Bueno, deseosos de ver una exposición en la Sala Parés, de Barcelona, que
acababa al día siguiente, desembocamos en la Av. de la Catedral, a cuyo parking
hemos accedido en "coche particular (ese y los taxis son los únicos medios que
utiliza actualmente G.U. para sus desplazamientos por la ciudad).
Lo primero que nos encontramos es un edificio que resulta ser un viejo conocido
nuestro: el Colegio de Arquitectos. Desde bastante antes del confinamiento que
no pasábamos por aquí. Allí sigue, claro, el friso con los estupendos dibujos de
Picasso (1962). [Los de los frisos laterales nos gustan más, ojo]. Y allí vemos
que hay una exposición sobre un arquitecto, un antiguo compañero de clase en 1º
de la ETSAB —ya era bastante espabilado entonces—, al que luego le fueron mejor
las cosas que a G.U, al menos en lo arquitectónico. En lo demás, no sabemos. Por aquí no nos podemos quejar.
Emprendemos desde allí un recorrido que en el pasado hicimos tropecientas mil
veces, ya que nos gustaba mucho. Es el trayecto entre la Avenida de la Catedral
y la plaza del Pino, a través el
Carrer de la Palla (antes, "de la
Paja"). La cosa no puede empezar mejor. La fachada del antiguo
Hospital de Sant Saver sigue igual, espléndida, con esas esculturas y el arco serliano del primer piso, que
nos encanta. Igual, igual, no: le han quitado los cables que pasaban sobre el dintel y bajo las esculturas.
Sigamos. ¡Uy!, esto se complica: donde antes había varias librerías de viejo y
anticuarios, ahora nos encontramos esto que ven ustedes. Parece ser que esos
locales fueron cerrando en un lento goteo, pero como hacía una década que no
pasábamos por aquí, lo ignorábamos. Han sido en su mayoría sustituidos por este
tipo de tiendas. No podemos culpar del todo al Ay Untamiento. Si no fuera por
esos nuevos negocios, todo sería persianas bajadas y pintarrajeadas por nuestros
"artistas urbanos".
Bueno, al fin, llegamos a la
Plaça del Pi. Allí, aparte del nuevo local de venta
de "
caganers", por lo menos siguen en pie el pino y la cuchillería Solingen, con su colección de cuchillos, navajas (¡buenos ejemplares de Albacete!) y artilugios varios. Está
situada en los bajos del edificio del gremio de
Tenders Revenedors, que
alberga una escultura del arcángel San Miguel, su patrón, dentro de una
hornacina.

Es el que tiene —se dice— los esgrafiados más antiguos de la ciudad. El
edificio es de 1685 y los esgrafiados se restauraron en 1984. Menos mal. Además, sentimos un gran alivio de que quede alguna tienda de las de nuestros
"viejos tiempos". En cuanto a las Galerías Maldá, será mejor no entrar...
No hemos retratado la fachada entera porque queda poco estético el rosetón
tapado por una sábana.
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Frederic Lloveras, Plaça de Pi, [acuarela tomada de
Llums i silencis (1953-1959)] (Ed. Ajuntament de Barcelona) |
Hay tiempo, o sea que nos introducimos en el interior de la iglesia de
Sta.
Maria del Pi. Ojo: el párroco es un tipo espabilado y cobra 8€ por entrar,
salvo que —vía DNI— acredites que vives en Barça, en cuyo caso es gratis.
Por eso accedemos, ya que 8€ nos hubiera parecido un poco excesivo para
entrar a un lugar en el que estuvimos decenas de veces sin pagar ni un duro.
Nos gusta mucho. Nos gusta menos que los bancos de madera tradicionales
hayan sido sustituidos por sillas, como en un cine.
Recordamos lo de los "mercaderes del templo", pero comprendemos que sea
molesto que se les llene de guiris a chafardear, que los hay, porque es un edificio que
tal vez salga en muchas guías turísticas.
Como quizá sepan, la basílica de Santa María del Pino fue saqueada e incendiada en 1936 durante la guerra civil, sufriendo terribles destrozos, entre ellos el de su órgano. El actual fue construido en 2011 por el taller
Blancafort Orgueners de Montserrat, una reconocida casa organera catalana.
En cualquier caso, es una iglesia espléndida del siglo XIV, un hermoso ejemplar de
gótico catalán de nave única, con los contrafuertes embebidos entre las
capillas laterales, lo que posibilita un mejor seguimiento de los ritos
cristianos, dada la amplitud de la nave. La iluminación la garantiza el
rosetón. Una solución muy práctica y muy propia de estos lares. Hay otras
así, como la del monasterio de Pedralbes o la catedral de Gerona, de las
que ya hemos hablado otras veces.
Como hay tiempo sobrado, nos vamos a pasar fisgoneando un ratillo. Hacía
como diez años que no pasábamos por aquí (y diez más que no volveremos).
Aquí creemos recordar que estaba la librería "Documenta", mil veces
visitada. Sabe mal, porque allí habíamos comprado en su día muchos libros.
[Desde hace una década está en c/ Pau Claris 144. Menos mal que no ha
desaparecido como otras].
Y seguimos, un punto deprimidos, hasta el
Carrer d´en Roca, una
calle en la que confesamos no haber estado nunca en el pasado, pese a
haber pasado tantas veces por allí al lado. Sabemos, gracias a M.C., que
allí hay una hornacina con Sant Roque enmarcado por un arco ojival. Se
trata de ésta que ven.
Hemos leído en algún diario que en esta calle dejan abiertas todas las
luces de las fiestas encendidas en señal de modesta protesta porque el Ay
Untamiento no pone iluminación suficiente, en un lugar bastante delictivo.
No sabemos si también protestan por el olor a orines, que resulta un punto molesto.
Al fin llegamos a la calle Petritxol, la que ven en las fotos superiores,
que fue primera calle peatonal de Barcelona. Nos gustaba mucho
antiguamente. Pasábamos muchísimo por aquí. Ahora, ya nos empieza a gustar
menos, aunque sigue teniendo "algo". Damos una vuelta hasta arriba
(Puertaferrisa) y vemos que han desaparecido bastantes negocios de los que más nos interesaban; granjas, tiendas de Bellas Artes (recordamos "Rigol", donde habíamos comprado acuarelas, pinceles, papel), de decoración, etc.
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Frederic Lloveras, Carrer Petritxol (1957), [acuarela tomada de Llums i silencis (1953-1959)] Ed. Ajuntament de Barcelona |
Los edificios siguen donde estaban, también la calle; la virgencita en
la hornacina, junto a la Sala Parés, sigue donde estaba, los letreritos
presuntamente "de época" también y aquellas estatuas al borde de la
balaustrada, también. Pero los locales de las plantas bajas son
deprimentes en su mayoría, casi nada queda de lo que recordaba G.U.
Mejor será que nos refugiemos ya en la Sala Parés, que sigue allí pese a
todo (y ojalá que siga mucho tiempo), para ver la Exposición "
Figuracions entre guerres".
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Portada del libro sobre la exposición
Figuracions entre guerres, 1914-1945
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Amigos, entramos en otro mundo. Les hablamos en la próxima. Sigan
atentos a la pantalla,
please.
[Las fotografías son de granuribe50 (6/2/2026), excepto los planos y las que
se indican]