lunes, 9 de diciembre de 2019

Antonio López y sus vistas de Madrid

Al hilo de la entrada de ayer sobre el libro de Óscar Tusquets, vamos a hablar de Antonio López, que bien lo merece.

Antonio López, Madrid desde Torres Blancas (1976-1982)
[Colección privada: adquirido por 1,74 millones de euros en Christie´s, en 2008]
Óscar Tusquets se pregunta cómo es posible que los "expertos" sigan perdiendo el tiempo haciendo cábalas acerca del día del año que representa Antonio López en su vista de Madrid desde las "Torres Blancas", el edificio del arquitecto Sáenz de Oíza. La hora no la ponen en duda —21:40—, pues figura en el reloj digital de la izquierda de la pintura; no iba a dejar el recuadro vacío, claro. Muchos de ellos defienden que se trata de una tarde de verano o de puente, sobre todo porque no hay coches en la avenida de América, algo muy anómalo en esa vía, que es la entrada a Madrid desde Barcelona. Y suelen afinar todavía más, afirmando que a esa hora la luz del cuadro solo puede ser de una tarde de junio.

¡Almas benditas! ¡No os quebrantéis tanto la sesera, "expertos"! A este respecto, afirma el susodicho Tusquets en el capítulo Pintar bien lo imaginado: «Antonio López nunca intenta representar un instante; intenta representar la eternidad. Nunca representa cosas en movimiento, la velocidad no le interesa, es un antifuturista. No pinta coches circulando, ni siquiera aparcados, ya que mañana serán otros y él sabe que el cuadro no le va a llevar meses, sino años. En sus cuadros nunca aparecen nubes pasajeras, [...] sino brumas estáticas, momentos eternos. Cielos de Madrid».



Y acerca de su famoso cuadro de la Gran Vía, que reproducíamos ayer, hay que decir que Antonio López volvió alguna vez al "lugar del crimen", visita que dejó retratada en una ocasión el fotógrafo Claudio Álvarez. Ahí se ve al pobre Antonio, con aire desvalido —no está en su ambiente—, rodeado de un marasmo de coches que circulan a toda pastilla.
Añadir leyendaAntonio López, Gran Vía (1974-1981)
Antonio López posa en medio de la Gran Vía / (Claudio Álvarez)
Nos explicaba muy bien una de esas visitas Antonio Muñoz Molina en su artículo La decisión de la verdad, en 1992.

«En una foto reciente Antonio López García aparece vestido de explorador o de buhonero en la confluencia de la Gran Vía y la calle de Alcalá, justo en el mismo lugar donde durante varios años se apostó con las primeras luces del día para pintar el amanecer desierto de Madrid. Con el pelo canoso y despeinado, con una gabardina que le viene un poco grande, con unas botas rurales y el cinto de una especie de morral cruzándole el pecho, Antonio López García emerge sobre el asfalto de Madrid como un peregrino saludable y arcaico que ha venido a pie desde su provincia para ver con sus propios ojos el alba misteriosa de la capital, y se le nota enseguida que no dejará de ser forastero y que ya nunca se marchará de allí. Antonio López García tiene algo de viajero asombrado, de hombre del campo transterrado a Madrid, de campesino y de artesano absorto que puede pasarse horas y días sumergido en su labor, tan atento a ella que no escucha ruidos ni voces, tan ensimismado en las perfecciones materiales de las cosas que al final no sabe si ha pasado breves horas o años enteros contemplándolas, queriendo tan detalladamente repetirlas que se le escaparán sin remedio en el sigilo de sus mutaciones inmóviles».[...]

7 comentarios:

  1. Las pinturas hiperrealistas me fascinan. Hay una pintora (Isabel Guerra), que es monja de clausura, que es igual de buena que el Sr López.
    Búscala en el Google...verás ¡
    salut

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    1. Gracias, no tenía noticia de la existencia de la monja pintora. Unas escenas velazqueñas y con técnica de craroscuro espléndidas. Muy buenos también sus bodegones.

      [img]http://image.basekit.com/live268856_6h2b0070copia.jpg [/img]

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  2. Coincido totalmente con Tusquets. Antonio López nunca pinta el movimiento.
    Magnífico Antonio López.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. Lo señala también Tusquets. Su obsesivo empeño por representar fielmente el pequeño y cambiante membrillero, que filmó Víctor Erice, era una misión imposible, y Antonio López acabó rindiéndose, por lo que no es raro que la película "El sol del membrillo" acabe con un fracaso.

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  3. Estupenda la Gran Vía. Regular la Avenida de América.

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    1. Me refiero a las calles, no a los cuadros. Los dos son buenísimos.

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  4. Q delicia de entrada, GU.

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