lunes, 10 de abril de 2017

Una oda a Gabriel Rufián

Gran Uribe acaba de regresar (muy satisfecho) de Euskalerria, o algo así, y ha hecho la habitual parada para comer en el restaurante "Español", de Bujaraloz. Un lugar de camioneros y lugareños, ruidoso y muy hispano, en el que se come estupendamente en un bufet que tiene de todo, y todo muy rico-rico. G.U. siempre procura acomodar la apretada agenda de sus escasos viajes a "las Españas" (como dicen algunos de la periferia en son de burla) de manera que le coincida la hora del condumio en ese desolado lugar de Los Monegros.

Allí ha tenido la suerte de coincidir con Rufián, que volvía ufano de su impagable 'zasca' en el Congreso a otro chuleta.

A este respecto, un servidor, a su llegada a Barcelona, ha disfrutado con el panegírico, casi a modo de oda, que dedicaba nuestro bloguero de cabecera —Lluís Bosch— a ese chulesco y mamporrero sujeto (un vivales que a G.U. le recuerda un poco al Pijoaparte de Últimas tardes con Teresa, de Marsé, y ¡que hace sus pinitos como inspirado vate!).

A su vuelta, se ha enterado también de lo de Carmen Chacón, una mujer que en su momento fue muy criticada por Gran Uribe, desconocedor entonces de los problemas de salud que tenía la interfecta, con la firmeza que implica dedicarse a esto de la política cuando uno tiene esos problemas. Descansa en paz, Carme.




En fin, volvamos a Gabriel Rufián y a la oda que le dedica Bosch:

«Poseído por el espíritu del eterno machito ibérico, el pistolero más locuaz de las provincias del nordeste se marchó para el oeste en busca de nuevas aventuras. Por el camino que asciende desde Fraga hacia la Meseta, se puso el viejo cassette de Loquillo en el loro de su Seat Supermirafiori. Le encantan algunas canciones de la cinta, en especial la del Cadillac y "La mataré". Las tararea y abre la ventanilla para gritar los estribillos. Con su mirada algo bizca desafía a los camioneros, soñolientos, que descienden en sentido contrario.


En el asiento del copiloto está la libreta con sus poemas lacrimosos. Un pistolero poeta es casi un mito romántico, y él está decidido a construirse su mito. Las oportunidades como esa pasan una sola vez en la vida y hay que aprovecharse como sea. Lleva tiempo empeñado en eso. No se lleva muy bien con el vicegobernador Oriol (Junqueras, no Pujol), pero el Oriol es un tipo provisto de un gran volumen dialéctico, cosa que el pistolero admira y lamenta a partes iguales. El otro día, sin ir más lejos, Oriol argumentó que la Generalitat es anterior a la Constitución y que por lo tanto es superior a ella. [...]

Gabriel Rufián, sorprendido junto a su Supermirafiori en el Restaurante "Español", de Bujaraloz / granuribe50.blogspot.com.es

»Un tipo brillante y lustroso, ese Junqueras. Quién pudiera, piensa el pistolero locuaz cuando se acerca a Bujaraloz, ya subido a la Meseta como si cabalgase a una yegua. Por aquí pasó Durruti, aunque el asturiano lo hizo sudoroso y a pelo, oliendo a cuero y a pólvora. El mamporrero catalán pisa a fondo el acelerador. El Supermiariori ruge, ese fabuloso motor Perkins es una joya auténtica. Se manosea los genitales con el ceño fruncido.


El sherif voluntario (pero cobrando de los impuestos que pagamos entre todos los españoles y las españolas) repasa las frases que piensa soltar, como disparos de un viejo Colt herrumbroso y mitológico. Se van a cagar, se dice. Van a saber quién soy yo. Lo van a flipar: jamás se imaginaron, en el lejano oeste, que hubiesen elegido a ese macho ibérico como representante de las provincias del este. Menudo soy yo. Y con esa blanca palidez de niñato a quien la barba le redime de la redondez idiotizada del rostro. Niñato, si, pero lenguaraz como pocos, como ninguno. Poeta del pueblo, de las calles. 

El pistolero que oprime el pedal del gas tiene algo de síntesis de lo mejor de España: algo de Belén Esteban, algo de Bertín Osborne, algo de Loquillo, algo de Hernán Cortés, algo de Curro Jiménez, de cabra legionaria. La novísima aportación catalana al imaginario ibérico, al eterno imaginario ibérico».

[Nota de Gran Uribe: Rufián no le llega ni a la solapa a Loquillo]


A propósito del brillante interrogatorio de Rufián y su frase final: "Nos vemos en el infierno", comenta Tot Barcelona: 

«El chico prometía, pero la escasez de recursos y lo complejo de la subsistencia hizo que abandonara una futura y esplendorosa carrera de RRHH. No llegó nunca por lo duro del sistema, porque para sacarse una licenciatura se ha de estudiar y porque en ER encontró el pan nuestro de cada día sin necesidad de hincar los codos.
Sólo has de aprender a insultar, que es el argumento de quien carece de tales, le dijeron. Y en eso se esmeró. Y se esmeró tanto que tiene en todas sus presentaciones matricula de honor, si honor es aquello que sirve para insultar y amedrentar.
Ahora bien, él lo hace en cristiano autóctono, versión spagetti, con música de Morricone. A nadie se le hubiera ocurrido volver a repetir la frase del Clint Eastwood en aquellas películas donde el silbido era el hilo comunicador de la pantalla con el público.
Si tuvieramos que elegir entre "el bueno, el feo y el malo", de seguro nos quedaríamos con el último, porque eso de "nos vemos en el infierno" es de malo malote...o de político mediocre, muy mediocre, tirando a malo de solemnidad». Salut

4 comentarios:

  1. Suscribo todo lo que se afirma de Rufián. Es el ejemplo de la ramplonería, el desconocimiento absoluto de la lengua (catalana y castellana), el teatro de actor de tercera y la marrullería. Cómo se pone en evidencia, por muy indeseables que sean los otros (Fernández y de Alfonso).
    La última frase del artículo de Lluís Bosch, antológica. MJ

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  2. Estoy convencido de que si pudieran lo borrarían de la primera línea. Conozco algunos fieles de ER al que se les hace infumable. Pero ahora es tarde. Se ha aprendido tan bien el papel que se cree el personaje, de misma la manera que Béla Ferenc Dezső Blaskó (Bela Lugosi), que se hizo enterrar vestido de Drácula, porque acabó convencido de que era él.
    Hay personajes que se comen al actor.
    Salut

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  3. Como contrapunto, en las antípodas de mi comentario de 10 de abril, 23:01 y con respecto al otro tema iniciado por G.U.
    Un recuerdo respetuoso a Carme Chacón, mujer voluntariosa y valiente.
    No la conocí, pero ella debía de estar ya en el Ayuntamiento de Esplugues cuando empezamos los intercambios con la Realschule y el Gymnasium de Ahrensburg (allá por los 90). Íbamos mucho al Ayuntamiento porque siempre había algún asunto que resolver. Enriqueta y Pía, muy eficientes y amables, eran nuestras interlocutoras, no sólo para los intercambios, sino en otras actividades. MJ

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  4. Me sumo al recuerdo respetuoso para Carme Chascón. Yo tampoco la conocí en los tiempos de Esplugues, y no siempre estuve de acuerdo, en algunas ocasiones en franco desacuerdo, con sus actuaciones políticas, pero admiro su valor, y más ahora al conocer su enfermedad.
    Me adhiero a todo lo que se ha dicho de Rufián, y añadiría que además de zafio y vulgar es un pésimo actor, y un mal títere. En fin, que hace su papel... Y menudo papelón.

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