Javier Marías también. Esto lo escribía nuestro "cascarrabias " de cabecera hace cuatro años, un poco a lo Orwell o Asimov, con la diferencia de que se planteaba eso de manera más superficial, menos profunda y a más corto plazo (y con cierto humor). El artículo era Así que pasen treinta años, del 17 de abril de 2022. No tuvo la "suerte" de vivir lo de los últimos años (murió pocos meses después). ¿Qué escribiría Javier Marías ahora?
sábado, 24 de octubre de 2026
Uribe, «LA FUERZA DEL AMOR» y Javier Marías
Javier Marías también. Esto lo escribía nuestro "cascarrabias " de cabecera hace cuatro años, un poco a lo Orwell o Asimov, con la diferencia de que se planteaba eso de manera más superficial, menos profunda y a más corto plazo (y con cierto humor). El artículo era Así que pasen treinta años, del 17 de abril de 2022. No tuvo la "suerte" de vivir lo de los últimos años (murió pocos meses después). ¿Qué escribiría Javier Marías ahora?
viernes, 23 de octubre de 2026
Patti Smith, una grande en Oviedo
Por cierto, cuando la banda de gaitas de Oviedo toca el himno "Asturias patria querida" o el pasacalles final en el precioso Teatro Campoamor, a este bloguero se le suelen poner los pelos de punta y casi se le saltan las lágrimas: son muchos veranos pasados allí, tantas fiestas, tantas romerías, tantas veces cantados en Coaña, en casa de sus tíos.
jueves, 22 de octubre de 2026
Sobre los tatuajes y la vuelta de Puigdemont
Con la llegada de la Transición y cosas como la "Movida Madrileña", el tatuaje comenzó a usarse como un símbolo de rebeldía y contracultura por parte de tribus urbanas (punks, rockeros). Tatoo´s, los llamaban finamente. Y... «de aquellos polvos vienen estos lodos».
miércoles, 21 de octubre de 2026
Recuerdos del Tibidabo y su avión
| El alba en Barcelona desde el Tibidabo / [Fotografía de Alfons Puertas (21/10/2026)] |
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| G.U. (izquerda) con su madre ("Patiña") y hermanos [Fotografía: Carlos Sáenz ("Tirano") ¿1962? / granuribe50] |
Y a raíz de eso nos ha entrado un poco de nostalgia, una vez más; sentimental que es uno. Un servidor acudió al Tibidabo media docena de veces durante su infancia, todavía con el pantaloncito corto. Siempre se montaba en el avión, que era lo que más ilusión le hacía. Esta imagen la tomó nuestro padre algunos años después; es de suponer que esa tarde G.U. aprovechó también para subirse a ese aparato, aunque no es descartable que sus hermanos declinaran ya tal paseo, eran ya mayores e incluso fumaban...
El NO-DO de la época describía el asunto con su grandilocuente estilo habitual, pero es un documento entrañable. Nos gustaba mucho ir allí, la verdad, pero sobre todo ¡por el avión, el trencito y el castillo! (la Atalaya y unos vagones colgantes sobre el vacío nos daban más bien pánico, pero también subíamos). En los espejos nos mondábamos.
lunes, 19 de octubre de 2026
Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (y II)
Prometimos una segunda entrega para hoy sobre La dama errante, de Pío Baroja, y aquí está, aun a riesgo de volvernos unos pelmas, que no es nuestra intención, claro.
En el capítulo XIII (LA PARTIDA), «a las dos semanas de encierro, el doctor Aracil está ya aplanado por la soledad y el silencio». Le propone a su hija irse de casa del jardinero, donde llevan tiempo escondidos. ¿Hacia dónde? ¡A Londres! Éste les deja dos caballos y a partir de ahí empieza la segunda parte de la novela, atravesando la España negra de principios del S. XX. El viaje y la huida de María Aracil y su padre los pone en contacto con gente muy diversa, en general primitiva. El padre, más bien finolis, es bastante inútil en estos menesteres, por lo que la hija toma las riendas del asunto y acaba deviniendo la gran protagonista de La dama errante (y de su continuación, La ciudad de la niebla, narrada por María Aracil en primera persona en su primera parte).
Se trata de una especie de road movie de carretera, dividido en una docena de etapas, pero no en coche sino a lomos de unos escuálidos caballos y por caminos infernales entre Madrid y Lisboa, pasando por Extremadura. Pío Baroja imprime un ritmo muy dinámico a la huida —se podría decir que casi cinematográfico—, evitando que el texto se estanque en adornos retóricos innecesarios, algo que es de agradecer.
En fin, G.U. lo ha pasado en grande leyendo. Es un clásico. Tiene bastantes momentos impagables. En esta entrega señalamos dos al azar. El primero está en el capítulo XVI, LA VENTA DEL HAMBRE, del que seleccionamos un fragmento. El padre y la hija huyen de Madrid cabalgando sobre unos famélicos caballos. Un lugareño les señala dónde pueden encontrar una venta para hacer parada y reponer fuerzas. Allí se encuentran, en un lugar bien descrito por Baroja, con unos tétricos personajes y el contraste entre las vetustas láminas en la pared con caballos desbocados y sus cansinos jamelgos.
[...] «Celebraron padre e hija la indicación e iban deprisa aguantando la lluvia, cuando vieron una casa medio derrumbada, oculta entre unos chaparros, cuya chimenea arrojaba al aire un vaho débil de humo. El campo que a la casa rodeaba era yermo y adusto; sólo un ermitaño o un asceta hubiera podido escoger un páramo para vivir en él. Aquella venta era la Venta del Hambre. Llamaron en la casa, y Aracil preguntó si les podían dar hospedaje y comida. Una vieja de negro, escuálida y amarillenta, hizo un gesto de resignación indicándoles que pasaran, y un mozo flaco y espiritado tomó de las riendas las caballerías y las llevó a la cuadra.Pidió Aracil algo con que matar el hambre y no había más que pan seco; encargó al mozo que echara un pienso a las caballerías, y el mozo dijo que les daría hierba a ver si querían comer, pues no había paja ni cebada. Aquella venta era la Venta del Hambre. Aracil y María entraron en la cuadra y vieron que los pesebres estaban limpios. Sacaron los caballos al campo y al anochecer se los volvió a llevar a la cuadra.
—Sí, es raro. —Y lo moderno en cambio no llega —añadió ella. —Eso no es chocante —repuso Aracil—. Hoy la vida es industrial, y el mundo civilizado, en vez de enviar a las aldeas litografías de un héroe verdadero o falso, envía una máquina de coser. Charlaron padre e hija de otra porción de cosas. Pidieron de comer varias veces, y, después de rogada mucho, el ama hizo unas sopas de ajo para los huéspedes y les trajo una cosa negra y fría que parecía hígado y una jarra de vino. Aracil notó que no había gato ni perro en la casa. El plato de la cosa negra, que no quisieron comer Aracil y su hija, la vieja lo retiró y lo guardó en un armario con gran aflicción de todos los individuos de la familia. Luego la vieja, con sus tres hijas vestidas de negro, dos ya mayores y una muchachita, todas a cuál más héticas y tristes, se sentaron al fuego, se les reunió después el mozo flaco y espiritado, y se pusieron a rezar el rosario. Estaban todos mustios, callados y cabizbajos. De cuando en cuando bostezaban de hambre y se persignaban sobre la boca abierta, y la vieja, tras de bostezar, suspiraba y decía: —¡Ay, Señor, qué pena de vida! ¡Para cuatro días que ha de vivir una en este mundo! ¡Ay, qué mundo más desengañado y más triste, que todo son lágrimas, enfermedades y dolor! ¡Ay, qué inútil es trabajar y cuánto más valiera haber ya muerto! La vieja, después de una retahíla de éstas, miraba a sus huéspedes como pidiéndoles colaboración en su idea desacreditadora del mundo. El doctor estaba entristecido y malhumorado; María se asombraba de ver tanta pobreza. Después de rezar, toda la familia de escuálidos desapareció, y la vieja, gimoteando, vino con un jergón, que tendió en la cocina delante de la lumbre, y mal que bien se arreglaron para dormir allí Aracil y su hija. Por la mañana al amanecer, el doctor aparejó los caballos, pagó al mozo lo que le pidió, y al apuntar el alba los dos fugitivos salieron de la venta triste.
—¡Qué horror! ¡Qué casa! —exclamó Aracil—. Ahora respiro —murmuró al
encontrarse en la carretera—. Y estos pobres caballos no han comido nada desde
ayer —dijo María. |
Hay otro momento que le ha divertido a G.U., en el Capítulo XXIV (LA SERRANA DE LA VERA). Llegan a un especie de pequeño monasterio, más bien una ermita. El cura, que no es tonto, intuye que esa gente tiene cultura y pasta, está huyendo de algo y si él quisiera... podría denunciarlos. Por eso, cuando van a seguir viaje al día siguiente, les viene a decir algo así como «¡Alto! De aquí no se van si alguno de ustedes no toca el piano en la misa». No sabemos. «¡Bah! ¡No se haga la tonta!... Usted sabe tocar el piano. Déjese usted de historias!» (sic). Y María acaba tocando el órgano de la ermita. Lo hace de acuerdo con el cura —que le da el visto bueno— y delante del padre, por si hubiera que simular que es él quien lo toca. Estaría mal visto que lo hiciera una mujer...
domingo, 18 de octubre de 2026
Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (I)
| Imagen tomada segundos después del atentado anarquista al rey Alfonso XIII, en 1906 [Fotografía: Eugenio Mesonero Romanos (31 de mayo de 1906)] |
La primera parte de la novela transcurre en Madrid, con personajes y disquisiciones muy barojianas, hasta que él y su hija María acaban escondidos en casa de un jardinero de la Casa de Campo, que le debe algún favor al médico. Desde ese lugar, el doctor Aracil contacta a hurtadillas con algunos amigos que saben de su paradero. Uno de ellos es el doctor Iturrioz, uno de los personajes más fascinantes y complejos creados por Pío Baroja (reaparece también con un peso enorme en El árbol de la ciencia). En La dama errante, funciona principalmente como el alter ego ideológico y filosófico del autor.
A través de Iturrioz, Baroja proyecta su propia visión del mundo y articula el armazón de la novela. El cinismo y la experiencia desencantada, la contradicción del intelectual noventayochista, la conciencia crítica de España, etc. Veamos un ejemplo de una conversación con María Aracil, hija de su amigo, en un speech típicamente barojiano.«—Eres un salvaje. —¿Por qué no? En España todos tenemos un gran fondo de salvajismo. Aquí no hay espíritu cívico, social, de humanismo. No lo ha habido nunca. —Desgraciadamente. —O afortunadamente. Aquí no hay más que tres cosas: un patriotismo, de Madrid, burocrático y falso; un regionalismo, que es una cursilería, un provincialismo infecto, y luego la barbarie natural de la raza. Esto es lo español. Y no lo comprenden. [...] Así que en todos los órdenes de la vida triunfa lo mediocre, y lo mediocre se apoya en lo que es más mediocre todavía. Toda nuestra civilización actual ha servido para reducir al español, que antes era valiente y atrevido, y convertirlo en un pobre diablo. Y luego no es sólo la mezquindad de la vida, sino que es también su irrealidad. La vida española no tiene cuerpo, no es nada. Los instintos vegetativos y una serie de impresiones en la retina; ésa es toda nuestra existencia, nada más. Somos mejores para figurar en las vitrinas de un museo arqueológico que para luchar; vivimos hechos unos animales domésticos, no fuertes y bien cebados, sino canijos y tristes, con el aire débil y lánguido que tienen los animales cuando se los encierra. Porque hay que ver hasta dónde hemos llegado de pequeñez, de mezquindad, de cursilería. Antes creíamos que los cursis eran los pobres, y no, en España los cursis son los potentados, los aristócratas, los duques, los escritores, los políticos; lo cursi es el Congreso, las redacciones de los periódicos, los saloncillos de los teatros, el Ateneo, los lunes del Español...». |
Mañana seguimos con la segunda parte de esta novela de Pío Baroja, que le ha gustado mucho a G.U. (no en vano es un fan de él, incluso el de sus peores novelas, que las tiene). Un viaje desde Madrid a través de la España profunda de principios del S. XX, hasta llegar a Lisboa, donde tomarán un barco a Londres.
sábado, 17 de octubre de 2026
«Un hombre profundamente enamorado»
| https://x.com/PSOE/status/2111450539083141591?s=20 |
jueves, 15 de octubre de 2026
Cassandre y la publicidad de trenes (felices veinte)
Una entrada reciente de M.C. en la que mostraba la máquina del tren Barcelona-Vilanova (1881) le ha hecho a G.U. pensar en trenes. Y además, otra anterior en la que publicaba un anuncio de "Almacenes El Águila". Y entonces le han venido a la cabeza unos pósters de A.M. Cassandre. Los carteles sobre viajes en tren y en barco son una de las manifestaciones más llamativas de la estética Art Déco (o "Decó") . Ésta tuvo su punto álgido durante la Exposition Internacionale des Arts Décoratifs, (París, 1925). De ahí viene esa denominación. Hay mucho que hablar de ese estilo; aquí se trató algo (poco) el asunto en Myrurgia, Antoni Puig Gairalt y Art Déco.
Pero detrás de esos carteles hubo algo más que una moda artística. Después de la Primera Guerra Mundial, el tren y el barco se convirtieron en símbolos poderosos de la nueva civilización industrial. Locomotoras, vías, transatlánticos y grandes estaciones expresaban potencia mecánica, organización y progreso. Parece como si se tratara de reflejar la transformación del transporte en una industria moderna, necesitada de vender velocidad, prestigio, comodidad y el placer de viajar. Hoy hablamos de trenes. Son los que prometen velocidad. Los pósters de trasatlánticos sugieren otras cosas.
A. M. Cassandre (1901-1968) recogió distintas tendencias de las vanguardias del S.XX, sobre todo la geometrización cubista, el dinamismo futurista y la nueva sensibilidad industrial. La simbiosis entre publicidad, geometría y modernidad produjo algunas de las imágenes más características de la época entre las dos guerras mundiales. Art Déco (o Decó) en estado puro, una mezcla de diferentes estilos que intentó superar las curvas del modernismo, ya que los nuevos tiempos así lo exigían. Además de en la publicidad, estuvo muy presente en el diseño de interiores y en la arquitectura de aquellos años.
En Nord Express (1927), Cassandre transforma el tren, las vías y las líneas telegráficas en una composición de diagonales, con una perspectiva cónica impecable. No pretende reproducir fielmente lo que vería un pasajero, sino transmitir la sensación de velocidad y potencia. La locomotora se convierte casi en una máquina abstracta. Es un cartel que a G.U. le fascina (y también, en su día, a sus alumnos); usa el aerógrafo con maestría. Esta es quizá la obra más aplaudida de Cassandre. Al verla se siente la inevitable fiabilidad del sistema ferroviario y los vastos espacios que cubren sus líneas. Las letras dejan de ser un texto añadido al dibujo: se integran en la composición como volúmenes y formas geométricas, circundando el cartel. Los tipos de palo seco ("Sans Serif"), las mayúsculas y los contrastes de tamaño y color contribuyen a transmitir la sensación de orden y modernidad. Aquí, la palabra y la imagen funcionan como una sola unidad.Restaurez-vous au Wagon-Bar (1932) es una obra clásica del diseño gráfico comercial de esa época. Fue encargado por la Compagnie Internationale des Wagons-Lits para promocionar los nuevos coches restaurante en las redes de ferrocarriles franceses. Los elementos gastronómicos —una botella de vino tinto con su copa, un sifón azul, un vaso con pajitas y una clásica baguette francesa— se superponen e integran sobre la pesada estructura de acero del tren. ¡Fantástico! ¿Quién renunciaría a emprender un viaje así?Chemin de Fer du Nord nos vende a través de Cassandre "Velocidad-Lujo-Confort". Nos evoca la energía del ferrocarril mediante una gran aguja de brújula estilizada que corta el espacio de forma agresiva. En la parte inferior, las vías del tren se extienden en una perspectiva forzada y geométrica que fuga de manera infinita hacia el horizonte. Los cables de telegrafía en diagonal acentúan esa profunda sensación de movimiento rápido, invitando al espectador a un viaje tecnológico. Sin duda, Cassandre conocía a la perfección los secretos de la perspectiva cónica.Estos dos carteles anuncian la misma idea de la compañía ferroviaria británica London, Midland and Scottish Railway (LMS): el tren como la mejor manera de viajar (The Best Way). Lo interesante de la comparación es que ambos carteles venden el mismo servicio, pero Cassandre es un tipo polivalente y lo hace de maneras diferentes: el primero impresiona mostrando la locomotora en toda su potencia; el segundo busca transmitir la modernidad del ferrocarril mediante una imagen casi abstracta.domingo, 11 de octubre de 2026
En recuerdo de Ramón Gaya, un pintor muy bueno
| Museo Ramón Gaya (escalera), Murcia / [granuribe50 (Noviembre de 2002)] |
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| Museo Ramón Gaya, Homenaje a Rubens y Cézanne (1990) |
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| Museo Ramón Gaya (Murcia), Homenaje a Gutiérrez Solana (1987) |
sábado, 10 de octubre de 2026
«Dinar de germanor» barsista y 39º aniversario
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| Preparación del dinar de germanor de la Penya Blaugrana de Les Corts [granuribe50 (10/10/2026)] |
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| Ibiza, Iglesia de Sant Jordi / [granuribe50] |
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| Ibiza, Iglesia de Sant Jordi / Fotografía: Joaquim Gomis |
viernes, 9 de octubre de 2026
Arte, Arquitectura y Música en el blog del G.U.
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| Madrid, Corrala de Tribulete |




















































