Manuel Vicent es un buen columnista, de prosa limpia y de tendencia
tirando a "zurda". Domina las distancias cortas; en sus novelas (las hemos
leído todas) es quizá algo más flojo, a nuestro entender, aunque no somos expertos (en esto ni en nada).
Hemos presentado en este blog algunas muestras de su talento. Siempre
recordamos aquella larga crónica de EL PAÍS SEMANAL titulada No pongas tus sucias manos sobre Mozart, magnífica, que publicamos aquí. Tan es así que acabó dando titulo a un
libro recopilatorio de sus crónicas de entonces (años ochenta). La primera
edición tenía portada de OPS (después, "El Roto") y prólogo de Juan Benet, que aún vivía; ahí es nada.

G.U. piensa que todavía hubiera sido mejor si no hubiera escrito sus columnas
siempre al amparo de EL PAÍS, un diario en el que siempre hay que mostrarse un poco "progre", en línea con "los de la ceja"; o sea, actuamente el gobierno de España. Si no, mal asunto. Quizá por eso, en los últimos años, Vicent ha sido un "martillo de herejes" contra
los que habitan (habitamos) al otro lado del muro levantado ladrillo a
ladrillo por nuestro actual presidente. Por ello, acabamos de leer esta tarde algo que
nos ha sorprendido un poco, en su columna La España del silencio: que "perdone la vida" a las clases (se refiere a las un
poco formadas) que habitan (habitamos) al otro lado de esa muralla. Viene a
decir algo que, aunque sea de lo más normal, nos da la impresión de que parece que se ha quedado en el olvido.
«Pese a todo, este país está lleno de tipos elegantes, educados, honestos, de
buena familia, probablemente de derechas, como también podrían ser de
izquierdas, que no gritan ni insultan al adversario cuando hablan de política, sino que expresan su opinión con humor e ironía en la sobremesa con la misma
naturalidad con que manejan el cubierto del pescado, entienden de quesos y de
vinos, y antes y después de beber se pasan levemente la servilleta por los
labios, aunque saben que son algunas palabras las que más ensucian la boca.
Podrían ser de izquierdas como de derechas porque han ido a los mismos
colegios de jesuitas, de marianistas o escolapios y comparten la orla de fin
de curso, y en ella sus rostros juveniles mostraban una misma ilusión ante el
futuro. Unos y otros fueron a la Universidad y algunos ampliaron estudios en
el extranjero; luego volvieron a España y ocuparon puestos relevantes en las
cátedras, en las finanzas, en la medicina, en la industria, en las ciencias y
en las artes, repartidos por toda la geografía de la patria.
 | | [Pablo Monge / granuribe50] | No los verás
sentados en cualquier bancada del Congreso de los Diputados, ni aparecerán
emitiendo opiniones en las tertulias ni escribiendo en los periódicos, pero
son muchos, están ahí, son los que llevan en silencio en su espalda el peso de
este país. A veces sale del anonimato un científico desconocido de un
laboratorio de provincias que ha descubierto una rara bacteria, o un cirujano
que ha realizado una operación quirúrgica casi milagrosa; en este caso, su
nombre permanecerá un día en el aire y enseguida se sumergirá en la España del
silencio. Podrían ser de izquierdas o de derechas como tanta gente
inteligente, laboriosa, sensible, muy dotada en su oficio, cuya sabiduría se
deriva de su experiencia, gente que navega la mar, siembra el trigo, lleva los
productos al mercado, paga los impuestos, y en su momento, ante cualquier
adversidad, cumple con su deber y siempre da la cara. Si no los conoces es
porque pertenecen a la sólida España que calla».
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