lunes, 19 de noviembre de 2018

Eso pasa por construir donde no se debería

Twitter ha quedado invadido por estas imágenes virales. No es raro que pasen episodios de este estilo. No es ya asunto de la Ley de Costas, que nadie cumple. Es de sentido común, el menos común de los sentidos, a lo que se ve: ¿Cómo es que los Ay Untamientos permiten construir en esos sitios?

No es solo el destrozo paisajístico que supone, que también. Es que, en este caso, estamos hablando del Atlántico, pocas bromas, no de un laguito como el Mediterráneo.

Leemos en los diarios de hoy:

«Al norte de la isla de Tenerife, en el anejo de Mesa del Mar, el oleaje rompió cristales de los dos primeros pisos de un edificio construido al borde del mar, lo que obligó a evacuar varias viviendas desde las 22.50. En ese edificio muchas de las viviendas son segundas residencias y se evacuó o impidió el acceso a 67 de las que dan al mar, hasta la cuarta planta».

domingo, 18 de noviembre de 2018

La revolución "de neveras llenas"

Hoy domingo G.U. no tiene muchas ganas de trabajar. Por ello, se ha dicho: ¿qué han puesto los blogueros a los que seguimos, por si nos sirven de inspiración? ¿Qué ha sacado Tot Barcelona? Y, de entrada, se ha encontrado en Google con un nuevo diario digital que se llama así: "TOT Barcelona". Lo primero que uno ha pensado es que Miquel había inaugurado un diario, cosa que no le hubiera sorprendido, porque es un tipo de gran iniciativa. Pero pronto se ha dado cuenta que le habían usurpado la identidad, en una especie de eso que ahora llaman finamente "phishing".

G.U. está bastante enfadado con este asunto (Tot también) porque le han copiado el "nombre de guerra" de su blog ("Tot Barcelona") para la cabecera de un diario digital, aprovechando que no lo tenía registrado. Y eso con toda la mala idea, porque ese blog es de sobra conocido en esta ciudad y cuesta creer que en la redacción del nuevo diario nadie hubiera oído hablar de él.

Y encima le perdonan la vida diciéndole que le permitirán seguir utilizando ese nombre (Tot Barcelona) en su blog. ¡Manda huevos!, como decía un sujeto del Opus Dei llamado Federico Trillo (el del Yak-42).



Bueno, a lo que íbamos. Hoy toca un tema de gran interés (ya lo ha tratado en alguna otra ocasión), y tanto lo que él dice como los comentarios de sus seguidores no tienen desperdicio. Trata sobre la "revolución" catalana. Nos permitimos copiar literalmente lo que escribe en su entrada Las revoluciones las carga el Diablo:

El ideólogo del procés (Colomines)
«Porque la revolución para conseguir la independencia, todos lo sabemos, y el que no lo sabe lo intuye, se hace a base de fuerza bruta  y de sangre, como diría el Colomines, eminente ex-Bandera Roja, ex-psuquero, ex-convergente, ex-Pdcatero y ahora por la Crida, creador de la frase "si decides que no quieres muertos la independencia tarda más", aunque los ideólogos, eso si, estén en los despachos, ejerciendo de funcionarios con cargo al erario público.[...]

Lo que no tiene sentido es una algarada en la calle compuesta por manifestantes de neveras llenas, pagas dobles, treinta días de vacaciones, y treinta y cinco horas de jornada semanal, simplemente porque eso jamás tendría éxito, y si lo tuviere, no sería para la totalidad de la población, sino precisamente para los privilegiados pagados por ese mismo sistema que les arenga a salir a la calle.

Todos sabemos por pura intuición que la abundancia destruye más que el hambre, porque nos conforma. Y en eso consiste el fracaso de nuestros jóvenes y jóvenas (que diría la ex de Isidoro).

Se imaginan ustedes una revolución llevada a cabo por estos niños del diseño, y que entre piedra y piedra, spray y pintura, y arenga convenida, se estén preguntando el porqué de un "wifi" a tan bajo rendimiento, cuando el Apple que portan es de última generación y la cobertura para "colgar" las fotos en "Instagram" resulta deficiente».

Bien, si esto que dice Miquel está bien, los comentarios no le van a la zaga, todos muy buenos (Fackel, Cornadó, etc.). Pero a G.U. le ha llamado especialmente la atención el de Rodericus, que dice así:

«Partamos de una premisa básica : históricamente todas las revoluciones han sido promovidas por las burguesías, o por clases emergentes.

Hagamos una "radiografía" de la actual en Cataluña

En nuestro caso, tenemos una "revolución de las sonrisas" (los viejos bolcheviques se partirían de risa al oír esto ) promovida por políticos de derechas y por una parte de la clase adinerada de Cataluña de un lado, y por sexagenarios del pueblo llano por el otro (ANC, Omnium, etc.).

Le llaman la "revolución de las sonrisas" sencillamente porque no pueden ejecutar una revolución violenta clásica (ya no quedan cuarteles que asaltar para armarse, ni nadie con valor, capacidad y voluntad para empuñar un arma).

Conclusión : ni "revolución" ni ostias. Las auténticas revoluciones las hacen aquellos que ya no tienen nada que perder, y aquí los "revolucionarios" o tienen "casitas" en el Empordá, o bien no podrían pasar ni cuatro dias con las farmacias cerradas y sin tomar la dosis de "Sintrom" diaria.

Ni los "niñatos" de los CDR van a empuñar un fusil, colgados como están de su "I-phone", ni los abueletes "empastillados" van a levantar barricadas o asaltar la Delegación del Gobierno.

Todo es solo una gran mentira, trufada de falso romanticismo "cumbayá" para los adictos, mezclando consignas de Martin Luther King con citas de Gandhi, al servicio de los ricos que aún quieren ser mas ricos todavia.

Pero la pintura y los plásticos amarillos son relativamente baratos....

Si los viejos marinos de Kronstadt levantaran la cabeza....

¿Que quiénes fueron los marinos de Kronstadt?. Quien quiera averiguarlo, verá como acaban casi todas las revoluciones. Eso, las auténticas, ésta, vete a saber».




Homilía de G.U.
(S. Pedro del Vaticano)
Gran Uribe piensa (no es el único) que Jordi Pujol (el más listo de la clase) junto con unos empresarios de Convergencia (CiU) y burguesots diversos fueron los que dieron el pistoletazo de salida del procés en 2012, cuando lo de la corrupción y el tres per cent empezaron a emitir señales de alarma y se trataba de enmascarar el asunto a toda costa, en tiempos de crisis. Habían escogido años antes a un perrito faldero, que sabía de qué iba eso porque era conseller de Economía y Hacienda (el trilero Mas), para calentar la silla en espera de que se hiciera mayorcito el Oriolet (el único tonto entre los hijos de Pujol).

Aprovechando que tenían la Generalitat, la TV3 y todos los medios necesarios en sus manos (incluido lo mangado del 3%), incitaron a la masa a salir a la calle, con el señuelo del "Espanya ens roba" en primer lugar y, cuando eso pinchó, ahondaron en la veta del sentimentalismo victimista, lacrimógeno y ramplón al que son proclives bastantes paisanos de G.U. Los primeros en apuntarse fueron los jubilados, ante los que se anunciaba un horizonte pleno de il·lusió, y jóvenes holgazanes hijos de papá. Luego se fue sumando más gente, y se llenó también de chuponcetes y de conversos (charnegos muchos de ellos) que vieron cómo se les abrían unas oportunidades que de otra manera nunca habrían tenido. ¿Qué revolución puede salir de ahí?

sábado, 17 de noviembre de 2018

Hoy hablamos del silencio (otra vez)

Al hilo de dos exposiciones que se pueden ver estos días en Madrid (la del pintor Cristino de Vera en CaixaForum y la de libros de ajedrez, en la Biblioteca Nacional) dedicadas al silencio, Julio Llamazares, el controvertido escritor leonés, comenta algo de lo que ya hemos hablado en este blog alguna vez, la última en El viaje en tren de Manuel Vilas:

Dice así en su columna, titulada hoy Arte del silencio:


[...] «Al contrario, la conquista del silencio debería ser un objetivo político como el de la calidad del aire o la pureza de nuestros mares y ríos. La contaminación acústica que entorpece nuestras conversaciones, no digamos ya nuestro pensamiento, en países como España es cada vez más difícil de soportar, pese a lo cual no parece preocuparles a muchos, a juzgar por los gritos que llenan los establecimientos públicos y los medios de comunicación no escritos. 

Cartel de la exposición de Cristino de Vera en CaixaForum Madrid
Difícil es —en medio de ese ruido que lo ensordece todo— escuchar a Fellini diciendo que, “si hubiera más silencio, si todos guardáramos un poco de silencio, quizá llegaríamos a entender algo” o al también cineasta Woody Allen afirmar que “Dios es el silencio”, pero más difícil es entender a Miguel Torga, el escritor portugués, cuando escribió en su pueblo de Trás-os-Montes, al que regresaba siempre que podía desde la ciudad: 

“Llego, enciendo la chimenea y me quedo en silencio durante horas sintiendo que mis palabras no están a la altura de mis sentimientos”.

Entregadas al griterío y el ruido (que en muchos bares y restaurantes la televisión o la música contribuyen a amplificar), la mayoría de las personas están lejos hoy de entender siquiera que el silencio es un derecho de todos como el aire y el agua limpios o como cualquiera de los que figuran en la Constitución de cualquier país. Como para entender que el silencio es una forma de conversar con nosotros mismos como la pintura de Cristino de Vera y el ajedrez nos cuentan».


Es cierto, reconozcámoslo así: está claro que lo primero es lo del comer, la sanidad, la educación, etc., y que nadie se ocupa de ninguna de esas cosas, más que para sacar cada uno su propia Ley de Educación cuando llega al poder (porque desde ahí se manipulan las mentes); y llevamos ya siete u ocho desde el setenta y ocho, valga la redundancia.

Pero ni en esa nueva ley (ni en la de educación ni en otras) se tratarán las cosas que tratamos hoy, como la del silencio, que son casi de urbanidad elemental, y que afectan a la calidad de vida de las personas y a su equilibrio personal.

Eso sí, se están dedicando a legislar de cara al año 2040, en lo que respecta a la automoción (tema gasolina), sin consultar a nadie; queda bonito decirlo, pero no deja de ser un brindis al sol más, porque en ese año... el PSOE puede que ya no esté poder (quizá ni exista) para implantarlo y, además, todos calvos, incluido el propio Dr. Sánchez.


viernes, 16 de noviembre de 2018

No apto para hipocondríacos (como G.U.)

Gran Uribe debe confesarles nuevamente que es un hipocondríaco de tomo y lomo. En eso se parece al dibujante Paco Roca, un buen contador de historias. De entrada, nunca abre las analíticas ni, por supuesto, pide el resultado por Internet para imprimirlo en casa. Tampoco inventa síntomas inexistentes, desde luego, pero cuando se presenta uno, por nimio que sea, siempre piensa ya en lo peor, en algo irreparable. Intenta protegerse de tal síndrome no leyendo los prospectos farmacéuticos ni navegando por internet a la busca de temas de salud (de falta de ella, mejor dicho), pero, siendo fiel a sí mismo, a veces no puede evitar caer en la tentación.

De ahí que, si alguno de sus múltiples seguidores tiene pensado hacerle un regalito por Navidad (por haberles entretenido un poco de cuando en cuando a lo largo del año) —tal como se les hacía a los antiguos guardias urbanos (por organizar el tráfico en los cruces, en circunstancias no siempre fáciles)—, no se opondrá, pero sobre todo... que no se les ocurra obsequiarle con uno de esos relojes como el de la historieta de Quico Jubilata de hoy.

Enlace:  https://twitter.com/QuicoJubilata/status/1063327282658504704 / (16/11/2018)



Y ya que hablábamos de prospectos médicos al inicio de esta entrada, sigamos con ello. Javier Marías no sabemos si es hipocondríaco o no, pero ha tenido ocasión (como todo hijo de vecino) de consultar algunos ejemplos de esa literatura de terror farmacéutica y nos lo explicaba así hace un tiempo:

[...] Lo mismo, supongo, sucede con las medicinas. Si uno lee un prospecto, lo normal es que no se tome ni una píldora, tal es la cantidad de males que pueden sobrevenirle. Son tan disuasorios que resultan inútiles. Bien, me recetaron unas pastillas para algo menor. Las tomé seis días y me sentí anómalamente cansado. Así que, contra mi costumbre, miré la “información para el usuario”, seguro de que la fatiga figuraría entre los efectos secundarios. Me encontré con una sábana escrita con diminuta letra por las dos caras. El apartado “Advertencias y precauciones” ya era largo, y desaconsejaba el medicamento a quien padeciera del corazón, del hígado, de los riñones, diabetes, tensión ocular alta y qué sé yo cuántas cosas más.


Fragmento del prospecto de un antiinflamatorio
Pero esto era un aperitivo al lado del capítulo “Posibles efectos adversos”, dividido así: 

a) “Poco frecuente (puede afectar hasta a 1 de cada 100 personas)”; b) “Raro (hasta a 1 de cada 1.000)”; c) “Desconocido (no se puede determinar la frecuencia a partir de los datos disponibles)”. 
Luego venía otra tanda, dividida en: a) “Muy frecuente (más de 1 de cada 10)”; b) “Frecuente”; c) otra vez “Poco frecuente”; d) otra vez “Desconocido”. 

La exhaustiva lista lo incluía casi todo. Piensen en algo, físico o psíquico, leve o grave, inconveniente o alarmante, denlo por mencionado. Desde “erecciones dolorosas (priapismo)” hasta “flujo de leche en hombres (?) y en mujeres que no están en periodo de lactancia”. 

Desde “convulsiones y ataques” hasta “sueños anormales” (me pregunto cuáles considerarán “normales”), “pérdida de pelo”, “aumento de la sudoración” y “vómitos”. Desde “hinchazón de la piel, lengua, labios y cara, brazos y piernas” hasta “pensamientos de matarse a sí mismo” (el español deteriorado está por doquier: normalmente bastaba con decir “matarse”; claro que nada extraña ya cuando uno ha oído o leído en numerosas ocasiones “autosuicidarse”, lo cual sería como matarse tres veces). De “urticarias” a “chirriar de dientes”. De “aumento anormal de peso” a “disminución anormal de peso”. De “alegría desproporcionada” a “desfallecimiento”.

Huelga decir que al sexto día dejé las pastillas. Por suerte nada de lo amenazante me había ocurrido, cansancio aparte. Pero ya me dirán con qué confianza u optimismo puede uno ingerir algo de lo que espera beneficio y no maleficio. Lo que más me llamó la atención fue el subapartado “Efectos adversos desconocidos”. Deduzco que ningún paciente se ha quejado aún de los daños en él descritos. Pero, por si acaso surge alguno un día, mejor incluir todo lo posible. Eso, obviamente, es infinito. [...]

Javier Marías, Literatura de terror farmacéutica, EL PAÍS SEMANAL (6/11/2016)



En fin, no se sabe ya qué es mejor: si tener la cultura necesaria para descifrar esos espantosos criptogramas, o... no tenerla, en cuyo caso podría sucedernos que haya que telefonear al facultativo para que nos explique el "modo de empleo" (que ahora se le llama "cómo tomar", por cierto).

Juan José Millás, Posología de la dosis (fragmento); Articuentos completos, Ed. Seix Barral, Biblioteca breve (2011), pág. 433

jueves, 15 de noviembre de 2018

Inés Arrimadas en TV3

Leíamos anteayer un comentario que hacía Albert Soler sobre la "entrevista" que le hizo el director de TV3 (un tal Vicent Sanchis) a Inés Arrimadas el pasado domingo, actuando a modo de hooligan, tal como ha valorado aquello la propia Inés, quien, dicho sea de paso, tiene bastante mérito por aceptar introducirse en las fauces de aquella santa casa. Total para nada, ya que en ese momento TV3 registró los peores índices de audiencia en mucho tiempo, pero eso  fue debido a que sus teleadictos abandonaron provisionalmente la cadena en enérgica protesta porque el personaje más odiado por los procesistas apareciera en "la nostra" (o la suya, mejor dicho).

Pero TV3 mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado, fingía ser una cadena plural trayendo a un sparring, tal como ya ha hecho otras veces; y por el otro, aprovechaba para intentar dejar grogui a Arrimadas, empresa harto complicada, porque a esa señora no será fácil dejarla fuera de combate por una entrevista de ese sujeto. Eso quizá solo podría conseguirlo MonicuatrocientosmilTerribas, llamada así por los euritos que le pagan el Pepet i la Maria para que nos adoctrine bien y nos amoneste si no comulgamos.

Pero a lo que íbamos. Escribe Albert Soler (otro que tiene mérito), en su artículo titulado Sanchis, el dur:

 «Lejos de mi intención querer dar lecciones de periodismo a Vicent Sanchis , director de TV3 por la gracia de Dios. Lejos de mi intención porque no tengo ganas de perder mi valioso tiempo, cuando lo puede hacer cualquiera con más capacidad que él, por ejemplo mi hijo de ocho años. O la niña de 4 años que le ha tocado apadrinar este año en colegio y que todavía no sabe leer. Como Sanchis.

La niña le podría explicar muchas cosas al mediocre periodista valenciano. La primera, que dejara la propaganda en el departamento de publicidad de la casa. Mostrarse como un entrevistador duro, incluso inquisidor, podría ser un mérito... si lo fuera siempre. Me parece perfecto que se disfrace de periodista agresivo cuando entrevista a la cabeza de la oposición y líder del partido que ganó las elecciones catalanas.

Vicent Sanchis, director de TV3, entrevista a Inés Arrimadas, ganadora de las últimas elecciones en Cataluña (11/11/2018)

Lo vomitivo es que después, cuando entrevista a políticos lacistas, como Presidentorra o el fugado Puigdemont, caiga de rodillas ante ellos. Y no porque se encuentre en presencia de la divinidad, que también, sino porque ésta es la postura más cómoda por su papel de meretriz experta en artes francesas. Meretriz de lujo, si hemos de hacer caso a sus ingresos por realizar tan bucal trabajo, pero hay que decir en su descargo que lo lleva a cabo tantas veces y con tanta pasión que, como se dice de las auténticas profesionales, parece que lo haga por amor.

Lo que es amor pasional en unos casos se vuelve despecho cuando tiene delante Arrimadas. Ya sé que incluso las más expertas cortesanas tenían amantes favoritos y que no se puede desear unos con la misma pasión que los otros. Que también un hombre maduro como Sanchis tiene derecho a elegir su objeto de deseo, se ve que las hormonas desbocadas no respetan ni la senectud. Pero se podría contener algo, aunque sea por consideración a las trabajadoras que tienen que pasar después el estropajo para recoger las babas. Y también porque lo hace delante de todos los televidentes, por el amor de Dios, se podría esperar a finalizar la emisión y fuera de cámara degustar -ahora sí- el fruto amargo de la pasión.

La niña apadrinada por mi hijo podría dar muchas lecciones a Sanchis. La principal, tener un poco de vergüenza y de respeto por uno mismo, cosas que a los cuatro años ya se conocen».

Salvador Oliva: "Creer en Dios (o no)"

Salvador Oliva, Creure en Déu (o no); Provocacions, QUADERN (EL PAÍS) / (15/11/2018)

«Los capellanes siempre nos han dicho que la fe es un don. Por consiguiente, quien no la tiene no puede ser culpable de incredulidad. Por tanto, si la fe se sitúa más allá de la voluntad y de la razón, hemos de concluir que es irracional. Es por ese motivo que a través de la razón nadie podrá convencer nunca a un creyente de dejar de serlo (y viceversa). Lo más fascinante de este fenómeno es que todos los tipos de fe se parecen de manera extraordinaria. Por ejemplo: la fe religiosa funciona exactamente igual que la fe en el procés.
Los paralelismos no pueden ser más claros: los cristianos creyentes peregrinan a Roma; los creyentes en el procés peregrinan a Waterloo. Para los primeros, el paraíso es el cielo; para los otros, la independencia. Los primeros tienen a Jesucristo como guía; los otros tienen a Puigdemont. Los primeros están al abrigo de la Iglesia; los otros, al abrigo de TV3. Lo que representa para los primeros el Antiguo Testamento, para los otros lo representa el pujolismo. Para los primeros, el Precursor es San Juan Bautista; para los otros, el precursor es Artur Mas.  Los primeros disponen de predicadores fanáticos; los otros tienen a la Rahola, la Terribas y el Sanchís. Los primeros tienen mártires; los otros tienen políticos en la cárcel. Para los primeros, el enemigo es el infierno y los demonios; para los otros, el enemigo es el Estado español y los constitucionalistas. Entre los primeros, hay integristas; entre los segundos, están las CUP. Y etc., etc.
Pero el parecido más emblemático y definivo es que ni los unos ni los otros se dejarán convencer con argumentos racionales. En consecuencia: los votos independentistas no disminuirán nunca, y sus votantes continuarán pensando que el PP y el PSOE son iguales, cosa que ejemplifica a la perfección la irracionalidad de su fe. A los creyentes, les les da completamente igual que los presupuestos en cultura, enseñanza y sanidad sean los peores de Europa. Y es natural que no les importe, porque son creyentes convencidos de que, cuando seamos independientes, seremos la nación más rica del mundo. Es lo mismo que creer en el cielo. Por tanto, no hay ninguna solución ni a corto ni a largo plazo, salvo que ocuurriera un imposible: una nueva ley electoral que no favorezca los votos de la gente menos informada ni de menos sensible al egoísmo colectivo.
La fe en el procés, todo sea dicho, tiene algunas bases racionales. Son las siguientes: el nacionalismo español, la inacción de Rajoy, algunas infraestructuras insuficientes y, sobre todo, el hecho de que los gobiernos centrales no se han creído nunca que la lengua y la literatura catalanas sean también un tesoro para España, y, en consecuencia, nunca las han hecho suyas. Por eso estoy completamente seguro de que, si Casado y Ribera gobernasen algún día en coalición, la fe independentista doblaría fácilmente su número de votantes. Y si eso llegara, ¡que Dios nos coja confesados!».  

Como le decía a Lluís Bosch alguien muy metida en esto del procés, debe de ser que no entendemos la verdadera dimensión de lo que está sucediendo, quizá porque es tan grande que nuestra cabecita no puede comprenderlo. O algo así. Será eso, o puede ser que lo que nos ocurra solo es que nos falta fe, como cantaban Juan y Junior en los setenta...

miércoles, 14 de noviembre de 2018

"Siempre nos quedará París" (2)

Y, en esa tesitura, hoy hemos recalado en CaixaForum, pensando erróneamente que, como lo de Velázquez empieza pasado mañana, hoy estaría casi vacío aquello. Naranjas de la China: lo de "Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre" es tremendo, ya que París es mucho París, y el fin-de-siècle, el Art Nouveau y la belle  époque gozan de gran predicamento por estos lares (todos aquí se las dan de saber francés, casi como los niños de Francia de los que hablaba Nicolás Fernández de Moratín en su famoso poema "Saber sin estudiar").

El caso es que había media docena (o más) de visitas guiadas para gent gran invadiendo la exposición, además de las inevitables excursiones de alumnos/as de la ESO, siempre tan ruidosas. Pero la exposición vale la pena y habrá que volver en un día más tranquilo, y así se hará, ya que dura hasta el veinte de enero de 2019.

Folleto de mano de la exposición "Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre"

Una sala de la exposición, con obras de otros autores
Bueno, así como el reclamo para la próxima exposición "Velázquez y el Siglo de Oro" es Velázquez, y con mucha suerte veremos un par de obras suyas, aquí el señuelo es Toulouse-Lautrec, que siempre tiene su morbo. Pero la base de la muestra no es su obra, aunque hemos podido ver litografías de sus carteles más conocidos (millones de veces reproducidos), además de algunos óleos y dibujos suyos que G.U no conocía y que son muy buenos. Y esos pósters míticos... mejoran mucho "en vivo y en directo".

El resto de la exposición es magnífico, aunque siempre a media luz, como suele ser habitual en estos casos. ¡Ah! El catálogo también está muy bien, y lo que no hemos podido ver cómodamente allí (por el gentío) de autores de los que uno ignoraba su existencia, aquí está, con unos textos bien escogidos. Falta en él, eso sí, la música parisina tan evocadora que llenaba las diversas salas, todas ellas muy bien ambientadas, con su pavés y todo.

Una de los aspectos que queda bien explicado, tanto en la exposición como en el catálogo, es el del proceso que llevó a que Montmartre, ese barrio periférico de pobres y marginados, deviniera (en un par de décadas) en una zona guay que atrajo a numerosos artistas de vanguardia (Toulouse-Lautrec, Signac, Bonnard, Satie, más tarde Picasso y tantos otros), una gente que quería vivir gastando poco y trabajar en el París bohemio, pero evitando el centro burgués de la capital.

Algunos de los míticos carteles de Toulouse-Lautrec que no podían faltar en la exposición "Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre"





Después hemos subido a las azoteas de la casa Casarramona, muy propias de la época en que fue construida la fábrica.

Palau Nacional y autobús de guiris desde la azotea (14/11/2018)
Azotea de la fábrica Casarramona, sede de CaixaForum (14/11/2018)



Para acabar la visita en la tienda, "como no podía ser de otra manera", con el merchandising alusivo a la exposición, tan habitual en estos casos. Que tomen nota los sorianos si quieren "vender una escoba" a costa de Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego. Ya saben: camisetas, libretitas, imanes y todo tipo de chuminadas diversas.


Huyendo de la "Casa tomada" (1)

Esta entrada la dividiremos en dos para para no hacerlas demasiado extensas. "Huyendo de la casa tomada" (1), la primera y "Siempre nos quedará París" (2), la segunda.

Vamos con la primera. Algunos de ustedes, los de edad más provecta y mayor vocación lectora, recordarán el relato de Julio Cortázar titulado "Casa tomada", uno de los más conocidos de ese monstruo, dicho sea con todo el fervor, admiración y cariño hacia su autor. Les reproducimos las líneas finales de esa inquietante historia:

[Julio Cortázar, Casa tomada (fragmento); Los relatos 3. Pasajes, Alianza Editorial (El Libro de Bolsillo), 1976]
Viene a cuento porque los miércoles acude a limpiar el piso en que habitamos (somos unos "burgueses de mierda") una mujer joven que, muy habladora ella y poco organizada, pone la casa patas arriba, armada de frascos de lejía y Don Limpio, además de una ruidosa escoba eléctrica, abriendo cuantas ventanas encuentra a su paso, por frío que haga.

Eso nos obliga a ir retrocediendo hasta que ya casi no queda espacio vital disponible y no hay más remedio que abandonar la casa a su suerte. El asunto tiene un efecto colateral ventajoso, ya que es el día que uno aprovecha para hacer salidas más allá del barrio, visitar exposiciones y cosas así, como hoy.


martes, 13 de noviembre de 2018

Los paseos de Pérez Andújar

Javier Pérez Andújar publicó Paseos con mi madre en 2011, en la Colección Andanzas, aunque Gran Uribe no lo leyó hasta el año pasado, cuando fue editado por Maxi Tusquets.

No es una novela propiamente dicha, sino más bien un compendio lleno de emoción (y buena prosa) de algunos de los momentos de su vida en San Adrián del Besós. También en Barcelona, ciudad ésta de la que desde siempre se sintió algo distante, como nos explica en el libro. Además, nos habla de sus andanzas por los desolados bloques de ladrillo y hormigón que ascienden hasta las colinas en el extrarradio.

Decíamos en un comentario de ayer que nunca le concederán el "Premi d´Honor de les Lletres Catalanes", y si leen algunos de estos paseos entenderán por qué. Y eso a pesar de su prosa "de vuelo alto, de imagen sorprendente, de comparación sublime", en palabras de Lluís Bosch, o de que, según Francesc Cornadó, "estamos ante el mejor escritor catalán de nuestros días, magnífico y valiente", por citar a dos de los autores a los que seguimos en sus respectivos blogs.

En el fragmento que reproducimos a continuación nos habla de las Ramblas, de aquellas que recorría siendo estudiante al salir de sus clases de Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, a comienzos de los años ochenta.


Y en este otro, algunos de los recuerdos de sus viajes en autobús de vuelta a casa tras su jornada estudiantil y el paseo por las Ramblas que nos acaba de describir. Ambos fragmentos proceden del capítulo 5, titulado "Una ciudad sin río".

[Fragmentos extraídos de: Javier Pérez Andújar, Paseos con mi madre; Ed. Maxi Tusquets (2017)]

lunes, 12 de noviembre de 2018

Y mientras redactan la "Constitució"...

Viñeta de El Roto (11/11/2018)




[...]  «A lo mejor el progreso tan solo consiste en un cambio de nombres. Cosa de ricos, como todo. Únicamente con pasta se cambia de coche, de casa, de familia, de país. Y del mismo modo, también se necesita guita para cambiar el nombre de las cosas. Por eso los quinquis se siguen llamando igual: quinquis, manguis, chorizos, no han podido permitirse un cambio de marca, y quienes han robado de otra manera han ido cambiándose hasta el apellido, los logotipos, las siglas, lo mismo que una serpiente muda de piel, se despelleja viva para seguir alimentando la misma y blanca carne.[...]

El rico no rechaza al pobre cuando no tiene, el rico detesta al pobre cuando tiene. Por eso, cuando alguien dice que volvemos a la Barcelona ochentera, cuando señala tan lejos del tiempo (y de sí mismo), lo que busca es ocultar a una ciudad que nunca se fue: la Barcelona que convirtió el Palau de la Música en una centrifugadora de dinero negro, la que no puso ladrillo, autopista, gasolinera, casino, deslocalización sin mordida tras la careta de un partido político. Señalan a la gente del arroyo para lustrar sus trajes con los harapos de otros, para salvaguardar una Barcelona privada que protegen a ultranza, para no perder lo que aún conservan de todo eso y, para que en el caso de que les embarguen las lámparas de araña, quedarse por lo menos con los enchufes».[...]


Enlace al blog de Lluís Bosch: Javier Pérez Andújar y los quinquis

domingo, 11 de noviembre de 2018

Anteayer fue el aniversario del muro y del 9N

"Parece que fue ayer", pero anteayer hizo ya veintinueve años del derribo del muro de Berlín y cuatro del butifarréndum del 9N, la última gran creación del trilero Mas, por la que ha sido condenado a pagar cinco "kilitos", no en vano declaró muy ufano al juez, haciéndose el chulillo: "Jo sóc l'únic responsable del 9-N". Con esa calderilla comería más de uno.

Una jornada aquella que Gran Uribe vivió desde Benicarló, lugar al que suele acudir a refugiarse en este tipo de diadas para la historia que tanto agradan a sus paisanos últimamente. Quedaba reflejada esa huida en la entrada que llevaba por título Uribe se ha escapado.



Desde entonces hemos tenido, entre otros "Momentos estelares de Cataluña": la Constitució del juez Vidal, las siniestras jornadas de septiembre y octubre del año pasado (de infausto recuerdo), la huida a Bélgica como un conejo del mesías Fuigdemont y la llegada de presidenTorra, su representante en la terra catalana, a quien —entre cargolada y calçotada— le ha dado tiempo para sentar las bases para la elaboración de una nueva Constitució per la Republiqueta catalana.

La diferencia con la anterior es que ahora será diseñada, no por el juez Vidal, desaparecido en combate, sino por un comité transversal (?) de gentes de la pomposamente denominada "sociedad civil", formado por, y citamos textualmente a Lluís Bosch en su entrada Virgencita, que me quede como estoy:

Comín
«Lluís Llach, Dante Fachín, Marina Rosell, Núria Feliu, Beatriz Talegón (al tanto con el apellido, muy oportuno), Ramón Cotarelo, Toni Albà, Pep Ventura, Mossèn Ballarín y un etcétera no muy extenso. 

Todos ellos actuarán bajo la estricta vigilancia de Puigdemont, que delega la supervisión en un tal Comín (si no saben quien es, pregunten por él en cualquier hospital público catalán, de los pocos que nos quedan). A lo mejor me equivoco en algunos nombres de los ponentes constitucionales, pero creo que eso importa poco. Lo significativo es el espíritu de la cosa.[...]


Algunos y algunas de los padres y madres de la futura Constitució de la República catalana
[Beatriz Talegón, Dante Fachín, Núria Feliu, Marina Rosell, Ramón Cotarelo, Toni Albà, Mossén Ballarín (ya fallecido) y... Lluís Llach (el jefe)]
Y continúa Lluís Bosch:

»La Constitución de 1978, esa de la que tanto malhablan, la redactaron políticos, juristas, diplomáticos, etc. La catalana en ciernes la redactarán famosillos de medio pelo. La Consti del 78 salió del diálogo y del consenso entre diferentes, diversos y opuestos. La catalana nacerá del festival nacional-onanista de una panda de amiguetes. 

Lo dicho: Virgencita, que me quede como estoyY que me quede amparado por la Constitución española, Virgencita, esa constitución que, de tan abierta y generosa como es, incluso permite que un grupillo de fantoches famositos redacte constituciones regionales para goce y disfrute del pueblo. Del pueblo catalán, siempre atónito pero siempre agradecido. Virgencita... ¡ampárame!».


Como todo esto resulta un poco deprimente, vamos con lo de la caída del muro de Berlín y Pink Floyd, en una de las canciones que mejor reflejan aquella época: Another brick in the wall, perteneciente a una obra maestra: "The Wall".



sábado, 10 de noviembre de 2018

Los confesionarios, de nuevo a colación

El padre Fortea es un cura aragonés bastante "rebarbativo" (tal como diría un pariente francés de G.U. llamado Gerardo —"repelente" quizá sería el equivalente más generoso—), paisano de José María Escrivá de Balaguer, el fundador del "Opus Dei", aquí pocas bromas. Está especializado, como quizá sepa más de uno de ustedes, en temas referentes a ángeles, demonios, posesión diabólica y exorcismo. Puede que le hayan visto en más de una ocasión participando en el programa de televisión "Cuarto milenio" (del incombustible Iker Jiménez), si es que son aficionados a esas cosas, o le hayan leído chistes de este estilo: "Espero que no venga el fin del mundo en este mes, porque he invertido en bolsa".

Como esto de los confesionarios debe de estar de moda, ya que la entrada dedicada a ellos, titulada Millás, los confesionarios y las simetrías, ha sido una de las más vistas desde que se inauguró este blog (a finales de 2013), hemos acudido al antes citado padre Fortea, porque algo de exorcismo debe de tener lo de confesarle tus presuntos "pecados" a un sujeto que está sentado en un mueble así y... resultar perdonado tras bisbisear la plegaria impuesta.

Estos son los gustos de ese desagradable cura acerca de tales artefactos, tal como los expresa en su visitado blog:

«Hoy día algunos párrocos colocan en sus iglesias confesionarios modernos. A mí me gustan los antiguos. Esos confesionarios de ahora que son como un cajón grande con dos sillas, no dan impresión de sacralidad. Además, aunque suelen tener una rejilla, ésta es corredera, y suele estar abierta. 

Mis confesionarios favoritos son los góticos. Pero góticos o no, lo bueno de los antiguos es que son un ornato para el templo, tienen rejilla no corredera, se ve claramente si el sacerdote está dentro y si alguien se está confesando. El confesionario de toda la vida es una perfecta sede para el sacramento, respira dignidad y permite al penitente confesarse sin que se le vea si así lo desea. Voy a tener que constituir una asociación para la defensa del confesionario antiguo. O mejor la ACCM, Asociación contra el Confesionario Moderno. Las asociaciones a la contra tienen más encanto. Las asociaciones a favor de algo siempre son más insulsas».


Aquí les ofrecemos algunos modelos de confesionario que quizá no sean del agrado del susodicho padre Fortea. El de la izquierda tiene calefacción en los pies para el confesor y el de la derecha es un modelo de la iglesia de Montbau que conocemos gracias a los buenos oficios de Tot Barcelona, y que evoca al neoplasticista Gerrit Rietveld (1888-1964); un tipo que era hijo de un creativo ebanista y que, en parte gracias a eso, creó muebles de madera bastante innovadores. En cuanto al "aéreo" diseño de los dos centrales, tampoco creemos que sea bien valorado por ese rancio preboste.


Y ya para acabar, al hilo de lo que nos contaba ayer el antes mencionado Tot, más de un cura tendría que pedir perdón por algunas cosas, y no solo por dejar conectado su móvil durante un entierro, que también. Deberían seguir el ejemplo del papa Francisco, primer Papa que se confiesa públicamente en el Vaticano, quizá en representación de otros curas que deberían imitarlo (seguramente con más motivo). Pero éste es un tema delicado en el que no hurgaremos.

El papa Francisco se confiesa en el Vaticano
Viñeta de El Roto  (8/11/2018)

viernes, 9 de noviembre de 2018

"Sólo quería comprobar que el infierno existía"

Cuando ayer decíamos "esa versión del  infierno en la tierra que es... IKEA" hablábamos metafóricamente, por supuesto. Pero es cierto que es una tienda que detesta este bloguero, y cuando entra en ella (lo ha hecho bastantes veces), no encuentra forma humana de salir rápidamente de allí por donde ha venido. En eso se deben de parecer ambos lugares.

Dándole vueltas a este asunto, Gran Uribe ha recordado un microrrelato de Juan José Millás, que publicó EL PAÍS hace años, en el que se comprueba la existencia de tan lúgubre antro (el infierno) a través de la llamada telefónica a un móvil que efectúa el narrador de esta brevísima historia.

Juan José Millás, El infierno / [Extraído de "Antología del microrrelato español (1906-2011)"; Ed. Cátedra (2012), págs. 337-338]

Como habrán observado, Millás acentúa la palabra "solo", pero estábamos en 1995; hoy la RAE le tiraría de las orejas.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Acerca del "Hermitage Barcelona"


Esta es la una fotografía de la "casa madre" del Hermitage, situada en el "Palacio de Invierno" de los zares, en San Petersburgo. Un edificio del XVIII  en el que están todos: Leonardo, Rafael, Rembrandt, Tiziano, etc., etc., etc.



Viene esto a cuento porque ¡menuda la que hay armada con el "Hermitage Barcelona"! Es una idea que nació en 2012, avalada entonces por la Generalitat, necesitada de grandes proyectos "per donar il·lusió" en plena crisis y recortes a mansalva. Recordemos cómo cuidaban entre algodones a Adelson (llegando a recibírsele con pompa de jefe de Estado en el Palau de la plaça de Sant Jaume) cuando pretendía crear una "ciudad del juego" tipo Las Vegas en pleno parque agrario del delta del Llobregat, cargándose todo el entorno. Por entonces, además, se les ocurrió ¡montar el procés!

El caso es que la idea de crear una sucursal del museo la acordaron el trilero Mas y el bisbiseante Mascarell durante un viaje a Rusia, que fue polémico por el dineral que supuso esa excursión. No quedaba claro cómo se financiaría el invento, por lo que se entregó a la iniciativa privada, al fondo de inversión "Varia". El emplazamiento era crítico, en pleno puerto, un lugar desde el que, como decía Oriol Bohigas, buen amigo de Chordi (éste estudió en el mismo piso de la plaza Real que después le regalaron a aquél) : "cualquier día se podrá llegar caminando hasta Mallorca" (sic). Se encargó el proyecto a Íñigo Amézola, que lo diseñó según cánones clásicos que evocaban vagamente al edificio original de la "casa madre" en Rusia.

Pasó el tiempo, la cosa se fue durmiendo y el nuevo Ay Untamiento de Colau no veía claro el asunto: por la ubicación, por la posible masificación adicional que podría producir, porque no les gustan nada ni los guiris ni el capital y por el temor a que la cosa no funcionara y hubiera que acabar aportando fondos públicos para rescatarlo.


Toyo Ito: paseo de Gracia  y plaza Europa
Entonces los de "Varia" quizá pensaron que si le daban un aire presuntamente gaudiniano al proyecto (Gaudí es como la Patum de Berga) sería aceptado más fácilmente. Y en esas estamos: le han encargado la propuesta de edificio a Toyo Ito, un arquitecto-estrella japonés (premio Pritzker 2013) que tiene dos obras en Barcelona que desagradan muy especialmente a G.U. La primera está en el paseo de Gracia y, cada vez que pasa cerca, su sola visión ya le produce una terrible migraña. La otra está en la plaza Europa (ya en Hospitalet), un lugar éste último del que se sospecha que ha habido mil mangancias del tipo tres per cent. Cuando uno pasa por allí, acercándose un poco deprimidillo a un conocido centro comercial, le da un mareo ya antes de llegar a esa versión del infierno en la tierra que es... IKEA (por supuesto), al que accede ya hecho polvo antes de introducirse en sus fauces.

"Hermitage Barcelona": la propuesta de Íñigo Amézola 
"Hermitage Barcelona": la propuesta de Toyo Ito
Pero el Ay Untamiento (Ada Colau and the Pisarello´s), que es quien tiene que dar la última palabra, se ha ofendido mucho al enterarse por la prensa (EL PAÍS) de este cambio. En fin, quedamos a la espera. Veremos en qué queda todo este asunto. El que está también está bastante enfadado es el señor Amézola, ya que otro de los que se ha enterado también por la prensa de que le habían puesto una cornamenta de búfalo.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

martes, 6 de noviembre de 2018

Carlos II el Hechizado (y 2)

Hoy "celebramos", es un decir, 357 el aniversario del nacimiento de Carlos II el Hechizado. Nunca España cayó tan bajo, "por el puto suelo", según una ruda expresión de Arturo Pérez-Reverte en su Una historia de España publicada en XL Semanal. Una Castilla agotada, una periferia que se buscaba la vida, unas colonias que solo importaban por el oro que traían de allí. España ya no declaraba guerras sino que se las declaraban a ella, en Europa no nos quedaba ya casi nada y en el interior la pobreza iba en aumento, de manera que "media España procuraba hacerse fraile o monja para no dar golpe y comer caliente", en palabras del propio Pérez-Reverte, siempre tan ácido.

Carlos II el Hechizado
Juan Carreño de Miranda (1685)
El caso es que este período de nuestra historia, el del reinado de Carlos II el Hechizado, que estaba bastante olvidado, últimamente interesa mucho porque fue clave para el devenir de España.

Según las crónicas de la época, aquel 6 de noviembre de 1661 nació "un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes". No lo vió así el embajador de Francia, que escribió a Luis XIV, a la sazón rey de Francia: "El Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura [...], en fin, asusta de feo". Bien, belleza o feldad física aparte, parece acreditado que el futuro rey era un tipo débil y aquejado por todo tipo de enfermedades, además de poseer una capacidad mental escasa, por no decir nula. Con el fin de mantener con vida a ese frágil sujeto, fue alimentado por 14 amas de cría distintas, que le amamantaron hasta la edad de 4 años. El hecho es que no fue capaz de aguantarse de pie hasta los 6 años de edad, quizá debido a un raquitismo por déficit de vitamina D, agravado también por la falta de luz solar, ya que no se sacó casi nunca al niño a tomar el aire por temor a que se enfriara. Un nene criado entre algodones y bastante mimado, sin duda.

El profesor "Cametes", del que hablamos el otro día, decía de él que "se pasaba todo el día llorando detrás de las columnas de palacio", frase que nos dejaba muy apenados. Como era básico que tuviera descendencia, le buscaron esposa. Tuvo dos, y la segunda, Mariana de Neoburgo, era una individua de armas tomar. Según Juan Eslava Galán, era "ambiciosa, calculadora, altanera, desabrida e insatisfecha sexual, que hoy hubiera sido la gobernanta ideal de un local sado-maso".



Carlos II el Hechizado y Mariana de Neoburgo (autor anónimo)
Resumiendo mucho: el pobre Carlos II el Hechizado era también estéril, y no tuvo descendencia pese a todos los esfuerzos. Se dedicó a sus obligaciones de rey más bien poco, por lo que en su lugar se ocupó de ejercerlas todo tipo de trepas y validos diversos, en un ambiente de intrigas y conspiraciones, en las que estaban metidas la reina y sus pelotillas, la Iglesia, los embajadores francés y austríaco y la corrupta clase dirigente hispana. Todo un panorama.

"Y así, en noviembre de 1700, último año de un siglo que los españoles habíamos empezado como amos del universo [...], el último de los Austrias bajó a la tumba fría, el trono quedó vacante y España se vio de nuevo, para no perder la costumbre, en vísperas de otra bonita guerra civil. Ya nos lo estaba pidiendo el cuerpo", concluía su reseña Arturo Pérez-Reverte.


En efecto, poco antes de morir firmó que fuera su heredero un borbón, y "la suerte"(es un decir) recayó en el que sería Felipe V, nieto de Luis XIV, y la que se lió...


lunes, 5 de noviembre de 2018

Carlos II el Hechizado y Medardo Fraile

Amigas y amigos, seguidores y seguidoras del blog. Este asunto de Carlos II, del que mañana celebramos (es un decir) el 357 aniversario de su nacimiento, lo vamos a fraccionar en dos entradas. Una de tipo histórico y otra más literaria, para lo cual recurrimos a un cuento del gran Medardo Fraile (Madrid, 1925 - Glasgow, 2013). Empecemos por lo literario, con un cuento en el que compara a Carlos II el Hechizado con un zagal llamado "Kelele".

Medardo Fraile / Fotografía: Santi Burgos
En "Ida y vuelta" (1964), Medardo Fraile se pone ("como no podía ser de otra manera", ya conocen esa muletilla) del lado de la "chacha" del abrigo rojo, la que acompaña cada día en el autobús al niño Kelele de casa al colegio y del colegio a casa. Es la gente de los pueblos que venía a servir a la ciudad. A Gran Uribe, debe reconocerlo sin rubor, lo acompañaron también así al colegio muchas veces.

"Y ese color rojo del abrigo y el nombre del niño están en el cuento como dos divisas. Marcan expresivamente la zona de la escasez y el territorio del confort", como señala Angelina Lamelas.  Por un lado, un color rojo resistente, propio de quien sólo tiene ese abrigo, y además rojo, por lo que es muy difícil perderlo de vista. Por otro, el mundo de "los señores" está representado por  Kelele, alguien a quien los padres tienen el capricho de llamar así. Ese nombrecito de gilipollín satiriza la diferencia entre él y la muchacha del abrigo rojo, que podría llamarse perfectamente Julia, Concha, Carmina, como algunas de las muchachas que le llevaron a G.U. de la manita al colegio. Sin embargo, la muchacha estudia (eso no lo solían hacer las de este bloguero) durante todo el trayecto. Va leyendo los libros de Kelele. Y Kelele, mientras tanto, va haciendo el gandulazo. Quizá intuye que la vida le regalará el futuro.

Medardo Fraile, Ida y vuelta,; De "Escritura y verdad, cuentos completos", Ed. Páginas de Espuma (2004)
La muchacha del abrigo rojo merecería, sin duda, una oportunidad. Pero estamos en esa diferencia que hace que las oportunidades nunca sean iguales para todos, diga lo que diga ahora la Constitución, y que se perpetúe así el status quo vigenteLos que pueden permitírselo, pueden llegar a algo; los que no... lo tienen mucho más crudo, la verdad. Aquí lo dejamos por hoy. Mañana hablaremos de Carlos II...


domingo, 4 de noviembre de 2018

Nuestro adiós a un tocayo: "El algarrobo"

Se nos fueron ya los tres. Sancho Gracia ("Curro Jiménez"), José Sancho ("El Estudiante") y ahora... el tocayo de un servidor de ustedes, Álvaro de Luna ("El Algarrobo").

Tres actores de casta, aunque de calidad irregular (¡ojo!, un Pepe Sancho excelso en la serie de televisión "Crematorio", basada en la novela de Rafael Chirbes, un monstruo), pero que forman parte de "la crónica sentimental de nuestras vidas", como hemos podido leer en algún obituario de esos que circulan por ahí.

Aunque, si quieren leer unas palabras de más nivel, pero sentidas y entrañables, aquí tenemos las que le dedica Manuel Vicent, buen amigo suyo, en su columna de los domingos en EL PAÍS. Se titula "Álvaro", "como no podía ser de otra manera", tal cual se dice ahora. Pues eso. DEP, Álvaro de Luna. Aquí les dejo con Vicent:


«Al galope cabalgando la muerte se ha ido Álvaro de Luna, un gran amigo a quien he tenido al lado siempre dispuesto al rescate, desde los días de gloria, de risas y de juego del café Gijón, en los veranos en el mar de Denia, en la llamada de teléfono de cada mañana durante tanto tiempo. Era un tipo legal, con un cuerpo rocoso que despedía bonhomía y una fortaleza más allá de toda imaginación. Con mis propios ojos vi un día que levantaba a pulso un coche Renault 18 para que el propietario, que carecía de gato, pudiera cambiar la rueda. Comenzó de especialista en el cine tirándose del caballo, asaltando diligencias, arrojándose al vacío desde una quinta planta, y terminó como protagonista en películas y obras de teatro, un caso insólito, muy difícil, por eso en su profesión era querido y respetado. 

He sido testigo de hasta qué punto lo adoraba la gente sencilla en la calle. Su imagen de El Algarrobo hizo estragos en los niños, pero también entre camioneros, guardias, taxistas, ministros y presidentes del Gobierno. Ya no sonarán sus carcajadas llenas de euforia, rematadas a veces con un grito de Tarzán, ni le oiremos la forma en que se aliviaba sus neuras y con todo pormenor gesticulaba, dramatizaba, imitaba, montaba escenas y se apoderaba por derecho de la tertulia. Se ha ido cabalgando en busca de su maestro Manuel Aleixandre, de Curro Jiménez, del Estudiante para compartir con ellos la hogaza de pan que sacará del zurrón y cortará con una navaja cabritera. Solo queda llorar por la memoria de una profunda amistad. Pese a todo, aun con lágrimas sobre las hojas amarillas de otoño, hay que brindar por tantos pequeños placeres compartidos, de cuando nos creíamos inmortales. Si la inmortalidad es ese don que los dioses depositan en la memoria de los amigos, Álvaro de Luna la tiene asegurada. Serán legión los que le recuerden siempre».

Manuel Vicent, Álvaro, EL PAÍS , 4/1172018)


sábado, 3 de noviembre de 2018

El viaje en tren de Manuel Vilas

«Vivimos en una cultura de trato presencial, con un buen clima y mucha vida social. Los españoles hablamos muy alto, interrumpimos a los demás y somos poco discretos en el trato verbal, a diferencia de otros países europeos», explicaba Carlos Martínez, director de un Máster en Gestión Ambiental del IMF Business School.



Bueno, no hace mucha falta que nos lo diga ese docto sujeto, porque es algo que sabemos todos. Un pariente de este bloguero, llamado Gerardo, siempre decía que "en Madrid gritan mucho, y nunca cierran las puertas". Lo de las puertas no lo sabemos, pero lo de que se grita mucho no es exclusivo de Madrid. Nos lo encontramos por doquier, en la calle, en bares y cafeterías, en salas de espera, y no solo por parte de gente joven, generalmente más expansiva, sino de cualquier edad. A G.U. le amargó en cierta ocasión la estancia en un balneario cerca de Albacete, al que había acudido para intentar relajarse de las clases. Allí coincidió con un numeroso grupo de personas de edad provecta que estaban de un humor excelente, sí, pero que consiguieron ponerle a uno de los nervios con sus berridos y risotadas; tuvo que huir de allí. No es preciso que haya alcohol por medio, pero si lo hay... ¡madre de Dios!

Pero a todo ese griterío, se junta la grosería, la incultura, la chabacanería, el pensar que estamos solos o que, si no lo estamos, a los demás les tienen que divertir mucho nuestras bromitas. Desde luego que a Manuel Vilas, un tipo bastante adusto (tiene motivos: lean Ordesa o su artículo Redención), no le hacen ni gorda de gracia, como queda patente en su columna de hoy en EL PAÍS, en la que nos relata un viaje reciente en un tren Alvia:

Un tren Alvia a su paso por la estación de Aguilar de Campoo (Palencia)

«Realicé hace un par de días un viaje en un tren Alvia que resultó ser una pesadilla. No quiero exagerar, pero lo que vi creo que era también restos del franquismo social, o directamente de la Edad Media. Vi lo siguiente: tres matrimonios de jubilados no en animada charla, sino contando chistes sobre maricones y gitanos a voz en grito. Chillaban, rugían, berreaban. Dos niños corriendo por el pasillo y pegándole a los pasajeros y su madre hablando por teléfono a ladridos con su exmarido. Aparecieron más matrimonios vociferantes. Un hombre sacó una bandurria y se puso a cantar canciones. Corrí buscando ayuda. Encontré a un revisor, le expliqué la situación. Cuando terminé de informarle, le llamaron al móvil. Era su mujer. Se puso a hablar con su mujer también a voz en grito. Cuando terminó, me dijo que me cambiara de vagón. ¿A qué vagón me cambio? le pregunté. Me dijo que la cosa estaba mal porque el tren iba lleno. Y se echó a reír. Y se fue.

 Me fui al bar del tren, donde me topé con una media docena de chavales deportistas que hablaban con aullidos y se hacían selfies que luego compartían en las redes. Me fui al lavabo. Flotaba una hez dentro del inodoro. Volví a mi vagón. La juerga seguía. Mi vagón se había convertido en un bar de pueblo, en un inmundo casino de pueblo, en una verbena soez, llena de olés. Solo faltaba que la gente se pusiera a fumar y a escupir. También olía mal. Se oían flatulencias escondidas en las risas. Un septuagenario rijoso llevaba unos tirantes con los colores de la bandera de España. Tuve que escuchar todos los chismes del pueblo de donde eran mis compañeros de viaje.

Manuel Vilas, a bordo de un tren Alvia
Dos octogenarios se pusieron a bailar. Uno se cayó encima de la mujer del otro. “Le has tocado las tetas a mi mujer”, gritó eufórico de risa y de barbarie. Luego, sacaron los embutidos. Comían chorizo, queso y bebían vino de una bota. Eructaron. Se carcajeaban. Celebraban un viaje a Madrid. Me enteré de cómo se llamaban todos. También me enteré de cómo se llamaban sus familiares, a los que telefoneaban de vez en cuando. 

Discutían sobre dónde iban a celebrar la Navidad. Se trataba de una peña, una especie de asociación de entretenimiento y ocio. No era divertido lo que estaba viendo. Estaba asistiendo al robo del espacio público por parte de unos españoles maleducados, zafios e incluso crueles. Porque la mala educación en España es crueldad hacia el otro. Me quejé y se rieron. No entendieron que me quejase. No eran culpables de su mala educación porque no eran conscientes de que un vagón de tren es un espacio de todos. No me veían. Ni veían al resto del pasaje. Solo existían ellos en el mundo. Ellos y su crueldad hacia nosotros. No eran mala gente. Eran el eterno retorno de aquella España que nunca se fue del todo. Sentí nostalgia, incluso una negra nostalgia de mí mismo, porque de allí vengo».

 Manuel Vilas, Negra Nostalgia, EL PAÍS (3/11/2018)

viernes, 2 de noviembre de 2018

Albert Soler y el "Vía Crucis Puigdemont"

Esta entrada tiene como objetivo básico que aprecien ustedes algunas de las dotes que posee Albert Soler para hacerse acreedor al codiciado galardón de "Català de l´Any 2018", según la propuesta de Isabel Coixet que glosábamos ayer (con la ayuda de ella misma y de Lluís Bosch).

De Albert Soler hemos reproducido aquí algunos de sus  artículos, aunque quizá en menor cantidad que de Ramón de España, un habitual de estas páginas semana tras semana. Hay que tener en cuenta que, al escribir en catalán en "Diari de Girona", G.U. tiene que enmendar un poco la traducción al español de sus textos que hace Google, y eso supone un cierto trabajo suplementario para este bloguero, que tiene su agenda ya de por sí bastante apretada.

Recordamos especialmente de Albert el titulado "L´home de l ´abric", que aquí ya reprodujimos en diciembre del año pasado como "El hombre del abrigo camina por el bosque".

Veamos ahora en qué hecho se basa Albert Soler para su aportación de anteayer:



Leemos en La Vanguardia lo siguiente:

«El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha visitado este domingo las Fires de Sant Narcís de Girona. A Torra le ha recibido la alcaldesa de la ciudad, Marta Madrenas, y después de firmar el libro de honor en el Ayuntamiento, ha reproducido el paseo que hizo Carles Puigdemont hace un año, justo antes de irse a Bruselas.


»Puigdemont paseó por las mismas calles hace un año, justo después de que se aplicara el artículo 155 que supuso la intervención de la autonomía catalana

Madrenas y Torra han caminado desde la Plaça del Vi hasta la Plaça Independència, donde se han parado a tomar un café. Después, presidente y alcaldesa han visitado la Fira de Mostres. Todo bajo una intensa lluvia que ha obligado a suspender la jornada castellera en la que debían participar los Marrecs de Salt, los Minyons de Terrassa y los Capgrossos de Mataró.»



Vía Crucis viviente de L´Escala 2018. [Falta el del medio, huído a Bégica tras pronunciar estas palabras: «tonto el último»]
 Fotografía: "Associació Cultural El Rosetó"
Veamos la lectura que hace Albert Soler de ese acontecimiento, el primer Via Crucis (el segundo es el del pobre Ernest Maragall haciendo el ridículo en la BBC, ya tratado aquí). El artículo se titula Dos Via Crucis diferents:

«Presidentorra tiene aspecto de no tener bien la azotea, y realmente cuando abre la boca lo confirma, pero a cambio tiene un sexto sentido para sobrevivir a todo, con tal de ir tirando. Él se dedica a acudir a inofensivas ferias, a dejarse fotografiar haciendo actividades rústicas, algo que siempre gusta, y a degustar ratafía. Y punto. Cuando se trata de hacerse entrevistar por periodistas de verdad, es decir, por cualquier persona ajena a TV3, envía a un consejero despistado o a alguien que debido a su edad ya no distinga a Vicent Sanchis —director de esa cadena— de Oprah Winfrey .

Este fin de semana Presidentorra estuvo en Gerona inaugurando lo que ya se conoce como Vía Crucis Puigdemont , un nuevo atractivo turístico. Se trata de hacer el mismo recorrido que el ex siguió el día antes de huir por piernas a instalarse a cuerpo de rey en el extranjero. Guiado por la alcaldesa y ambos con lágrimas en los ojos, se detenían en los mismos lugares donde el mesías lo hizo aquel aciago día, tocando con la punta de los dedos las piedras que quizás él había tocado con sus sagradas manos.

Algunas de las estaciones del "Via Crucis Puigdemont" / [LV-granuribe50]
- Primera estación: Puigdemont se toma un café en este bar.

Y allí tenemos Presidentorra, pidiendo de rodillas un café al sorprendido camarero, implorando que fuera, por favor, en la misma taza que el Señor había utilizado, convertida ya en Santo Grial.

- Segunda estación: Puigdemont tiene una urgencia y la soluciona en este árbol. Y Presidentorra abre la bragueta y entra en éxtasis mientras micciona, por fortuna sin levitar.

Y así hasta la 14 estación: Puigdemont se esconde en un coche y mientras el vehículo inicia la fuga pronuncia las famosas palabras: «tonto el último».



Mucho mejor este Vía Crucis que lo que sufrió en forma de entrevista el pobre Ernest Maragall a la BBC, enviado por Presidentorra. Hacerle hacer el ridículo a su provecta edad, cuando debería estar jugando a "la botifarra" en el casal del jubilado, es de una crueldad extrema. Después de casi hacerlo llorar, el periodista le acabó diciendo "usted no tiene ni idea". Que no se lo tome Maragall como algo personal, el mensaje lo recibió él como consejero de Exteriores, pero iba dirigido a todas las lumbreras del actual Gobierno catalán y del anterior: ustedes no tienen ni idea.

Y que tengan que ir hasta Inglaterra para escuchar lo que les puedo decir yo desde aquí: inútiles, que sois unos inútiles».