No, no es cosa que haya inventado el avispado "sabio de Taradell" (Homs), sino que se inició en tiempos de otro lumbreras (Zapatero, un sujeto de infausto recuerdo), que contrató en 2005 a un tipo llamado Buqueras para comandar la "reforma horaria", visto que teníamos todo lo demás resuelto. Aún recordamos la agria polémica que sostuvo el chuponcete Buqueras con Javier Marías por este asunto, a raíz de un artículo de éste de 2006 (que ya publicamos aquí), en el que decía cosas así:
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| El iluminado Buqueras |
[...]
«He visto en la pantalla a un tal Ignacio Buqueras, Presidente de la Comisión Nacional de Horarios, hecho un energúmeno y permitiéndose regañarnos por las horas en que almorzamos, cenamos, vemos la televisión o nos acostamos. Pero, ¿esto qué es?, me pregunté al contemplar al impertinente, y luego he tenido la inquietante sensación de ser de los pocos que se lo han preguntado, tan lamentablemente extendida está ya esa creencia de que los gobernantes pueden entrometerse en todo. Ese señor Buqueras es, además, un auténtico simple, por decirlo suave: al defender su propuesta de adelantar los horarios españoles de todo, ha declarado que "Así tendríamos mejor calidad de vida y los ciudadanos dejarían de estar tensos y angustiados". No me diga. Según Buqueras, los españoles sólo están tensos y angustiados por hacer una larga pausa para el almuerzo e irse tarde a la cama. Y el Gobierno permite que semejante razonador lo represente en algo, tenga un cargo y cobre del erario. ¿No hay más motivos de tensión y angustia? ¿Y cómo sabe Buqueras si la gente no estaría aún peor con sus horarios?
El atrevimiento y la simplonería de los llamados "expertos" –en casi cualquier asunto– resultan deprimentes y a menudo insultantes. Si el Gobierno no quiere ser totalitario, haría bien en no meterse donde no lo llaman, en no opinar más de lo justo, en no entrometerse en nuestras vidas y costumbres, en administrar lo que le prestamos y en dejarnos en paz con sus vigilancias, imposiciones y manipulaciones».
De aquellos barros vienen estos lodos. En efecto, ahora los gobernantes catalanes (por llamarlos de alguna manera) y diez años después de lo de Buqueras, han retomado (como no podía ser menos,
ja que som collonuts) la iniciativa que ya adelantaron Zapatero y "el sabio de Taradell", y han procedido a poner la directa: no es descartable que piensen que en Europa nos admitirán antes si tenemos sus mismos horarios, en lugar de los de la atrasada España. Y como en la susodicha España no quieren quedarse atrás, no vayan a considerarnos unos atávicos cavernícolas, se han sumado al carro que estrenó el ínclito Zapatero.
Resulta que en Milán se cena a las 19h, y en Nápoles a las 21h, pero en Sevilla y Barcelona vamos todos a una.
I no pot ser que fem com a Andalusia, Múrcia o Albacete:
som una nació diferent. Así que la Generalitat quiere obligarnos por ley a comer cuando digan los políticos nacionalistas. ¿Y por qué ahora comemos a las 14h. y cenamos a las 21h.? Dice la Generalitat que por culpa de "
la herència espanyola".
Iniciativa per a la reforma horària, es un chiringuito nacionalista impulsado "bajo los auspicios de la Generalitat" y pagado por todos: 130.000€ que regalan la Generalitat, el ayuntamiento de Barcelona y la Diputación (¿hay algún tenderete nacionalista que no paguemos todos los catalanes?) para alterar "las políticas del tiempo", "cambiar la cotidianeidad", conseguir "un nuevo paradigma de los horarios en Cataluña" para "la Cataluña que viene" e "
impulsar la nova fase de construcció nacional".
¿Cómo se come esto? Pues como en todo nacionalismo que se precie, con propaganda a lo Goebbels: ("
generar un estat d’opinió pública favorable") y mangoneo político ("
creació d’una Comissió d’Estudi al Parlament"). Pura ingeniería social.
Y una hoja de ruta, que incluye "mociones municipales a favor de la reforma horaria", un "
Consell Assessor" en la Generalitat y hasta una "Comisión legislativa" en el Parlament que este año se propone decretar a qué hora tenemos que comer los catalanes mediante una especie de "
Ley del tiempo" que nos obligue a comer a las 13 y cenar a las 20h.
¿Y qué nos prometen a cambio? "Incrementar el nivel cultural", "éxito escolar", "bajar la siniestralidad", "mejorar la calidad de vida" y nada menos que "aumentar la natalidad".
Es la
Catadisney descendida ¡al fin! a la sacrosanta tierra catalana. Aquí no hay dinero ni para educación ni para sanidad (que están hechas una verdadera pena), pero sí para que cenemos —vía decreto— a la hora de la merienda o del 'cubata de media tarde'. Aviso a los navegantes: si el próximo verano ven ustedes a algún
friqui comiendo a las 12 en la playa o cenando a pleno sol de tarde (sudando la gota gorda), ya lo saben, no es un
guiri (que se adaptan encantados a nuestros horarios): es un procesista cumpliendo a rajatabla la "reforma horaria" decretada por el
Govern.