Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de octubre de 2026

Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (y II)

Prometimos una segunda entrega para hoy sobre La dama errante, de Pío Baroja, y aquí está, aun a riesgo de volvernos unos pelmas, que no es nuestra intención, claro.

En el capítulo XIII (LA PARTIDA), «a las dos semanas de encierro, el doctor Aracil está ya aplanado por la soledad y el silencio». Le propone a su hija irse de casa del jardinero, donde llevan tiempo escondidos. ¿Hacia dónde? ¡A Londres! Éste les deja dos caballos y a partir de ahí empieza la segunda parte de la novela, atravesando la España negra de principios del S. XX. El viaje y la huida de María Aracil y su padre los pone en contacto con gente muy diversa, en general primitiva. El padre, más bien finolis, es bastante inútil en estos menesteres, por lo que la hija toma las riendas del asunto y acaba deviniendo la gran protagonista de La dama errante (y de su continuación, La ciudad de la niebla, narrada por María Aracil en primera persona en su primera parte).

Se trata de una especie de road movie de carretera, dividido en una docena de etapas, pero no en coche sino a lomos de unos escuálidos caballos y por caminos infernales entre Madrid y Lisboa, pasando por Extremadura. Pío Baroja imprime un ritmo muy dinámico a la huida  —se podría decir que casi cinematográfico—, evitando que el texto se estanque en adornos retóricos innecesarios, algo que es de agradecer.


En fin, G.U. lo ha pasado en grande leyendo. Es un clásico. Tiene bastantes momentos impagables. En esta entrega señalamos dos al azar. El primero está en el capítulo XVI, LA VENTA DEL HAMBRE, del que seleccionamos un fragmento. El padre y la hija huyen de Madrid cabalgando sobre unos famélicos caballos. Un lugareño les señala dónde pueden encontrar una venta para hacer parada y reponer fuerzas. Allí se encuentran, en un lugar bien descrito por Baroja, con unos tétricos personajes y el contraste entre las vetustas láminas en la pared con caballos desbocados y sus cansinos jamelgos. 

[...] «Celebraron padre e hija la indicación e iban deprisa aguantando la lluvia, cuando vieron una casa medio derrumbada, oculta entre unos chaparros, cuya chimenea arrojaba al aire un vaho débil de humo. El campo que a la casa rodeaba era yermo y adusto; sólo un ermitaño o un asceta hubiera podido escoger un páramo para vivir en él. Aquella venta era la Venta del Hambre.

Llamaron en la casa, y Aracil preguntó si les podían dar hospedaje y comida. Una vieja de negro, escuálida y amarillenta, hizo un gesto de resignación indicándoles que pasaran, y un mozo flaco y espiritado tomó de las riendas las caballerías y las llevó a la cuadra.

Pidió Aracil algo con que matar el hambre y no había más que pan seco; encargó al mozo que echara un pienso a las caballerías, y el mozo dijo que les daría hierba a ver si querían comer, pues no había paja ni cebada. Aquella venta era la Venta del Hambre. Aracil y María entraron en la cuadra y vieron que los pesebres estaban limpios. Sacaron los caballos al campo y al anochecer se los volvió a llevar a la cuadra.

Portada de Historia de los amores de Matilde y Malek-Adhel, de Madame Cottin
Estuvieron padre e hija aburridos, paseando arriba y abajo por la cocina. En un cuarto próximo, que tenía los honores de sala, había un espejo envuelto en una gasa azul llena de moscas muertas, y dos viejas litografías, una de Malek-Adhel, el héroe de Madame Cottin, llevando a caballo a su dama, y la otra de Poniatowski, en el momento de meterse a caballo en el río.   
Muerte del príncipe Poniatowski en el paso del Elster en 1813
—Es raro —dijo María— que hayan llegado estas cosas a rincones tan apartados.
—Sí, es raro.
—Y lo moderno en cambio no llega —añadió ella.
—Eso no es chocante —repuso Aracil—. Hoy la vida es industrial, y el mundo civilizado, en vez de enviar a las aldeas litografías de un héroe verdadero o falso, envía una máquina de coser.

Charlaron padre e hija de otra porción de cosas. Pidieron de comer varias veces, y, después de rogada mucho, el ama hizo unas sopas de ajo para los huéspedes y les trajo una cosa negra y fría que parecía hígado y una jarra de vino. Aracil notó que no había gato ni perro en la casa. 

El plato de la cosa negra, que no quisieron comer Aracil y su hija, la vieja lo retiró y lo guardó en un armario con gran aflicción de todos los individuos de la familia.

Luego la vieja, con sus tres hijas vestidas de negro, dos ya mayores y una muchachita, todas a cuál más héticas y tristes, se sentaron al fuego, se les reunió después el mozo flaco y espiritado, y se pusieron a rezar el rosario. Estaban todos mustios, callados y cabizbajos. De cuando en cuando bostezaban de hambre y se persignaban sobre la boca abierta, y la vieja, tras de bostezar, suspiraba y decía:

—¡Ay, Señor, qué pena de vida! ¡Para cuatro días que ha de vivir una en este mundo! ¡Ay, qué mundo más desengañado y más triste, que todo son lágrimas, enfermedades y dolor! ¡Ay, qué inútil es trabajar y cuánto más valiera haber ya muerto!

La vieja, después de una retahíla de éstas, miraba a sus huéspedes como pidiéndoles colaboración en su idea desacreditadora del mundo. El doctor estaba entristecido y malhumorado; María se asombraba de ver tanta pobreza.

Después de rezar, toda la familia de escuálidos desapareció, y la vieja, gimoteando, vino con un jergón, que tendió en la cocina delante de la lumbre, y mal que bien se arreglaron para dormir allí Aracil y su hija.

Por la mañana al amanecer, el doctor aparejó los caballos, pagó al mozo lo que le pidió, y al apuntar el alba los dos fugitivos salieron de la venta triste.

—¡Qué horror! ¡Qué casa! —exclamó Aracil—. Ahora respiro —murmuró al encontrarse en la carretera—. Y estos pobres caballos no han comido nada desde ayer —dijo María.
—Veremos si hoy tienen más suerte.» [...]


Los párrafos breves, que imprimen siempre ritmo a la trama. La falta de descripciones exhaustivas (propias del Realismo), sustituidas por detalles significativos (un color, una luz, un olor...) para captar la atmósfera. La adjetivación y los calificativos; Baroja suele seleccionar dos adjetivos utilizando la conjunción "y" (a veces son tres). Son calificativos contundentes, que en general están dotados de cierta intención crítica o satírica, y que definen la esencia de un personaje secundario en un plis plas. Y el paisaje, que describe siempre con una precisión adecuada al momento, economía de medios y buena prosa. 



Hay otro momento que le ha divertido a G.U., en el Capítulo XXIV (LA SERRANA DE LA VERA). Llegan a un especie de pequeño monasterio, más bien una ermita. El cura, que no es tonto, intuye que esa gente tiene cultura y pasta, está huyendo de algo y si él quisiera... podría denunciarlos. Por eso, cuando van a seguir viaje al día siguiente, les viene a decir algo así como «¡Alto! De aquí no se van si alguno de ustedes no toca el piano en la misa». No sabemos. «¡Bah! ¡No se haga la tonta!... Usted sabe tocar el piano. Déjese usted de historias!» (sic). Y María acaba tocando el órgano de la ermita. Lo hace de acuerdo con el cura —que le da el visto bueno— y delante del padre, por si hubiera que simular que es él quien lo toca. Estaría mal visto que lo hiciera una mujer...
Aquí hay varios elementos que mezclan la picaresca, el equívoco y la crítica sutil de Baroja. El cura "cómplice"; el enredo y el engaño al pueblo; una banda sonora poco habitual en un lugar así —donde Cristo perdió la boina—, pero es lo único que María Aracil sabe tocar de memoria (fragmentos de óperas y sonatas de Beethoven y Mozart); el doctor Aracil, un intelectual ateo y pedantillo, agarrado al fuelle del órgano, sudando la gota gorda para insuflarle aire al instrumento... En resumen, una misa de pueblo de la España profunda acaba sonorizada con música clásica europea e irreverentes óperas occidentales, mientras los fieles rezan devotamente sin notar la diferencia.

Esto es Pío Baroja. ¿Es su mejor obra? Seguro que no, pero es Baroja en estado puro. G.U. es persona de gustos sencillos, pero ama la buena literatura. A veces piensa que, en otra vida, le hubiera gustado escribir como él o como otros autores del 98, sin ir más lejos, no como las cursiladas y blandenguerías a la moda que se encuentra hoy en día en las mesas de exposición de novedades de las librerías.

domingo, 18 de octubre de 2026

Sobre «La dama errante», de Pío Baroja (I)

Imagen tomada segundos después del atentado anarquista al rey Alfonso XIII, en 1906
[Fotografía: Eugenio Mesonero Romanos (31 de mayo de 1906)]
Como quizá sepan, en 1906 hubo un atentado contra Alfonso XIII y la reina Victoria. El autor se llamaba Mateo Morral, un anarquista. Tiró la bomba desde el balcón de su pensión, la desviaron unos cables y murió una veintena de personas, pero a los reyes ni un rasguño. Baroja explicó que coincidía a veces con ese sujeto en las tertulias del Café Candelas, en Madrid. Además de por ser una carnicería, le impresionó mucho el asunto porque conocía al autor de la masacre. Y lo noveló dos años después.
A partir de aquí configura Baroja La dama errante (1908), transformando a Mateo Morral en un personaje chulillo y pedantesco llamado Nilo Brull. Como el doctor Aracil (uno de los protagonistas de la novela) alojó en su casa —sin saber de sus intenciones— a ese sujeto, la policía lo busca con obstinación, porque piensa que está también implicado.  

La primera parte de la novela transcurre en Madrid, con personajes y disquisiciones muy barojianas, hasta que él y su hija María acaban escondidos en casa de un jardinero de la Casa de Campo, que le debe algún favor al médico. Desde ese lugar, el doctor Aracil contacta a hurtadillas con algunos amigos que saben de su paradero. Uno de ellos es el doctor Iturrioz, uno de los personajes más fascinantes y complejos creados por Pío Baroja (reaparece también con un peso enorme en El árbol de la ciencia). En La dama errante, funciona principalmente como el alter ego ideológico y filosófico del autor.

A través de Iturrioz, Baroja proyecta su propia visión del mundo y articula el armazón de la novela. El cinismo y la experiencia desencantada, la contradicción del intelectual noventayochista, la conciencia crítica de España, etc. Veamos un ejemplo de una conversación con María Aracil, hija de su amigo, en un speech típicamente barojiano.

«—Eres un salvaje.

—¿Por qué no? En España todos tenemos un gran fondo de salvajismo. Aquí no hay espíritu cívico, social, de humanismo. No lo ha habido nunca.

—Desgraciadamente.

—O afortunadamente. Aquí no hay más que tres cosas: un patriotismo, de Madrid, burocrático y falso; un regionalismo, que es una cursilería, un provincialismo infecto, y luego la barbarie natural de la raza. Esto es lo español. Y no lo comprenden.

[...] Así que en todos los órdenes de la vida triunfa lo mediocre, y lo mediocre se apoya en lo que es más mediocre todavía. Toda nuestra civilización actual ha servido para reducir al español, que antes era valiente y atrevido, y convertirlo en un pobre diablo. Y luego no es sólo la mezquindad de la vida, sino que es también su irrealidad. La vida española no tiene cuerpo, no es nada. Los instintos vegetativos y una serie de impresiones en la retina; ésa es toda nuestra existencia, nada más. Somos mejores para figurar en las vitrinas de un museo arqueológico que para luchar; vivimos hechos unos animales domésticos, no fuertes y bien cebados, sino canijos y tristes, con el aire débil y lánguido que tienen los animales cuando se los encierra. Porque hay que ver hasta dónde hemos llegado de pequeñez, de mezquindad, de cursilería. Antes creíamos que los cursis eran los pobres, y no, en España los cursis son los potentados, los aristócratas, los duques, los escritores, los políticos; lo cursi es el Congreso, las redacciones de los periódicos, los saloncillos de los teatros, el Ateneo, los lunes del Español...».


Mañana seguimos con la segunda parte de esta novela de Pío Baroja, que le ha gustado mucho a G.U. (no en vano es un fan de él, incluso el de sus peores novelas, que las tiene). Un viaje desde Madrid a través de la España profunda de principios del S. XX, hasta llegar a Lisboa, donde tomarán un barco a Londres.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Ayer Javier Marías hubiera cumplido 75 años

Ayer Javier Marías hubiera cumplido 75 años. Era doscientos ochenta y siete días más joven que G.U. Nació el 20 de septiembre de 1951 y falleció el 11 de septiembre de 2022, tal como hemos recordado aquí a veces. Fue un día muy triste para quien esto escribe. Pues bien, como decíamos hace unos días, aprovechamos entonces para reabrir al azar alguna de sus novelas. Por ejemplo, la que empieza de esta manera: «No he querido saber, pero he sabido...» (Corazón tan blanco, Ed. Anagrama, 1992), el inicio de un párrafo inolvidable y bastante impactante. Veamos algunas frases más del principio:

«No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. 

Portada de la 1ª edición (Ed. Anagrama, 1992)
[Con la pintura Rolla, de Henri Gervex (1878)]
Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él». [...]

Este bloguero suele preferir la sintaxis sencilla, de tipo barojiano; por ejemplo, la que Javier Marías empleaba en sus artículos. Pero esa prosa compleja de sus novelas  le cautiva también, le sigue embobando de manera muy difícil de explicar. No a todos nos gustan las mismas cosas y nos parece muy bien, faltaría más... Y está claro que no. Hay quien solo ha leído algún artículo y lo tilda de facha y hay quien ha leído una sola novela suya, eleva la anécdota a categoría y lo execra (también les ocurre a otros escritores). 

Como, por ejemplo, un sujeto llamado García-Viñó (EPD) —que escribía en una revista llamada LA FIERA LITERARIA— no lo podía ver ni en pintura (tampoco a Almudena Grandes) y "le decía de todo menos bonito". Acaso le faltaba un poco de ojo clínico, porque lo más suave que dijo de él es que "Javier Marías carece del gen de la literatura".

Vemos aquí arriba un ejemplo más amplio, en el que García-Viñó quizá se pasaba un par de pueblos, pero lo dicho: que cada uno escriba lo que quiera en su revista, si no insulta. Aunque... esas comas de las dos primeras líneas quizá le invalidan para acusar a Marías —en la tercera— de que «no sabe puntuar».


Barcelona, Diagonal / [Fotografía: A.R. (21/9/2026, 20:08 h)]
En fin, en estas cosas iba uno esta tarde, cavilando sobre la existencia, sobre lo divino y lo humano, también sobre literatura, en un paseo preotoñal por la Diagonal recordando a Javier. El atardecer era espléndido, eso que llaman ahora llaman "candilazo", pero uno iba sumido en profundas reflexiones y tuvo que ser doña Perpetua quien tomara un par de imágenes del momento con su móvil. Eran las 20:10 h. El caso es que así se siente G.U. en estos días: preotoñal, o, mejor dicho, otoñal del todo. Pero aquí seguimos, ojo.
Barcelona, Diagonal / [Fotografía: A.R. (21/9/2026, 20:10 h)]

domingo, 13 de septiembre de 2026

El 11 de Septiembre G.U. recordó a Javier Marías

Ni Diada de Cataluña ni Golpe de Estado en Chile ni Torres Gemelas ni el ruido sórdido que genera cada día nuestra clase política (toda ella, sin excepción alguna). Nos sabe muy mal por Ceuta, que cada día vive una pesadilla ["una inseguridad subjetiva" (?)], sin que nadie haga nada, aparte de palabrería exculpatoria o culpatoria. También por Granada, que también está ahora bajo los efectos de esa subjetividad (?) de la que habla nuestro sagaz ministro, aunque aquí los políticos poco puedan hacer, al menos a priori.


Pero, si quieren que les diga la verdad, la desgracia que más ha recordado G.U. el 11 de septiembre es que en tal fecha murió Javier Marías, hace ya ¡cuatro años! ¡Dios, parece mentira! El tiempo vuela (Time is Tight era el título de una canción muy buena) y se nos escurre de las manos. Parafraseando el título de una novela suya (1994), ese día en la batalla pensó en él. Mucho; y aprovechó para reabrir al azar alguna de sus novelas. Por ejemplo, la que empieza de esta manera: «No he querido saber, pero he sabido...» (Corazón tan blanco), el inicio de un párrafo inolvidable, uno de los arranques más impactantes de la literatura contemporánea en español (1992).

Aunque G.U. no le llegara ni a la solapa, Javier era una persona a la que aún echa en falta y la sigue sintiendo próxima. Por generación (apenas unos meses de diferencia de edad), por educación, por su manera de ver el mundo o de rechazar de plano lo zafio, lo burdo; y también por sus aficiones (aunque a él no le gustara nada la naturaleza —prefería lo urbano—, había jugado de pequeño a las chapas como menda, le chiflaba el fútbol, el cine clásico, escuchaba mucha música...). En fin...

Carmelo, Orúe, Garay, Canito, Mauri, Etura, Arteche, Aguirre, Arieta, Uribe y Gaínza (Atlético de Bilbao, 1958)
[Juego de chapas / granuribe50]

Uno aún no se ha acostumbrado a que no esté, a no leer ninguna nueva novela suya, tan hipnóticas todas para el gusto de este bloguero y tan detestadas por otros. Ni ninguna nueva "Zona Fantasma", esos artículos fantásticos por los que se lo tildó de cascarrabias o de facha. ¡Facha Javier Marías!... ¡Cascarrabias, demasiado poco que rabiaba! —ahora rabiaría aún mas—. Este bloguero, en general suele preferir la sintaxis sencilla, casi barojiana; por ejemplo, la que Marías empleaba en sus artículos. Pero esa prosa compleja, de frases subordinadas, incisos y circunloquios le cautiva también, le sigue embobando de manera muy difícil de explicar. No a todos nos gustan las mismas cosas...

Javier Marías en su despacho, ante su máquina de escribir Olivetti Olympia Carrera de Luxe (2016)
 (Fotografía de Carlos Rosillo)
Su viuda, Carme López, hablaba mucho de él en un librito que se publicó hace ya dos años por estas fechas, titulado Duelo sin brújula, el que cierra el catálogo de la editorial que fundó Javier Marías, Reino de Redonda, que publicaba excelentes novelas. Mucha gente —explicaba allí Carme— le comentaba que con un ordenador escribiría mucho más de prisa (él lo hacía con su máquina eléctrica).

Pero su respuesta era siempre que no necesitaba para nada ese trasto, si lo que le gustaba era el acto de escribir, de corregir, de reescribir lo escrito, sin prisa alguna. En cuanto al contenido de sus novelas, que muchos han tildado de que "son todas iguales", Carme lo ha explicado en ese libro mejor que nadie, no en vano ella figura en la dedicatoria de varias de ellas, incluso con hermosas frases alusivas a su relación.

«Hay gente que dice que siempre escribía el mismo libro. Yo tiendo a pensar que es gente que solo debe de haber leído uno, o tal vez ninguno.

Cada novela de Javier es muy distinta de las otras, ya se encargaba él de que así fuera durante los años que le llevaba escribirlas, aunque en una cosa sí tienen razón sus detractores: siempre hablan de lo mismo.

Del ser humano y los dilemas éticos y morales que al ser humano atañen; del secreto y la maldición que su conocimiento a menudo supone; de los propios límites y las íntimas decisiones de las que nadie se va a enterar; de la Traición, con mayúscula, pero igualmente de las pequeñas traiciones que cometemos, así como también de las que no son nuestras, pero vamos incorporando y cargando con ellas; de la lealtad, tanto la incombustible como la desechable; del sentimiento de amistad, incluso tras ver la mezquindad en el amigo; de todo lo que percibimos de los demás —y de nosotros mismos—, pero no queremos mirar, aunque nuestra mente sí lo haga; del poder sobre la vida o la muerte propias y ajenas.

Cosas tan difíciles de expresar, y a veces de elaborar, que mucha (muchísima) era la gente que le comentaba, por escrito o parándolo por la calle, que, al leerlo, se daban cuenta de que había reflejado exactamente lo que ellos pensaban y no sabían explicar».

Pues eso. Si G.U. se lo hubiera encontrado por la calle o le hubiera pedido que le firmara una novela suya en alguna Feria del Libro (esa situación nunca se llegó a producir) quizá le hubiera comentado precisamente esto último que cita Carme. Ya no será posible.

sábado, 11 de julio de 2026

Luis Cernuda, el abanico, el ventilador y la espinela

El otro día M.C. publicó una fotografía (de abril del 36) de una cena en la que, se ha dicho a veces, se rendía homenaje a Luis Cernuda por la publicación de La realidad y el deseo. Esa imagen tiene interés, porque representaría la que se considera que fue "la última cena de la generación del 27", celebrada dos meses antes del inicio de la guerra.

Ese libro tenía seis partes (más tarde se ampliaría). Reúne los poemas iniciales de Luis Cernuda. En esa cena, García Lorca pronunció unas palabras llenas de admiración.
Sobrecubierta de la edición en fácsimil del poemario de Luis Cernuda La realidad y el deseo
Editorial Renacimiento (2021). Sobrecubierta de la edición en facsímil del poemario de Luis Cernuda
[El libro original lo publicó en Madrid Cruz y Raya, Ediciones del árbol (1936)]
Esta obra es fundamental para entender cómo emergió uno de los grandes poetas de la Generación del 27, de los que más gusta a G.U. (que no es un "experto" ni en eso ni en nada). Pero le parece una poesía refinada, intelectual y de formas sutiles, con vagos guiños a la poesía clásica española (Garcilaso) y ciertos efluvios de indolencia, de soledad, de tristeza juvenil. El choque entre la realidad del mundo y el deseo está allí.

La primera parte, de las seis de que se compone, se titula PRIMERAS POESÍAS, es lo más "clasicote" del libro. En estos días hemos recordado mucho el Poema II. Lo decimos por lo del ventilador, que en este momento está cautivo y a tope en el despachito de G.U.
Luis Cernuda, La realidad y el deseo (1936), PRIMERAS POESÍAS II
En el poema II, Luis Cernuda rompe con el ensimismamiento del resto de La realidad y el deseo. Describe de forma humorística e ingeniosa el funcionamiento de un ventilador eléctrico, en comparación al tradicional abanico, al que denomina "mudo señuelo / de caña y papel, pasivo". Ni que decir tiene que las connotaciones eróticas abundan en el texto, como es habitual en él. G.U. ni es experto ni, aunque lo fuera, haría el "comentario de texto" del poema y sus metáforas erótico-tecnológicas. Cada uno que interprete lo que quiera. Pero le ha llamado mucho la atención la incontestable estructura del poema.
En efecto, Luis Cernuda utiliza una décima o espinela (diez versos octosílabos con rima consonante abba ac cddc). Es una estructura clásica (la inventó Vicente Espinel a finales del XVI) y rígida, que Cernuda emplea con una ligereza y un dinamismo sorprendentes.

[G.U. está "chapado a la antigua" y le gustan los versos consonantes y bien medidos. Aunque no abjura en absoluto de ellos, confiesa que a veces confunde ciertos versos asonantes y sin métrica con prosa poética, si se ponen uno junto al otro todo seguido].

sábado, 6 de junio de 2026

Sobre «Corazón giratorio» y las «Ghost Estates»

Julia Schulz-Dornburg, Ruinas modernas; una topografía del lucro
[Àmbit Servicios Editoriales, 2012]
Los más "veteranos" que entran por aquí ya saben que a G.U. siempre le ha interesado el asunto de todas esas urbanizaciones que se construyeron en España al amparo de la burbuja inmobiliaria de la primera década de este siglo. Lo que se ha dado en llamar "Ruinas modernas". Hizo muchas fotografías de eso, pero ahora no las encuentra.
San Juan de los Terreros (Murcia), urbanización "Mar Tirreno" / [granuribe50, (12/9/2019)]
Urbanización Las Lamparillas, Fortuna Hills (Fortuna, Murcia) / [Fotografía: Julia Schulz-Dornburg]
Dimos cuenta de ello varias veces. Pero no pensábamos entonces que ese fenómeno fuera global. Sólo creíamos que en este país de pillos y sinvergüenzas todo era posible.
Urbanización Las Lamparillas, Fortuna Hills (Fortuna, Murcia) / [Fotografía: Xavier Ferrer Chust]
"Calle Melancolía" / [Fotografía: Inmaculada Martínez Moratalla]

Sin ir más lejos, nunca se planteó G.U., persona poco informada, que Irlanda hubiera sufrido esa enfermedad, pero elevada al cubo. Con una diferencia importante: donde aquí se urbanizaba cualquier secarral, allí eran terrenos más verdecitos sin necesidad de riego artificial. Allí llaman a esas urbanizaciones fantasma Ghost Estates.
[Fotografía: Nicholas Grundy]
Ahora uno entretiene su tiempo leyendo buenas novelas que reflejan bien la Irlanda de entonces. Cierto es que allí se tomaron decisiones drásticas a partir de 2012: destruir todo aquello que fuera insalvable o no tuviera recorrido. Aquí, a día de hoy, uno viaja poco ahora por España y no sabe cómo está el asunto.

Donal Ryan, Corazón giratorio (portada)
[Sajalín Editores , 2019]
La novela que está leyendo, Corazón giratorio, de Donal Ryan, trata de eso. Utiliza 21 monólogos independientes que recuerdan vagamente a la novela Mientras agonizo, de William Faulkner (1930). Por tanto, no es un invento suyo esta manera de narrar, pero Ryan lo hace muy bien. En el caso que nos ocupa, cada vecino ofrece su propia perspectiva sobre los mismos hechos, logrando construir un mosaico humano "hecho de deshechos", valga la redundancia. Una gente que está hecha polvo, hablando en plata. Un hilo fino entreteje algunas de las historias, todas ellas un punto desesperanzadas.
Carriglas / [Fotografía: Nicholas Grundy]
Un Estado que apostó doble contra sencillo al crecimiento desbocado, el ansiado maná inmobiliario como alimento de salvación, el beneficio galopante que acabaría por llegar incluso hasta los bolsillos más modestos. Están bastante bien construidos estos breves monólogos. Mostramos dos fragmentos de uno de ellos:
[Donal Ryan, Corazón giratorio; Sajalín Editores, 2019; pág. 47]
Casi todos ellos modulan la expresión con acierto, según sea el personaje, formando entre todos un hilo argumental sólido y bien trabado, en nuestra modesta opinión. El estilo enérgico que recorre todos los monólogos refuerza el mensaje: son voces de cabreo, desconfiadas, cargadas de rencor que se dispara en distintas direcciones, sobre todo hacia el constructor huido y no sabemos si arruinado. Pero hay un cierto humor.
[Donal Ryan, Corazón giratorio; Sajalín Editores, 2019; pág. 48]
Nada más lejos de la intención de este bloguero la de recomendar ningún libro a unos lectores indeterminados. Y ni mucho menos una novela. Eso es un arma que carga el diablo. A cada uno le gusta lo que le gusta. Por tanto, se limita a dar constancia de lo que está leyendo actualmente, una época en la que no lo está pasando demasiado bien.
Ghost Estate en Irlanda, Los canales de Keshcarrigan / [Fotografía: Valérie Anex]
Battery Court / [Fotografía: Valérie Anex]
The Waterways (Castlebar) / [Fotografía: Chris Maddaloni] 

martes, 5 de mayo de 2026

La presentación de «Arte inexistente», de F.C.

Un momento de la presentación del libro a cargo de David Castillo / [granuribe50 (4/5/2026)]
Ayer G.U. acudió al Ateneo a la presentación del libro Arte inexistente, del colega y sin embargo amigo —virtual hasta ayer, ya que no nos conocíamos personalmente, sólo a través de Blogger y teléfono)— Francesc Cornadó, al que nos solemos referir como F.C. Estuvo ameno, entrañable y divertido, con las intervenciones de David Castillo y del propio F.C. Por allí andaba M.C., que tomó alguna instantánea.
Un momento de la intervención del autor de Arte inexistente, F.C., flanquedo por Mª Luisa Samaranch y David Castillo
 [granuribe50 (4/5/2026)]
Al acabar el acto, su autor dedicó bastantes libros, incluido el de este bloguero. ¡Muchas gracias!
Portada de Arte inexistente, de F.C. y dedicatoria a menda
Al salir de la presentación, que era en el Ateneo de Barcelona, quien esto escribe se dirigió a la Av. de la Catedral, donde tomó esta imagen de recuerdo (va poco por allí). Había lloviznado esa tarde.
Catedral de Barcelona (en restauración, la Casa de la Pia Almoina, a la izquierda)
[granuribe50 (4/5/2026)
Ya en casa, esta mañana hemos empezado a hojear el libro, que tiene muy buena pinta, no en vano está editado por SD·Edicions, fundada por la diseñadora gráfica Mª Luisa Samaranch. Y lo primero que nos encontramos en la INTRODUCCIÓN es este párrafo, de lo más sugerente:

INTRODUCCIÓN

«Las naves surcan las aguas del mar Egeo y cuando los marineros divisan el promontorio de Sunion hacen sonar las sirenas para saludar a la kore antigua que está sumergida bajo las aguas "de sal exaltada". En el fondo se hallan los restos del templo mutilado. Ni la estatuilla arcaica ni el templo existen y, aun así, los barcos les saludan. Evocan su eternidad.»
[...]

Tan sugerente resulta ese inicio que queríamos adjuntarle una imagen. Pero como nos hemos quedado sin el Photoshop al cambiar de ordenador, le hemos suministrado estas líneas a la IA, junto con alguna indicación complementaria, con ánimo de que nos elaborara una composición. El resultado ha sido éste:
[Imagen creada por ChatGPT a instancias de granuribe50]
Según nos cuenta F.C., ese primer párrafo de la INTRODUCCIÓN a Arte inexistente se basa en un poema de Carles Riba (abuelo de Pau Riba), titulado Súnion! Lo presentamos traducido del catalán:
Traducción al castellano del poema de Carles Riba Súnion!

jueves, 23 de abril de 2026

Celabrando el «Día del Libro»

André Kertész, Ventana (Newtown, Connecticut, 17/10/1959)
Tomada del libro LEER, André Kertész, Ed. Periférica & Errata naturae, 2016
Escribía Lluís Bosch en 2017:

«Hace algunos años decidí no comprar ningún libro el día de la Fiesta del Libro. No se trata tan solo de mi vocación rebelde ante los mercaderes y sus eventos, se trata tambien de mi dificultad para lidiar con las aglomeraciones, los empujones, esa sensación de ahogo que me asalta. Además de mis prejuicios está una disposición anímica. Pudiendo ir a la librería cuando está silenciosa y solitaria como un buque abandonado en alta mar, ¿quién quiere someterse a los agobios de la masa?».

Tot Barcelona (Miquel Cartisano) dedica un ejemplar de su libro a G.U.
La entrañable dedicatoria de Tot Barcelona
Pues eso. Esta jornada del 23 de abril le da a G.U. algo de repelús desde hace muchos años, de hecho es casi el único día (salvo cuando caen chuzos de punta) en que declina salir a la calle. Se suele dedicar a los libros que todavía tiene en casa; siempre se encuentra algo que retomar. Hubo una excepción: fue el 23 de abril de 2017, cuando M.C. firmaba junto al Ateneo su libro Las sombras se equivocaron de dueño, en compañía de su nieto Enzo, quien quizá estará firmando a estas horas El gallo Valentín.

[granuribe50]
Pero uno no renuncia a ver los telediarios, para comprobar cuál ha sido el volumen de rosas vendido este año, dato de sumo interés, y más con la crisis del Estrecho de Ormuz. Las imágenes podrían ser del año pasado o de hace cinco y nadie notaría la diferencia: autores y lectores dicen siempre lo mismo, que es una fiesta estupenda (cuando hay elecciones dicen invariablemente que es "La Fiesta de la Democracia"), que se fomenta el contacto entre escritores y lectores y que la literatura es algo formidable. Bueno, era formidable antes, para gusto de quien esto escribe. Ya no es así.
Fotografía: JORDI OTIX, El Periódico / [granuribe50]
Esa apreciación, en efecto, fue declinando conforme la jornada se politizaba cada vez más, a la par que la calidad de los literatos iba menguando, mientras aumentaba sin prisa pero sin pausa la cursilería. Hoy en día —un fenómeno que ya dura desde hace años— está en manos de autores/as de bajo nivel que piensan que escribir un libro es "coser y cantar", youtubers, presentadores/as, influencers y graciosillos diversos. En las mesas expuestas, ya todo era chillón, no resultaba fácil encontrar algo que nos interesara lo más mínimo. Por todo eso dejamos de acercarnos por esos lugares en esta fecha. 

En fin, nunca falta el turista que se vuelve a su país convencido de que los catalanes nos pasamos la vida leyendo. Por suerte, pronto acabará la Diada de Sant Jordi (según el botifler Mendoza, el "Día del Libro") y quien esto escribe podrá volver a entrar en La Central, sin ir más lejos.



ADENDA

G.U. les ha ocultado a ustedes que suele salir al caer la tarde, cuando ya queda poca gente y recogen.
El chiringuito de Abacus en Diagonal-Numancia. Al fondo, el Hospital de Barcelona (bien conocido por G.U.)
[granuribe50 (23/4/2026)]
Ha estado meditando esta tarde sobre el asunto, sobre todo al leer este titular inquietante de EL PAÍS:
Y en el artículo añade: ¿Quién gana? Pocos. Solo el 4,5% de los títulos vende más de 100 ejemplares al año. Más del 40% de las copias vendidas corresponde a dos grupos: Penguin Random House y Planeta.

Abacus no le cae bien a G.U., sobre todo desde que ha caído ya del todo en manos del procesismo, no en vano su director general es Oriol Soler, un reputado independentista, nacido en Ripollet; un sujeto del que ya habíamos hablado en estas páginas. Están bastante especializados en libros infantiles.
Enzo Cartisano firmando El gallo Valentín y la bufanda de Delia en El Prat de Llobregat (23/4/2026)
[Fotografía: Miquel Cartisano]
Sin embargo, no hemos visto en el stand de Abacus el libro El gallo Valentín y la bufanda de Delia, de Enzo Cartisano, que ha sido un top ten en El Prat de Llobregat. No sabemos si habían agotado ya todos los ejemplares o, tal vez sea porque está en castellano, "la lengua del imperio". Quizá sea eso.

Una pena. Por cierto, hablando de procesismo (lo citábamos hace cuatro días), según La Vanguardia:

La editora Elena Rámírez, directora de Seix Barral, y Eduardo Mendoza (Fotografía: Xavi Jurio)

Ojo, el escritor ha recurrido a seguratas ante las amenazas de boicot de sectores independentistas.

domingo, 19 de abril de 2026

¡A la hoguera todas las novelas de Eduardo Mendoza!

CALENTANDO MOTORES PARA SANT JORDI

Algunas de las novelas de Eduardo Mendoza condenadas a la hoguera en la Nit màgica de Sant Joan / [granuribe50]
¡Pobre Eduardo Mendoza!, tan culto, tan educado siempre, tan ecuánime, tan equilibrado, nunca una palabra por encima de otra, que tanto ha hecho por la buena literatura y por la ciudad de Barcelona, no sólo aquí sino en el mundo entero. Unas novelas tan estupendas como La ciudad de los prodigios, La verdad del caso Savolta o, en clave de finísimo humor lleno de ironía, El laberinto de las aceitunas, con la que G.U. se desternillaba en los primeros ochenta. Pero, ojo, siempre lo ha hecho, sin excepción alguna, en "la lengua del imperio" (en castellano), un craso error (?) que le empieza a pasar factura.


Pues bien, ha cometido otro grave error: sugerir que la Diada de Sant Jordi sea sólo el "Día del Libro", sin más aderezos y sin politiqueo alguno. G.U. interpreta que se trata de quitarle esa caspa procesista sobrevenida. Eso no ha gustado a los mandarines de las esencias patrias ni tampoco a los de la JNC (Juventud Nacionalista de Cataluña, rama "adolescente" de Convergencia, heredada por Junts). Hay ya quien está promocionando que recopilemos todas las obras de Eduardo Mendoza que tengamos en casa (G.U. tiene varias) y las guardemos un par de meses para lanzarlas a la hoguera durante la Nit màgica de Sant Joan. Hay otra opción; que las llevemos ya a un PUNT DE RECOLLIDA, que las quemará esa mágica noche. Ya han editado un inspirado cartel, con algunos libros de Mendoza ardiendo y un bien pertrechado Caballero Templario —que emerge de la época de las Cruzadas— colaborando en el asunto.

Por supuesto, la campaña exige que devuelva o se le retire sin demora la Creu de Sant Jordi de 1995.




Fantástico el momento de La ciudad de los prodigios en que el alcalde Rius i Taulet envía a dos sujetos —Guitarrí y Guitarró— a Madrit a pedir dinero al Gobierno para sufragar la Exposición Internacional de Barcelona de 1888. G.U. siempre ha recordado esas líneas, llenas de ironía, del mejor Mendoza:
Eduardo Mendoza, La ciudad de los prodigios, Seix Barral, 1986, pág. 40