jueves, 5 de octubre de 2017

Ponç Puigdevall y el fascismo autóctono

Ponç Puigdevall (no Puigdemont, ojo) es un excelente crítico literario y un novelista sólido. Un tipo "leído y escribido", por tanto. Está claro, por eso mismo, que es imposible confundirlo con el otro. Tiene en Quadern de EL PAÍS una columna titulada Provocacions, en la que interviene una vez al mes. Y ese título no es para menos, ya que está claro que a Puigdevall le gusta tocar els collons.

Este es caso del artículo que publica hoy, que traducimos del catalán. Se titula "Un feixisme nostrat"  y "tira con bala", como diría un pariente de un servidor. En él dice cosas que pocos se atreven a expresar en público. Ya tenemos otro 'faccioso' más. ¡Ándate con ojo, Ponç!, porque eso de feixista no les gusta nada que se les aplique a quienes tanto lo usan para insultar a Marsé, Serrat, Coixet y un largo etcétera.


«No es de extrañar que el apoyo internacional que ha recibido el nacionalismo catalán provenga del dictador Maduro, de ETA, del ultraderechista Nigel Farage, de figuras siniestros como Edward Snowden y Julian Assange, un traidor y un prófugo vinculados al patrocinio de Putin: es lo que ocurre cuando, desde la Generalitat, se elabora una maquinaria política que contiene todos los rasgos distintivos del fascismo.

El aparato propagandístico del régimen, TV3 y prensa afín, se inventa una lengua nueva —"expolio fiscal", "derecho a decidir", "DUI"— con el propósito de mentir y negar evidencias; y la ANC, un parapartido político, se encarga de la coreografía del espectáculo, de la cursilería, del suministro del gesto operístico de la fanfarronería. Los diputados aprueban unas leyes espurias, con el objetivo de crear una anomia y conseguir que la confusión y la mutua contradicción entre las normas originen una enorme desorientación en la conducta de la masa. Se cierra el Parlamento, y, como un rito de poder, se incita a la militancia comprometida con el nacionalismo a que ocupe la calle con la apariencia de un ejército pacífico: se exige de manera atormentada, enfurecida y apasionada la renovación de la nación. La clase media cree pertenecer así a la élite nacional, y no son pocos los individuos que experimentan un cambio de piel y, mientras proclaman consignas y cantan los éxitos de Lluís Llach "Els segadors", un himno algo violento, creen que ya son tan héroes y mártires como los antepasados que se enaltecieron durante el año del centenario de 1714. 

Todo esto, evidentemente, no habría sido posible si a lo largo de 23 años Jordi Pujol no hubiera seguido al pie de la letra los consejos del déspota Federico el Grande de Prusia y no se hubiera esforzado, también, en convertir a Cataluña en un "Estado Jardinero": había que "plantar" y "cultivar" "seres humanos saludables", y la manipulación de la "memoria histórica", el adoctrinamiento televisivo y la formación de un espíritu nacional en la escuela fueron las herramientas de manual más eficaces. Al poco tiempo, España ya era la amenaza exterior.

No es de extrañar que una de las características del fascismo que reproduce el "de la nostra terra" haya sido la preocupación obsesiva por el declive, la humillación y el victimismo de la comunidad. O que se haya repetido hasta la saturación que toda manifestación nacionalista era una reivindicación "festiva, lúdica y familiar": el fascismo siempre se basa en una actitud vitalista, enérgica y pura. O pretender crear un nuevo orden nacional basado en la reforma moral y espiritual del pueblo: los discursos delirantes de Junqueras, que a estas alturas aún no se sabe si es más cobarde que mentiroso, o al revés, siguen esta línea.


Como buen fascismo, el autóctono nuestro también tiene el inconveniente de que no se tolere la crítica, considerada de escasa calidad democrática, y que quien se atreva a poner en duda el tótem sea crucificado enseguida».


4 comentarios:

  1. El nacionalismo considera que lo autóctono es lo mejor; que es lo verdadero. Lo auténtico, lo bueno y lo saludable.

    Se empieza siempre por la raza. Se sigue por el idioma. Se continua por la religión y se acaba ensanchando la frontera.

    No hay nacionalismos diferentes. Todos son absolutamente iguales porque todos parten de una misma premisa: los de afuera, nos roban. Nos quitan el trabajo. Viven de nuestros impuestos, y además...son unos vagos.

    ¿Eran diferentes los serbios a croatas, y estos de los bosnios; y estos de los montenegrinos y estos de los macedonios y estos de los kosovares ?

    Son todos iguales, compartían la misma lengua con acentos diferentes y eso si, diferente religión.

    Pero eran todos iguales. Y a la vez resultó que todos se creían superiores.
    Así les fue.

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    1. De acuerdo, Tot Barcelona. Claro que va de creerse superiores. MJ

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  2. Yo también le había echado el ojo a este artículo, en el que, para mí, lo más sorprendente es que esté escrito en catalán. Y no debería ser así, porque supongo que habrá otros catalano-escribientes que aborrezcan el procés, o la forma en que se ha llevado a cabo. Hecha esta pequeña anotación al margen, coincido plenamente con el punto de vista de Puigdevall.
    El Tapir

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  3. ONDIA TU¡¡¡,QUINA EDAT TENIU?...EL PP.,EL PPOE,C's,ET SEMBLANT MILLORS?...MES HONRATS?...LO CERT ES QUE PER MI,NO ES QUE SIAN INFERIORS ES QUE SON MOLT MES PERILLOSSOS...

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