| Un momento de la votación del 9N; a la izquierda, la urna |
| Propaganda del 9N y la papeleta de votación que redactó personalmente Artur Mas |
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Carmen Laffón pintando / Carmen Laffón durante su última exposición en
Cádiz (agosto 2021)
[Fotografías: Francisco Ortiz / Miguel Gómez] |
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| Carmen Laffón / En Santa Adela con mis padres |
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| Carmen Laffón / Bodegón de Triana |
| Carmen Laffón / Bodegón del Rectorado |
| Carmen Laffón / Sevilla desde el río |
| Carmen Laffón / La sal. Salinas de Bonanza, Sanlúcar de Barrameda. Esteros y caños |
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| Carmen Laffón / La Sal, Salinas de Bonanza, Sanlúcar de Barrameda |
| Carmen Laffón / Coto de Doñana |
Por motivos que no vienen al caso, por ser de exiguo interés para sus seguidores, G.U. está guardando unos días de "reposo relativo", siguiendo la recomendación de su traumatólogo. Y uno se pregunta en semejante circunstancia: ¿qué mejor "reposo relativo" en casa que en compañía de buenos libros? Pues va a ser que sí, no hay mejor compañía.
Por la noche está con Los vencejos, de Fernando Aramburu, del que ya hablaremos. Pero el que lee por la tarde, cómodamente sentado y asentado en su butaca, con música de fondo de Bocherini, es Madrid, de Andrés Trapiello, editado por Destino. Un magnífico escritor, aunque bastante vituperado en las redes (por no comulgar con el nacionalismo es tildado de ser de la "derechona", ¡qué cosas!), que está enamorado de esa ciudad, hasta el punto de haberle dedicado un montón de horas a la redacción de este extenso libro. Extenso, bien editado (incluso con cinta marcapáginas, como los misales antiguos), bien escrito y bien ilustrado con buenas fotografías. Una lectura que resulta placentera y acolchada para este modesto bloguero; y es que G.U. ama esa ciudad en todo tiempo y lugar, desde sus primeros contactos serios con ella en 1975, tal vez porque no vive allí.| Andrés Trapiello, Madrid, Editorial Destino, 2021, página 100 |
En fin, dijera lo que dijera Pío Baroja —siempre escéptico y un punto gruñón— si levantara la cabeza y se asomara, por ejemplo, a la plaza Mayor, nos quedaremos por hoy con Trapiello, que dedica a esa plaza un hermoso capítulo, como a tantos otros lugares de Madrid. De ahí procede el breve fragmento que adjuntamos más arriba, el que estábamos leyendo esta tarde. ¡Ah!, de Los vencejos ya hablaremos. Nos gusta Aramburu también, pero es otro registro...
«Ya era hora de que la comunidad psiquiátrica se manifestara con respecto al prusés. Como escribió hace años Ignacio Vidal-Folch, urgen trenes cargados de psiquiatras que lleguen a Cataluña para encontrar una explicación racional al fenómeno de los oprimidos con dos coches, segunda residencia y tres planes de pensiones». Lo decía Ramón de España, al hilo de un artículo de Ignacio Vidal-Folch; todo eso fue ya reproducido en este blog en su momento.
Y los psiquiatras y psicólogos han ido llegando. Pero, ojo, hay que pagar recibos, el alquiler del piso, la luz, los colegios de los zagales, todo eso. La vida está muy dura y muchos de ellos, tontos no son, han comprendido que la mejor manera de comer caliente cada día es volverse procesista. No eres nada hoy en día en esta comunidad autónoma sin el lacito amarillo. Es difícil progresar aquí sin ese pin en la solapa.
Aquí tenemos un ejemplo: "La psicóloga del Born", una psicóloga argentina, "como no podía ser de otra manera", que se autocalifica como "psicóloga Gestalt" (?). Ella es culta, se ha leído el Quijote y le da en la nariz que no parece que esté escrito por un castellano. ¿Será tal vez obra de Miquel Servent? Ya saben, lo hemos comentado aquí muchas veces, ese sujeto al que el Institut de Nova Història adjudica la obra.
Ese "pío pío" en forma de tuit es ya un poco antiguo, data del Sant Jordi del año pasado. Desde entonces ha seguido trabajándose a fondo el condumio en esa red social y, con ocasión de las últimas violaciones grupales, afirma que nunca podrían ser obra de gente que habla en catalán, que en su opinión está hecha de otra pasta. No sabemos a qué esperan para darle una Conselleria o una Direcció General en el organigrama de la Generalitat, si es que no se la han dado ya.
| Tanzio da Varallo, San Carlos Borromeo (1616) Iglesia de San Gervasio y San Protasio, Domodossola (Italia) [Infografía: granuribe50] |
| «La situación en Milán, durante la peste de 1576, era caótica y empeoraba casi por horas. Los lazaretos rebosaban ya de apestados, a los que faltaban no solo los auxilios materiales, sino también los espirituales. Carlos Borromeo, a la sazón arzobispo de aquella ciudad, trató de aliviar tanto el alma como el cuerpo de los afectados, que se dejaban morir en las calles y a los que se abandonaba sin la menor de las consideraciones. La situación se agravaba y Carlos no dudó en tomar medidas: él mismo salió a la calle y trató de consolar a los enfermos y vendió los objetos más preciados que tenía. Dicen incluso que cedió los cortinajes de su palacio para que se pudieran hacer vestidos. Apenas descansaba y dormía escasamente dos horas para poder acudir personalmente a todas partes, visitaba todos los barrios alentando el ánimo de los que desfallecían, administraba él mismo los últimos sacramentos a los sacerdotes que sucumbían en aquella obra de caridad. Fueron tres las procesiones generales que se celebraron mientras la epidemia seguía cobrándose vidas. [...] El propio Borromeo iba a la cabeza de ellas, descalzo y vistiendo una capa granate».
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Tal día como hoy hace 65 años fallecía Pío Baroja (1872-1956). G.U. se ha zampado todos sus libros, no se ha dejado ninguno, piensa. Ni que decir tiene que lo ha hecho porque le encanta su estilo parco, su carencia de florituras. Hay que tener personalidad y estar muy seguro de sí mismo para escribir de esa manera tan escueta. Cómo decirlo: le resulta actual y clásico a la vez. De aburrido, nada, pero ya se sabe que todas esas cosas siempre van a gustos.
«Baroja era anticlerical, era un descreído, si se quiere, un escéptico con la condición sacerdotal y con conceptos como el celibato o la bondad, pero no estaba obsesionado con ello», observaba hace unos años José Bernardo, profesor de Lengua y Literatura de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, contradiciendo un poco esa fama de anticlerical.
Es difícil saberlo. En César o nada (una novela integrada en la trilogía Las ciudades, publicada en 1910), César Moncada, el protagonista, es el típico hombre de acción barojiano. Viaja a Roma con el propósito de beneficiarse de la posible influencia de un pariente cardenal, pero éste pasa de él completamente. Las páginas de la estancia de César en Roma son una delicia, que nos evoca cómo debía de ser aquella ciudad en esos años, sin apenas turistas pero llena de curitas con todo tipo de vestimentas; en ellas, Baroja nos regala unos paseos impagables.
| Roma, Plaza del Capitolio / [granuribe50] |
[...]«La plaza [Venecia], en aquel momento, estaba muy animada: pasaban bandadas de seminaristas con hábitos negros, rojos, azules, violeta y fajas de distintos colores; cruzaban frailes de todas clases, afeitados, con barbas, negros, blancos, pardos; discurrían en grupos curas extranjeros, con unos sombreritos despeinados adornados con una borla; monjas horribles con bigote y lunares negros, y monjitas lindas y blancas, de aire coquetón.
La fauna clerical estaba admirablemente representada. Un fraile capuchino, barbudo y sucio, con aire de bandolero y un paraguas bajo el brazo, a guisa de trabuco o de tercerola, hablaba con una hermana de la Caridad.
-Indudablemente, la religión es cosa muy pintoresca -murmuró César-. Un empresario de espectáculos no tendría imaginación para idear estos disfraces». | Pío Baroja, Las ciudades, César o nada, Alianza Editorial, 1967, pág. 63 |
| Rajoy y Mas en la Moncloa (20/9/2012) / [Imagen tomada de un vídeo de La Vanguardia] |
Como saben, la matraca siguió años y años, hasta que —el 27 de octubre de 2017— Puigdemont proclamó el nacimiento de la "República catalana", cuya vida duró unos exiguos ocho segundos. Una jornada para la Historia, con mayúsculas. Esto sucedió, si la memoria no nos es infiel, un viernes y convocó a sus consellers para que el lunes 30-O, mañana hará cuatro años, se pusieran manos a la obra a construir la mencionada República recién nacida.
| Un ufano Rull trabaja ya en su despacho (30 de octubre de 2017) [Fotografía: @joseprull] |
| Puigdemont, instalado ya en el maletero de un vehículo Skoda azul, se dispone a cerrarlo (29 de octubre de 2017) [granuribe50, entre otros] |
| Cuixart habla ante los micrófonos, en presencia de un complacido Puigdemont y otros (29 de octubre de 2021) Palacete de Waterloo ,"Casa de la República" / [@omnium / granuribe50] |
Hablábamos ayer de Picasso. Él nunca fue un pintor abstracto, aunque mucha gente así lo crea. Siempre se atuvo al objeto, pero debidamente transformado a su manera. El caso es que no sabemos si se han enterado de que hoy precisamente es el Día del Orgullo Abstracto (siempre es el "Día de algo") y las redes lo celebran con muchas fotos. El asunto surgió a raíz de que se descubriera hace poco que la artista sueca Hilma af Klint había pintado cuadros abstractos antes de que lo hiciera quien siempre pensamos que era el pionero, Wassily Kandinsky.
G.U no es, en general, un entusiasta de esa faceta de la pintura y escultura, pero hay obras y obras y también depende mucho del lugar donde las veas. Por ejemplo, las del Museo de Arte Abstracto de Cuenca le encantan, quizá influido porque el museo en sí y también el maravilloso lugar donde está enclavado (las Casas Colgadas sobre la Hoz del Huécar) ya Vaut le voyage, como dirían los inspectores de la guía Michelín, adjuntando las tres *** correspondientes.
| Cuenca, Museo de Arte Abstracto y Hoz del Huécar [granuribe50, 16 de julio de 1998] |
| Cuenca, Museo de Arte Abstracto y Hoz del Huécar [granuribe50 / 16 de julio de 1998] |
Hoy, aprovechando que se cumplen ciento cuarenta años de su nacimiento, hablaremos un poco de Pablo Picasso (1881-1973). En plan sencillito, porque no diremos nada nuevo, dirigido a gente no experta en el asunto (G.U. tampoco lo es).
Ignoremos por hoy su etapa centrada en Barcelona, muy conocida (Quatre gats, "Período azul", etc.). Puede que algún día nos dediquemos a ella, pero avui no toca. Hoy empezamos con su asentamiento definitivo en la llamada "ciudad del amor", ya que hasta entonces había estado en ella solo a temporadas. En efecto, Picasso se trasladó a vivir a París en 1904, en el barrio de Montmartre. En aquella época, todo artista que aspiraba a "ser alguien" se acababa instalando allí.
En esa ciudad frecuentó variados círculos artísticos, los cabarets y también... el circo Medrano, muy cerca de su estudio. Allí se inspiró para algunas de sus obras, dentro del que se ha dado en llamar "Período rosa". Quizá la más popular sea La familia de saltimbanquis (1905), que ustedes conocerán (no vamos a decir nada que no se sepa).
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| Pablo Picasso, La familia de saltimbanquis (1905), Galería Nacional de Arte (Washington) |
El caso es que ningún artista quedó tan impresionado por aquella exposición de Cézanne como Pablo Picasso, aunque éste ya había visto algún cuadro suyo en la casa de Gertrude Stein, una millonaria, intelectual, pionera de la literatura LGTB, mecenas y coleccionista de arte que tuvo una importancia enorme para el desarrollo del arte de vanguardia. Ella vivía en la 27 Rue du Fleurus y allí organizaba tertulias y cenas, a las que solían acudir de gorra muchos otros pintores, como Matisse, Derain, Braque, etc. Picasso pintó el retrato que ven de la propia Gertrude Stein a lo largo de no menos de ¡cincuenta sesiones! Se ve que por aquella época nuestro hombre todavía trabajaba despacio. El resultado se dice que no agradó a su mecenas, Gertrude, pero ella se lo tuvo que tragar, porque veía en Picasso a un tipo con futuro.
También por entonces empezaron a circular por París, y se pusieron muy de moda, diferentes máscaras elaboradas por tribus de África Occidental, donde Francia tenía muchas posesiones (que expoliaban a saco); a Picasso le encantaban.
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Paul Cézanne (1894), Retrato de Madame Cézanne (Chicago Art
Institute) Máscara de África Occidental, Museo Rietberg, Zurich Picasso (1907), Retrato de Gertrude Stein (Museo Metropolitano, Nueva York) |
Los dos autorretratos de Picasso que siguen a continuación datan de 1907, un año clave, y están separados por unos pocos meses. La evolución entre uno y otro es muy grande, a pesar de ser dos pinturas prácticamente coetáneas, pero ambos tienen algo del que le había hecho poco antes a Gertrude Stein. La verdad es que Picasso cambiaba el chip con enorme facilidad, evolucionaba rápido y nunca se afilió a una única manera de pintar. Les pasa a muchos artistas.
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| Pablo Picasso, Autorretrato con paleta (Philadelfia Museum of Art) y Autorretrato (Galería Nacional, Praga) / (1907) |
Y lo siguiente que pintó, muy similar y también en 1907, fue Les demoiselles d´Avignon, las de la viñeta de ayer de JM Nieto; un grupo de prostitutas en un burdel. El cuadro causó un gran revuelo, pero no por su temática, ya tratada por los impresionistas y por Toulouse-Lautrec, sino por la distorsión y fragmentación de las figuras y del espacio, que nos lo presenta aplanado, sin perspectiva alguna, ni lineal ni aérea. En esa obra, quizá sin saberlo el mismo Picasso, estaba destrozando las bases del arte moderno y, en cierto modo, inaugurando una nueva época. Acababa de nacer el cubismo.
| Pablo Picasso, Les demoiselles d´Avignon (1907), Museum of Modern Art, Nueva York |
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Picasso, Casas en una colina de Horta d´Ebre (1909), Museum of
Modern Art (Nueva York) Georges Braque (1909), Viaducto de L´Estaque, Centro Georges Pompidou (París) |
| «Seguiremos el ejemplo de Cézanne y elaboraremos el cuadro con nuestros propios temas, tan sólida y permanentemente como podamos. ¿Por qué no ser consecuentes y aceptar el hecho de que nuestro verdadero fin es construir antes que copiar algo? Si pensamos un objeto, pongamos un violín, éste no aparece ante los ojos de nuestra mente tal como sería visto por nuestros ojos corporales. Podemos pensar, y en efecto lo hacemos así, en sus diferentes aspectos al mismo tiempo. [...[ Y esta mezcolanza de imágenes expresa mejor el "verdadero" violín que lo que cualquier instantánea o cuadro minucioso pueda contener». |
| "Fe de Ratas", viñeta de JM Nieto (24/10/2021) |
| Francisco de Zurbarán, Naturaleza muerta con limones, naranjas y una rosa, 1633 Museum Norton Simon (Los Ángeles) |
| Luis Egidio Meléndez, Naturaleza muerta con manzanas, uva, melones, pan, jarra y botella, 1771 Museu Nacional d´Art de Catalunya, MNAC (Barcelona) |
Pero, ¡amigos!, en el XIX surge la fotografía y, aunque está en sus primeros balbuceos, muchos pintores empiezan a vislumbrar que pronto no bastará ya con retratar la realidad de esa forma tan exacta y precisa. Algo diferente habrá que hacer. Y así, en esos finales del XIX la pintura evoluciona a toda pastilla. Y los impresionistas son los primeros.
| Claude Monet, Peras y uvas (1880) Hamburger Kunstale (Hamburgo) |
En efecto, qué diferente de las anteriores parece esta obra de Monet, de finales del XIX. Monet era un fenómeno. G.U. no se cansa de mirar los libros que tiene dedicados a él, ya que sus cuadros más conocidos solo los ha visto "en vivo y en directo" expuestos en cuatro o cinco ocasiones, no mucho más, aunque nunca sea lo mismo... El caso es que el hombre no frecuentó el tema de la naturaleza muerta, lo suyo eran más bien los espacios abiertos, pero sea como fuere, en este ámbito también era un maestro.
Y qué diferentes entre sí nos parecen los bodegones de Claude Monet y el de Paul Cézanne que les presentaremos a continuación, separados como mucho quizá un par de años (ambos son de 1880, aproximadamente). Hoy, que se cumplen 115 años del fallecimiento de este último, es un momento estupendo para hacerlo. En efecto, qué desmañada puede parecer la naturaleza muerta de Cézanne, si la comparamos con la firmeza del tratamiento de un tema análogo por parte de Zurbarán en el XVII o de Meléndez en el XVIII; o incluso con lo indefinido, evanescente y etéreo de Monet en el XIX. Las pinturas de Monet y Cézanne son casi coetáneas, aunque empieza a haber todo un mundo entre ellas.
Pero ¡ojo!, Cézanne estaba dando, quizá sin él saberlo, un paso de gigante. Tomemos ahora prestadas palabras de La Historia del Arte, de E.H. Gombrich, un libro que les recomendamos vivamente y del que ya hemos hablado aquí.
«El frutero está tan torpemente diseñado que ni siquiera su pie queda centrado. La mesa, no solo se inclina de izquierda a derecha sino que también parece como si estuviera desnivelada hacia adelante. Donde maestros anteriores sobresalieron plasmando superficies blandas y suaves, Cézanne nos da un retazo de color que hace que la servilleta parezca estar hecha de hojalata. Poco ha de extrañar, pues, que los cuadros de Cézanne fueran escarnecidos como lamentables mamarrachos.
»Pero no hay que ir lejos a buscar la razón de esta aparente torpeza. Cézanne dejó de dar por admitidos los procedimientos tradicionales de la pintura, decidiendo comenzar como si antes de él no se hubiera pintado cuadro alguno. Los maestros anteriores pintaron su naturaleza muerta para desplegar su extraordinario virtuosismo. Cézanne escogió sus temas para estudiar algunos problemas específicos que deseaba resolver. Sabemos que estuvo fascinado por la relación entre el colorido y el modelado. Un volumen sólido de tan brillante coloración como una manzana constituía un tema ideal para analizar este problema. Sabemos que estuvo interesado en conseguir un diseño equilibrado. Por eso estiró el tazón del frutero hacia la izquierda como para rellenar un vacío. Puesto que deseó estudiar todas las formas colocadas sobre la mesa en sus relaciones entre sí, inclinó sencillamente ésta hacia abajo para hacer que se vieran aquéllas. Tal vez este ejemplo demuestre por qué Cézanne se convirtió en el padre del arte moderno, pues, en su tremendo esfuerzo por conseguir un sentido de profundidad sin sacrificar la brillantez de los colores, por lograr una composición ordenada sin sacrificar aquel sentido de profundidad, en todos estos forcejeos y tanteos había algo que sí estaba dispuesto a sacrificar si era necesario: la corrección convencional del trazado. Él no iba a tergiversar la naturaleza; pero no le importaría demasiado que quedase contrariada en algún pequeño detalle, siempre que éste le ayudara a obtener el efecto deseado. [...] El invento de la perspectiva lineal de Bruneleschi no le interesó demasiado. Cézanne no se propuso crear una ilusión, lo que quiso fue más bien transmitir el sentido de solidez y de volumen, y advirtió que podía hacerlo sin un dibujo convencional. Apenas se daría cuenta de que este ejemplo de indiferencia hacia el "dibujo correcto" sería el punto de partida de un derrumbamiento en el arte». |
Miguel Delibes hubiera cumplido el 17 de octubre ciento un años y Ramón Masats, el fotógrafo, ha llegado hace muy pocos días a los noventa, aunque es difícil saber cuándo fue exactamente su "cumple"; se ve que no le gusta mucho divulgar la fecha, quizá para evitarse coñazos y entrañables fiestecitas sorpresa.
A ninguno de los dos es necesario que se los presentemos, cada uno en su campo es muy bueno. De Delibes, ni les cuento, y de Masats quizá recuerden su fotografía más conocida: aquella en la que un curita detiene un balón en una estirada que para sí hubiera querido el mismísimo Ramallets. Hablamos de eso algunas veces en este blog (v.g.: Los seminaristas que retrató Masats). "La Fábrica" editó hace unos años las Viejas historias de Castilla la Vieja, del gran Delibes, con fotografías del propio Masats. Seleccionamos la primera de ellas, titulada El pueblo en la cara.
Teníamos el precedente de El pelo de la dehesa, de Bretón de los Herreros, aquella comedia en la que Don Frutos, rico hacendado de Belchite, llega a la Corte de Madrid para casarse con Elisa, la hija de una marquesa; la llegada de tan rústico personaje a ese lugar nos proporcionaba muchas escenas cómicas. Pero en este caso, en la historia del zagal que va a estudiar a la ciudad y los compañeros lo ningunean por ser "de pueblo" y hasta el profesor le espeta "llevas el pueblo escrito en la cara", comicidad hay poca, pero sí buena literatura.
«Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: «¿Dónde va el Estudiante?». Y yo le dije: «¡Qué sé yo! Lejos». «¿Por tiempo?» dijo él. Y yo le dije: «Ni lo sé». Y él me dijo con su servicial docilidad: «Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?». Y yo le dije: «Nada, gracias Aniano». Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): «Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?». Y también me mortificaba que los externos se dieran de codo y cuchichearan entre sí: «¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?» o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: «Ése no; ese es de pueblo». Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: «Allá en mi pueblo»... «El día que regrese a mi pueblo», pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: «Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara». Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos ocolorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de un pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte.
»Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: «Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo». Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos.
»Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro». |