Todo eso le encanta: estar sin hacer NADA; ni ordenador, ni TV y poco
teléfono, dejando correr las horas con toda tranquilidad, una tras otra.
Antes, cuando era "más joven", no era así; siempre quería ir de un lado a otro
y verlo todo, como si no hubiera un mañana.
El viaje empezó con buenos auspicios, en una ciudad —Tarragona— en la que,
como en tantos otros sitios, han puesto sombrillitas de colores en la rambla.
El primer lugar del mundo donde se colocaron paraguas flotantes en las calles
fue en Portugal, en la ciudad de Águeda, en 2011. Después se ha difundido
bastante el invento.
Y al día siguiente de llegar a Albacete, rápido a la piscina, que ya le
teníamos ganas desde la última vez, hace dos años. Agua muy limpia a buena
temperatura, poca gente, árboles para tomar la sombra y leer. Allí lo hemos
pasado muy bien todas las mañanas.
Tras la reparadora siesta de rigor, otro buen rato dedicado a la lectura, con el canto de
fondo de los pajarillos —hay muchos aquí—; además, empieza ya a refrescar un poco y
a soplar la brisa entre los árboles, provocando eso que ahora llaman "sonidos
ASMR" (?).
Toca salir de la madriguera para saludar a los de recepción; con los más
antiguos tenemos un trato de muchos años. Y luego, a dar una vuelta por los
alrededores.
Como hemos dicho, hacía un calor de cien mil pares de demonios, pero alguna
tarde que bajó la temperatura, nos podíamos permitir un paseo en coche por los
alrededores. Nos gustan muchísimo esos paisajes manchegos, qué le vamos a
hacer...
Y, dado que uno tenía muy seco el gaznate, siempre las tardes acababan con el
«gin tonic de media tarde» de rigor en la terraza de la caferería, bien
acompañados por el revoloteo de algunas golondrinas que tienen sus nidos entre
las vigas de la terraza y se van recogiendo para dormir. Es una hora muy
buena.
Un paseo a pie por los alrededores, con el skyline de Albacete como
fondo; en esta casa nos gustan los paisajes más bien planos, los preferimos a
las grandes cordilleras y acantilados. Y a recogerse, que ya toca. Más o menos
este era el plan diario. Unos días que le han sentado bien a G.U., hacía mucho
tiempo que por diversas circunstancias no salía de casa, salvo a la "isla
mágica" por inexcusables motivos familiares.
Ya de vuelta, el fuego de Vall d´Uxó, desde una parada en un área de servicio
de la A7. ¡Qué desgracia! A los dos días de nuestro regreso a Barça visitamos
la exposición «Chez Matisse» en CaixaForum, de la que daremos "cumplida
cuenta a la mayor brevedad".
[Fotografías: granuribe50]



















































