lunes, 21 de septiembre de 2026

Ayer Javier Marías hubiera cumplido 75 años

Ayer Javier Marías hubiera cumplido 75 años. Era doscientos siete días más joven que G.U. Nació el 20 de septiembre de 1951 y falleció el 11 de septiembre de 2022, tal como hemos recordado aquí. Fue un día muy triste para quien esto escribe. Pues bien, como decíamos hace unos días, aprovechamos entonces para reabrir al azar alguna de sus novelas. Por ejemplo, la que empieza de esta manera: «No he querido saber, pero he sabido...» (Corazón tan blanco, Ed. Anagrama, 1992), el inicio de un párrafo inolvidable y bastante impactante. Veamos algunas frases más del principio:

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. 

Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él». [...]

Este bloguero suele preferir la sintaxis sencilla, de tipo barojiano; por ejemplo, la que Javier Marías empleaba en sus artículos. Pero esa prosa compleja de sus novelas  le cautiva también, le sigue embobando de manera muy difícil de explicar. No a todos nos gustan las mismas cosas y nos parece muy bien, faltaría más... Y está claro que no. Hay quien solo ha leído algún artículo y lo tilda de facha y hay quien ha leído una sola novela suya, eleva la anécdota a categoría y lo execra, como les ocurre a otros escritores. 

Como, por ejemplo, un sujeto llamado García-Viñó (EPD) —que escribía en una revista llamada LA FIERA LITERARIA— no lo podía ver ni en pintura (tampoco a Almudena Grandes) y "le decía de todo menos bonito". Acaso le faltaba un poco de ojo clínico, porque lo más suave que dijo de él es que "Javier Marías carece del gen de la literatura".

Vemos aquí arriba un ejemplo más amplio, en el que García-Viñó quizá se pasaba un par de pueblos, pero lo dicho: que cada uno escriba lo que quiera en su revista, si no insulta. Aunque... esas comas de las dos primeras líneas quizá le invalidan para acusar a Marías —en la tercera— de que «no sabe puntuar».


Barcelona, Diagonal / [Fotografía: A.R. (21/9/2026, 20:08 h)]
En fin, en estas cosas iba uno esta tarde, cavilando sobre la existencia, sobre lo divino y lo humano, también sobre literatura, en un paseo preotoñal por la Diagonal recordando a Javier. El atardecer era espléndido, eso que llaman ahora llaman "candilazo", pero uno iba sumido en profundas reflexiones y tuvo que ser doña Perpetua quien tomara un par de imágenes del momento con su móvil. Eran las 20:10 h. El caso es que así se siente G.U. en estos días: preotoñal, o, mejor dicho, otoñal del todo. Pero aquí seguimos, ojo.
Barcelona, Diagonal / [Fotografía: A.R. (21/9/2026, 20:10 h)]

sábado, 19 de septiembre de 2026

Sí; este bloguero es un «carroza» ¿algo que objetar?

G.U. admite que es un «carroza» (convicto y confeso). Los que lo tildan así, aciertan de pleno. No obstante, quede claro que admira ciertos inventos de la ciencia y reconoce avances importantes en la medicina, sin los cuales quién sabe si no hubiera fallecido ya. También en comodidades varias y en numerosos aspectos sociales, por supuesto.

Pero muchas de las cosas que más estimaba han ido a peor o directamente al carajo. La política es cada vez más tramposa (aunque siempre lo fuera); la informática nos ha deshumanizado del todo (menos mal que aprendió algo cuando daba clase, porque si fuera ahora...) y la fotografía digital se ha cargado la de toda la vida, la analógica, a base de banalizarse; la TV era mejor cuando solo había dos canales y mira que era mala.

El paisaje cada vez está más deteriorado; las ciudades hermosas (Roma, Florencia, etc.) han sido invadidas por las multitudes viajeras. de modo que se le han pasado las ganas de revisitarlas. El populismo, la sensiblería, las idioteces y pamplinas varias siguen in crescendo, mientras que —desde el final de las vanguardias del S. XX— la calidad de las artes en general progresa negativamente, menguando hasta tocar fondo, en su opinión.

Lo suyo en la música que llaman "clásica" es el barroco (y no sólo Bach) y los clásicos (Haydn, Mozart, Beethoven y acepta también como compañía a Schubert, otro grande); y en la música etiquetada "moderna", se ha quedado en el rock, el blues que lo alimentó y el jazz a ratos. Todo eso es lo que sigue escuchando, bastante ajeno a otras músicas.

En arquitectura se queda con Grecia, Roma y, por supuesto, el Renacimiento italiano, donde Brunelleschi sigue siendo Dios, pero no olvida tampoco el que se produjo en España, que le encanta, ni tampoco a los cuatro arquitectos más influyentes del S. XX
Hay muchas otras cosas, pero no les aburrimos más. Por Twitter (X) ha recibido esta comparativa que muestra que esa época que vivió cuando era algo más joven no nos importaría nada que hubiera evolucionado menos. En resumen: un «carroza» de tomo y lomo, aunque no un «facha», que hay quien lo confunde (no es el caso de ustedes...).

jueves, 17 de septiembre de 2026

«Chez» Matisse (y II). El dibujo y las tijeras

Matisse dibujando a la Mujer persa con la cruz trifoliada (1929) / Fotografía: Hélène Adant
Matisse, Mademoiselle L.D. (1937)
Sigamos. Explicábamos en la entrada anterior que Matisse, antes de dedicarse a la pintura, se interesó mucho por el dibujo, le gustaba. Cuando estudiaba Derecho (no le interesaba nada eso, a G.U. tampoco) acudía a una academia nocturna para adiestrarse en el asunto. Es una disciplina que practicó toda su vida. Nos gustan mucho sus dibujos.

Matisse, Grand tête de femme (1945)
En efecto, los resultados siempre nos han gustado, con ese trazo tan característico, sin enmiendas, los contornos puros, las líneas continuas, la seguridad en el trazado... Sin embargo, en la exposición Chez Matisse había muy pocos ejemplos, por desgracia. Algunos de los que adjuntamos nos agradan mucho, pero no estaban allí, al no pertenecer al Centre Pompidou.
Matisse, Le peintre et son modèle (1937)
Este trazado a pluma, la mujer ante el espejo, retratada por el propio Matisse, que queda reflejado en él, siempre le ha "molado" a G.U. Recuerda que lo solía proponer a los alumnnos para que hicieran una reinterpretación del dibujo (previo pase de diapositivas de cuadros del autor), dotándolo de color y proponiendo la decoración que se les ocurriera. Los resultados fueron muy buenos en algunos casos (pocos, a decir verdad). 

Gertude Stein, que lo conocía mucho y fue una de sus descubridoras, afirmaba que «Matisse utiliza sistemáticamente este tipo de trazo desfigurado de la misma manera que se emplean las disonancias en la música, el vinagre y el limón en la cocina o como se aclara el café con cáscara de huevo». Es cierto, deformaba las figuras aposta, pero eso de la cáscara de huevo para aclarar el café no lo vimos venir.
Matisse, Le Repos de la danseuse (carrelage rose el bleu) (1942)
No vayan a pensar ustedes que todo en Matisse era improvisación. Elaboraba sus pinturas de manera precisa, determinando con antelación la forma de las figuras y los colores que pensaba utilizar, aunque sobre la marcha pudieran sufrir variaciones.
Matisse, Carpeta con 20 láminas estarcidas con gouache
Ya hemos dicho que los dibujos y recortes, lo más conocido, tienen poca presencia. 

Sin embargo, a partir de la década de 1940, el deterioro de su salud y las dificultades para pintar llevan a Henri Matisse a una nueva fase creativa, en la que el collage avec papiers découpés (sus famosos papeles recortados de colores, quizá lo más conocido y reproducido de él) se convierte en su principal medio de expresión. A este brillante capítulo final de su carrera pertenece Jazz, un innovador y experimental libro del artista, un «manuscrito con pinturas modernas, el más hermoso libro jamás realizado sobre el color», en palabras de su editor, Tériade.

Al respecto, escribía Antonio Muñoz Molina en enero de 2015 en EL PAÍS:

«En sus noches de insomnio, el viejo pintor que ya no tenía fuerzas para mantenerse de pie en el taller delante de un lienzo miraba el techo con los ojos muy abiertos y veía en él figuras sugeridas por las manchas de humedad o las grietas en la pintura. Y como le costaba tanto levantarse de la cama ideó un instrumento de dibujo que consistía en un largo palo de bambú al que ataba un carboncillo en el extremo. Tumbado en la cama, convaleciente de un cáncer que lo dejó casi inválido, Henri Matisse distraía el insomnio haciendo rápidos dibujos en el techo, en su apartamento de París o en su casa de la Costa Azul, y las limitaciones de su propia capacidad y de los medios de los que disponía eran de pronto una liberación más que un inconveniente, un atajo inusitado hacia la originalidad.
Matisse en Niza, Hotel Regina / Fotografía Walter Caron (1948)
»Pero más todavía que hacer dibujos le gustaba recortar figuras en lienzos de papel y ver cómo se desprendían de sus manos, sin apariencia de esfuerzo, como pañuelos de seda desplegándose floralmente en las manos de un ilusionista. Un día recortó la silueta de una golondrina y le pidió a su asistente que la pegara sobre una mancha en la pared del dormitorio. Sobre el papel oscurecido y gastado, la golondrina blanca se desplegaba en un cielo inmediato que era el que Matisse había visto 16 años atrás en su viaje a Tahití.
E inmediatamente después de la golondrina, como atraídos por ella, cobrando forma en la memoria al mismo tiempo que en el papel, vinieron otras criaturas y otras formas de los mares del Sur, una tortuga, una estrella de mar, una caracola, hojas de palmeras, arborescencias submarinas. [...]
Henri Matisse retratado en 1952 en el Hotel Regina de Niza / Fotografía: Lydia Delectorskaya
»Matisse tenía 75 años. Vivió 10 años más, y no paró de trabajar hasta el final de su vida, aunque ya no volvió a usar los pinceles ni el lienzo. En una explosión de libertad y fertilidad creativas que es el don de algunos viejos indomables, Henri Matisse pasó los años de su última vejez recortando y organizando y pegando papeles, usando unas veces unas tijeras de costura y otras de sastrería, según el tamaño de las figuras que tuviera entre manos. Decía que ahora dibujaba con las tijeras. [...]
Jazz, letra de Matisse / El destino e Ícaro
»Decía un amigo suyo que para Matisse los papeles recortados eran como la música de jazz: la improvisación, la instantaneidad, el hallazgo jubiloso que llega sin esfuerzo porque ha requerido muchos años de dedicación obsesiva. Matisse recortaba un pájaro en vuelo y decía que ese gesto de las tijeras avanzando sinuosa y afiladamente a lo largo del papel equivalía a la sensación misma del vuelo. Pero no todo es júbilo en esa galería embriagadora de imágenes: el Ícaro recortado en negro sobre fondo azul tiene marcado en rojo el corazón a un lado del pecho y más que volar parece que está derrumbándose por un disparo; los fulgores amarillos que lo rodean pueden ser explosiones de metralla en el cielo oscuro de las noches de la guerra». [...]

Nadie mejor que Muñoz Molina con su atinada pluma para hablar de eso. Esta faceta de Matisse es la que más le gusta. También a nosotros. Su artículo es muy bello, pero muy extenso para publicarlo aquí integro. Si lo pueden leer en EL PAÍS, aquí está el enlace: 

 Antonio Muñoz Molina: El dibujante con tijeras

Matisse, Las mil y una noches (1950)
Matisse, Desnudo azul (1952)
Matisse, La tristeza del rey (1952)
Antes de ir a la tienda para ver el merchandising establecido para la ocasión, acabamos todo esto con unas frases de Matisse relativas a la música y el color:
Para acabar, la habitual sala para que los niños se diviertan enganchando en paneles diversas formas de color con velcro, a imitación de los recortables de Matisse, pegando grititos y con éxito dispar. Es algo que hacen en muchas escuelas —"ludotecas", las califica F.C.— y no suele faltar ese espacio en este tipo de exposiciones.
Sala infantil, al final de la exposición Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)]
Merchandising durante la exposición Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)]
En la tienda de CaixaForum siempre hay algunas cosas de interés. Aunque la exposición de libros es manifiestamente mejorable, se comprende, ya que hay mucho espacio dedicado a bibelots diversos. Quizá si fuera un poco más grande, a costa del gran hall...

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Exposición «Chez» Matisse (I). La pintura

Aun a sabiendas de que esto que explicamos sucedió ya hace un tiempo y de que la exposición que nos disponemos a comentar se cerró hace hoy exactamente un mes (16 de agosto), pensamos que el arte no tiene fronteras temporales para el disfrute de quienes amamos estas cosas. Vamos a hablar de obras que se produjeron hace cerca de un siglo, pero que siguen vigentes y —gusten más o menos a unos o a otros— poco hay hoy en día que las pueda superar (esto último es una opinión de un carroza, nada más).
La exposición Chez Matisse en CaixaForum de Barcelona (ya estuvo en Madrid antes) acabó el 16 de agosto. Si no estuvieron y les interesa este tipo de pintura (que tiene muchos detractores, no a todos nos gustan las mismas cosas, por suerte), llegan tarde. No hay muchas así por estos lares, la verdad. No estaban las obras más conocidas, pero son las que tiene el Centre Pompidou, que está en obras y va prestando sus fondos para exposiciones temporales. Ahora ésta acabó su recorrido y ha vuelto a París. Estaba bien diseñada y con un recorrido claro, un aspecto importante que no siempre se cumple.

Para no ser demasiado farragosos, dividiremos el asunto en dos entradas, a saber:

I) Las pinturas (la pintura). Nos vamos a limitar a mostrar las obras que más nos han interesado, según nos aparecían. Hemos descartado algunas que no nos gustaron nada.
II) Los recortes (el dibujo y las tijeras). Había menos de lo que G.U. hubiera deseado, ojo.



Matisse no fue como Picasso, un genio del que ya se intuían las trazas de tal desde muy pequeño. Picasso tuvo un padre que era profesor de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga y le inyectó en vena la vocación artística. Henri Matisse, por contra, estaba predestinado a continuar con el negocio de ultramarinos (o algo así) de su padre. Entre tanto se cumplían las "previsiones sucesorias" empezó Derecho, para pasar el rato; otros biógrafos dicen que Farmacia, pero da igual, nada que ver con el mundo del arte.

Se había interesado bastante por el dibujo, actividad que desde siempre le gustó mucho. Incluso iba de noche a una academia al salir de la facultad. El caso es que enfermó del intestino durante un año y ¡bendita enfermedad!, porque su madre le regaló una bien surtida caja de pinturas para que se entretuviera un poco. Y ahí empezó todo. Abandonó la carrera y se dedicó a la pintura. ¡Menos mal!
Matisse, Autorretrato (1900)
Matisse, Vajilla y fruta (1900) / Albert Marquet, La cafetera (1902)
Al principio pintó en plan académico, como el el autorretrato que abre la exposición. Por aquel entonces, se hizo amigo de Marquet y ambos pintaban cosas similares.
Matisse, Mesa puesta (1897)
Matisse estaba empezando y pintó otro cuadro muy bueno que no está expuesto, llamado Mesa puesta. Nada que ver con otra mesa puesta muy posterior, que tampoco está aquí, La habitación roja, una de sus obras más conocidas. El caso es que no le gustó nada a su profesor ese cuadro por demasiado clásico, augurándole que así no llegaría muy lejos en este mundillo. Tardó mucho en pintarlo (después fue más veloz) y lo hizo en la habitación más fría de la casa para no tener que reponer las frutas (eran carísimas y Matisse por aquel entonces no tenía ni un duro).
Matisse, Luxe, calme et volupté (1904)
Lujo, calma y voluptuosidad (Luxe, calme et volupté) es una pintura al óleo de 1904. En aquella época, Matisse estaba muy influenciado por Signac, a quien respetaba mucho. El título hace referencia al poema de Baudelaire Invitación al viaje, contenido en Las flores del mal: «Allá todo es orden y belleza, lujo, calma y voluptuosidad» (1857).
Matisse, Pont de Saint Michel (1900)
Obras presentadas por Henri Matisse en la Sala VII del Salon d´Automne de 1905 (París)
Matisse siguió espabilando, hasta el punto de que en el Salón de Otoño de 1905 presentó la famosa Mujer con sombrero junto con obras rompedoras de otros artistas (Derain, Braque, Marquet, etc.). El susodicho sombrero consiguió que la gente se enfureciera y hasta hubo quien, más cabreado que los demás, ¡llegó a arañarlo! Como estaba expuesto en la sala VII, en la que había también una escultura del estilo de las de Donatello, el afamado crítico Louis Vauxcelles escribió una reseña titulada Donatello parmi les Fauves (Donatello entre las fieras), que daría origen al término Fauvismo

A Gertrud Stein le interesó mucho ese cuadro tan audaz, vio allí una "ventana de oportunidad" y lo compró por cuatro chavos. Quiso conocer a Matisse, se hicieron amigos y éste le presentó a Picasso. Les compró varios y buscó marchantes a ambos y a otros (Derain, Braque, De Vlaminck, etc.; algunos de sus cuadros figuran aquí).
Un aspecto del inicio de la exposición Chez Matisse en CaixaForum Barcelona (julio de 2026)

De Vlaminck, Calle Marly le Roi; Derain, Vista de Collioure (1905)
Matisse La Moulade (1905)
Gertrude Stein compraba muchos cuadros, los exponía en su casa de Rue de Fleurus y por allí empezaron a desfilar sus autores, hasta que, para regular el asunto, estableció un horario los sábados, en que se celebraba una especie de merienda-cena a su cargo.

Los artistas bebían, cenaban, discutían, no se tragaban unos a otros, pero se informaban de lo que hacían los demás y todos salían la mar de contentos, porque Gertrude los sentaba delante del cuadro que les había comprado y además prometía presentarles a marchantes. ¡Qué hubiera sido de algunos de ellos sin el mecenazgo de Gertrude Stein!
Georges Braque, Bahía Ciotat; Golfo Les Lesques (1907)
Braque frecuentaba también el apartamento de Gertrude Stein en el 27 de la rue de Fleurus, como casi toda la vanguardia artística de la época. Sin embargo, a pesar de que ella compró y tenía en su casa varias obras suyas, el pintor nunca formó parte de su círculo ni recibió una promoción directa de su parte. Cuando Braque abrazó el cubismo, su principal promotor fue Daniel Kahnweiler. Gertrude siempre prefirió a Picasso, a pesar de que el retrato que éste le hizo (1905-1906), casi precubista (una obra muy conocida), no hay constancia de que le entusiasmara especialmente a Gertrude, aunque el resultado final no le desagradó. De hecho, Picasso rehizo su rostro varias veces.
Robert Delaunay, Paysage au disque (1907)
Paysage au disque lo pintó Robert Delaunay en 1907. La utilización del color es fauvista, pero Delaunay se había apuntado por entonces al orfismo puntillista, inspirado por Signac, un artista que tuvo una gran influencia en muchos pintores, como en el caso de Matisse y su Lujo, calma y voluptuosidad (Luxe, calme et volupté), de 1904, antes citado. Allí combinaba la técnica del puntillismo con un uso audaz y no naturalista del color, marcando ya la transición hacia el fauvismo.
Matisse, Le luxe, (Lujo I), 1907
Lujo I lo pintó Matisse en el verano de 1907. Tres figuras femeninas en un paisaje costero esquemático, un poco la continuación de la pintura que vimos antes, pero aquí ya no hay atisbos de puntillismo. Es un momento clave hacia su lenguaje más personal.
Natalia Goncharova, Naturaleza muerta con bogavante (1909)
Naturaleza muerta con bogavante (1909) es una obra expresionista de la pintora vanguardista rusa Natalia Goncharova que ejemplifica el fructífero diálogo entre el arte ruso y el fauvismo francés. La pintura revela que había asimilado las teorías cromáticas de Henri Matisse y los pintores fauves. A diferencia de la delicadeza de ciertas corrientes francesas, Goncharova impregna la composición con una energía tosca, directa y casi primitiva, se diría que vinculada a sus raíces rusas, con un cierto aire neoprimitivista. Los objetos y superficies se vuelcan hacia el espectador, aplanando deliberadamente el espacio pictórico. A G.U. le gusta mucho este cuadro, quizá por la amenazadora presencia del bogavante y esa horizontal divisoria entre los colores.
August Macke, Mujer tocando el laúd (1910)
Mujer tocando el laúd (Lautenspielerin) es un óleo pintado en 1910 por el artista expresionista alemán August Macke, un pintor que nos gusta mucho, al que hemos dedicado alguna entrada en esta casa. Macke fue una de las figuras clave del expresionismo alemán y del grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), destacando por el uso de colores intensos y luminosos. Falleció muy joven, en el frente, a los 27 años.
Desnudo tumbado; Dos negras; Jeannette I y IV (Matisse)
El Rapto de Europa (Lipchitz, 2ª a la izquierda)
Matisse fue uno de los primeros artistas en mostrar interés por el arte africano. El caso es que también practicó la escultura; se muestran algunas en la exposición, aunque casi nunca intentó reproducir en sus obras la escultura africana.
Matisse, Nature morte à la statuette africaine
Salvo en este caso —la excepción confirma la regla—, en que reproduce una escultura del Congo que había comprado a un anticuario. Es Nature morte à la statuette africaine, una obra que no está en la exposición. Parece ser que esa escultura entusiasmó a Picasso. De hecho, parte de la obra cubista posterior del malagueño se ha dicho muchas veces que estaba vagamente inspirada en ese arte africano. Quizá sí.
Matisse, Margueritte au chat noir (1910); L´Algérienne (1909)
La de la izquierda es un retrato de su hija (a la que dibujó y pintó varias veces), titulado Marguerite au chat noir (Marguerite con gato negro), pintada en 1910 por Matisse. Nos gusta ese azul turquesa y el rosa, que divide el cuadro por la mitad. A la derecha, L' Algérienne (La argelina) fue pintada en la primavera de 1909. Esta obra destaca por el uso vibrante del color y cierto aire norteafricano, que está presente en muchas de sus obras. Le atraían mucho Argelia y Marruecos, a donde viajó algunas veces. En esos viajes quedó fascinado por el paisaje, la artesanía local, los textiles y los motivos arabescos.
Matisse, Intérieur, bocal de poissons rouges (1914)
Nos gusta mucho este cuadro, Interior con pecera (1914), la relación interior-exterior de su taller en París. Detrás de la pecera, un gran ventana da al Sena y al Pont de Saint-Michel. La obra está dominada por los tonos azules, con la pecera y los dos peces de color rojo anaranjado como centro de interés de la composición. Muy bueno.
Matisse, Tête blanche et rose; Porte-fenêtre à Collioure (1914)
Tête blanche et rose es una incursión de Matisse en el cubismo, en 1914, una obra bastante insólita en él. Su hija Margueritte de nuevo, pero ¡qué diferente al retrato de Margueritte con el gato; también la obra de la derecha, Porte-fenêtre à Collioure, radicalmente geométrico y minimalista.
Matisse, Lorette à la tasse de café (1917)
La modelo Lorette yace en una pose escorzada. En este caso, predominan los tonos apagados, neutros, ocres y grises, algo bastante poco habitual en Matisse.
Matisse, Intérieur à Nice, la siesta (1922)
Interior en Niza, la siesta (1922). Tiene varias en este tipo de ambiente. La escena representa a una mujer recostada en un sillón disfrutando de un momento de descanso, enmarcada por una ventana abierta con las típicas persianas de Niza y postigos azules, y un rico juego de patrones decorativos usuales durante su estancia en la Costa Azul.
Muchos sostienen que el arte debe agredir, inquietar; si no... no es arte. Si hemos de hacer caso a estas palabras, Matisse no militaba en ese equipo, afortunadamente.
Matisse, Le Rêve (1935); Nu rose assis (1935-1936)
Lidia Delektórskaya fue una mujer que asumió tareas propias de galerista, editora y ayudante del pintor, posando incluso para él en diversas pinturas y dibujos. En la de la izquierda destaca el cabello en tonos verdosos con un fondo azul muy texturizado. La segunda es un desnudo de líneas fluidas, un cuadro que sufrió varias modificaciones hasta la simplificación final, muy propia de la madurez de Matisse. Nos gustan ambos.
Otro aspecto de le exposición Chez Matisse en CaixaForum Barcelona (julio de 2026)
Matisse, Nature morte au buffet vert (1928)
Nature morte au buffet vert, es un bodegón bastante famoso, un punto cézaniano, que nos gusta mucho. Ya saben que Paul Cézanne fue la gran figura que influyó en muchos artistas de las primeras décadas del S. XX. La obra está compuesta por un aparador de tono verde, un plato con frutas, la jarra decorada y un mantel a cuadros.

Henri Matisse siempre dijo que le gustaba mucho más pintar o dibujar personas que naturalezas muertas, pero aquí no lo parece, la verdad. La composición destaca por el uso expresivo del color, contraponiendo el hermoso verde del aparador y el azul del mantel con el fondo y la luminosidad de las frutas. Otra vez un brillante contraste entre colores complementarios. Si le quitas al cuadro esos tonos anaranjados, la cosa pierde. 

Escribía Picasso así, y tal vez no le faltaba razón:

«El hecho de que en uno de mis cuadros aparezca una mancha determinada de rojo no es lo esencial del cuadro. Se pintó independientemente de ello. Podrías sacar el rojo y el cuadro continuaría allí. En Matisse, empero, es impensable suprimir una mancha de rojo, aunque fuera muy pequeña, sin que el cuadro se venga abajo inmediatamente»

De las obras que siguen en esta 1ª parte ninguna es de Matisse:
Picasso, Naturaleza muerta con candelero (1944)
No vamos a aburrirles más. Ya que citamos a Picasso, acabamos esta entrega con una obra del susodicho, de un cubismo tardío (Naturaleza muerta con candelero). La pintó en agosto de 1944 en París, coincidiendo con la liberación de la ciudad. Otra, de una de sus novias, Françoise Gilot, la única mujer que fue capaz de dejarlo plantado, Fregadero y tomates. Las de un pintor nabi, Pierre Bonnard y, de remate, una del gran arquitecto Le Corbusier, que ¡también pintaba! (muy bien, por cierto).
Françoise Gilot, Évier et tomates (1951)
Pierre Bonnard, Nu à sa toilette (1931); Nu de dos à la toilette (1934)
Le Corbusier, Metamorfosis del violín (1920-1952)
En efecto, dejamos para otra entrega (II) los recortes de papel pintados con gouache y algunos dibujos, que no tienen mucha presencia en la exposición, por desgracia.

[Las fotografías las tomó granuribe50 el 26 de julio de 2026, salvo las de los cuadros que no estaban en la exposición; a saber: las del Salon d´Automne y Nature morte à la statuette africaine. En cuanto a las imágenes de los textos, están tomadas del libro Matisse (Ed. Taschen), de Volkmar Essers, muy recomendable. Otras reflexiones están tomadas de la Autobiografía de Alice B. Toklas, un libro autobiográfico escrito por Gertrude Stein en 1933 simulando ser su amiga Alice, muy recomendable también. G.U. lo obtuvo porque M.C. se lo regaló en una cafetería de las Ramblas a finales de 2019. Siempre solemos volver a él cuando queremos saber cosas del arte y la literatura de aquellos años en el París de las primeras décadas del S. XX, en los que Gertrude Stein estuvo tan implicada].