sábado, 23 de mayo de 2020

Ver cine durante el confinamiento

G.U. sigue en la fase 0 (o también llamada «primera fase» por Dr. Sánchez), y lo que le queda... Entretanto, que lo sepan, no madruga mucho, pero revisa blogs y diarios digitales, lee bastante y después ejerce de cocinillas, que lleva su rato. Ha sustituido los telediarios (a los que se ha autoprohibido asomarse, en defensa propia, salvo al de A3 de Vicente Vallés —un periodista como hay pocos en televisión—) por las WebCam de SEO/BirdLife de sus aves predilectas, que le arrullan mientras come. Después, ve «Tu Tiempo», de Roberto Brasero en A3, y, a la hora del café, documentales de animales en la TV2 o alguna película antigua de acción en TRECE; y dormita.

Después, bebe té frío, barre el piso con una escoba elécrica Rowenta, oye música, cuida su maltrecha rodilla mediante electroestimulación mientras paladea su gin tonic de media tarde en la terraza; luego, si se tercia y tiene algo que decir, pone algo en el blog, y, acto seguido, pasea por el piso, prepara la cena, etc. Del uso de la lejía, de detergentes y de las otras numerosísimas tareas caseras (que se han multiplicado durante el encierro) se ocupa doña Perpetua.

Bueno, al acabar con estos asuntos, y después de ir a tirar la basura, vemos un rato la TV. Y, ya en la cama, a continuar leyendo. En fin, esta es la modesta crónica de un día de confinamiento de este bloguero. Nada importante y todo un poco banal, sin mucho (o ningún) interés para nadie, como ven ustedes. Pero publicar aquí sus impresiones o dar cuenta de su día a día es la manera de G.U. de entender el blog. Pero «es lo que hay», como se dice ahora.




[Pero quizá esa nulidad temática sea más relevante en cuanto a actualidad doméstica que lo que refleja la mayoría de los múltiples blogs que consulta G.U., que no dicen "esta boca es mía" acerca de lo que hacen en este tiempo; es una lástima, no por chafardeo sino por curiosidad y por si nos dan ideas para llenar el tiempo. Ya se sabe que muchos quieren «trascender», y hablar de futilidades les parece poca cosa. O quizá sea por aquello de preservar nuestros «datos». Aunque, si es por eso, no se preocupen: la «privacidad» la perdimos hace tiempo y no hay vuelta atrás].



Dicho lo cual, no nos despistemos y vamos a lo que íbamos. Ayer daban en Movistar una película coreana muy galardonada, que sus hermanos habían «valorado positivamente». Pero llegó el estado de alarma y el cine se acabó. Ahora ha aprovechado el asunto para verla en casa. Se trata de Parásitos. Es curioso, porque crees durante muchos minutos de la película estar ante una comedia ingeniosa y al final descubres que se ha tornado en una parábola amarga.

Nada más lejos de las intenciones de G.U. recomendar músicas, pinturas, novelas o películas (buenas, alegres o tristes). Eso es algo tan personal e intransferible... Se limita a exponer aquí lo que le ha gustado a él en ese momento.

Un momento de la proyección de Parásitos en casa de G.U.
Parásitos cuenta con buen ritmo la inmersión progresiva de una familia de gente del lumpen —pero bastante pícara y muy espabilada, que vive hacinadamente en un pisito modesto— en la supermoderna mansión diseñada por un arquitecto-estrella. Y se introducen en la feliz existencia de otra familia a la que les sale el dinero por las orejas y que, además, son tan educados y generosos como tontos.

Consiguen sucesivamente, uno tras otro, empleo en ella ocultando sus lazos familiares, utilizando magistralmente la farsa y el engaño, derrochando psicología, haciéndose imprescindibles para los ricos. Éstos encuentran encantadores a sus sirvientes, les otorgan su confianza, pero también descubren que todos ellos desprenden un olor común, como el de la gente que pasa su vida en el metro, un medio de transporte que —por cierto— confiesan no haber utilizado nunca.

La familia de "pícaros" en su casa y en "la otra"
En efecto, la imbricación de esos mundos tan distantes siempre fue complicada, y en esta película encontramos un ejemplo. El caso es que lo que empezó como comedia, tal como decíamos, acaba en una desencantada historia, llena de pesimismo.

Hay un momento, cuando son descubiertos por los dueños pegándose un fiestorro en su casa, en que huyen despavoridos hasta encontrar su modesto pisito inundado por una especie de tsunami y acaban refugiados en el polideportivo, junto con todos sus vecinos. En el sótano del casoplón han dejado algo que no desvelamos. Y aquí empieza un desesperanzado diálogo entre el padre y el hijo:

 —«Papá, has dicho que tenías un plan ¿qué vas a hacer con los del sótano?
 —¿Sabes el plan que jamás falla? No tener absolutamente ningún plan. ¿Sabes por qué? Cuando haces planes nunca salen como esperabas. Mira a tu alrededor. ¿Crees que toda esta gente pensó: «Vamos a pasar la noche en un polideportivo»? Pero fíjate, todos durmiendo en el suelo, incluidos nosotros. Por eso nunca tendríamos que hacer planes. Si no existe un plan, no hay nada que pueda fallar. Y si algo acaba descontrolándose totalmente, tampoco importa. Si matas a alguien o si traicionas a tu país, nada importa una mierda. ¿Entiendes?».



Les dejamos con un trailer de la película (muchas películas son mejores que los trailers correspondientes).


4 comentarios:

  1. Me hago viejo.
    Quiero películas como la propaganda china que tengo debajo de casa, en la peluquería, con "final feliz".
    Estoy aburrido de pandemias, muertes, desolación, presidentes mediocres, amenazas del pago de pensión, corralitos argentinos, primas de riesgos inasumibles, ministras de economías contra ministros de a dedo, peleas partidos, batallas de intransigencias y querencias sin devolución, y es por ello que quiero pelís a lo Prety Woman o similares.
    Me hago viejo y mi corazón ya no está nada más que para sonrisas y finales que se ven venir.

    Un abrazo
    Salut

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    1. Yo también me hago viejo. No me gusta mucho que me amarguen la vida, ni siquiera en una película. Bastante tenemos ya con la inseguridad que produce ver a un sujeto de la calaña de Otegui exhibiendo como oro en paño un documento, conocido por el trilero Dr. Sánchez, tramitado a escondidas del Congreso y del Consejo de ministras y firmado por la indocumentada Lastra (presidenta del club de fans del mencionado doctor), el pobre Echenique (mejor que dé de alta al personal a su servicio antes firmar nada y dar lecciones) y la proetarra Mertxe no sé qué, dos de los cuales albergan como única aspiración actual la de trocear el Estado, romperlo y hacerse los amos de su finca, cada cual la suya.
      Y todo para la supresión total de la Reforma laboral (la que permite los ERTE), argumentando que es lo que se firmó en el Pacto de Gobierno, lo cual no es cierto, porque solo se firmó abolir tres artículos. Y, entre tanto, mercachifleando con la salud de los españoles, lo cual resulta bastante apestoso.
      En fin, no me extraña que estés aburrido, Miquel. Yo también. La cosa no pinta bien pero a mí que me registren.

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  2. Una película estupenda.
    El secreto está en el sótano. Hasta el final demoledor. MJ

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    1. Para mí, y no soy cinéfilo, una buena película con unos premios merecidos, lo que no suele ser corriente.

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