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David Hockney, Mi madre en 1982
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Es bien cierto que incluso los pintores del siglo XIX ya hicieron un cierto
uso de la fotografía, pero esta práctica se divulgó mucho más recientemente
como medio para lograr nuevos efectos plásticos.
En efecto, llegó
un momento en que los artistas se valieron del medio de la fotografía para
crear efectos que anteriormente estaban reservados a pintores. Este es el caso
de
David Hockney
(1937-2026), que usó su vieja cámara Polaroid para obtener imágenes múltiples
que nos recuerdan un poco a ciertos cuadros cubistas, como algunos de los de
Picasso. El retrato que hizo de su madre es un mosaico de imágenes tomadas
desde ángulos ligeramente distintos que al mismo tiempo registran el
movimiento de su cabeza. Luego se ha visto mucho eso, pero él fue de los
primeros en hacerlo.
Pero retrató a sus padres otras veces, como ésta de la Tate Gallery. A G.U. le
gusta.
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Un visitante delante de
A Bigger Splash
y A Lawn Being Sprinkled (1967) / [Fotografía: AFP]
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David Hockney, A Bigger Splash (1967), en la Tate Britain / Toto
Balaguer (Alamy Stock Photo)
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David Hockney, Beverly Hills Housewife (1966)
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Su obra
The Splash (1966), una de las imágenes icónicas del Pop Art, se
vendió el 11 de febrero de 2020 en una subasta en Londres por 24,11 millones de
libras (28,60 millones de euros). La obra, pintada en acrílico sobre un lienzo
cuadrado de 183 centímetros de lado, fue la estrella de una sesión dedicada al
arte contemporáneo en la casa Sotheby's.
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The Splash, de Davis Hockney vendido en Sotheby´s [Daniel
Leal-Olivas (AFP)]
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Siempre relacionamos a David Hockney —por ser sus obras más conocidas— con esas
piscinas azuladas, cuya superficie se interrumpe al lanzarse a ellas unos
cuerpos invisibles, desaparecidos bajo el agua. Al llegar de Inglaterra —una
tierra muy lluviosa— a California, donde no llueve casi nunca, le entusiasmó
aquello. Alli vivió 25 años. Sus obras de aquella época son símbolos de placer
hedonista, muy ligados al
Pop Art, pero en el fondo quizá reflejan una
indefinible melancolía; son imágenes un punto hieráticas, como detenidas en el
tiempo. A G.U. le gustan.
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Davis Hockney, Mr. and Mrs. Clark and Percy (1971)
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Pero no sólo hubo piscinas en la pintura de Hockney. Sus cuadros se detuvieron
también en numerosos interiores: habitaciones, estudios, ventanas, sofás,
alfombras, plantas y objetos decorativos que parecen extensiones de quienes los
habitan. Y gente hierática, distanciada, como en el caso de Shirley Goldfarb y Gregory Masurovsky, ella mirando al infinito tras el perrito, en el porche, y él... ¿quizá escribiendo una carta?
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Davis Hockney, Modelo con autorretrato inacabado (1977)
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| David Hockney, Shirley Goldfarb y Gregory Masurovsky (1974) |
Y no se olvidó nunca de hacer sus fotomontajes utilizando cientos de fotografías. Tiene muchos, le gustaba hacerlos, como el de París o el de la Ruta Estatal de California 138.
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David Hockney, Zona de Fürstenberg, París (1985)
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David Hockney posa en la Royal Academie ante
The arrival of Spring in Woldgate (2011) [Fotografía:
Facundo Ariizabalaga (EFE)]
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En su obra tardía, Hockney se concentra en el paisaje. Primero fue en su
Yorkshire natal, al que regresó en 2005 para pintar caminos, árboles, campos,
lluvia y una luz cambiante que lo devolvía, también en sentido psicoanalítico, a
los paisajes de su infancia. Y empezó a utilizar el Ipad como complemento del
lienzo
La llegada de la primavera en Woldgate. Como en estas obras:
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David Hockney en la muestra de 51 obras realizadas con Ipad /
[Fotografía: Luis Alberto García]
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David Hockney posa delante de Bigger Trees Near Warter (2007) [Jeff Moore /
Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)]
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Con más de 12 metros de ancho, el tríptico está formado por muchos lienzos como si fueran un gigantesco puzle. Hockney lo creó cuando tenía setenta años, demostrando que seguía explorando nuevos retos. La obra fue donada por el artista a la Tate Britain.
No sabemos lo que E.H. Gombrich diría ahora, con lo del Ipad y todo eso, pero lo cierto es
que escribía hace ya muchos años en su afamada La Historia del Arte lo siguiente:
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«Lo que estas tendencias recientes nos han vuelto a dejar en claro
es que en arte, al igual que en vestimenta o decoración, hay
vaivenes del gusto. Es innegable que muchos de los viejos maestros
que admiramos, y hasta muchos estilos del pasado, fueron
despreciados por críticos sensibles y bien preparados de
generaciones anteriores. Así son las cosas. Ningún crítico ni
historiador puede estar totalmente libre de prejuicios, pero creo
que es erróneo sacar la conclusión de que los valores artísticos son
completamente relativos. Bien es verdad que raramente nos detenemos
a buscar los méritos objetivos de obras o estilos que no nos atraen
a primera vista. Pero esto no demuestra que nuestras apreciaciones
sean enteramente subjetivas. Sigo convencido de que somos capaces de
reconocer la maestría en arte, y que este reconocimiento tiene poco
que ver con nuestros gustos personales. A un lector de este libro
puede gustarle Rafael y no gustarle Rubens, o a la inversa, pero el
libro habría fracasado en su propósito si sus lectores no
reconocieran también que ambos eran maestros muy destacados».
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Para acabar este breve homenaje, adjuntamos un vídeo de YouTube de la incansable
Inés Vigo, con bastantes obras de David Hockney anteriores a su última etapa
(DEP).