jueves, 11 de octubre de 2018

¿Se han acabado las bibliotecas dedicadas a leer?

Hoy planteamos en el blog  un tema que le interesa bastante a Gran Uribe. Lo formulamos así: ¿se han acabado las bibliotecas dedicadas solo a los libros?

Fackel, un tipo culto, estaba indignado porque en una biblioteca le habían prestado un libro (que hacía 26 años que no se prestaba) lleno de esquemas, llaves, asteriscos, cruces, paréntesis, anotaciones, tachaduras. Y G.U. entiende y comparte lo que dice en su entrada titulada El maltratador de libros, brillante como es habitual en todas las suyas, porque le ha pasado en alguna ocasión. ¡Ay las bibliotecas públicas! Y... cuántos "impúreos, blasfemos de la razón y alcahuetes", gentes que no tienen reparo alguno en ensuciar los libros de esa manera.

Pero, amigo Fackel, ¡modernícese usted!, estamos en el siglo XXI, las bibliotecas ya no son lo que eran. Al menos eso establece el nuevo plan BiblioLab de la Diputación de Barcelona (unos chuponcetes, sus directivos), un plan al que se han apuntado con entusiasmo nuestros políticos, esos que manejan con tanta soltura el dinero que no es suyo. Allí y en enlaces a los que se nos conduce, en los que los expertos que lo han inspirado comentan sus líneas maestras, podemos leer frases bastante inquietantes, en las que de la lectura ya casi ni se habla:

"Queremos fabricar conocimiento de manera creativa"; "a las bibliotecas ya no se va a leer"; "hay que crear un espacio agradable como el de una cafetería Starbucks"; "las bibliotecas han de ser espacios de socialización"; "el bibliotecario no tiene por qué saber de libros: tiene que saber guiar al usuario en la dirección correcta, como por ejemplo a aprender nuevas recetas de cocina a través de la práctica, y no de los libros"; "si las bibliotecas solo prestan libros, se acabará su existencia, porque ahora toda la información que necesitamos tener se encuentra ya en Internet".




Como se puede apreciar, malos tiempos para la lírica, según cantaba el grupo "Golpes Bajos" a finales de los noventa. Por obvias razones de espacio, G.U. ha tenido que desprenderse últimamente —y muy a su pesar—de bastantes libros, básicamente novelas en lengua castellana. En su barrio, Les Corts, en Barcelona, inauguraron hace unos meses una biblioteca espectacular, hermosísima, en el lugar que antes ocupaba la fábrica de tejidos Benet Campabadal. Ha costado la nada despreciable cantidad de 9,6 millones de euros (unos 1600 millones de las antiguas pesetas)..

La fábrica textil Benet Campabadal a pricipios del S.XX / La Biblioteca Montserrat Abelló (2018)
Resulta que los anaqueles están casi vacíos y en el apartado "Novela" ni siquiera tienen las de Eduardo Mendoza, por citar a alguien plenamente inmerso en la temática barcelonesa, especialmente en su vertiente de principios del XX. Varios ordenadores, una zona para leer el periódico en unas butaquitas (sobre todo el "Ara"), unas mesas largas en las que comparten sus apuntes de clase y charlan algunos universitarios y... nadie más. Allí no entra ni Dios en persona.

Pero sí G.U, ojo al dato: entró a preguntar si podía donar esas novelas, que están en perfecto estado de conservación (ya que en casa se tratan muy bien los libros, no como esos 'blasfemos de la razón' a los que se refería la imagen de Fackel). Allí se le dijo que no, sin más explicaciones, que solo aceptaban libros relacionados con la historia del barrio de les Corts (una historia de medio pelo, hablando en plata) y publicaciones pertenecientes a una fantasmagórica "cultura maker", que luego se enteró G.U. que se refiere a todo lo relativo al "Hágalo usted mismo" ("do it yourself"), ya que aquello era una fábrica y lo de la fabricación lo tienen claro por estos lares (a pesar de que se han cargado la tradicional industria textil en unas pocas decenas de años, todo un mérito porque era muy potente).

Total, que se tuvo que volver a su casa por donde había venido y buscar otro lugar donde llevarlos. Todo ello por los mencionados casi diez millones de euros, en un barrio en el que no hay ninguna otra biblioteca, ya que ésta ha venido a sustituir a la que había antes, en la que sí que había algo, aunque tampoco aceptaban libros, sobre todo si eran en español. No deben de existir muchos lugares en el mundo en los que se intente exterminar el bilingüismo de manera tan pertinaz, cuando se da la inmensa suerte de tener tal tesoro. Pero... "eso es otra historia", como se suele decir.


3 comentarios:

  1. POr supuesto que a las bibliotecas no se va ya a leer. Como mucho vamos a sacar el libro y llevarlo a casa (o el vídeo o el disco o la revista) Las bibliotecas están llenas de gente joven prolongando su jornada estudiantil, preparando exámenes y pasando apuntes. He hablado en ocasiones con bibliotecarios y me dicen que las bibliotecas no deberían estar para eso, que a veces, sobre todo en temporadas de exámenes, sí que va gente a revisar o leer algún libro y no tiene asiento porque lo ocupan los estudiantes. Pero creo que esto ha sucedido siempre, nosotros ocupábamos en nuestros mejores tiempos las biblios de los seminarios, que se llamaba entonces a los departamentos. Pero eso sería secundario, la rabia es que no se lee casi nada y si se lee son libros de poco interés (uno mira los contados casos de personas que van en el autobús leyendo), aunque en este asunto la discusión sería amplia, hay gente benévola que dice que lo importante es que la gente lea algo, lo que sea. Me parece un argumento flojo que prefiero no comentar. Así que el destino de los libros, de las bibliotecas, de la materia gris de los ciudadanos presentes y futuros está muy marcado. Soy pesimista al respecto y dudo que el ejercicio de reflexión y elaboración de pensamiento pueda darse más adelante si no se lee, pero quién sabe si el cerebro del homo no evolucionará por horizontes ahora imprevistos.

    Por cierto, ¿dicen en las bibliotecas toda esa sarta de "modernidades estúpidas" sobre los libros y el uso de las bibliotecas? Lo de fabricar conocimientos, uf, me aterra, ya nos robotizan antes de tiempo. Lo de Starbucks ya me suena a gilipollez extrema de ejecutivillos de poco pelo que dirigen ahora esos centros. En fin, seguro que cada lema de los que citas sabes perfectamente oponerles un razonamiento. Es triste cómo evolucionan en plan nceio ciertas cosas.

    Salud.

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  2. Gracias por traer a colación mi entrada.

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  3. Las frasecitas que los BiblioLab utilizan, supongo que para promocionarse, me suenan a estupidez y me han dejado atónita. El mensaje que contienen, que es: "no es necesario leer", queda clarísimo. Por eso han cambiado el nombre de "Biblioteca" a "BiblioLab". Aunque si eso ya no tiene nada que ver con libros no sé yo por qué mantienen el prefijo. Podrían utilizar "StarbucksLab", "SocioLab" o AbiblioLab". MJ

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