Sabemos que la entrada última pudo dejar mal sabor de boca a más de uno,
con los diseños de un sujeto que fingía ser arquitecto sin serlo, lo que le
permitió un trato de favor en la checa de Vallmajor. Dado que, en plan pelotilla, se quejó de que
las celdas eran demasiado benignas para con el preso, se mostró dispuesto a
diseñar otras de menos "confort", dada su esgrimida condición de arquitecto.
Lo
hizo; el resultado es el que vieron ustedes, y eso le valió poder pasear "como
Pedro por su casa" y codearse con los regidores de aquel lúgubre lugar. Los
presos estaban atónitos, porque él empezó como ellos, preso, pero se supo
buscar la vida con éxito allí (momentáneo; acabó en el Campo de la Bota).
[Salvando todas las distancias posibles, G.U. tuvo en la mili compañeros así ("enteraos", en el argot)].
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| [Lámina elaborada por Paolo Villa] |
Bien. Vamos a enmendarlo. La arquitectura que nosotros estimamos, y mucho, no es la que
esgrimió ese sujeto, va por otros conductos. Somos gente clásica; en eso estamos en el mismo equipo que F.C. Pensamos que desde todo punto de vista, después del dórico... "ápaga y
vámonos".
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| Capitel del orden corintio / [Imagen: unav.es] |
Pero, ¡amigos!, se metieron por medio problemas escultóricos, que si volutas,
que si hojas de acanto, y se llegó al orden corintio. Ojo, nos gustan mucho
los capiteles corintios, quizá desde que dibujamos y pintamos a la acuarela unos cuantos durante el primer curso de carrera.
Spoiler: nos quedaron bien.
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| Porche de una vivienda unifamiliar en las proximidades de Londres / [Arquitecto: Anónimo] |
No todo el mundo sabe lo que son los órdenes clásicos ni, por supuesto, tiene puñetera idea de qué es una columna corintia; o se cisca en ella y le hace un
guiño al espectador haciéndose el graciosillo. Caso de ser así, que sepa el autor de tal apostasía que a G.U. no le gustan esas gracietas. Pocas bromas.
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Vivienda unifamiliar en las proximidades de Londres [Arquitecto: Anónimo]
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En este chaletito de "quiero y no puedo" hay de todo. Vean. Unas
columnas descentradas en un pórtico saliente dentro de un entrante (cosa que
habría vuelto locos a Ictino y a Calícrates —Partenón—, pero no a quien ha tenido la audacia de perpetrar tal alarde); un porche absurdo con una cubierta a varias aguas que desafía a la Geometría Descriptiva, un estorbo de pasos y vistas. Un engendro delirante. Y ya de máxima guasa, las columnas cabeza abajo. En fin, ese sujeto sabrá en qué se gasta los cuartos...
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