martes, 10 de marzo de 2026

Homenaje (tardío) al arquitecto y profesor Sostres

Josep Maria Sostres Maluquer durante una conferencia
Como no nos gusta la actualidad "más rabiosa", nos tiene inquieto, G.U. prefiere dedicarse otros temas.
 
G.U. tuvo el privilegio de que Josep Mª Sostres le diera clases de Historia del Arte en 2º de carrera, durante el curso 1969-1970 (plan de 1964). Y puede afirmar que jamás ha disfrutado tanto como con aquellas sesiones magistrales. Hablaba con delectación del arte persa, de los patios de la antigua Roma, del gótico catalán, del Renacimiento... Pero algunos alumnos contestatarios (había muchos por aquel entonces) le dijeron que ya estaba bien de antiguallas, que querían que les explicara algo más actual. El hombre no quería líos y, sin poner ninguna pega, saltó al día siguiente sin despeinarse al Art Nouveau, a las vanguardias, a la Bauhaus, con igual disfrute y conocimiento. La asignatura debería haber tenido una hora más semanal, porque nos perdimos el Barroco y el Neoclasicismo, nada menos.
Reunión del Grupo R. [Reconocemos a Sostres (2º a izquierda), Bohigas (centro) y Ribas Piera (derecha)]
Si le hacías alguna pregunta se le adivinaba tímido, al hombre se le veía siempe algo melancólico, frágil ("disfrutaba" de mala salud). No es raro. En la ETSAB había en aquellos años un ambiente muy raro, muy crispado, en el que él no se sentía nada cómodo. Convivían profesores del Ancien Régime, con compañeros suyos del grupo R¹ (Bohigas, Coderch, Valls, Ribas Piera...) y con emergentes alumnos dispuestos a dinamitar todo eso, pensando que así se cargarían a un Franco ya en fase otoñal.  
Joan Bassegoda en su despacho de la Catedra Gaudí, en las caballerizas Güell, de Gaudí.
Sostres había sido profesor de "Arquitectura del Paisaje" y catedrático de "Historia de la Arquitectura" del plan de 1957 (además de ostentar la "Catedra Gaudí"). Con el cambio de plan de estudios, fue relevado en 1964 de esas materias. No sabemos por qué. Lo del cambio de titular de la "Cátedra Gaudí" vino luego. A su cargo quedarían sólo estas modestas clases de Hª del Arte que comentamos.

Todo eso recayó en Joan Bassegoda Nonell, franquista de tomo y lomo; un erudito enciclopédico en temas de Gaudí, pero tal vez en pocas cosas más. [A este señor lo padeció G.U. de profesor de Historia de la Arquitectura. Como trabajo para aprobar esa asignatura tuvo que hacer la recensión de cientos de libros de su biblioteca, rellenando eso, cientos de fichas. No aprendió nada más que a resumir legajos].

¿Qué había pasado? Se dice, aunque no lo sabemos a ciencia cierta, que tenía el enchufe de su padre (Bonaventura Bassegoda Musté), catedrático y secretario perpetuo de la Escuela de Arquitectura de Barcelona; un sujeto que todavía pinchaba y cortaba mucho por allí. Pero... volvamos a Sostres.
Josep Maria Sostres, Casa Agustí (Sitges) / (Construida en 1955 y destruida en 1975) / [ Fotografía: Català-Roca]
Josep Maria Sostres, Casa Agustí (Sitges), plantas de distribución
Sostres estaba melancólico quizá no sólo por todo eso. Ni siquiera sus compañeros del Grupo R. dijeron esta boca es mía, mostrando una "solidaridad cero" con él. Además, sus pocas obras construidas estaban empezando a ser mancilladas por sus propietarios, cambiándoles el sentido original, tan bien meditado. El colmo fue (pero G.U ya estaba fuera) cuando derribaron la Casa Agustí, en 1975.
Josep Maria Sostres, Casa Agustí (Sitges) / (Construida en 1955 y destruida en 1975) / [ Fotografía: Català-Roca]
Josep Maria Sostres, Casa Agustí (Sitges) / (Construida en 1955 y destruida en 1975) / [ Fotografía: Català-Roca] 
No estaba protegida en ese momento. Sabemos que Ignacio Agustí, al que habían ido muy bien las cosas como novelista tras la guerra, empezó a tener problemas de salud y financieros y vendió la casa en 1972. Por qué los nuevos propietarios la derribaron, lo ignoramos, aunque no es difícil suponerlo.

G.U. no ha ido por allí y no sabe qué hay ahora, pero se teme lo peor. El pobre Sostres decía por aquel entonces que se conformaba con que quedara testimonio gráfico de que esas obras existieron tal como él las diseñó². Y de eso tenemos muestra. Por eso mismo empieza a ser rescatada su figura, tan frágil.



1. El grupo R se fundó el 21 de agosto de 1951 en el estudio de José Antonio Coderch y Manuel Valls en Barcelona, por iniciativa de Moragas y Sostres, como reacción a la arquitectura de corte académico monumentalista desarrollada en los años de la posguerra española. Tenía el propósito de entroncar con la actividad desarrollada antes de la Guerra Civil por el GATCPAC. Aparte de los cuatro arquitectos mencionados, el resto de miembros fueron: Oriol Bohigas, Josep Maria Martorell, Joaquim Gili y Josep Pratmarsó. Más tarde se añadieron Manuel Ribas Piera, Josep Antoni Balcells, Francisco Bassó, Guillermo Giráldez, Pau Monguió y Francesc Vayreda.

2. Comentó Sostres: «Este final estaba previsto. En cierto modo ha sido preferible. Solo aquellos que tienen una visión inmovilista de la historia pueden confiar en que este hecho pueda llegar a afectarme interiormente de manera radical o bien cambiar su significado en el tiempo, al contrario, si queda el testimonio fotográfico se conservará en el futuro su apariencia fresca y nueva -en plena juventud- tan difícil de conservar en un edificio, que en definitiva estaba destinado a ser un ejemplo y en este sentido ya había cumplido su objetivo».


Josep Maria Sostres, La Casa Moratiel —"MMI"— (Ciudad Diagonal)

[De la Casa Moratiel —MMI— y de su famoso radiador hablaremos otro día]

domingo, 1 de marzo de 2026

«¿Desea valorar su experiencia de configuración?»

Hará cosa de un mes dejó de funcionar Internet en casa. Sin él... ¡estábamos perdidos! La inmediata llamada a 1004 se saldó con que se trataba de una avería general en esa zona, pero ¡ojo!, habían detectado, al efectuar el análisis de la línea, que teníamos un Router obsoleto, atrasado o antiguo, no recordamos el adjetivo. Y que un mensajero nos traería al día siguiente un Router SmartWiFi 6 Go

El Router que obra en poder de G.U., a la espera de "configuración"

G.U. es un analfabeto en estos asuntos, que sabe que para un iniciado son "coser y cantar", pero él no figura en esa categoría. Es más, detesta todo esto, casi como Arturo Pérez-Reverte, como podrán comprobar más adelante. Uno no es capaz de "configurar" nada. A la pregunta de G.U. de si el que lo trajera se encargaría de "configurar" todo el asunto, ordenador, TV, Movistar+, móviles, nevera, robot de limpieza, etc., el asesor comercial indicó que no, que era muy fácil ajustar los nuevos parámetros, había un folleto de instrucciones en la caja y un enlace a un vídeo explicativo. Y colgó sin más.

Y al día siguiente, en efecto, llegó un sujeto con el flamante Router. En Telefónica nos han dicho que, haciendo una excepción, vendrá un técnico a solucionar el asunto sin coste adicional y que ya se pondrán en contacto con nosotros para quedar día y hora. Un mes después, aún estamos esperando, sin prisa alguna, porque nuestro Router antiguo funciona perfectamente, aunque esté obsoleto.

Entretanto, el jueves leímos una columna del escritor antes citado, que tiene una pluma muy ágil para describir este tipo de embrollos y aquí nos sentimos identificados con él una vez más. Dice así: 

«Compré un televisor nuevo. No porque lo necesitara, sino porque soy un ingrato: el antiguo funcionaba sin pedir a cambio más que cariño. Encendías, salía la imagen y punto. Algo que ni el progreso ni mi estupidez podíamos tolerar. El nuevo llegó en una caja enorme que abrí como quien desactiva una bomba: con cuidado, sudor frío y la intuición de que hagas lo que hagas, cable rojo o cable azul, algo va a salir mal. Dentro estaba él: negro, ultraplano, mirándome con la arrogancia silenciosa de los objetos que saben que eres un tiñalpa. Yo soy moderno y tú no.

Lo enchufé, pulsé ‘encender’ y ahí empezó lo guapo. «Bienvenido», dijo la pantalla. Mentía, claro. Nadie te da la bienvenida a un interrogatorio policial. Primera orden: el idioma. Español. Todavía bien. Segunda: país. España. Seguimos. Tercera: conexión a Internet. Aquí ya levanté una ceja pero acepté. Introduje la contraseña del WiFi usando un mando diseñado por alguien que claramente odia a los seres humanos. Fallé, claro. Fallé otra vez. A la tercera entró por pura chiripa. Entonces, sin anestesia, llegó la frase capital que define nuestra época: «Para continuar, debe iniciar sesión o crear una cuenta».

Inspirado en un buen artículo de Pérez-Reverte: Hoteles inteligentes y la madre que los parió
[granuribe50 (20/3/2017)]

Ahí comprendí —la jiñaste, Burtlancaster— que no había comprado un televisor; había adquirido un funcionario, un burócrata electrónico con alma de rascapuertas y vocación de notario. ¿Iniciar sesión? Claro, cómo no. Porque todo ciudadano decente tiene, por supuesto, una cuenta creada para cada electrodoméstico que compra: una para el microondas, otra para la aspiradora, otra para la madre que los parió. Pero, bueno. De perdidos al río. Metí mi correo. Contraseña incorrecta, naturalmente. Recuperar contraseña. Móvil en mano. Código. Otro código. El código ha caducado.

El televisor me observa de reojo, juzgándome. Supongo que descojonándose entre circuitos internos. Yo empiezo a sudar como en esas saunas que ustedes saben. Creo una cuenta nueva. Nombre. Apellidos. Correo. Contraseña. Una contraseña fuerte, dicen. Fuerte para quién, me pregunto. ¿Para resistir un dron de Putin, una extracción de Maduro estilo Trump, o para dar por saco al usuario? Procedo. Mayúsculas, minúsculas, números, símbolos y, a ser posible, un trauma infantil, Flori. Aquella novia que tuve con siete años en el cole: Fl0ri1958CaRT. Acepto. Pulso.

Vendí la piel del oso antes de cazarlo, porque ahora vienen los términos y condiciones. No los leo, claro. Nadie lo hace. Pulso ‘aceptar’ con resignación fatigada y suicida. Probablemente acabo de ceder al hacker de la esquina mis datos, mi historial visual y mis derechos de autor. «Le hemos enviado un correo de verificación», me dicen. Voy al correo, ingenuo cual parvulito. No está. Refresco. Sigue sin estar. Spam. Ahí aparece al fin, escondido como un ladrón en la noche digital. Verifico. Todo correcto.

Vuelvo al televisor. Inicio sesión. Error. No un error concreto, no. Un «error inesperado». Que es la forma tecnológica de decir «búscate la vida, gilipollas». Respiro hondo. Vuelvo a empezar. Esta vez sí entra. Milagro. «¿Desea mejorar su experiencia activando el asistente de voz?». No, perra. No deseo hablar con la tele ni con nadie. Con mi abogado, si acaso. Desactivo todo. Me pregunta la máquina, supongo que en plan recochineo, si estoy seguro. Pues claro que estoy seguro. He leído Historia, cabrones.
Arturo Pérez-Reverte, a la espera de intentar más tarde ver si soluciona que "se ha producido un error inesperado"
[granuribe50 (1/3/2026)]

Siguiente fase: actualización del sistema. Obligatoria. Barra de progreso eterna. El televisor se reinicia. Me da tiempo a pensar en el fracaso de mi vida, en la decadencia de Occidente. En Flori. Vuelve a encenderse. «Bienvenido». Idioma. País. WiFi. Inicio sesión. Todo de nuevo. Porque el progreso también consiste en repetir las cosas hasta echar la pota.

Por fin accedo al menú principal; un caos de iconos, anuncios y aplicaciones que no pedí, no quiero y no puedo borrar. Toqueteo aquí y allá y me sale una china con tetas grandes vendiéndome un sofá. Me la salto. «Debe sintonizar los canales». Vale, sintonizo. Hay 843 canales: la mitad son teletiendas, ochenta emiten en una resolución digna de Los Intocables y treinta y dos están repetidos. Los otros ni los miro. Ordenarlos es manual, claro. Automatizarlo —capten la ironía— sería demasiado humano. Cuando termino, ya no soy el mismo: me duele un codo, la espalda y he condenado mi alma con blasfemias que escandalizarían a mi difunta madre. Por fin pulso un canal al tuntún y aparece la imagen. Algo azul. Los Pitufos, me parece. O no. Pero sobre eso, superpuesta, una pregunta: «¿Desea valorar su experiencia de configuración?».

Aquí es donde comprendes que la máquina no es tonta, ni complicada. Es cruel. Sabe chotearse. Sabe exactamente lo que ha hecho contigo, la hija de la gran puta».


Pérez-Reverte usa la TV sobre todo para ver cine, al que es muy aficionado (como lo era Javier Marías). El caso es que en casa nos pasa un poco lo mismo, pero no estamos muy satisfechos con la TV que tenemos; no se oye del todo bien y no se entiende lo que dicen los actores (y actrices) españoles/as, que bisbisean y no vocalizan, por lo que vemos esas películas con subtítulos, cuando los hay (pocas veces). Por tanto, estamos barruntando comprar otra (del mismo tamaño pero con mejor altavoz), aunque tras la experiencia que relata don Arturo —quizá algo ficticia— se nos pasan un poco las ganas.

jueves, 26 de febrero de 2026

Un país en que no gritan ni insultan al adversario

Manuel Vicent es un buen columnista, de prosa limpia y de tendencia tirando a "zurda". Domina las distancias cortas; en sus novelas (las hemos leído todas) es quizá un punto más flojo, a nuestro modesto entender, aunque no somos expertos (en esto ni en nada). Pero tiene un par muy buenas.

Hemos presentado en este blog algunas muestras de su gran talento para la escritura. No es fácil hacerlo así. Desde siempre recordamos aquella larga crónica de EL PAÍS SEMANAL titulada No pongas tus sucias manos sobre Mozart, magnífica, que publicamos aquí y que habíamos leído en los ochenta. Acabó dando titulo a un libro recopilatorio de sus crónicas de entonces. La primera edición tenía portada de OPS (después, "El Roto") y prólogo de Juan Benet, que aún vivía; ahí es nada.

G.U. piensa que todavía hubiera sido mejor si no hubiera escrito sus columnas siempre al amparo de EL PAÍS, un diario en el que solo te aceptan si demuestras ser "progre", estar situado "en el lado correcto de la historia" (o sea y a día de hoy, en el lado del gobierno de España y de su bello presidente, que no para de recibir elogios desde diferentes ámbitos por estar en ese lado). Si no, mal asunto. Quizá por eso, en los últimos años Vicent ha sido un "martillo de herejes" contra los que habitan (habitamos) al otro lado de ese muro levantado ladrillo a ladrillo no sin cierta habilidad por el equipo gubernamental..
[granuribe50]
Por ello, acabamos de leer esta tarde algo que nos ha sorprendido un poco, en su columna La España del silencio: que brinde un homenaje a las clases (se refiere a las un poco formadas) que habitan (habitamos) al otro lado de esa especie de muralla. En su escrito viene a contarnos "las verdades de barquero". Cosas que, aunque sean de lo más obvias, nos da la impresión de que se han olvidado.

«Pese a todo, este país está lleno de tipos elegantes, educados, honestos, de buena familia, probablemente de derechas, como también podrían ser de izquierdas, que no gritan ni insultan al adversario cuando hablan de política, sino que expresan su opinión con humor e ironía en la sobremesa con la misma naturalidad con que manejan el cubierto del pescado, entienden de quesos y de vinos, y antes y después de beber se pasan levemente la servilleta por los labios, aunque saben que son algunas palabras las que más ensucian la boca. Podrían ser de izquierdas como de derechas porque han ido a los mismos colegios de jesuitas, de marianistas o escolapios y comparten la orla de fin de curso, y en ella sus rostros juveniles mostraban una misma ilusión ante el futuro. Unos y otros fueron a la Universidad y algunos ampliaron estudios en el extranjero; luego volvieron a España y ocuparon puestos relevantes en las cátedras, en las finanzas, en la medicina, en la industria, en las ciencias y en las artes, repartidos por toda la geografía de la patria.

[Pablo Monge / granuribe50] 
No los verás sentados en cualquier bancada del Congreso de los Diputados, ni aparecerán emitiendo opiniones en las tertulias ni escribiendo en los periódicos, pero son muchos, están ahí, son los que llevan en silencio en su espalda el peso de este país. A veces sale del anonimato un científico desconocido de un laboratorio de provincias que ha descubierto una rara bacteria, o un cirujano que ha realizado una operación quirúrgica casi milagrosa; en este caso, su nombre permanecerá un día en el aire y enseguida se sumergirá en la España del silencio. Podrían ser de izquierdas o de derechas como tanta gente inteligente, laboriosa, sensible, muy dotada en su oficio, cuya sabiduría se deriva de su experiencia, gente que navega la mar, siembra el trigo, lleva los productos al mercado, paga los impuestos, y en su momento, ante cualquier adversidad, cumple con su deber y siempre da la cara. Si no los conoces es porque pertenecen a la sólida España que calla».

martes, 24 de febrero de 2026

"Reial Cercle Artístic" y la ilustradora Eva Armisén

Barcelona, COAC y Catedral / [granuribe50 (24/2/2026]
Tras la visita médica de rigor, nos pillaba cerca y hemos aprovechado para llegarnos a la plaza Nueva, junto a la catedral de Barcelona (un lugar de oración y también de negocio, 16 euros la entrada) y el Colegio de Arquitectos (en adelante, COAC). Retratamos el otro día la vista frontal y hoy una de las laterales, con otro friso de Picasso. Nos queda el tercero (pero todo se andará a la mayor brevedad).

[Un lejano día no se le ocurrió otra cosa a G.U. que traer a sus alumnos al COAC a dibujarlos, pero el resultado fue catastrófico, difícil explicarlo con palabras, a pesar de que parece sencillo copiarlos].
Barcelona, Picasso COAC, Friso de los niños / [granuribe50 (24/2/2026]
Hacía muchos años que no entrábamos aquí dentro. Vemos que en la antigua sala de exposiciones del COAC, la cooperativa Jordi Capell ha instalado bibelots para turistas, una pena. Sin embargo, nos llama mucho la atención que en el escaparate esté expuesto un libro del arquitecto Josep Mª Sostres, que fue un extraordinario profesor de Historia del Arte y un exquisito arquitecto, pero en modo alguno popular ni comercial. Y otro de Barba Corsini, otro casi desconocido arquitecto al que admiramos.
Nos introducimos en el COAC, salvamos con dificultad medio tramo de escalera (ya saben, cosas del aparato locomotor), compramos esos libros y al ir a pagar se le pregunta a G.U. si es socio. Respuesta: "Ay, no lo sé, lo fui, pero hace veinte años que no vengo ni compro nada y no sé si lo sigo siendo". ¿Su DNI, por favor?: "46 y seis números más, más la letra". "¡Bingo! ¡Sí! Bienvenido, señor Gran Uribe, conocemos su blog. Tiene derecho al descuento". [¡Bien, se nos recuerda y reconoce por aquí! (😂)].
Eva Armisén, Aquí estoy (2022) / [granuribe50 (24/2/2026]
Al salir de allí, nos dirijimos al Reial Cercle Artístic, donde se exponen obras de una artista que gusta mucho a doña Perpetua (y a G.U. también). Se trata de Eva Armisén. En Japón tienen mucho éxito sus trabajos y la prueba la tendremos en seguida. Encontraremos a varias japonesas en la sala.
Barcelona, Reial Cercle Artístic (patio de entrada, exposición Eva Armisén) / [granuribe50 (24/2/2026)]
En la entrada hay un hermoso patio, con acogedores arcos carpaneles. Hay varios parecidos en esta zona. Leemos que este lugar «tiene la esencia del barrio gótico, ideal para celebrar cócteles, catas y degustaciones». ¡Uf! Un sitio para eventos, que va a resultar "más falso que Judas", como casi todo ese barrio "gótico". Como lo sabemos hace tropecientos años... nos da igual, no seamos tiquismiquis.
Barcelona, Reial Cercle Artístic (patio de entrada, Exposición de Eva Armisén) / [granuribe50 (24/2/2026)]
Nos gusta lo que vemos. De hecho, la imagen que sigue es la de la taza en la que nos tomamos el brebaje matutino (tés, basicamente) y nocturno (tila, poleo menta, "infu-relax", etc.). Nos levantamos bien y nos acostamos mejor, si cabe. Pero, de tanto uso, está perdiendo el color y no debería ser así.
Eva Armisén, Mi isla (2023) / [A.R. (24/2/2026]
Aunque... una artista en la que predomina un exarcerbado cromatismo quizá merecería salas algo más luminosas, más alegres. Hemos tenido que aumentar con Fotochop la luz de las fotos, porque esa sala que ven en la imagen parecía casi una mazmorra. Es algo muy común en las salas de exposiciones, que parecen lúgubres grutas en aras de "lo sostenible". Bien es verdad que hay ancestrales pinturas que puedan sufrir por un exceso de lúmenes, pero no pensamos que sea éste el caso....
Barcelona, Reial Cercle Artístic, Exposición de Eva Armisén / [granuribe50 (24/2/2026)]
Eva Armisén, Una fiesta (2025) / [granuribe50 (24/2/2026]
Pero nos vamos contentos, ya que esta ilustradora inspira "buen rollo". Tanto es así que al final, aprovechando que hay varios espejos, decidimos hacernos un selfie de recuerdo, algo poco habitual en nosotros, pero es que los espejos ahorran utilizar ese palo tan incómodo y nos garantizan lejanía.
Barcelona, Reial Cercle Artístic, Selfie en la exposición de Eva Armisen / [granuribe50 (24/2/2026)]
]A la salida, tenemos delante un edificio de 1905 del arquitecto Arnau Calvet Peyronill, que fue una antigua central hidroeléctrica y hoy en día es el hotel Catalonia Catedral, "en un marco incomparable".
Barcelona, Arnau Calvet (arquitecto), 1905. Actual Hotel Catalonia Catedral y Restaurante Ascent
[granuribe50 (24/2/2026)]

lunes, 23 de febrero de 2026

Gregorio Morán, DEP

Hemos leído varios libros suyos y reproducido en este blog fragmentos de bastantes artículos, en general pertenecientes a Sabatinas intempestivas. Nunca se casó con nadie, arremetió contra "todo Dios", incluidos asuntos de "la transición" y del PP, aunque el hecho de descalificar tanto al procés como a eso que ahora llaman sanchismo le sirviera para ser cruelmente execrado en los últimos años desde esos flancos y para que le colocaran, de paso, la socorrida etiqueta de "fascista" (no lo era).

Escribe Joaquín Luna en La Vanguardia (el diario que acabó despidiéndolo por un artículo titulado De la miseria del gremio), una despedida titulada Muere Gregorio Morán, nada a medias tintas:

«El periodista y escritor asturiano Gregorio Morán ha fallecido en Barcelona a los 78 años, donde se afincó para publicar en La Vanguardia, sus muy seguidas Sabatinas intempestivas, artículos semanales sin medias tintas que, como las armas de fuego, a veces las cargaba el diablo y siempre su talento, reflejado en la elección de los temas, una prosa deslumbrante —por precisa— y el compromiso de ir al fondo de los asuntos sin nadar y guardar la ropa. Tiene su aquel que falleciese un 23 de febrero, él que radiografió la transición democrática y tantos palos dedicó a, entre otros, Adolfo Suárez, además de la biografía “Adolfo Suárez: historia de una ambición”, publicada en 1979.[...]

Miles de lectores de La Vanguardia aguardaban los sábados el artículo de Gregorio Morán, una cita que nunca dejaba indiferente. Rara vez dejaba títere con cabeza porque tenía una pluma poderosa, desacomplejada —con la debida mala uva— y como en este país nunca han faltado golfos, impostores y pseudointelectuales la sabatina estaba servida, una pieza donde rara vez sobraba una coma». [...]

A Gregorio Morán no le gustaban nada los obituarios, pero el de Iñaki Ellakuría —buen amigo suyo— no dudamos de que, allí donde esté, le parecerá bien. En él se nos explica con cariño toda su trayectoria.

domingo, 22 de febrero de 2026

En compensación, un homenaje a los órdenes clásicos

Sabemos que la entrada última pudo dejar mal sabor de boca a más de uno, con los diseños de un sujeto que fingía ser arquitecto sin serlo, lo que le permitió un trato de favor en la checa de Vallmajor. Quizá, en plan pelotilla, se quejara de que las celdas eran demasiado benignas para con el preso y se mostrara dispuesto a diseñar otras de menos "confort", dada su esgrimida condición de arquitecto. 

Lo hizo; el resultado es el que vieron ustedes, y eso le valió poder pasear "como Pedro por su casa" y codearse con los regidores de aquel lúgubre lugar. Los presos estaban atónitos, porque él empezó como ellos, preso, pero se supo buscar la vida con éxito allí (momentáneo; acabó en el Campo de la Bota).

[Salvando todas las distancias posibles, G.U. tuvo en la mili compañeros así ("enteraos", en el argot)].


[Lámina elaborada por Paolo Villa]

Bien. Vamos a enmendarlo. La arquitectura que nosotros estimamos, y mucho, no es la que esgrimió ese sujeto, va por otros conductos. Somos gente clásica; en eso estamos en el mismo equipo que F.C. Pensamos que desde todo punto de vista, después del dórico... "ápaga y vámonos". 

Capitel del orden corintio / [Imagen: unav.es]
Pero, ¡amigos!, se metieron por medio problemas escultóricos, que si volutas, que si hojas de acanto, y se llegó al orden corintio. Ojo, nos gustan mucho los capiteles corintios, quizá desde que dibujamos y pintamos a la acuarela unos cuantos durante el primer curso de carrera. Spoiler: nos quedaron bien.
Porche de una vivienda unifamiliar en las proximidades de Londres / [Arquitecto: Anónimo]
No todo el mundo sabe lo que son los órdenes clásicos ni, por supuesto, tiene puñetera idea de qué es una columna corintia. Quizá el constructor tampoco. O el propietario se cisca en ella, aún sabiéndolo; quiere eso y le hace un guiño al espectador haciéndose el graciosillo. Caso de ser así, que sepa el responsable de tal apostasía que a G.U. no le gustan tales gracietas. Con estas cosas, pocas bromas.
Vivienda unifamiliar en las proximidades de Londres  [Arquitecto: Anónimo]
En este chalet de "quiero y no puedo" hay de todo. Vean. Unas columnas descentradas en un pórtico saliente dentro de un entrante (cosa que habría vuelto locos a Ictino y a Calícrates —Partenón—, pero no a quien ha tenido la audacia de perpetrar tal alarde); un porche absurdo con una cubierta a varias aguas que desafía a la Geometría Descriptiva, un estorbo de pasos y vistas. Un engendro delirante. Y ya de máxima guasa, las columnas cabeza abajo. En fin, ese sujeto sabrá en qué invierte su pecunio...

viernes, 20 de febrero de 2026

Un poco de «Memoria Histórica»

El Periódico (@EPGraficos)
Alfonso Laurencic (1902-1939) fue un turbio sujeto de origen yugoslavo, que recaló con su esposa en la convulsa Barcelona de 1933, después de muchas vicisitudes, idas y venidas. Durante la guerra incivil estuvo facilitando salvoconductos de salida de España a gente de dinero. Por tal motivo, fue detenido y, después de ser internado en diferentes "checas", llevado a la de Vallmajor (muy cerca de donde en los setenta vivió G.U. quince años). Eran lugares a semejanza de los instaurados por la policía secreta de Stalin. El caso es que el tipo era "empático" (?), no dibujaba mal y decía ser arquitecto (no lo era).
"Diseño" de Alfonso Laurencic para las "checas" de la calle Vallmajor (Barcelona, 1937)
[barcelonamemory.com]

Hasta tal punto, que se hizo "colega" de los que llevaban aquel antro infame, llegó a codearse con los responsables de esos tenebrosos asuntos y le encargaron diseñar las celdas de aquel lugar (hizo lo propio con las de la calle Zaragoza). "Un buen trabajo": los encerrados allí no podían ponerse en pie, las paredes del habitáculo rezumaban humedad y una luz les daba en los ojos día y noche. También diseñó otras celdas más grandes, en las que incorporó copias de pinturas abstractas de la Bauhaus, camas inclinadas para impedir el descanso y suelos con ladrillos puestos de canto que dificultaran moverse por ellas. [M.C. ha escrito sobre eso en su blog varias veces. Por tanto, no insistiremos].  Al acabar la guerra, Alfonso Laurencic fue fusilado en el Campo de la Bota, en julio de 1939.

Susana Frouchtmann explica con detalle en El hombre de las checas: La historia de Alfonso Laurencic, el artista de la tortura (Ed. Espasa, 2018) lo que intentó averiguar sobre ese sujeto y su esposa Meri, que había sido institutriz de sus hermanas a finales de los años cincuenta. En el libro intenta sobre todo descubrir detalles de la vida de ese enigmático personaje, Meri, que había trabajado en la casa familiar. Los resultados de sus arduas y detalladas pesquisas son casi siempre exiguos; prácticamente todo el papelamen relativo a aquellos hechos ya no existe y no debe de ser nada fácil encontrar información.


[El abuelo de Susana por parte de madre (de ascendencia judía por parte de padre) fue fundador de la Clínica Corachán, lugar bien conocido por G.U. Se trataba de una acomodada familia de derechas]. 


En el epílogo del libro, y al margen de su investigación, Susana escribe algo, refiriéndose a su padre, que a G.U. le gustaría recalcar y que muchas veces olvidamos todos (incluido G.U., mea culpa):

«No se puede proscribir a nadie por el mero hecho de que no piense como tú, y él no lo hizo. Fuera cual fuera su ideología, respetar la de los demás es un síntoma de honestidad y talante democrático. Algo que en pleno Siglo XXI no pocos ven cuestionado, intimidados, asimismo, por nuevas y solapadas formas de fascismo. Imbuidos ahora también de una verdad irrebatible: no es políticamente correcto ni aceptable ser de derecha o conservador, cuando lo que no debería ser aceptable es ser inmoral de cualquier forma. Creo que si nos consideramos verdaderamente demócratas, debemos aceptar el amplio abanico que va de la derecha a la izquierda con todos los matices. [...]

Desconociendo qué haría yo de haber estado en su lugar; yo, que nunca viví una guerra, ni perdí en ella a un hermano, que murió en mi lugar. Olvidando lo que tantas veces hago mío, aunque sea de Voltaire: «No comparto tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla». Daría mi vida pero no mataría, porque estoy contra todo tipo de violencia. También la verbal. La violencia nunca ha sido ni será un argumento».




ANEXO [(basado en el libro de César Alcalá, Checas de Barcelona (Ed. Belacqua, 2005)]

Doce imágenes recibidas por la detestable Twitter (X)

Muchas críticas están recibiendo las redes sociales [en particular Twitter (X), aunque también TikTok], sobre todo por parte de nuestro actual presidente, tal vez deseoso de distraer la atención de aquellos asuntos que no le dejan en muy buen lugar, buscando demonizar aquellas redes en las que es criticada su labor (a veces con insultos, cierto) y con ánimo de eternizarse en la poltrona, un escudo fiable.

Si las utilizas o te asomas a ellas: 1) O eres un adolescente desorientado, carne de cañón de todo tipo de manipulaciones o de sinvergüenzas. 2) O eres un tipo adocenado, sin otros centros de interés. 3) O eres un "fachosferista" de manual. Pues bien, G.U. entona el mea culpa: usa Twitter (X), aunque no sabe en qué apartado encuadrarse (va a ser que en el primero, no, of course). Por esa red, durante este mes le han llegado bastantes fotografías (varias ya muy conocidas) que han llamado su atención. 

Veamos algunas de ellas:
La joven de la perla, de Vermeer, nos vigila desde esa sala del Rijksmuseum de Amsterdam.
El arco ojival de Mazarreros (Burgos), inasequible al desaliento. "España vaciada", versión arquitectura.
Un clásico. Ese chismoso sujeto asoma la jeta en la Abadía de Sainte Foy, en Conques (Francia).
La llamada "obra vista" acepta multitud de disposiciones posibles; no descartamos ninguna.
Los tres más grandes maestros de la arquitectura del XX en un pack de regalo. Aunque les falta un palmo de pierna a los tres, eso no les resta ni un ápice de grandeza (echamos en falta a Alvar Aalto).
Frank Lloyd Wright enseña la maqueta del Guggenheim a sus "fans" (G.U. está en ese equipo).
Aquí una recreación de cómo sería la Casa de la Cascada reconvertida en chalet con piscina.
Los vecinos de Grazalema han vuelto a su casa. Es un pueblo precioso, pero su situación...
Aquí uno de los "sueños húmedos" de Trump (Groenlandia). El otro es la «Riviera de Gaza»
¿A que reconocen que el lugar?: la manzana de "La Pedrera", de Gaudí. Hablamos de eso hace poco.
Poco respeto merece la enseñanza hoy en día. Los que escriben las notas en la puerta del colegio no son Cervantes, pero eso de ir a hablar con los tutores "estando en pijama o bata de estar en casa"...
Subimos el nivel, sólo para conocedores del Dibujo Técnico. Las tres imágenes son truth.

martes, 17 de febrero de 2026

El riesgo de ser arrollado en las calles de Barcelona

El señor Enric Sierra, vicedirector de La  Vanguardia, ha escrito un artículo que compartimos al cien por cien, y por eso lo reproducimos también al 100%, sin corte alguno, por si ustedes no pueden acceder a él en el digital. Se titula El problema oculto de la inseguridad en las calles y complementa un poco lo que comentábamos en nuestra entrada del 11 de febrero de 2026 (Barcelona y su deterioro).

«Cuando la mitad de la gente dice que se siente insegura al caminar por la calle. Cuando afirman que salen de casa con miedo a que un patinete, una bici eléctrica o un rider les arrolle nada más asomar por el portal. Cuando aseguran que ir a tirar la basura al contenedor, bajar de un bus o buscar un taxi en una parada son operaciones con un alto riesgo de ser atropellado debido al carril bici que hay al lado. Cuando cruzar un paso de peatones o pasear por las zonas “pacificadas” como las supermanzanas o zonas 10, 20 o 30 km/h es angustioso por el habitual zigzagueo entre los peatones que hacen las bicis y patinetes.
[El Periódico / granuribe5o]
Cuando los semáforos rojos no detienen a los llamados vehículos de movilidad personal porque se los saltan impunemente. Cuando estos y otros casos de inseguridad que sufre el peatón de Barcelona aumentan y afectan sobre todo a mujeres y a mayores, la ciudad tiene un problema gordo que no puede ignorar y que requiere de un plan para responder a una oculta realidad que destapa el último estudio del RACC porque los ciudadanos que van a pie representan a la mayoría de la movilidad de la ciudad.

La solución no solo pasa por crear normativas que se incumplen por falta de vigilancia y de sanción. Se trata de abordar una revisión profunda que apela directamente al diseño del espacio público pensando en todos los usuarios, empezando por los peatones que son los más numerosos y vulnerables. En cambio, se ha priorizado a una ínfima minoría que viaja en patinete, en bici eléctrica o repartiendo paquetes sobre dos ruedas.

[granuribe50 (17/2/2026)]

Y todo ello se ha hecho obviando a los técnicos en movilidad y seguridad viaria cuando indican que las señales de tráfico o las que ordenan el espacio público deben ser claras para evitar la confusión que causa el vigente diseño urbano de Barcelona. El principal error que se ha cometido es pensar que en todas las calles cabe de todo: el bus, los contenedores, los carriles bici, los coches, los peatones, las terrazas de los bares, la indisciplina en la doble fila de carga y descarga, árboles, jardines, las motos aparcadas... El tamaño de muchas calles no da para todo eso.

Por otro lado, las zonas pacificadas, como su nombre indica, deben estar diseñadas para el paseo tranquilo de los peatones y no como ahora que se ha convertido en una especie de circo romano donde lanzamos a los sufridos viandantes a los leones. El actual modelo parte de una buena idea, pero su aplicación tiene muchos defectos y, lo que es peor, provoca el efecto indeseado del estrés y la dificultad y miedo a caminar. Especial comentario merece el peligroso diseño de los pasos de peatones, de las zonas 10, 20 o 30 km/h, llamadas plataformas únicas, donde se mezcla todo y donde el peatón es el más perjudicado. Los carriles bici sobre la acera, los de doble dirección o los semáforos en ámbar para estos vehículos de dos ruedas son un peligro y parece mentira que la autoridad competente se empecine en no corregir esta anomalía.

Tampoco ayuda la impunidad que disfruta la mencionada minoría de la cadena de la movilidad. Esta inimputabilidad cuenta con avales políticos de relevancia y se traduce en una laxitud en la vigilancia policial. Dicho de otra manera, saben que no les pasará nada porque están de moda y es feo sancionarlos, como sí sucede con el resto de modalidades motorizadas que circulan y a quienes se les aplica la tolerancia cero.

En definitiva, la gran mayoría de ciudadanos (y de votantes) tiene un problema que la administración puede resolver, pero antes debe pasar una cosa poco común en política que es admitir un error y corregirlo. Esto es lo más difícil».