico y de su supuesta condición sexual.
Las dos chicas que lideraron las vejaciones a las que la adolescente fue sometida el año antes de que se quitara la vida han sido condenadas a cuatro meses de tareas socioeducativas para mejorar su empatía con el prójimo, en particular, con los seres más débiles. ¿Es suficiente?
Montserrat Magnien en un fotografía con su hija Carla / Foto: Paco Paredes |
»A Carla le daba terror ir al instituto, pero al temor que le producía el encuentro con sus torturadoras había que añadir uno de nuevo cuño: la angustia que le provocaba el comprobar cómo se burlaban de ella a través de las redes, es decir, como divulgaban en el ciberespacio la mofa para tenerla paralizada en un terror sin escapatoria».[...]
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Me uno a la indignacion de elvira lindo. Todos hemos sido testigos alguna vez de abusos para con el mas debil del grupo,y no siempre hemos reaccionado con la presteza y contundencia debidas. Mea culpa...
ResponderEliminarEl Tapir
Con el líder, el guapo, el caradura, el graciosillo, etc. nadie se meterá nunca. Siempre con el débil. Gran Uribe lo ha visto algunas veces (pocas, porque es difícil de detectar) cuando ejercía su labor docente y siempre es el mismo perfil. Un tema muy desagradable.
EliminarY los compañeros no hay manera de que digan "esta boca es mía", por supuesto.
Con eso y con condenas como las que han aplicado a esas individuas el problema no acabará nunca.
Ese tipo de comportamientos me parece deleznable, como lo es siempre abusar del más débil de cualquier modo y manera, y dice mucho del individuo que lo practica, sea cual sea su condición. Creo que hay que atajar de forma más contundente esas conductas, y parar los pies a esos matones y matonas que, en el fondo, no son más que unos cobardes. Y se puede. No con correctivos como el que se ha aplicado en este caso, que no es más que que una manera de mirar hacia otro lado, y una vergüenza, sino con actuacines más acordes a la gravedad de los hechos y más justas, para enseñarles, para eso estamos, que así no van a poder andar por las aulas, ni por la vida, porque hay leyes, y no apaños para eludir o sortear la propia responsabilidad. La de los que juzgan y la de los que son juzgados.
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