El señor Enric Sierra, vicedirector de La Vanguardia, ha escrito un artículo que compartimos al cien por cien, y por eso lo reproducimos también al 100%, sin corte alguno, por si ustedes no pueden acceder a él en el digital. Se titula
El problema oculto de la inseguridad en las calles y complementa un poco lo que comentábamos en nuestra entrada del 11 de febrero de 2026 (
Barcelona y su deterioro).
«Cuando la mitad de la gente dice que se siente insegura al caminar por
la calle. Cuando afirman que salen de casa con miedo a que un patinete, una
bici eléctrica o un rider les arrolle nada más asomar por el portal. Cuando
aseguran que ir a tirar la basura al contenedor, bajar de un bus o buscar un
taxi en una parada son operaciones con un alto riesgo de ser atropellado
debido al carril bici que hay al lado. Cuando cruzar un paso de peatones o
pasear por las zonas “pacificadas” como las supermanzanas o zonas 10, 20 o 30
km/h es angustioso por el habitual zigzagueo entre los peatones que hacen las
bicis y patinetes.  | | [El Periódico / granuribe5o] | Cuando los semáforos rojos no detienen a los llamados
vehículos de movilidad personal porque se los saltan impunemente. Cuando estos
y otros casos de inseguridad que sufre el peatón de Barcelona aumentan y
afectan sobre todo a mujeres y a mayores, la ciudad tiene un problema gordo
que no puede ignorar y que requiere de un plan para responder a una oculta
realidad que destapa el último estudio del RACC porque los ciudadanos que van
a pie representan a la mayoría de la movilidad de la ciudad.
La solución no solo pasa por crear normativas que se incumplen por falta de
vigilancia y de sanción. Se trata de abordar una revisión profunda que apela
directamente al diseño del espacio público pensando en todos los usuarios,
empezando por los peatones que son los más numerosos y vulnerables. En cambio,
se ha priorizado a una ínfima minoría que viaja en patinete, en bici eléctrica
o repartiendo paquetes sobre dos ruedas.
 | | [granuribe50 (17/2/2026)] |
Y todo ello se ha hecho obviando a los técnicos en movilidad y seguridad
viaria cuando indican que las señales de tráfico o las que ordenan el espacio
público deben ser claras para evitar la confusión que causa el vigente diseño
urbano de Barcelona. El principal error que se ha cometido es pensar que en
todas las calles cabe de todo: el bus, los contenedores, los carriles bici,
los coches, los peatones, las terrazas de los bares, la indisciplina en la
doble fila de carga y descarga, árboles, jardines, las motos aparcadas... El
tamaño de muchas calles no da para todo eso.
Por otro lado, las zonas pacificadas, como su nombre indica, deben estar
diseñadas para el paseo tranquilo de los peatones y no como ahora que se ha
convertido en una especie de circo romano donde lanzamos a los sufridos
viandantes a los leones. El actual modelo parte de una buena idea, pero su
aplicación tiene muchos defectos y, lo que es peor, provoca el efecto
indeseado del estrés y la dificultad y miedo a caminar. Especial comentario
merece el peligroso diseño de los pasos de peatones, de las zonas 10, 20 o 30
km/h, llamadas plataformas únicas, donde se mezcla todo y donde el peatón es
el más perjudicado. Los carriles bici sobre la acera, los de doble dirección o
los semáforos en ámbar para estos vehículos de dos ruedas son un peligro y
parece mentira que la autoridad competente se empecine en no corregir esta
anomalía.
Tampoco ayuda la impunidad que disfruta la mencionada minoría de la cadena de
la movilidad. Esta inimputabilidad cuenta con avales políticos de relevancia y
se traduce en una laxitud en la vigilancia policial. Dicho de otra manera,
saben que no les pasará nada porque están de moda y es feo sancionarlos, como
sí sucede con el resto de modalidades motorizadas que circulan y a quienes se
les aplica la tolerancia cero.
En definitiva, la gran mayoría de ciudadanos (y de votantes) tiene un problema
que la administración puede resolver, pero antes debe pasar una cosa poco
común en política que es admitir un error y corregirlo. Esto es lo más
difícil».
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