sábado, 12 de diciembre de 2020

Irene Vallejo, un homenaje al libro y a la lectura

Irene Vallejo y Clara Campoamor (escultura de Dora Salazar) 
San Sebastián, muy cerca del hotel "Niza" (11/12/2020) / Fotografía: Twitter 

Irene Vallejo ha escrito un libro mágico: El infinito en un junco. Es un libro sobre la historia de los libros. "Un recorrido por la historia de ese artefacto inventado para que las palabras pudieran viajar en el tiempo y en el espacio", reza en la contraportada. En estos tiempos de pandemia, en los que G.U. se siente un poco traidor por haberse dedicado a leer libros y más libros en ese aparatejo electrónico llamado e-book (Kindle, en este caso), intenta redimir sus culpas leyendo a ratos —mejor degustarla a pequeños sorbos— esta obra de homenaje a los libros impresos, y ni que decir tiene de que Irene Vallejo le está convenciendo, con esa escritura limpia, cuidadosa y sutil, de que esos libros no desaparecerán, a pesar de los tiempos difíciles que se le avecinan. Ojalá tenga razón.

Escribe la autora: «Los más agoreros pretenden que estamos al borde de un fin de época, de un verdadero apocalipsis de librerías echando el cierre y bibliotecas deshabitadas. Parecen insinuar que muy pronto los libros se exhibirán en las vitrinas de los museos etnológicos, cerca de las puntas de lanza prehistóricas. Con esas imágenes grabadas en la imaginación, paseo la mirada por mis filas interminables de libros y las hileras de discos de vinilo, preguntándome si un viejo mundo entrañable está a punto de desaparecer. ¿Estamos seguros?»


G.U. nunca ha escrito un libro, aunque haya hecho bastantes trabajos escritos y escriba algunas cosas casi todos los días, pero no es ni mucho menos lo mismo, claro. En el prólogo, Irene Vallejo nos explica lo difícil que es enfrentarse a la página en blanco, y en el caso que nos ocupa, razón de más: cómo pasar al papel sus varios años de investigación y lecturas por las bibliotecas, de una manera en que nosotros podamos gozar de ello y llegar incluso a emocionarnos. 

[No tiene parangón, claro, pero a G.U. la única experiencia similar que ha tenido fue en el pasado, cuando en la escuela de Arquitectura había de empezar un proyecto nuevo, que tenía que gustar a los profesores, algunos un poco gilipollas. Era duro ver el papel en blanco esperando recibir las primeras líneas, después de haberse informado uno días y días, de leer cosas, de mirar revistas y libros, de marear la perdiz buscando escusas para no empezar a llenar la primera hoja...].

Este aspecto, el de los inicios a partir del papel en blanco, nos lo explica de esta manera Irene, en el prólogo de su obra:


[...] «Siempre me asusta escribir las primeras líneas, cruzar el umbral de un nuevo libro. Cuando he recorrido todas las bibliotecas, cuando los cuadernos revientan de notas enfebrecidas, cuando ya no se me ocurren pretextos razonables, ni siquiera insensatos, para seguir esperando, lo retraso aún varios días durante los cuales entiendo en qué consiste ser cobarde. Sencillamente, no me siento capaz. Todo debería estar ahí —el tono, el sentido del humor, la poesía, el ritmo, las promesas—. Los capítulos todavía sin escribir deberían adivinarse ya, pugnando por nacer, en el semillero de las palabras elegidas para empezar. Pero ¿cómo se hace eso? Mi bagaje ahora mismo son las dudas. Con cada libro vuelvo al punto de partida y al corazón agitado de todas las primeras veces. Escribir es intentar descubrir lo que escribiríamos si escribiésemos, así lo expresa Marguerite Duras, pasando del infinitivo al condicional y luego al subjuntivo, como si sintiese el suelo resquebrajarse bajo sus pies.

En el fondo, no es tan diferente de todas esas cosas que empezamos a hacer antes de saber hacerlas: hablar otro idioma, conducir, ser madre. Vivir. Después de todas las agonías de la duda, después de agotar los aplazamientos y las coartadas, una tarde calurosa de julio me enfrento a la soledad de la página en blanco».
[...]

Y lo que la incitó a la lectura: los cuentos y los libros que le leía su madre cuando era pequeña...


8 comentarios:

  1. Todo es ponerse. Lo importante es saber a donde quiere ir a parar, lo demás viene por añadidura.
    Un abrazo

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    1. Quizá sea solo cuestión de eso, pero me temo que no... Hay que tener dotes.

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  2. Que yo sepa nunca he escrito un libro, y creo que nunca lo escribiré, quizas el unico que pudiera escribir es "Andanzas y desandanzas de un vendedor de finales del Siglo XX" que en eso tengo conocimiento, pero no tengo la capacidad de escribir bien, lo se, es así.
    Yo nunca he leído en electrónico, sigo comprando libros de papel, tengo la casa inundada de ellos y me gusta. Cuando se "fundan los plomos" y lleguemos a la oscuridad otra vez, siempre quedarán los libros de papel.

    Un saludo.

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    1. Este libro lo escribió Irene Vallejo antes de lo del virus. En este momento las perspectivas para el libro de papel son peores, pero de otras salió mondo y lirondo.

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  3. Yo sí he escrito tres libros, el último lo estoy concluyendo, pero se quedarán para mí, no tengo ningún deseo de publicarlos ni darlos a conocer. No pienso que aporten nada al mundo pero ha sido un placer componerlos tras años o meses de escritura. No lucharía por verlos impresos ni editados. ¡Vaya cansancio! Leo estos días una biografía de Clarice Lispector cuyas obras consideradas maestras tiempo después fueron impublicables en su momento.

    En cuanto a El infinito en un junco he de coincidir contigo que es un ensayo maravilloso. A mí me descubrió el mundo antiguo, el helenismo, y los focos de cultura clásicos, además de la importancia de Alejandría, Hipatia. Mi experiencia personal con este libro fue extraordinaria. Nunca sospeché que en Roma el idioma de la cultura era el griego. Mi desconocimiento del mundo clásico es importante.

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    1. Coincido contigo. Es un magnífico y precioso ensayo, del que ya le podemos estar agradecidos, porque Irene ha hecho algo que pocos intentaron antes, y muy bien.

      En cuanto a lo de publicar o dejar lo escrito para uno mismo, para lo primero "Editorial Punto Rojo" no crea problemas, pero si se decide uno, mejor buscar a alguien que lo corrija antes, porque he visto cada uno que da pena. Aunque solo se reparta entre "allegados", mejor que esté bien aseado.

      Para lo segundo, pienso que siempre debe de dar menos miedo sentarse ante el papel en blanco cuando uno sabe que ese papel no lo va a leer nadie más que uno mismo.

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  4. Bien, Gran Uribe, otra buena dirección. Lo compraré, en papel, naturalmente. Cada día odio más el ordenador y la informática en general. Aunque nos rinda servicios importantes, como ahora mismo la lectura de tu blog, me pone de los nervios acercarme a la computadora para hacer cualquier gestión y encontrarme con un bosque inextricable de caminos, caminitos, pestañas que se abren, indicaciones que no entiendo, advertencias y todo tipo de cortapisas. Quizá ando influida por el trabajo que me está costando comunicarme con la Administración del Estado para percibir la pensión de viudedad que me corresponde. Pero dejemos eso, que no pertenece a este "negociado". A lo que iba. Compraré el libro, que ya tenía localizado y que no había adquirido porque me lo había recomendado una amiga muy pedante de la que me fío poco.

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    1. Está claro que si algún libro hay que comprar en papel es éste de Irene Vallejo. No sé quién te lo ha recomendado, aunque si es la persona que imagino, comprendo tu escepticismo. Yo no suelo recomendar ni libros ni nada, son armas que carga el diablo, me limito a escribir aquí lo que me gusta y, menos veces, lo que me disgusta. Si alguien toma nota y le gusta, mejor que mejor.

      A mí tampoco me gusta la informática, aunque hacer montajes gráficos y componer el blog me entretiene bastante; el día que no me produzca placer alguno, lo cierro y santas pascuas, más se perdió en Cuba. En cuanto al e-book, le he encontrado ventajas importantes durante estos meses y no me ocupa sitio en casa, bastante saturada de libros y de otros objetos de todo tipo.

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