martes, 9 de noviembre de 2021

"Entrañables" recuerdos del 9N, hace siete años

Un momento de la votación del 9N; a la izquierda, la urna
Propaganda del 9N y la papeleta de votación que redactó personalmente Artur Mas

domingo, 7 de noviembre de 2021

DEP, Carmen Laffón, una gran pintora

Carmen Laffón ha muerto en la madrugada de hoy a los 87 años, en su casa de La Jara de Sanlúcar de Barrameda, días después de sufrir un ictus. Con una humildad bastante inusual en el oficio y una vocación llena de entusiasmo, que desplegó con mucha disciplina, ahí nos queda su obra, maravillosa y llena de matices. Los retratos, las alacenas y los bodegones, los paisajes urbanos, las salinas de Sanlúcar de Barrameda y el Coto de Doñana... DEP, Carmen Laffón.
Carmen Laffón pintando / Carmen Laffón durante su última exposición en Cádiz (agosto 2021)
[Fotografías: Francisco Ortiz / Miguel Gómez]
Carmen Laffón / En Santa Adela con mis padres
Carmen Laffón / Bodegón de Triana
Carmen Laffón / Bodegón del Rectorado
Carmen Laffón / Sevilla desde el río
Carmen Laffón / La sal. Salinas de Bonanza, Sanlúcar de Barrameda. Esteros y caños
Carmen Laffón / La Sal, Salinas de Bonanza, Sanlúcar de Barrameda
Carmen Laffón / Coto de Doñana

«Tener miedo a opinar en voz alta»

En voz alta y también por escrito. Por fortuna, hay todavía gente que expresa lo que muchos no nos atrevemos a decir o a escribir; o, aunque nos atreviéramos, ellos lo hacen mejor y a nosotros no nos leería nadie. Muchas gracias.

[...] «Me consta que a bastantes lectores les parezco un cascarrabias, y de eso no me voy a defender. Pero también sé que a otros los "consuelo" o "reconforto" con mis palabras, y que agradecen ver impreso lo que ellos piensan y —me cuentan— no se atreven a expresar ni entre sus amistades, por temor a ser rechazados si lo hacen. A eso hemos llegado, sí: a lo más grave que le puede ocurrir a una sociedad libre y democrática, porque es algo propio de las dictaduras: a tener miedo de opinar en voz alta.
Javier Marías en el despacho de su casa / EL PAÍS
Yo estoy seguro de no tenerlo, porque poco puedo ya perder. Si me brean en las redes, me da igual, porque no me entero y no existen para mí; si en este diario dejan de publicarme un artículo o me lo intentan censurar un día, me iré sin más; si se hartan y prescinden de mí, qué se le va a hacer; si caigo fatal a políticos, yo no me trato con ellos; si los lectores no me aguantan unánimemente, me percataré de ello y me retiraré. Les guardo gratitud infinita a los que me han tolerado hasta hoy, y también a los directores de EL PAÍS que me han permitido utilizar esta tribuna. En fin, lo único que me cabe aducir es que siempre he escrito lo que pensaba y no lo que “quedaba bien”. [...]

 No tengo en cuenta las siglas, sólo los hechos y las declaraciones de cada individuo. Si eso hoy resulta insoportable, más me vale callar. O no, y hacerme, cada domingo, más y más insoportable para quienes aspiran a una prensa monolítica y más igual a sí misma de lo que ya lo es».

[Javier Marías,  Aún lejos de mil, EL PAÍS SEMANAL, 7/11/2021]

sábado, 6 de noviembre de 2021

Baroja, Trapiello y su libro «Madrid»

Por motivos que no vienen al caso, por ser de exiguo interés para sus seguidores, G.U. está guardando unos días de "reposo relativo", siguiendo la recomendación de su traumatólogo. Y uno se pregunta en semejante circunstancia: ¿qué mejor "reposo relativo" en casa que en compañía de buenos libros? Pues va a ser que sí, no hay mejor compañía.

Por la noche está con Los vencejos, de Fernando Aramburu, del que ya hablaremos. Pero el que lee por la tarde, cómodamente sentado y asentado en su butaca, con música de fondo de Bocherini, es Madrid, de Andrés Trapiello, editado por Destino. Un magnífico escritor, aunque bastante vituperado en las redes (por no comulgar con el nacionalismo es tildado de ser de la "derechona", ¡qué cosas!), que está enamorado de esa ciudad, hasta el punto de haberle dedicado un montón de horas a la redacción de este extenso libro. Extenso, bien editado (incluso con cinta marcapáginas, como los misales antiguos), bien escrito y bien ilustrado con buenas fotografías. Una lectura que resulta placentera y acolchada para este modesto bloguero; y es que G.U. ama esa ciudad en todo tiempo y lugar, desde sus primeros contactos serios con ella en 1975, tal vez porque no vive allí.

Hace tiempo que venimos quejándonos aquí de la banalización de las ciudades, y muy en especial de Barcelona. Los más adictos seguidores de este blog (pocos) lo saben. A Trapiello le pasaba algo parecido con Madrid, pero ha decidido ser "siempre positifo, nunca negatifo", parafreaseando a la inversa al entrenador Van Gaal. Quizá por eso, consciente del desastre, creemos que no ha optado ni por la "celebración" ni por la "elegía", sino por la tercera vía que han abrazado muchos madrileños de pura cepa: "celebrar añorando o la alegría de estar tristes (opuesta a la tristeza de estar alegres)". Y así, la ciudad le gustaba antes y le seguirá gustando siempre, pese a todo, aunque de otro modo. Eso no va a cambiar. 
Andrés Trapiello, Madrid, Editorial Destino, 2021, página 100

En fin, dijera lo que dijera Pío Baroja —siempre escéptico y un punto gruñón— si levantara la cabeza y se asomara, por ejemplo, a la plaza Mayor, nos quedaremos por hoy con Trapiello, que dedica a esa plaza un hermoso capítulo, como a tantos otros lugares de Madrid. De ahí procede el breve fragmento que adjuntamos más arriba, el que estábamos leyendo esta tarde. ¡Ah!, de Los vencejos ya hablaremos. Nos gusta Aramburu también, pero es otro registro...

viernes, 5 de noviembre de 2021

"Tranquis": los que hablan en catalán no violan

«Ya era hora de que la comunidad psiquiátrica se manifestara con respecto al prusés. Como escribió hace años Ignacio Vidal-Folch, urgen trenes cargados de psiquiatras que lleguen a Cataluña para encontrar una explicación racional al fenómeno de los oprimidos con dos coches, segunda residencia y tres planes de pensiones». Lo decía Ramón de España, al hilo de un artículo de Ignacio Vidal-Folch; todo eso fue ya reproducido en este blog en su momento. 

Y los psiquiatras y psicólogos han ido llegando. Pero, ojo, hay que pagar recibos, el alquiler del piso, la luz, los colegios de los zagales, todo eso. La vida está muy dura y muchos de ellos, tontos no son, han comprendido que la mejor manera de comer caliente cada día es volverse procesista. No eres nada hoy en día en esta comunidad autónoma sin el lacito amarillo. Es difícil progresar aquí sin ese pin en la solapa. 

Aquí tenemos un ejemplo: "La psicóloga del Born", una psicóloga argentina, "como no podía ser de otra manera", que se autocalifica como "psicóloga Gestalt" (?). Ella es culta, se ha leído el Quijote y le da en la nariz que no parece que esté escrito por un castellano. ¿Será tal vez obra de Miquel Servent? Ya saben, lo hemos comentado aquí muchas veces, ese sujeto al que el Institut de Nova Història adjudica la obra.


Ese "pío pío" en forma de tuit es ya un poco antiguo, data del Sant Jordi del año pasado. Desde entonces ha seguido trabajándose a fondo el condumio en esa red social y, con ocasión de las últimas violaciones grupales, afirma que nunca podrían ser obra de gente que habla en catalán, que en su opinión está hecha de otra pasta. No sabemos a qué esperan para darle una Conselleria o una Direcció General en el organigrama de la Generalitat, si es que no se la han dado ya.

jueves, 4 de noviembre de 2021

Homenaje de G.U. a su hermano Carlos ("El Tapir")

Disculparán ustedes que hagamos un pequeño receso de tipo familiar. Hoy es San Carlos y el hermano de G.U ostenta ese nombre de pila, al margen de su alias de guerra, que es "El Tapir"; quizá lo recuerden algunos, los más veteranos. 

Un tipo, San Carlos Borromeo, que hizo cosas más relevantes que San Álvaro de Córdoba, el santo patrón de quien está en la sala de máquinas de este blog. En esta época de pandemias ese obispo hubiera tenido trabajo en cantidad, el que no hacen muchos otros de similar condición. Varios pintores del S. XVII homenajearon su figura y no era para menos.
Tanzio da Varallo, San Carlos Borromeo (1616)
Iglesia de San Gervasio y San Protasio, Domodossola (Italia)
[Infografía: granuribe50]

«La situación en Milán, durante la peste de 1576, era caótica y empeoraba casi por horas. Los lazaretos rebosaban ya de apestados, a los que faltaban no solo los auxilios materiales, sino también los espirituales. Carlos Borromeo, a la sazón arzobispo de aquella ciudad, trató de aliviar tanto el alma como el cuerpo de los afectados, que se dejaban morir en las calles y a los que se abandonaba sin la menor de las consideraciones. La situación se agravaba y Carlos no dudó en tomar medidas: él mismo salió a la calle y trató de consolar a los enfermos y vendió los objetos más preciados que tenía. Dicen incluso que cedió los cortinajes de su palacio para que se pudieran hacer vestidos. 

Apenas descansaba y dormía escasamente dos horas para poder acudir personalmente a todas partes, visitaba todos los barrios alentando el ánimo de los que desfallecían, administraba él mismo los últimos sacramentos a los sacerdotes que sucumbían en aquella obra de caridad. Fueron tres las procesiones generales que se celebraron mientras la epidemia seguía cobrándose vidas. [...] El propio Borromeo iba a la cabeza de ellas, descalzo y vistiendo una capa granate».



[Comentario de texto: ESTO ES UN ARZOBISPO Y LO DEMÁS SON PUÑETAS]


Y, por extensión... ¡FELICIDADES A TODOS LOS CARLOS Y A TODAS LAS CARLAS !

lunes, 1 de noviembre de 2021

Empezamos noviembre con «Art Nouveau»

Hoy les presentamos una imagen para intentar abrir con buen pie, dentro de lo que sea posible, el mes de noviembre. Todo comenzó cuando la tienda francesa La Belle Jardinière encargó a Eugene Grasset (1845-1917) la creación de doce obras de arte originales para ser usadas en un calendario del año 1896 y que sirvieran para anunciar los vestidos que ofrecían. No sabemos, pero se debieron de gastar la pasta, porque era ya en aquel momento era un artista reconocido.
Las iremos presentando, si nos acordamos, cada vez que inauguremos un mes; nos gustan en este blog las imágenes Art Nouveau, cada uno tiene sus debilidades. En todas las obras se representa a una "bella jardinera" realizando las tareas propias de cada temporada, A veces cavando, plantando o podando, en otras limpiando el jardín o recogiendo flores o frutos, siempre con una vestimenta bastante alejada de lo que hoy nos parece más adecuado para ejercer tales funciones. Cada mes un jardín, una tarea y un vestido. Ya lo iremos viendo.

Y ahora, para acabar, una pequeña muestra del arte de Eugene Grasset, que fue muy utilizado en aquellos años para la publicidad de diferentes productos, tintas, libros, revistas, enciclopedias, moda, bicicletas... Les pasó a muchos otros.

sábado, 30 de octubre de 2021

Recordando a Pío Baroja

Tal día como hoy hace 65 años fallecía Pío Baroja (1872-1956). G.U. se ha zampado todos sus libros, no se ha dejado ninguno, piensa. Ni que decir tiene que lo ha hecho porque le encanta su estilo parco, su carencia de florituras. Hay que tener personalidad y estar muy seguro de sí mismo para escribir de esa manera tan escueta. Cómo decirlo: le resulta actual y clásico a la vez. De aburrido, nada, pero ya se sabe que todas esas cosas siempre van a gustos. 

«Baroja era anticlerical, era un descreído, si se quiere, un escéptico con la condición sacerdotal y con conceptos como el celibato o la bondad, pero no estaba obsesionado con ello», observaba hace unos años José Bernardo, profesor de Lengua y Literatura de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, contradiciendo un poco esa fama de anticlerical. 

Es difícil saberlo. En César o nada (una novela integrada en la trilogía Las ciudades, publicada en 1910), César Moncada, el protagonista, es el típico hombre de acción barojiano. Viaja a Roma con el propósito de beneficiarse de la posible influencia de un pariente cardenal, pero éste pasa de él completamente. Las páginas de la estancia de César en Roma son una delicia, que nos evoca cómo debía de ser aquella ciudad en esos años, sin apenas turistas pero llena de curitas con todo tipo de vestimentas; en ellas, Baroja nos regala unos paseos impagables.

Roma, Plaza  del Capitolio / [granuribe50]
Pío Baroja, fotografiado por Prieto[...]«La plaza [Venecia], en aquel momento, estaba muy animada: pasaban bandadas de seminaristas con hábitos negros, rojos, azules, violeta y fajas de distintos colores; cruzaban frailes de todas clases, afeitados, con barbas, negros, blancos, pardos; discurrían en grupos curas extranjeros, con unos sombreritos despeinados adornados con una borla; monjas horribles con bigote y lunares negros, y monjitas lindas y blancas, de aire coquetón. La fauna clerical estaba admirablemente representada. Un fraile capuchino, barbudo y sucio, con aire de bandolero y un paraguas bajo el brazo, a guisa de trabuco o de tercerola, hablaba con una hermana de la Caridad. -Indudablemente, la religión es cosa muy pintoresca -murmuró César-. Un empresario de espectáculos no tendría imaginación para idear estos disfraces». 

Y para acabar, otro ejemplo extraído también de la misma novela; su protagonista, César, se dirige al abate Preziosi:
Pío Baroja, Las ciudades, César o nada, Alianza Editorial, 1967, pág. 63


Como no queremos mezclar, de Miguel Hernández (nacido el 30 de octubre de 1910) hablaremos en otra entrada.

viernes, 29 de octubre de 2021

Empieza la 9ª temporada del "procés"

Rajoy y Mas en la Moncloa (20/9/2012) / [Imagen tomada de un vídeo de La Vanguardia]
Recuerdan ustedes que el procés como tal empezó en 2012, con la visita de Artur Mas a la Moncloa, donde lo recibió Rajoy con frialdad, según contaba LA VANGUARDIA el 20/9/2012. De pacto fiscal, na de na. Rebotado, el rei Artur dio una tensa rueda de prensa en Blanquerna, anunciando que empezaba el proceso hacia la independencia de Cataluña.

Como saben, la matraca siguió años y años, hasta que —el 27 de octubre de 2017— Puigdemont proclamó el nacimiento de la "República catalana", cuya vida duró unos exiguos ocho segundos. Una jornada para la Historia, con mayúsculas. Esto sucedió, si la memoria no nos es infiel, un viernes y convocó a sus consellers para que el lunes 30-O, mañana hará cuatro años, se pusieran manos a la obra a construir la mencionada República recién nacida.

Un ufano Rull trabaja ya en su despacho (30 de octubre de 2017)
[Fotografía: @joseprull]
Lo cierto es que, en tan señalada fecha, el único que acudió a su despacho fue el pobre Rull y en él se hizo una foto conmemorativa ante el ordenador, muy ufano el hombre, junto a la portada del diario El Punt Avui en el que se proclamaba "A la feina" ("Al trabajo"). A los demás, más listos o menos pardalets, aún se los espera en sus puestos.
Puigdemont, instalado ya en el maletero de un vehículo Skoda azul, se dispone a cerrarlo (29 de octubre de 2017)
[granuribe50, entre otros]
Entre tanto, Puigdemont, tras ver en un bar la victoria del Gerona contra el Reial Madrit (2-1), un lugar donde recibió multitud de parabienes (como nos explicaba TV3), en vez de acudir al Palau de la Generalitat, se montó después del partido en el maletero de un coche con destino desconocido. En la web de la Generalitat del 30-O salía una foto de un árbol del Pati dels tarongers con un escueto «Bon dia», emitido desde el despacho del Molt Honorable President.
Cuixart habla ante los micrófonos, en presencia de un complacido Puigdemont y otros (29 de octubre de 2021)
Palacete de Waterloo ,"Casa de la República" / [@omnium / granuribe50]
Y hasta hoy, en que se ha reunido en Waterloo con el iluminado Jordi Cuixart para llegar a un importante acuerdo: volver repetir todo aquello que salió mal en 2017. Parece que la cárcel le ha redoblado a este último su ímpetu y el hombre está que se sale. Y, qué se le va a hacer, estimados lectores. En esas estamos, nueve años después y lo que nos queda.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Hoy, cuarto aniversario del 27-O

«LA REPÚBLICA DELS VUIT SEGONS»


🎈🎉🎪«Aquestes meravelles avui compleixen 4 anys. Moltes felicitats!»

[La frase final y la última imagen proceden del twitter de @AresCases]

martes, 26 de octubre de 2021

Cuenca y el «Día del Orgullo Abstracto»

Hablábamos ayer de Picasso. Él nunca fue un pintor abstracto, aunque mucha gente así lo crea. Siempre se atuvo al objeto, pero debidamente transformado a su manera. El caso es que no sabemos si se han enterado de que hoy precisamente es el Día del Orgullo Abstracto (siempre es el "Día de algo"y las redes lo celebran con muchas fotos. El asunto surgió a raíz de que se descubriera hace poco que la artista sueca Hilma af Klint había pintado cuadros abstractos antes de que lo hiciera quien siempre pensamos que era el pionero, Wassily Kandinsky. 

G.U no es, en general, un entusiasta de esa faceta de la pintura y escultura, pero hay obras y obras y también depende mucho del lugar donde las veas. Por ejemplo, las del Museo de Arte Abstracto de Cuenca le encantan, quizá influido porque el museo en sí y también el maravilloso lugar donde está enclavado (las Casas Colgadas sobre la Hoz del Huécar) ya Vaut le voyage, como dirían los inspectores de la guía Michelín, adjuntando las tres *** correspondientes.

Cuenca, Museo de Arte Abstracto y Hoz del Huécar
[granuribe50, 16 de julio de 1998]
Por desgracia, uno va por allí menos de lo deseable, hasta el punto de que la última vez fue hace una eternidad, en julio de 1998. A ver si esto levanta un poco y podemos pasarnos por ese museo pronto, antes de que se nos pase el arroz. 

En aquella época enganchábamos las fotos en álbumes. Daba faena, pero da gusto verlas ahora. Las digitales no las miramos nunca, y tenemos tropecientas mil. G.U. ha hecho un escaneado de un fragmento de una página del álbum correspondiente a aquella visita. Es la que ven ustedes a continuación, con obras de Antonio Saura ("Brigitte Bardot"), Tàpies ("Grande Équerre), José Guerrero ("Intervalo azul" y "Rojo sombrío") y Luis Feito ("Número 363"). En el museo también hay obras muy buenas de Zóbel, Palazuelo, Sempere, Canogar, Millares, etc., pero no salen en las fotos (aunque sí en otras que hay en el álbum) y no nos haremos pesados con ellas, descuiden.
Cuenca, Museo de Arte Abstracto y Hoz del Huécar
[granuribe50 / 16 de julio de 1998]



lunes, 25 de octubre de 2021

Un modesto homenaje a Picasso

Hoy, aprovechando que se cumplen ciento cuarenta años de su nacimiento, hablaremos un poco de Pablo Picasso (1881-1973). En plan sencillito, porque no diremos nada nuevo, dirigido a gente no experta en el asunto (G.U. tampoco lo es).

Ignoremos por hoy su etapa centrada en Barcelona, muy conocida (Quatre gats, "Período azul", etc.). Puede que algún día nos dediquemos a ella, pero avui no toca. Hoy empezamos con su asentamiento definitivo en la llamada "ciudad del amor", ya que hasta entonces había estado en ella solo a temporadas. En efecto, Picasso se trasladó a vivir a París en 1904, en el barrio de Montmartre. En aquella época, todo artista que aspiraba a "ser alguien" se acababa instalando allí. 

En esa ciudad frecuentó variados círculos artísticos, los cabarets y también... el circo Medrano, muy cerca de su estudio. Allí se inspiró para algunas de sus obras, dentro del que se ha dado en llamar "Período rosa". Quizá la más popular sea La familia de saltimbanquis (1905), que ustedes conocerán (no vamos a decir nada que no se sepa).

Pablo Picasso, La familia de saltimbanquis (1905), Galería Nacional de Arte (Washington)


Sigamos adelante. Como dijimos el otro día, Cézanne murió en 1906 y ese mismo año se celebró en París una gran exposición retrospectiva suya, que tuvo gran aceptación. No hay como morirse... El hombre pintó muchos retratos durante su vida y, en concreto, el de Madame Cézanne (Hortense Fiquet) lo hizo veintinueve veces. Esta es una de ellas.

El caso es que ningún artista quedó tan impresionado por aquella exposición de Cézanne como Pablo Picasso, aunque éste ya había visto algún cuadro suyo en la casa de Gertrude Stein, una millonaria, intelectual, pionera de la literatura LGTB, mecenas y coleccionista de arte que tuvo una importancia enorme para el desarrollo del arte de vanguardia. Ella vivía en la 27 Rue du Fleurus y allí organizaba tertulias y cenas, a las que solían acudir de gorra muchos otros pintores, como Matisse, Derain, Braque, etc. Picasso pintó el retrato que ven de la propia Gertrude Stein a lo largo de no menos de ¡cincuenta sesiones! Se ve que por aquella época nuestro hombre todavía trabajaba despacio. El resultado se dice que no agradó a su mecenas, Gertrude, pero ella se lo tuvo que tragar, porque veía en Picasso a un tipo con futuro.  

También por entonces empezaron a circular por París, y se pusieron muy de moda, diferentes máscaras elaboradas por tribus de África Occidental, donde Francia tenía muchas posesiones (que expoliaban a saco); a Picasso le encantaban.

Paul Cézanne (1894), Retrato de Madame Cézanne (Chicago Art Institute)
 Máscara de África Occidental, Museo Rietberg, Zurich
 Picasso (1907), Retrato de Gertrude Stein (Museo Metropolitano, Nueva York)
Pues bien, se dice que en el arte de Cézanne y en las máscaras africanas, pero también en los rostros de las vírgenes románicas, ya late lo que llaman el "protocubismo", que Picasso explotará para cambiar el rumbo del arte moderno.


Los dos autorretratos de Picasso que siguen a continuación datan de 1907, un año clave, y están separados por unos pocos meses. La evolución entre uno y otro es muy grande, a pesar de ser dos pinturas prácticamente coetáneas, pero ambos tienen algo del que le había hecho poco antes a Gertrude Stein. La verdad es que Picasso cambiaba el chip con enorme facilidad, evolucionaba rápido y nunca se afilió a una única manera de pintar. Les pasa a muchos artistas.  

Pablo Picasso, Autorretrato con paleta (Philadelfia Museum of Art)  Autorretrato (Galería Nacional, Praga)(1907)

Y lo siguiente que pintó, muy similar y también en 1907, fue Les demoiselles d´Avignon, las de la viñeta de ayer de JM Nieto; un grupo de prostitutas en un burdel. El cuadro causó un gran revuelo, pero no por su temática, ya tratada por los impresionistas y por Toulouse-Lautrec, sino por la distorsión y fragmentación de las figuras y del espacio, que nos lo presenta aplanado, sin perspectiva alguna, ni lineal ni aérea. En esa obra, quizá sin saberlo el mismo Picasso, estaba destrozando las bases del arte moderno y, en cierto modo, inaugurando una nueva época. Acababa de nacer el cubismo. 

Pablo Picasso, Les demoiselles d´Avignon (1907), Museum of Modern Art, Nueva York

Un par de años después, él y su rival (y sin embargo amigo) Georges Braque, un poco hartos de París, marchan de vacaciones a lugares diferentes, uno a Horta d´Ebre y el otro a L´Estaque, cerca de Marsella, donde Cézanne había pintado paisajes muy buenos. A su vuelta, comprueban con sorpresa que han hecho cosas parecidas. El cubismo ya marcha a toda pastilla y una legión de epígonos los seguirán después, como Juan Gris, un pintor que nos encanta.
Picasso, Casas en una colina de Horta d´Ebre (1909), Museum of Modern Art (Nueva York)
Georges Braque (1909), Viaducto de L´Estaque, Centro Georges Pompidou (París)


E. H. Gombrich intenta deducir en su La Historia del Arte lo que quizá pensaba Picasso al pintar un cuadro como el que reproducimos a continuación, que es, dentro de su obra cubista, el que quizá más agrada a este modesto bloguero:

Pablo Picasso, Violín y uvas (1912) Museum of Modern Art (Nueva York)
«Seguiremos el ejemplo de Cézanne y elaboraremos el cuadro con nuestros propios temas, tan sólida y permanentemente como podamos. ¿Por qué no ser consecuentes y aceptar el hecho de que nuestro verdadero fin es construir antes que copiar algo? Si pensamos un objeto, pongamos un violín, éste no aparece ante los ojos de nuestra mente tal como sería visto por nuestros ojos corporales. Podemos pensar, y en efecto lo hacemos así, en sus diferentes aspectos al mismo tiempo. [...[ Y esta mezcolanza de imágenes expresa mejor el "verdadero" violín que lo que cualquier instantánea o cuadro minucioso pueda contener».

La espiral, los agujeros de la caja, las clavijas, la curvatura lateral del violín un poco exagerada, la textura de la madera, el arco y las cuerdas por ahí flotantes... A pesar de este amasijo, el cuadro no parece desordenado, al contrario, se nos antoja sólidamente construido y bien compuesto. Muy bien, mejor dicho; pero la cosa tenía un inconveniente: todo esto solo se puede hacer con cosas que puedan resultar familiares al que mira (o compra) el cuadro. Botellas, instrumentos musicales, partituras, fruteros y frutas, letras, papeles encolados, recortes de diario, casas, incluso hasta personas...

Bueno, no les molestaremos más. Esta es la última obra que les hemos presentado hoy de Picasso. No hay ninguna originalidad de G.U. Todo son obras archiconocidas. Pero para él —bastante lego en la materia— todo lo que vino después ya son idas y vueltas, variaciones de lo mismo que había hecho antes, siempre cambiando, eso sí, porque no soportaba estar mucho tiempo seguido haciendo lo mismo. El hombre habría caminos, pero los agotaba rápido.    


Mucha gente detesta a Picasso en su vertiente cubista, dicen que "esto también lo sé hacer yo", lo hemos escuchado muchas veces; también hay quien lo reverencia por esnobismo. Otros, los más, solo aceptan su faceta "clásica", que es muy buena también, aunque más convencional. En fin, cada uno es libre y le gusta lo que le gusta. Pero su obra ahí queda, y muchos siguieron su ruta después. Un homenaje desde aquí a ese tipo que, en palabras de Gertrude Stein, en la Autobiografía de Alice B. Toklas, parecía en aquellos años «un matador seguido por su cuadrilla; un Napoleón seguido de cuatro fornidos granaderos» (se refería a Derain, Braque y algún otro que —según ella— siempre andaban detrás). 

Esperando a «Les demoiselles d´Avignon»

Sí, ya sé que están ustedes esperando como locos que después de hablar de Cézanne y de su influencia, continuemos con Picasso, el Retrato de Gertrude Stein, Les demoiselles d´Avignon y todo lo que vino después. No en vano hoy, 25 de octubre, se cumple el 140 aniversario de su nacimiento en Málaga. Pero, "tranquis", no se me inquieten, estamos empezando a pensar en ello. Entre tanto, les dejo con esta viñeta de JM Nieto, que alude al mundo de la prostitución y tiene el detalle de redibujar un trozo del cuadro de Picasso, quizá el más trascendente. Queden atentos al al pantalla. 
"Fe de Ratas", viñeta de JM Nieto (24/10/2021)

viernes, 22 de octubre de 2021

Hoy va de bodegones...

EN RECUERDO DE PAUL CÉZANNE

(Aix-en-Provence, 19 de enero de 1839-Ib., 22 de octubre de 1906)


Francisco de Zurbarán, Naturaleza muerta con limones, naranjas y una rosa, 1633
  Museum Norton Simon (Los Ángeles)
Luis Egidio Meléndez, Naturaleza muerta con manzanas, uva, melones, pan, jarra y botella, 1771
 Museu Nacional d´Art de Catalunya, MNAC (Barcelona)
Qué firmeza, qué claroscuros tan potentes destilan los bodegones de Francisco de Zurbarán en el S.XVII y de Luis Egidio Meléndez en el XVIII. Son unas obras maestras, soberbias. A G.U. le encantan, aunque le parece que poco ha variado de un siglo a otro en ciertos aspectos. La pintura evolucionaba despacio.

Pero, ¡amigos!, en el XIX surge la fotografía y, aunque está en sus primeros balbuceos, muchos pintores empiezan a vislumbrar que pronto no bastará ya con retratar la realidad de esa forma tan exacta y precisa. Algo diferente habrá que hacer. Y así, en esos finales del XIX la pintura evoluciona a toda pastilla. Y los impresionistas son los primeros.

Claude Monet, Peras y uvas (1880)
Hamburger Kunstale (Hamburgo)

En efecto, qué diferente de las anteriores parece esta obra de Monet, de finales del XIX. Monet era un fenómeno. G.U. no se cansa de mirar los libros que tiene dedicados a él, ya que sus cuadros más conocidos solo los ha visto "en vivo y en directo" expuestos en cuatro o cinco ocasiones, no mucho más, aunque nunca sea lo mismo... El caso es que el hombre no frecuentó el tema de la naturaleza muerta, lo suyo eran más bien los espacios abiertos, pero sea como fuere, en este ámbito también era un maestro. 

Y qué diferentes entre sí nos parecen los bodegones de Claude Monet y el de Paul Cézanne que les presentaremos a continuación, separados como mucho quizá un par de años (ambos son de 1880, aproximadamente). Hoy, que se cumplen 115 años del fallecimiento de este último, es un momento estupendo para hacerlo. En efecto, qué desmañada puede parecer la naturaleza muerta de Cézanne, si la comparamos con la firmeza del tratamiento de un tema análogo por parte de Zurbarán en el XVII o de Meléndez en el XVIII; o incluso con lo indefinido, evanescente y etéreo de Monet en el XIX. Las pinturas de Monet y Cézanne son casi coetáneas, aunque empieza a haber todo un mundo entre ellas. 

Pero ¡ojo!, Cézanne estaba dando, quizá sin él saberlo, un paso de gigante. Tomemos ahora prestadas palabras de La Historia del Arte, de E.H. Gombrich, un libro que les recomendamos vivamente y del que ya hemos hablado aquí.  

«El frutero está tan torpemente diseñado que ni siquiera su pie queda centrado. La mesa, no solo se inclina de izquierda a derecha sino que también parece como si estuviera desnivelada hacia adelante. Donde maestros anteriores sobresalieron plasmando superficies blandas y suaves, Cézanne nos da un retazo de color que hace que la servilleta parezca estar hecha de hojalata. Poco ha de extrañar, pues, que los cuadros de Cézanne fueran escarnecidos como lamentables mamarrachos. 

Paul Cézanne, Frutero, copa y manzanas (~ 1881)
Colección particular

»Pero no hay que ir lejos a buscar la razón de esta aparente torpeza. Cézanne dejó de dar por admitidos los procedimientos tradicionales de la pintura, decidiendo comenzar como si antes de él no se hubiera pintado cuadro alguno. Los maestros anteriores pintaron su naturaleza muerta para desplegar su extraordinario virtuosismo. Cézanne escogió sus temas para estudiar algunos problemas específicos que deseaba resolver. Sabemos que estuvo fascinado por la relación entre el colorido y el modelado. Un volumen sólido de tan brillante coloración como una manzana constituía un tema ideal para analizar este problema. Sabemos que estuvo interesado en conseguir un diseño equilibrado. Por eso estiró el tazón del frutero hacia la izquierda como para rellenar un vacío. Puesto que deseó estudiar todas las formas colocadas sobre la mesa en sus relaciones entre sí, inclinó sencillamente ésta hacia abajo para hacer que se vieran aquéllas. 

Tal vez este ejemplo demuestre por qué Cézanne se convirtió en el padre del arte moderno, pues, en su tremendo esfuerzo por conseguir un sentido de profundidad sin sacrificar la brillantez de los colores, por lograr una composición ordenada sin sacrificar aquel sentido de profundidad, en todos estos forcejeos y tanteos había algo que sí estaba dispuesto a sacrificar si era necesario: la corrección convencional del trazado. Él no iba a tergiversar la naturaleza; pero no le importaría demasiado que quedase contrariada en algún pequeño detalle, siempre que éste le ayudara a obtener el efecto deseado. [...] 

El invento de la perspectiva lineal de Bruneleschi no le interesó demasiado. Cézanne no se propuso crear una ilusión, lo que quiso fue más bien transmitir el sentido de solidez y de volumen, y advirtió que podía hacerlo sin un dibujo convencional. Apenas se daría cuenta de que este ejemplo de indiferencia hacia el "dibujo correcto" sería el punto de partida de un derrumbamiento en el arte».


Y G.U. añade: el colorido es impresionista, sí, pero las líneas oscuras que enmarcan los objetos, la textura y dirección de la pincelada y otros muchos detalles —los que señala Gombrich— lo distancian de ese movimiento. Para Cézanne, una tela enmarcada era un mundo aparte, con leyes propias, quién sabe si más importantes para él que las leyes naturales.

Quizá pensaba que no podía sacar un objeto de la naturaleza y situarlo en un cuadro así, sin más ni más. Sin cambiarlo de tal manera que encajase a su gusto en él, de modo que nos dé la impresión de que todo está donde debe estar. Cézanne parece decirse que el máximo interés de los objetos (fruteros, jarras, botellas, copas, manzanas, pero también árboles, rocas, montañas, casas, tejados y chimeneas...), sea lo que hace con ellos en el estudio ou au plein air.

En fin. La cosa tuvo consecuencias en el mundo del Arte, casi todos los "expertos" lo aceptan, pero de lo que pasó después hablaremos algún día dentro de un tiempo, o quizá muy pronto, quién sabe...

miércoles, 20 de octubre de 2021

Delibes, Masats, el pueblo y la ciudad

Miguel Delibes hubiera cumplido el 17 de octubre ciento un años y Ramón Masats, el fotógrafo, ha llegado hace muy pocos días a los noventa, aunque es difícil saber cuándo fue exactamente su "cumple"; se ve que no le gusta mucho divulgar la fecha, quizá para evitarse coñazos y entrañables fiestecitas sorpresa.

A ninguno de los dos es necesario que se los presentemos, cada uno en su campo es muy bueno. De Delibes, ni les cuento, y de Masats quizá recuerden su fotografía más conocida: aquella en la que un curita detiene un balón en una estirada que para sí hubiera querido el mismísimo Ramallets. Hablamos de eso algunas veces en este blog (v.g.: Los seminaristas que retrató Masats). "La Fábrica" editó hace unos años las Viejas historias de Castilla la Vieja, del gran Delibes, con fotografías del propio Masats. Seleccionamos la primera de ellas, titulada El pueblo en la cara.

Teníamos el precedente de El pelo de la dehesa, de Bretón de los Herreros, aquella comedia en la que Don Frutos, rico hacendado de Belchite, llega a la Corte de Madrid para casarse con Elisa, la hija de una marquesa; la llegada de tan rústico personaje a ese lugar nos proporcionaba muchas escenas cómicas. Pero en este caso, en la historia del zagal que va a estudiar a la ciudad y los compañeros lo ningunean por ser "de pueblo" y hasta el profesor le espeta "llevas el pueblo escrito en la cara", comicidad hay poca, pero sí buena literatura.

Fotografía de Ramón Masats

«Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?» dijo él. Y yo le dije: «Ni lo sé». Y él me dijo con su servicial docilidad: «Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?». Y yo le dije: «Nada, gracias Aniano». 

Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): «Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?». Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: «¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?» o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: «Ése no; ese es de pueblo». Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: «Allá en mi pueblo»... «El día que regrese a mi pueblo», pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: «Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara». 

Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos ocolorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. 

Fotografía de Ramón Masats

»Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: «Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo». Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos.

Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: «Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao». O bien: «Allá, en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, largas hasta los pies». O bien: «Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón». O bien: «Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasco para reintegrarle a la colmena». 

Fotografía de Ramón Masats

»Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro».

lunes, 18 de octubre de 2021

En recuerdo de Manuel Vázquez Montalbán

Pues sí, tal día como hoy, el 18 de octubre de 2003, fallecía Manuel Vázquez Montalbán en el aeropuerto de Bagkok, mientras esperaba el avión para volver a Barcelona. Le gustaba mucho esa ciudad, a la que acudía a veces y a la que dedicó su excelente novela (para el modesto gusto de G.U.) Los pájaros de Bangkok. Por qué le atraía tanto esa tumultuosa ciudad, un verdadero caos por lo que tenemos entendido, es un misterio que se nos fue con él. ¿Quizá por sus pájaros?

En fin, lo que pasó en ese infausto día de hace dieciocho años, con el hombre más solo que la una en ese macroaeropuerto, fue un suceso que dejó a G.U. sumido en una profunda tristeza, lleno de desolación, porque le caía muy bien, a pasar de no ser una persona especialmente simpática ni expansiva (o quizá por eso). Le gustaban sus novelas, muchas destilaban buen rollo (en especial las de Carvalho), su Crónica sentimental de España y sus artículos, que estaban llenos de lucidez.
Vázquez Montalbán tenía facilidad de pluma, sí, pero era todo un currante, que había trabajado en mil sitios diferentes, muchas veces bajo seudónimo: Hogares Modernos (donde hablaba de arquitectura y decoración, de algo había que vivir), La Codorniz, Hermano Lobo (Manolo V el Empecinado, solía firmar), El País y tropecientas revistas y diarios más.

Su personaje Carvalho era quizá en ciertos aspectos una especie de "alter ego" suyo, sobre todo en lo gastronómico: le gustaba guisar y comérselo él solito para disfrutarlo, por ejemplo, aunque no descartaba hacerlo para agasajar a sus invitados, nunca para fardar. Tampoco le hacía ascos a los restaurantes, desde los más modestos como el Bar Egipto, del que le entusiasmaban sus albóndigas, hasta los de más copete, como Casa Leopoldo, donde era un habitual.

El arroz que empieza a preparar en el texto adjunto —que acabará unas páginas más adelante, cuando lleguen sus clientes— está extraído de su Asesinato en el Comité Central y lo preparamos con doña Perpetua en alguna ocasión, usando ese texto cual libro de cocina, y el resultado fue excelente. Seguramente no agradaría nada a un valencià com cal, porque no era una paella canónica, pero es que en realidad, él en sí mismo no era nada "canónico"...
El caso es que un sujeto así nunca puede ser un mal tipo, créanme. No sabemos si lo de vivir en Vallvidrera y quemar en la chimenea los libros que no ya no le interesaban o no le interesaron nunca era algo propio o del personaje o de ambos, pero en cualquier caso, "se non è vero, è ben trovato". En fin, nuestro recuerdo más entrañable desde estas páginas.