sábado, 24 de octubre de 2026

Uribe, «LA FUERZA DEL AMOR» y Javier Marías

¿Qué dirán las futuras generaciones, dentro de un milenio, cuando vean al mítico Uribe enfundado con ese emblema de tinte bolivariano o de deprimente culebrón venezolano de los años ochenta, tan fuera de época, en su histórica camiseta del Athletic de Bilbao de 1958? Claro, unos años más arriba o más abajo, dentro de mil será como un grano de arena en una playa. Tal vez ¡ni siquiera sabrán quién fue Uribe! Bueno, pocas bromas, G.U. se ha planteado a veces qué pensarán de nosotros dentro de un milenio.

Javier Marías también. Esto lo escribía nuestro "cascarrabias " de cabecera hace cuatro años, un poco a lo Orwell o Asimov, con la diferencia de que se planteaba eso de manera más superficial, menos profunda y a más corto plazo (y con cierto humor). El artículo era Así que pasen treinta años, del 17 de abril de 2022. No tuvo la "suerte" de vivir lo de los últimos años (murió pocos meses después). ¿Qué escribiría Javier Marías ahora?

[No se sabe, pero entre esto y las tontunas del PP con la IA, el nivel está en el subsuelo].

[...] «Pero no está de más imaginar qué se dirá de nuestra época “extraordinaria” dentro de veinte o treinta años, cuando le toque ser pasado. Me temo que la hilaridad de nuestros hijos y nietos será inmisericorde. Cuando vean vídeos de ahora se troncharán y exclamarán: Fíjate, la gente andaba aferrada al móvil y no cesaba de mirarlo o teclearlo compulsivamente, sin atender a lo que sucedía a su alrededor. Se tropezaba, algunos eran atropellados por coches que no veían ni oían venir, y otros sufrieron accidentes mortales por hacerse un selfie idiota.
Con el aparato lo fotografiaban todo, aunque no fuera bonito ni tuviera el menor interés. Martirizaban a sus conocidos enviándoles la incomprensible foto (platos de comida, baldosas, un mimo callejero), que jamás volvían a mirar. Muchos hombres se colocaban en la coronilla unos moñitos a lo samurái, o peinaban complicadas rastas difíciles de lavar. Había futbolistas que se ponían una mopa en la cabeza y así salían ufanos al campo. No escaseaban las mujeres que se pelaban al uno como hospicianas de Dickens o represaliadas tras las guerras. Tanto ellas como los varones lucían tatuajes con ahínco, hasta el punto de ir en camiseta por la calle para exhibirlos. Abundaban los gordos fenomenales, que decidieron estar orgullosos de serlo, pese a que los médicos recomendaban eliminar grasas para mejorar la salud.
Se generalizó el uso de pantalones justo por debajo de la rodilla, lo cual “cortaba” las piernas en dos. Se vestían horrorosas camisetas flojas y holgadas (y con lemas) que acentuaban las barrigas, al fin y al cabo eran motivo de inexplicable orgullo. Las deportivas eran ubicuas, y se conjuntaban estrafalariamente con smokings y fracs en las galas, o las mujeres con vestidos largos de fiesta. Había un gusto pésimo, en suma, pero las gentes creían ir de maravilla.

Se sometían gustosamente a las sevicias y humillaciones de las compañías aéreas y de los aeropuertos, se pasaban allí horas y horas, con el inútil propósito no de viajar, sino de desplazarse como locos de un sitio a otro. En realidad, a la mayoría, no les interesaba ningún lugar. Los recorrían rutinariamente según las instrucciones de alguna guía o web y se hacían retratos allí donde se les indicaba que había algo “importante”. Ni siquiera lo miraban, ese algo, o sólo con la cámara del móvil. Se agolpaban en rebaño delante del retrato de La Gioconda, dándose codazos para lograr tenerlo de fondo y taparlo luego con sus caras.

Andaban por las calles en destructivos grupos de ochenta o más personas, comportándose como ganado al mando de un vaquero o pastor que los guiaban con una sombrilla de colores o una banderita. Se desplazaban por las aceras en patinetes que solían dejar tirados tras usarlos, para que alguien se desnucase luego. También en bicis y en unos aparatos de ruedas gordas y horrendas llamados segways, para perezosos. Las ciudades eran un caos y un peligro para las personas de edad, ya sin apenas reflejos para esquivar los vehículos pueriles.
Los domingos se disfrazaban de atletas y corrían en masa por cualquier motivo “solidario”, eso decían. No lo hacían en espacios verdes, como habría sido normal, sino que se empeñaban en hollar el duro asfalto de los centros más céntricos, para imposibilitarles la vida y el tránsito a cuantos no participaban de sus maratones y “perrotones”, que consistían en correr igualmente, pero con perro.
Enloquecieron por estos animales, hasta el punto de que en 2019 había en España unos ocho millones de ellos. Se creían que eran niños y los mimaban como a tales, pero a menudo se cansaban y los abandonaban de mala manera, tras haberlos adorado durante un año o dos. Eran inclementes, aunque solían creerse, todos, buenísimas personas.

Da un poco de miedo mirarnos con ojos futuros. Pero más miedo dará un domingo próximo, cuando esos ojos se fijen en algunos asuntos más serios, y no sólo en aspectos costumbristas, que tampoco han de faltar, porque son tan inagotables como agotadores». 

viernes, 23 de octubre de 2026

Patti Smith, una grande en Oviedo

Bueno, bueno, Patti Smith es una grande y conserva seguidores de edad provecta como G.U., que fue —y es— un gran fan suyo. Lo de la edad queda patente en el vídeo adjunto, grabado esta mañana en Oviedo, con ocasión del premio (merecido) que ha recibido en la gala de hoy. Es una canción "mítica" de 1988, todo un himno: Power have the People. 


Está bien el lema, pero no nos vengamos arriba y encendamos los mecheritos. La cosa tendría sus matices. "El poder lo tiene el pueblo" sonaba bien entonces (época Reagan), pero aquí y ahora... cuidadín con esas proclamas que pueden llegar a ser preocupantes. El "pueblo" otorga los votos. Si el poder se obtiene mediante los votos conseguidos, sin trampa ni cartón ni ocultaciones, está bien, pero si para conseguirlo se alentara o permitiera que se tomen las plazas, o se rompan escaparates a pedradas o se quemen containers y no se persiguiera a los energúmenos que lo hacen, ya sería otra cosa...

Afirmaba Patti Smith en julio de 2026: «España es el lugar más interesante de Europa, políticamente hablando. Si quiero escuchar a alguien inteligente y compasivo, escucho al presidente de España». No hay duda, nuestro actual presidente es un hombre guapo y un seductor, sobre todo para quien no lo conoce mucho (a G.U ya le seduce muy poco).

[Bien, Patti Smith encomió que ese sujeto plantara cara a Israel y EEUU, vale; inteligente o listo o intuitivo, no lo dudamos. Pero que ese tipo sea alguien compasivo... ¡Hum...!, ahí te has pasado un pelín, Patti. Que les pregunten, si no, a todos aquellos que ha ido y va dejando en la cuneta (claro que, todo eso comparado con el mostrenco que tiene allí...)].


Por cierto, cuando la banda de gaitas de Oviedo toca el himno "Asturias patria querida" o el pasacalles final en el precioso Teatro Campoamor, a este bloguero se le suelen poner los pelos de punta y casi se le saltan las lágrimas: son muchos veranos pasados allí, tantas fiestas, tantas romerías, tantas veces cantados en Coaña, en casa de sus tíos.
¡Qué recuerdos...!

jueves, 22 de octubre de 2026

Sobre los tatuajes y la vuelta de Puigdemont

Dedicaba F.C. su entrada de ayer al tatuaje. G.U. les confiesa que no le gusta nada este "arte". Tenía una buena profesora de acuarela cuyo marido era médico y tatuador. Y ella —según decía— se dedicaba a quitarlos a aquella gente que se arrepentía de tenerlo, que era bastante. No sé si eso es posible, ni si ella también los diseñaba, era muy artista.
Los primeros que vio G.U. fueron en Melilla en 1976, en la mili, a compañeros que lucían "con gran orgullo y satisfacción" la cara de su novia. O incluso ¡el logotipo de Regulares! en espalda, pecho o piernas (pero la gente sin "síndrome de Estocolmo" no los tenía).

Con la llegada de la Transición y cosas como la "Movida Madrileña", el tatuaje comenzó a usarse como un símbolo de rebeldía y contracultura por parte de tribus urbanas (punks, rockeros). Tatoo´s, los llamaban finamente. Y... «de aquellos polvos vienen estos lodos».

Ahora se los hacen imprimir muchos futbolistas, se diría que casi todos. Los del Athletic de Bilbao son especialmente proclives. Incluso algunos pasan varias horas de sedación (eso duele) para grabarse imbecilidades, como las de un león (quizá sepan algunos de ustedes que a los jugadores de ese club se les llama "leones", a pesar de su manifiesta mansedumbre actual). Se ve que a falta de cosa mejor que hacer en sus ratos de ocio (salvo dos horas de entreno, tienen todo el resto del día libre), se tatúan todo el cuerpo o se dedican a hacerse peinaditos ridículos, que van variando con cierta frecuencia.  
Si hay algo "perverso" en el asunto (ojo, hay cosas peores) es que todo eso es copiado ipso facto por los adolescentes. Y las chavalas ni les cuento, llevan la ropita (o la falta de ella) adecuada para que se vean sus tatoo´s, aun a riesgo de morirse de frío. Quizá sea que cuanto más hortera es uno, más tatuajes y moñitos de samurái lleva; y a la inversa, cuanto más chévere (como dicen en Hispanoamérica), menos de esas cosas, o ninguna. Pero no sólo es cosa de jóvenes, gente entrada en años sigue luciéndolos tan ufanos.
Un sujeto llamado Cristian López (Barcelona, 1986), conocido en ese mundillo como Coreh López, es tatuador profesional especializado en "Estilo Realista en ByN"; se dice que es uno de los mejores dentro del área metropolitana de Barcelona. Vive de eso y además imparte rentables cursillos online; que lo sepan, por si les interesa apuntarse.
Pues bien, Coreh López tiene mucho trabajo tatuando caras en el cuerpo a horteras diversos (y con la próxima vuelta a casa de Puigdemont se le acumula la faena), pero reconoce que nunca hasta entonces se había encontrado con una petición tan insólita, y menos en un lugar del cuerpo así (nos referimos a Puchi impreso en el culo).

Se trataba de una broma entre colegas, afirmaba Coreh. Por su parte "Para nada mi tatuaje es una muestra de falta de respeto sino de admiración", aclaraba el joven con el tatuaje de Puigdemont en el pompis. "Estoy convencido de que si Puigdemont acaba enterándose de que me he tatuado su cara se lo tomará bien". Hasta tal punto de que comentaba alborozado (en castellano) al verse en el espejo: "Es que parece que se te vaya a comer, tío". Lo publicaba El Periódico el 14 de febrero de 2018 —Día de los Enamorados—, en pleno procés, aunque el Molt Honorable President ya había huido al palacete de Waterloo. Pues bien, Coreh López está que no da abasto estos días. 

En efecto, Puchi volverá pronto, no se sabe a ciencia cierta cuándo, pero será en olor de multitudes y hay que irse preparando; su pianista Toni Comín ya ha llegado, jurando la Constitución así: "Por fidelidad al pueblo de Cataluña y cumpliendo el mandato del 1 de octubre, por imperativo legal, sí, prometo". A día de hoy, no se sabe si alguien imprimirá la jeta de Comín en su trasero. Su padre, Alfonso Carlos, parecía un buen tipo.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Recuerdos del Tibidabo y su avión

El alba en Barcelona desde el Tibidabo / [Fotografía de Alfons Puertas (21/10/2026)]
Esta mañana hemos amanecido así. Una vez más, con una fotografía muy pictórica de Alfons Puertas desde el Observatorio Fabra, donde trabaja. El cielo ocupa casi toda la imagen convirtiendo a Barcelona en una especie de franja más oscura, con las montañas del Carmel, el turó de la Rovira, el Ensanche y la línea del mar. Los rojos encendidos, los naranjas y los amarillos del horizonte contrastan con los violetas y los azules grisáceos de las nubes, que parecen desplazarse en grandes oleadas. El contraste entre "colores fríos-cálidos" y entre "colores complementarios" produce con frecuencia estos efectos.
G.U. (izquerda) con su madre ("Patiña") y hermanos
[Fotografía: Carlos Sáenz ("Tirano") ¿1962? / granuribe50]
Hemos conectado el ordenador y nos encontramos con una entrada de M.C. sobre el avión del Tibidabo y el original que le sirvió de inspiración. Dos aviones preciosos, el original y la copia. Allí, en un enlace habla de GRAN URIBE y eso "nos llena de orgullo y satisfacción". Sí, a principios de 2024, ambos dedicamos nuestros blogs a este asunto.

Y a raíz de eso nos ha entrado un poco de nostalgia, una vez más; sentimental que es uno. Un servidor acudió al Tibidabo media docena de veces durante su infancia, todavía con el pantaloncito corto. Siempre se montaba en el avión, que era lo que más ilusión le hacía. Esta imagen la tomó nuestro padre algunos años después; es de suponer que esa tarde G.U. aprovechó también para subirse a ese aparato, aunque no es descartable que sus hermanos declinaran ya tal paseo, eran ya mayores e incluso fumaban...


El NO-DO de la época describía el asunto con su grandilocuente estilo habitual, pero es un documento entrañable. Nos gustaba mucho ir allí, la verdad, pero sobre todo ¡por el avión, el trencito y el castillo! (la Atalaya y unos vagones colgantes sobre el vacío nos daban más bien pánico, pero también subíamos). En los espejos nos mondábamos.

Le comentaba a M.C. en su entrada:

«Luego, cuando era tutor de un grupo de 4º de ESO en el instituto, a la hora de que los zagales (¡16 años!) escogieran dónde querían ir de excursión durante el curso, varias veces decidieron el Tibidabo, porque querían darse una vuelta en el avión, subirse a la Atalaya, mirarse en los espejos deformantes y entrar en el Castell Misteriós. Era éste un pasaje del terror clásico con suelos móviles, efectos de aire, trampas y monstruos mecánicos que daban sustos. Me gustaba en mi más tiena infancia porque me daba mucho yuyu; cuando llevaba a los alumnos todavía estaba "operativo". Pero en 2018 lo reformaron para adaptarlo al "público infantil" y se reabrió bajo el nombre de Castell dels Contes. Una bobada sin gracia alguna, ya que los niños se ve que no pueden tener miedo, pobres. Ni que decir tiene que mis alumnos estaban un poco infantilizados, algo habitual en la ESO, y se lo pasaban pipa allí a los 16 años.
Parque de Atracciones del Tibidabo, observatorio Fabra y Barcelona al fondo
 [Fotografía: Sonia García]
O sea que, a la media docena de veces de la infancia, hay que añadir otras dos, cuando ejercía mi trascendente labor tutorial de adolescentes. Y el caso es que me seguía gustando; en plan madalena de Proust, me retrotraía a mi infancia, hasta el olor era el que recordaba. Además, el color era el antiguo y todavía no habían pintado de rojo el avión».
El avión del Tibidabo en la actualidad
 [Fotografía publicada en La Vanguardia (16/12/2018]

lunes, 19 de octubre de 2026

Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (y II)

Prometimos una segunda entrega para hoy sobre La dama errante, de Pío Baroja, y aquí está, aun a riesgo de volvernos unos pelmas, que no es nuestra intención, claro.

En el capítulo XIII (LA PARTIDA), «a las dos semanas de encierro, el doctor Aracil está ya aplanado por la soledad y el silencio». Le propone a su hija irse de casa del jardinero, donde llevan tiempo escondidos. ¿Hacia dónde? ¡A Londres! Éste les deja dos caballos y a partir de ahí empieza la segunda parte de la novela, atravesando la España negra de principios del S. XX. El viaje y la huida de María Aracil y su padre los pone en contacto con gente muy diversa, en general primitiva. El padre, más bien finolis, es bastante inútil en estos menesteres, por lo que la hija toma las riendas del asunto y acaba deviniendo la gran protagonista de La dama errante (y de su continuación, La ciudad de la niebla, narrada por María Aracil en primera persona en su primera parte).

Se trata de una especie de road movie de carretera, dividido en una docena de etapas, pero no en coche sino a lomos de unos escuálidos caballos y por caminos infernales entre Madrid y Lisboa, pasando por Extremadura. Pío Baroja imprime un ritmo muy dinámico a la huida  —se podría decir que casi cinematográfico—, evitando que el texto se estanque en adornos retóricos innecesarios, algo que es de agradecer.


En fin, G.U. lo ha pasado en grande leyendo. Es un clásico. Tiene bastantes momentos impagables. En esta entrega señalamos dos al azar. El primero está en el capítulo XVI, LA VENTA DEL HAMBRE, del que seleccionamos un fragmento. El padre y la hija huyen de Madrid cabalgando sobre unos famélicos caballos. Un lugareño les señala dónde pueden encontrar una venta para hacer parada y reponer fuerzas. Allí se encuentran, en un lugar bien descrito por Baroja, con unos tétricos personajes y el contraste entre las vetustas láminas en la pared con caballos desbocados y sus cansinos jamelgos. 

[...] «Celebraron padre e hija la indicación e iban deprisa aguantando la lluvia, cuando vieron una casa medio derrumbada, oculta entre unos chaparros, cuya chimenea arrojaba al aire un vaho débil de humo. El campo que a la casa rodeaba era yermo y adusto; sólo un ermitaño o un asceta hubiera podido escoger un páramo para vivir en él. Aquella venta era la Venta del Hambre.

Llamaron en la casa, y Aracil preguntó si les podían dar hospedaje y comida. Una vieja de negro, escuálida y amarillenta, hizo un gesto de resignación indicándoles que pasaran, y un mozo flaco y espiritado tomó de las riendas las caballerías y las llevó a la cuadra.

Pidió Aracil algo con que matar el hambre y no había más que pan seco; encargó al mozo que echara un pienso a las caballerías, y el mozo dijo que les daría hierba a ver si querían comer, pues no había paja ni cebada. Aquella venta era la Venta del Hambre. Aracil y María entraron en la cuadra y vieron que los pesebres estaban limpios. Sacaron los caballos al campo y al anochecer se los volvió a llevar a la cuadra.

Portada de Historia de los amores de Matilde y Malek-Adhel, de Madame Cottin
Estuvieron padre e hija aburridos, paseando arriba y abajo por la cocina. En un cuarto próximo, que tenía los honores de sala, había un espejo envuelto en una gasa azul llena de moscas muertas, y dos viejas litografías, una de Malek-Adhel, el héroe de Madame Cottin, llevando a caballo a su dama, y la otra de Poniatowski, en el momento de meterse a caballo en el río.   
Muerte del príncipe Poniatowski en el paso del Elster en 1813
—Es raro —dijo María— que hayan llegado estas cosas a rincones tan apartados.
—Sí, es raro.
—Y lo moderno en cambio no llega —añadió ella.
—Eso no es chocante —repuso Aracil—. Hoy la vida es industrial, y el mundo civilizado, en vez de enviar a las aldeas litografías de un héroe verdadero o falso, envía una máquina de coser.

Charlaron padre e hija de otra porción de cosas. Pidieron de comer varias veces, y, después de rogada mucho, el ama hizo unas sopas de ajo para los huéspedes y les trajo una cosa negra y fría que parecía hígado y una jarra de vino. Aracil notó que no había gato ni perro en la casa. 

El plato de la cosa negra, que no quisieron comer Aracil y su hija, la vieja lo retiró y lo guardó en un armario con gran aflicción de todos los individuos de la familia.

Luego la vieja, con sus tres hijas vestidas de negro, dos ya mayores y una muchachita, todas a cuál más héticas y tristes, se sentaron al fuego, se les reunió después el mozo flaco y espiritado, y se pusieron a rezar el rosario. Estaban todos mustios, callados y cabizbajos. De cuando en cuando bostezaban de hambre y se persignaban sobre la boca abierta, y la vieja, tras de bostezar, suspiraba y decía:

—¡Ay, Señor, qué pena de vida! ¡Para cuatro días que ha de vivir una en este mundo! ¡Ay, qué mundo más desengañado y más triste, que todo son lágrimas, enfermedades y dolor! ¡Ay, qué inútil es trabajar y cuánto más valiera haber ya muerto!

La vieja, después de una retahíla de éstas, miraba a sus huéspedes como pidiéndoles colaboración en su idea desacreditadora del mundo. El doctor estaba entristecido y malhumorado; María se asombraba de ver tanta pobreza.

Después de rezar, toda la familia de escuálidos desapareció, y la vieja, gimoteando, vino con un jergón, que tendió en la cocina delante de la lumbre, y mal que bien se arreglaron para dormir allí Aracil y su hija.

Por la mañana al amanecer, el doctor aparejó los caballos, pagó al mozo lo que le pidió, y al apuntar el alba los dos fugitivos salieron de la venta triste.

—¡Qué horror! ¡Qué casa! —exclamó Aracil—. Ahora respiro —murmuró al encontrarse en la carretera—. Y estos pobres caballos no han comido nada desde ayer —dijo María.
—Veremos si hoy tienen más suerte.» [...]


Los párrafos breves, que imprimen siempre ritmo a la trama. La falta de descripciones exhaustivas (propias del Realismo), sustituidas por detalles significativos (un color, una luz, un olor...) para captar la atmósfera. La adjetivación y los calificativos; Baroja suele seleccionar dos adjetivos utilizando la conjunción "y" (a veces son tres). Son calificativos contundentes, que en general están dotados de cierta intención crítica o satírica, y que definen la esencia de un personaje secundario en un plis plas. Y el paisaje, que describe siempre con una precisión adecuada al momento, economía de medios y buena prosa. 



Hay otro momento que le ha divertido a G.U., en el Capítulo XXIV (LA SERRANA DE LA VERA). Llegan a un especie de pequeño monasterio, más bien una ermita. El cura, que no es tonto, intuye que esa gente tiene cultura y pasta, está huyendo de algo y si él quisiera... podría denunciarlos. Por eso, cuando van a seguir viaje al día siguiente, les viene a decir algo así como «¡Alto! De aquí no se van si alguno de ustedes no toca el piano en la misa». No sabemos. «¡Bah! ¡No se haga la tonta!... Usted sabe tocar el piano. Déjese usted de historias!» (sic). Y María acaba tocando el órgano de la ermita. Lo hace de acuerdo con el cura —que le da el visto bueno— y delante del padre, por si hubiera que simular que es él quien lo toca. Estaría mal visto que lo hiciera una mujer...
Aquí hay varios elementos que mezclan la picaresca, el equívoco y la crítica sutil de Baroja. El cura "cómplice"; el enredo y el engaño al pueblo; una banda sonora poco habitual en un lugar así —donde Cristo perdió la boina—, pero es lo único que María Aracil sabe tocar de memoria (fragmentos de óperas y sonatas de Beethoven y Mozart); el doctor Aracil, un intelectual ateo y pedantillo, agarrado al fuelle del órgano, sudando la gota gorda para insuflarle aire al instrumento... En resumen, una misa de pueblo de la España profunda acaba sonorizada con música clásica europea e irreverentes óperas occidentales, mientras los fieles rezan devotamente sin notar la diferencia.

Esto es Pío Baroja. ¿Es su mejor obra? Seguro que no, pero es Baroja en estado puro. G.U. es persona de gustos sencillos, pero ama la buena literatura. A veces piensa que, en otra vida, le hubiera gustado escribir como él o como otros autores del 98, sin ir más lejos, no como las cursiladas y blandenguerías a la moda que se encuentra hoy en día en las mesas de exposición de novedades de las librerías.

domingo, 18 de octubre de 2026

Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (I)

Imagen tomada segundos después del atentado anarquista al rey Alfonso XIII, en 1906
[Fotografía: Eugenio Mesonero Romanos (31 de mayo de 1906)]
Como quizá sepan, en 1906 hubo un atentado contra Alfonso XIII y la reina Victoria. El autor se llamaba Mateo Morral, un anarquista. Tiró la bomba desde el balcón de su pensión, la desviaron unos cables y murió una veintena de personas, pero a los reyes ni un rasguño. Baroja explicó que coincidía a veces con ese sujeto en las tertulias del Café Candelas, en Madrid. Además de por ser una carnicería, le impresionó mucho el asunto porque conocía al autor de la masacre. Y lo noveló dos años después.
A partir de aquí configura Baroja La dama errante (1908), transformando a Mateo Morral en un personaje chulillo y pedantesco llamado Nilo Brull. Como el doctor Aracil (uno de los protagonistas de la novela) alojó en su casa —sin saber de sus intenciones— a ese sujeto, la policía lo busca con obstinación, porque piensa que está también implicado.  

La primera parte de la novela transcurre en Madrid, con personajes y disquisiciones muy barojianas, hasta que él y su hija María acaban escondidos en casa de un jardinero de la Casa de Campo, que le debe algún favor al médico. Desde ese lugar, el doctor Aracil contacta a hurtadillas con algunos amigos que saben de su paradero. Uno de ellos es el doctor Iturrioz, uno de los personajes más fascinantes y complejos creados por Pío Baroja (reaparece también con un peso enorme en El árbol de la ciencia). En La dama errante, funciona principalmente como el alter ego ideológico y filosófico del autor.

A través de Iturrioz, Baroja proyecta su propia visión del mundo y articula el armazón de la novela. El cinismo y la experiencia desencantada, la contradicción del intelectual noventayochista, la conciencia crítica de España, etc. Veamos un ejemplo de una conversación con María Aracil, hija de su amigo, en un speech típicamente barojiano.

«—Eres un salvaje.

—¿Por qué no? En España todos tenemos un gran fondo de salvajismo. Aquí no hay espíritu cívico, social, de humanismo. No lo ha habido nunca.

—Desgraciadamente.

—O afortunadamente. Aquí no hay más que tres cosas: un patriotismo, de Madrid, burocrático y falso; un regionalismo, que es una cursilería, un provincialismo infecto, y luego la barbarie natural de la raza. Esto es lo español. Y no lo comprenden.

[...] Así que en todos los órdenes de la vida triunfa lo mediocre, y lo mediocre se apoya en lo que es más mediocre todavía. Toda nuestra civilización actual ha servido para reducir al español, que antes era valiente y atrevido, y convertirlo en un pobre diablo. Y luego no es sólo la mezquindad de la vida, sino que es también su irrealidad. La vida española no tiene cuerpo, no es nada. Los instintos vegetativos y una serie de impresiones en la retina; ésa es toda nuestra existencia, nada más. Somos mejores para figurar en las vitrinas de un museo arqueológico que para luchar; vivimos hechos unos animales domésticos, no fuertes y bien cebados, sino canijos y tristes, con el aire débil y lánguido que tienen los animales cuando se los encierra. Porque hay que ver hasta dónde hemos llegado de pequeñez, de mezquindad, de cursilería. Antes creíamos que los cursis eran los pobres, y no, en España los cursis son los potentados, los aristócratas, los duques, los escritores, los políticos; lo cursi es el Congreso, las redacciones de los periódicos, los saloncillos de los teatros, el Ateneo, los lunes del Español...».


Mañana seguimos con la segunda parte de esta novela de Pío Baroja, que le ha gustado mucho a G.U. (no en vano es un fan de él, incluso el de sus peores novelas, que las tiene). Un viaje desde Madrid a través de la España profunda de principios del S. XX, hasta llegar a Lisboa, donde tomarán un barco a Londres.

jueves, 15 de octubre de 2026

Cassandre y la publicidad de trenes (felices veinte)

Una entrada reciente de M.C. en la que mostraba la máquina del tren Barcelona-Vilanova (1881) le ha hecho a G.U. pensar en trenes. Y además, otra anterior en la que publicaba un anuncio de "Almacenes El Águila". Y entonces le han venido a la cabeza unos pósters de A.M. Cassandre. Los carteles sobre viajes en tren y en barco son una de las manifestaciones más llamativas de la estética Art Déco (o "Decó") . Ésta tuvo su punto álgido durante la Exposition Internacionale des Arts Décoratifs, (París, 1925). De ahí viene esa denominación. Hay mucho que hablar de ese estilo; aquí se trató algo (poco) el asunto en Myrurgia, Antoni Puig Gairalt y Art Déco.

Pero detrás de esos carteles hubo algo más que una moda artística. Después de la Primera Guerra Mundial, el tren y el barco se convirtieron en símbolos poderosos de la nueva civilización industrial. Locomotoras, vías, transatlánticos y grandes estaciones expresaban potencia mecánica, organización y progreso. Parece como si se tratara de reflejar la transformación del transporte en una industria moderna, necesitada de vender velocidad, prestigio, comodidad y el placer de viajar. Hoy hablamos de trenes. Son los que prometen velocidad. Los pósters de trasatlánticos sugieren otras cosas.

A. M. Cassandre (1901-1968) recogió distintas tendencias de las vanguardias del S.XX, sobre todo la geometrización cubista, el dinamismo futurista y la nueva sensibilidad industrial. La simbiosis entre publicidad, geometría y modernidad produjo algunas de las imágenes más características de la época entre las dos guerras mundiales. Art Déco (o Decó) en estado puro, una mezcla de diferentes estilos que intentó superar las curvas del modernismo, ya que los nuevos tiempos así lo exigían. Además de en la publicidad, estuvo muy presente en el diseño de interiores y en la arquitectura de aquellos años.

En Nord Express (1927), Cassandre transforma el tren, las vías y las líneas telegráficas en una composición de diagonales, con una perspectiva cónica impecable. No pretende reproducir fielmente lo que vería un pasajero, sino transmitir la sensación de velocidad y potencia. La locomotora se convierte casi en una máquina abstracta. Es un cartel que a G.U. le fascina (y también, en su día, a sus alumnos); usa el aerógrafo con maestría. 
Esta es quizá la obra más aplaudida de Cassandre. Al verla se siente la inevitable fiabilidad del sistema ferroviario y los vastos espacios que cubren sus líneas. Las letras dejan de ser un texto añadido al dibujo: se integran en la composición como volúmenes y formas geométricas, circundando el cartel. Los tipos de palo seco ("Sans Serif"), las mayúsculas y los contrastes de tamaño y color contribuyen a transmitir la sensación de orden y modernidad. Aquí, la palabra y la imagen funcionan como una sola unidad.
Restaurez-vous au Wagon-Bar (1932) es una obra clásica del diseño gráfico comercial de esa época. Fue encargado por la Compagnie Internationale des Wagons-Lits para promocionar los nuevos coches restaurante en las redes de ferrocarriles franceses. Los elementos gastronómicos —una botella de vino tinto con su copa, un sifón azul, un vaso con pajitas y una clásica baguette francesa— se superponen e integran sobre la pesada estructura de acero del tren. ¡Fantástico! ¿Quién renunciaría a emprender un viaje así?
Chemin de Fer du Nord nos vende a través de Cassandre "Velocidad-Lujo-Confort". Nos evoca la energía del ferrocarril mediante una gran aguja de brújula estilizada que corta el espacio de forma agresiva. En la parte inferior, las vías del tren se extienden en una perspectiva forzada y geométrica que fuga de manera infinita hacia el horizonte. Los cables de telegrafía en diagonal acentúan esa profunda sensación de movimiento rápido, invitando al espectador a un viaje tecnológico. Sin duda, Cassandre conocía a la perfección los secretos de la perspectiva cónica.
Estos dos carteles anuncian la misma idea de la compañía ferroviaria británica London, Midland and Scottish Railway (LMS): el tren como la mejor manera de viajar (The Best Way). Lo interesante de la comparación es que ambos carteles venden el mismo servicio, pero Cassandre es un tipo polivalente y lo hace de maneras diferentes: el primero impresiona mostrando la locomotora en toda su potencia; el segundo busca transmitir la modernidad del ferrocarril mediante una imagen casi abstracta.

domingo, 11 de octubre de 2026

En recuerdo de Ramón Gaya, un pintor muy bueno

Por estos días otoñales de octubre, nació el pintor Ramón Gaya (en Murcia, en 1910) y murió 95 años después (en Valencia, en 2005). Fue muy activo durante la República, implicado a tope en las Misiones Pedagógicas, para las que copió diferentes cuadros del Museo del Prado. En 1939 cruzó la frontera y estuvo internado en el campo de Saint-Cyprien. Poco caso se le ha hecho últimamente, algo que resulta llamativo. No sé si han visitado el Museo Ramón Gaya, en Murcia, lugar al que acude G.U. siempre que puede.
Museo Ramón Gaya (escalera), Murcia / [granuribe50 (Noviembre de 2002)]
En su día le prestamos atención en este blog, muy especialmente en la entrada "Misiones Pedagógicas"; "Museo del Pueblo" (1931-1936) y hoy lo volvemos a hacer.
Museo Ramón Gaya, Homenaje a Rubens y Cézanne (1990)
Museo Ramón Gaya (Murcia), Homenaje a Gutiérrez Solana (1987)
El caso es que, después de lo de Saint-Cyprien, Ramón Gaya marchó a Méjico, donde vivió hasta 1952. Allí trabó gran amistad con el poeta Tomás Segovia, también exiliado a Méjico en el mismo barco, el Sinaia,  Después. Gaya estuvo ocho años viajando por Europa y se instaló en Roma algunos años. Volvió de su exilio a España en 1960. En 1991, Tomás Segovia le dedicó este sentido homenaje (Otoño aquí) para su cumpleaños. 
Aquí lo tienen:
Tomás Segovia, Homenaje a Ramón Gaya (Otoño aquí) 

sábado, 10 de octubre de 2026

«Dinar de germanor» barsista y 39º aniversario

Preparación del dinar de germanor de la Penya Blaugrana de Les Corts 
[granuribe50 (10/10/2026)]
La Penya Blaugrana, que tiene sede en la planta baja de donde vivimos, celebra hoy su dinar de germanor. Aun a sabiendas de que soportamos sus himnos (el del Barça especialmente) y sus apasionados gritos casi todos los miércoles y domingos del año (salvo en verano), no han sido capaces de invitarnos al àpat, a modo de desagravio.


No sabemos si sabían que hoy —10 O— es nuestro aniversario de boda. Por tanto, los disculpamos, pero hubiera sido un buen detalle (que quizá hubiéramos declinado).


Ibiza, Iglesia de Sant Jordi / [granuribe50]
Ibiza, Iglesia de Sant Jordi / Fotografía: Joaquim Gomis

Pues sí, ya hemos hablado de esto otras veces, pero ustedes disculparán, sentimental que es uno. Recuerda G.I. que hoy fue el día de la boda con doña Perpetua, hace 39 años. Fue un 10 de octubre de 1987 en Ibiza, a las doce de la mañana, en la iglesia de Sant Jordi de ses Salines. Se trata de un pueblo muy feo, no hay otro así aquí, pero tiene una de las mejores iglesias de la isla. Tomamos el avión —éramos más jóvenes—a las ocho de la mañana del mismo día de la boda, que se celebraba a las 12:00. Loviznaba.

Al llegar al aeropuerto, no nos dejaban salir del avión porque caían chuzos de punta y la pista estaba con un palmo de agua, milagro que aterrizara.  Este bloguero hoy en día se hubiera puesto cardíaco perdido, pero aquel entonces se lo tomó con cierta calma. Por suerte, levantó el tiempo y quedó el día como el de la imagen, tomada un 10 de octubre. La comida posterior a la ceremonia fue tranquila y muy buena, sin músicas estridentes ni bailoteos. Había unos 30 invitados, familiares nuestros, algunos amigos y poco más. 

Piano Quintet in A major, D. 667 ("La trucha") / IV. Andantino - Allegretto
[Norwegian Champer Orquestra]
También recuerda que en el avión este bloguero estaba contento por el evento que se avecinaba e iba tarareando, como tantas otras veces ha hecho a lo largo de su vida, esta melodía de Schubert (tema con variaciones de su quinteto "La trucha"). Va por ustedes.

viernes, 9 de octubre de 2026

Arte, Arquitectura y Música en el blog del G.U.

Está muy revuelta "la piara" (sic) y también los que se introducen en ella (algunos de ellos en condición de "Anónimo"), empezando por quien administra el blog. No es para menos. F.P. —en un comentario suyo muy reciente— detecta que «ha aumentado la crispación del personal» (sic) en esta casa. Pues habrá que enmendarlo. Vamos a tardar en incidir en temas como el de Maricarmen (EPD) o "las cloacas", que han dado lugar a gran polémica. Deseamos vivir tranquilos y que esto no devenga un patio de vecindad, al estilo de las "corralas" madrileñas o sevillanas, en las que la convivencia es compleja.
Madrid, Corrala de Tribulete
Este blog no se abrió en su día con ánimo de establecer una especie de "foro de debate" (a él mismo le da pereza debatir, y aunque le interesa saber qué piensan los demás, no le "mola" mucho esa faceta de polemizar, y menos de insultar al que disiente). Reconoce que hay otros blogs muy valiosos que así plantean el suyo, como contraste de ideas o de gustos, con réplicas y contrarréplicas de todo tipo. "Cada cual es cada cual", es una de las pocas cosas que ha sacado en claro G.U. en su dilatada vida (se baja en la próxima).
Vamos, pues, con cosas que no discutirá nadie, o así lo esperamos. No nos hemos tenido que esforzar mucho, la verdad, porque todas las imágenes (excepto una) y la música que salen a continuación son muy conocidas y las hemos extraído de páginas de El blog del gran Uribe (las pueden encontrar bajo la ETIQUETA "Arte", "Arquitectura" o "Música"). 

Y hemos empezado con el Partenón de Atenas, de Ictino y Calícrates (440 a.C.). Una edificación difícil de discutir, como todo el dórico en general, que también.
La Venus de Cnido (en el centro), de Praxíteles (360 a.C.) [que ya se nos mostró en diapositiva en Historia del Arte de 6º de Bachillerato (jesuitas)], quizá sea la primera escultura en la que se representó la figura femenina completamente desnuda. O la Venus de Arles (izquierda), atribuida también a ese autor, un "monstruo". ¡Qué bellas esculturas!, que superaban la estatuaria anterior, con la llamada "curva praxiteliana", y que ¿quién sabe? tal vez sirvieran de modelo para la Venus de Milo, bastante posterior (130 a. C.). Es la más  conocida, pero que adopta también esa curva, con una pierna apoyada y las líneas de hombros y cadera no paralelas, que convergen. 
Estas dos últimas las encontrarán en las salas 344 y 345 del Museo del Louvre (París), aunque la de Arles está, como ven, en exposición temporal en su "ciudad natal" (😊).
Y ¿qué me dicen de El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli (1482) ? Junto con la Alegoría de la primavera, está expuesta en los Uffizi, de Florencia.
Poco podemos discutir de Brunelleschi (G.U. se reta en duelo a "primera sangre" a quien ose hacerlo). Y no sólo de Il Cupolone de Florencia, a no ser que sean ustedes unos tocacollons. Como nos gusta mucho Brunelleschi en esta casa, ponemos otra imagen: la de la capilla Pazzi, también en Florencia. Nos sirvió para explicar la "perspectiva central".
Y tampoco discutiremos mucho del interior San Pedro del Vaticano, un lugar donde se involucraron varios arquitectos con buen resultado final, con la cúpula de Miguel Ángel (diseñada en 1547) y el baldaquino de Bernini (1630).
Por cierto, de Bernini —nacido el mismo día que G.U. pero 428 años antes— nos gustan todas sus esculturas, aunque algunas corrieran a cargo de discípulos más aventajados. El Éxtasis de Santa Teresa (1650), en la capilla de Nuestra Señora de la Victoria, en Roma, nos parece preciosa. Ça vaut le voyage! (***).
Nos dejamos muchas cosas en el tintero para no aburrir a los más impacientes, y desde el barroco del XVII, saltando neoclasicismo, romanticismo y también impresionismo (quizá otro día), nos trasladamos a las vanguardias del XX, con otro monstruo, muy diferente, pero al que es difícil discutir: Mies van der Rohe y su "Pabellón de Barcelona" (1929). Ojo al dato, la única foto tomada por G.U. es ésta. Aunque señaló la línea de horizonte y el punto de fuga en la imagen de la capilla Pazzi, aquí se sobrentiende que el punto de fuga de la perspectiva está en el lugar por donde camina una pareja.

Para acabar de serenarnos, cerramos con música de Bach, también publicada aquí: