sábado, 30 de octubre de 2021

Recordando a Pío Baroja

Tal día como hoy hace 65 años fallecía Pío Baroja (1872-1956). G.U. se ha zampado todos sus libros, no se ha dejado ninguno, piensa. Ni que decir tiene que lo ha hecho porque le encanta su estilo parco, su carencia de florituras. Hay que tener personalidad y estar muy seguro de sí mismo para escribir de esa manera tan escueta. Cómo decirlo: le resulta actual y clásico a la vez. De aburrido, nada, pero ya se sabe que todas esas cosas siempre van a gustos. 

«Baroja era anticlerical, era un descreído, si se quiere, un escéptico con la condición sacerdotal y con conceptos como el celibato o la bondad, pero no estaba obsesionado con ello», observaba hace unos años José Bernardo, profesor de Lengua y Literatura de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, contradiciendo un poco esa fama de anticlerical. 

Es difícil saberlo. En César o nada (una novela integrada en la trilogía Las ciudades, publicada en 1910), César Moncada, el protagonista, es el típico hombre de acción barojiano. Viaja a Roma con el propósito de beneficiarse de la posible influencia de un pariente cardenal, pero éste pasa de él completamente. Las páginas de la estancia de César en Roma son una delicia, que nos evoca cómo debía de ser aquella ciudad en esos años, sin apenas turistas pero llena de curitas con todo tipo de vestimentas; en ellas, Baroja nos regala unos paseos impagables.

Roma, Plaza  del Capitolio / [granuribe50]
Pío Baroja, fotografiado por Prieto[...]«La plaza [Venecia], en aquel momento, estaba muy animada: pasaban bandadas de seminaristas con hábitos negros, rojos, azules, violeta y fajas de distintos colores; cruzaban frailes de todas clases, afeitados, con barbas, negros, blancos, pardos; discurrían en grupos curas extranjeros, con unos sombreritos despeinados adornados con una borla; monjas horribles con bigote y lunares negros, y monjitas lindas y blancas, de aire coquetón. La fauna clerical estaba admirablemente representada. Un fraile capuchino, barbudo y sucio, con aire de bandolero y un paraguas bajo el brazo, a guisa de trabuco o de tercerola, hablaba con una hermana de la Caridad. -Indudablemente, la religión es cosa muy pintoresca -murmuró César-. Un empresario de espectáculos no tendría imaginación para idear estos disfraces». 

Y para acabar, otro ejemplo extraído también de la misma novela; su protagonista, César, se dirige al abate Preziosi:
Pío Baroja, Las ciudades, César o nada, Alianza Editorial, 1967, pág. 63


Como no queremos mezclar, de Miguel Hernández (nacido el 30 de octubre de 1910) hablaremos en otra entrada.

4 comentarios:

  1. Admirador rendido de Pío Baroja, diga lo que diga Eduardo Gil Bera.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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    1. Confieso que no sabía quién era Eduardo Gil Vera. Me he metido en Googl para informarme y, a bote pronto, he encontrado esto.
      https://rebelion.org/baroja-o-el-miedo/
      Leyendo este artículo, creo que no leeré la "biografía no autorizada" que lleva por título "Baroja o el miedo" (Península, 2001), escrita por ese señor. Me basto y me sobro, creo.
      Un abrazo, Francesc.

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  2. Baroja, en mi opinion es un narrador, describe muy bien las situaciones sin "florituras", me gusta una descripcion del carlista "tipo": "El carlista es un animal de cresta colorada que habita el monte y de vez en cuando baja al llano al grito de ¡rediós! atacando al hombre".

    "El carlista tenía la candidez de creer que la vida española era superior a todas las demás, y suponía que el español era más inteligente, más comprensivo y más enérgico que los demás hombres. Yo no tenía por ellos la menor simpatía. Entre los carlistas los había de todas clases: fanáticos, moderados, absolutistas, de un clericalismo cerril, y verdaderos liberales. Aquel viejo mundo español decrépito, cuya esencia representaba el carlismo, con sus generales inútiles, sus frailes y curas fanáticos y sus guerrilleros atrevidos y crueles, había hecho su nido en la tranquila Bayona."

    Sus palabras hablan por él, afortunadamente.

    Un saludo.

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