miércoles, 20 de febrero de 2019

Modigliani, Foenkinos y el arte como refugio

Fachada del Palacio Ducal, de Génova
¡Ay, Modigliani!, seguramente uno de los pintores más copiados y también más falsificados del mundo del arte. Recordarán aquella exposición en el Palacio Ducal de Génova de hará un par de años, que fue visitada de modo masivo, pero que tuvo que cerrarse antes de lo previsto, al existir fundadas sospechas (confirmadas por un informe pericial posterior) de que veinte de las setenta obras presentadas eran fake. En fin, parece que pintó más cuadros una vez muerto que en vida, que ya es decir.

Amedeo Modigliani (1884-1920), natural de Liorna, en la Toscana, y perteneciente a una familia judía, tuvo en su infancia muchos problemas de salud, con tifus y tuberculosis. Se dice que durante la convalecencia de una de esas enfermedades tuvo una alucinación en la que se vio como artista y, ya recuperado, se la tomó tan al pie de la letra que se desplazó a Florencia y Venecia con el único objetivo de dedicarse a eso. Pero no fue hasta su llegada a París, en 1906, que se consolidó definitivamente esa vocación, como les sucedió a tantos otros por aquellos años. Allí comienza una vida que lo convierte en el clásico arquetipo del artista bohemio, ya saben de qué va: mujeres, pobreza, alcohol...


Modigliani y Hébuterne
Modigliani era un tipo tímido, aunque bastante apuesto y bien plantado (poco que ver con Toulouse-Lautrec, por ejemplo), y su magnetismo con el otro sexo lo llevó a tener numerosos y muy apasionados romances con mujeres de todas las clases sociales. Pero los problemas de salud nunca lo abandonarían. Quizá por ello, se emborrachaba con frecuencia, cayendo en profundas depresiones. Se consideraba sobre todo escultor (le interesaron mucho las máscaras del arte africano, tan de moda entonces), pero tuvo que dejar de esculpir porque el polvo le afectaba a sus debilitados pulmones. El hecho es que su vida transcurre entre un largo recorrido por los bares de París, los romances, y la venta de sus cuadros por precio suficiente como para comprar lo mínimo de comida y todo lo posible de alcohol.

En 1917 conoce a Jeanne Hébuterne, en una escuela de arte donde ella ejercía de modelo. A comienzos de 1918 huyen de París ante una posible invasión alemana y se trasladan a Niza, a pesar de la oposición de los padres de ella, a los que no gustaba nada Modigliani. Pero las cosas no les marchan bien, ya que es internado en una clínica para ser tratado otra vez de tuberculosis. Mientras él convalece de su enfermedad, Jeanne da a luz una niña. Vuelven a París y allí, sin abandonar sus adicciones, Modigliani pinta sin descanso, en especial a Jeanne, de la que realiza hasta 25 retratos. Es capaz de terminar un cuadro en dos horas, ya que su inspiración y talento se lo permiten. Es uno de los más grandes pintores europeos del momento, pero vive en la miseria. En la última semana que le queda de vida, no puede moverse ya de la cama. Nadie los ayuda, quizá porque nadie sabe lo que está sucediendo. Cuando al fin intervienen los vecinos, el médico sólo puede certificar el estado agónico del paciente, que muere unas horas después. Jeanne Hébuterne, embarazada de ocho meses, se suicida arrojándose al vacío desde el quinto piso del patio interior de la casa paterna ¡esa misma noche! El portero lleva el cuerpo a casa de sus padres, que rechazan el cadáver y le cierran enérgicamente la puerta de su vivienda.


En forma casi anónima, en soledad, con apenas cuatro personas presentes, es enterrada Jeanne Hébuterne, la musa de Modigliani, pocos días antes de cumplir los 22 años. En fin, qué más decir. Es la historia, hermanos...

Amedeo Modigliani; retratos de Jeanne Hébuterne

David Foenkinos vigilando diversos retratos de Jeanne Hébuterne
[granuribe50]
Esto que hemos glosado viene al caso de Hacia la belleza (Ed. Alfaguara, 2019), la última novela de David Foenkinos, un tipo que escribe con tanta soltura y fluidez que se diría que improvisa. No debe de ser fácil hacerlo así, aunque pueda parecerlo. El protagonista es profesor en la Academia de Bellas Artes de Lyon, pero, de repente, decide dejarlo absolutamente todo y marchar a París para buscar trabajo... como vigilante de sala en el Museo de Orsay; ya saben, aquel que ocupa una antigua estación de ferrocarril frente al Louvre, al otro lado del Sena. Mathilde es la jefa de Recursos Humanos y, ya desde la entrevista que le hace para ocupar ese puesto, se muestra muy extrañada de que un profesor de arte de gran nivel solicite ese cargo de vigilante en el museo. Su primer destino será, precisamente, la sala que alberga un retrato de Jeanne Hébuterne, de Modigliani, el pintor sobre el que había escrito su tesis. Algo le ha sucedido al protagonista, pero... ¿qué? De momento, para sobrevivir, Antoine solo ha encontrado un remedio: dirigirse hacia la belleza y buscar el arte como refugio. No parece una mala idea...

David Foenkinos, Hacia la belleza (fragmento); Ed. Alfaguara (2019), págs. 17-18

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. "En 1918 huyen de París ante la inminente invasión nazi..." ¿Inminente invasión nazi en 1918? Caramba, si que era previsora la parejita...
      El Tapir

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  2. Amedeo y Jeanne. No tuvieron mucha suerte. El libro a tener en cuenta. Gracias. MJ

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