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viernes, 27 de enero de 2023

Amalia Avia, la exposición que ya se fue...

Viaje a Madrid, organizado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza (Toledo)
Vean ese económico viaje a la exposición de la pintora Amalia Avia (1930-2011), titulada «"El Japón en Los Ángeles"; los archivos de Amalia Avia». Lo organizó el mes pasado el Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), el lugar donde nació y pasó parte de su infancia y adolescencia, al que seguiría regresando durante toda su vida. G.U. no ha podido hacer algo así desde Barcelona, por circunstancias que no vienen al caso ahora, y bien mal que le sabe.
Amalia Avia, El Japón en Los Ángeles (1995)
[Óleo sobre tabla, 106x116 cm. Colección familia Muñoz Avia]
Se trata de una pintora que encanta a este bloguero. Estaba encuadrada dentro del  grupo de los "Realistas de Madrid" (Antonio López, Isabel Quintanilla, María Moreno, Esperanza Parada, ella misma y otros), pero era una etiqueta que la propia Amalia rechazaba, quizá porque a veces rondaba un poco el abstracto y casi todo lo pintaba en su estudio. Pues sí, mal le sabe a G.U. no haber podido ver esa exposición de Amalia Avia "en vivo": se clausuró hace diez días. 

De ella escribió Cela: «Amalia es la pintora de las ausencias, la amarga cronista del por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor», y no le faltaba razón. Amalia bromeaba muchas veces sobre su pasión por pintar las puertas cerradas para siempre o los escaparates desvencijados, con la frase: «Donde pongo el pincel pongo la pica". Lo explica en sus maravillosas memorias (De puertas adentro) y lo corrobora su hijo Rodrigo Muñoz Avia en su libro La casa de los pintores, también muy bueno (es hijo de Amalia Avia y del pintor abstracto Lucio Muñoz).

Aunque G.U. no suela ser partidario de recomendar nunca nada en cuestión de libros, por esta vez (y sin que sirva de precedente) lo va a hacer. En el caso de las memorias de la madre, porque es el libro que le hubiera escribir a uno sobre su propia vida y, en el caso del hijo, porque es la visión que le gustaría saber escribir acerca de cómo vio a sus padres. Todo ello expresado de manera muy sencilla, bien escrito, aunque sin afanes presuntamente "literarios". Pero no nos adelantemos, paciencia, de esos dos libros hablaremos en breve, porque nos están interesando mucho ahora.
La sala Alcalá 31 (Madrid), durante la exposición «"El Japón en Los Ángeles"; los archivos de Amalia Avia».
Como ven, la exposición, celebrada en Madrid (en la sala Alcalá 31), tenía muy buena pinta.

Imagen de la sala Alcalá 31 tras la exposición / El catálogo.
Pero todo llega a su fin, y estos días se está desmontando, con vistas a su viaje a alguna ciudad de EEUU. Vean el aspecto desmochado que presenta ahora Alcalá 31. Como ya pueden suponer ustedes, "ni está ni se la espera" en Barcelona, no en vano esa artista estaba enamorada de Madrid y muchas de sus obras reflejan aspectos de esa ciudad. 

Aquí seguimos mirándonos el ombligo y nada de lo que provenga de allí (Madrit) suele ser bien recibido por estos lares. Por fortuna, G.U. acaba de recibir hoy el magnífico catálogo de la exposición. Quien no se consuela es porque no quiere.

viernes, 15 de marzo de 2024

Iglesias, la "Taberna Garibaldi" (y Amalia Avia, ojo)

Amalia Avia en sus paseos por el viejo Madrid

La gran Amalia Avia, a la que hemos dedicado más de una entrada en el blog, recorría durante alguna época las calles del viejo Madrid, retrataba la fachada de los locales que le interesaban desde un punto de vista pictórico y luego, ya en el estudio, los inmortalizaba en sus maravillosos lienzos. Al volante iba su esposo el pintor abstracto Lucio Muñoz, que iba parando el coche allí donde le indicaba Amalia. Esto (y muchas cosas más) lo explicaba ella muy bien en su libro de memorias De puertas adentro.

Enlace a la web: Lucio y Amalia
Amalia Avia, Antigüedades Pedro López, 1978
Amalia Avia, Cervezas y vinos "La Zamorana"
Amalia Avia, El Japón en Los Ángeles, 1995

La barra de una taberna es un buen lugar para dar palique y cháchara a bebedores solitarios, echar rollos y recibirlos. Y si se escapa algún insulto que otro, "miel sobre hojuelas". La "España tabernaria" no espera otra cosa. Y Pablo Iglesias, pasada su "brillante" (comillas) época de Vicepresidente del Gobierno y con una etapa manifiestamente mejorable como tertuliano radiofónico, lo ha entendido bien y ha montado una taberna, como no podía ser de otra manera. Para ello ha comprado en el populoso barrio madrileño de Lavapiés un antiguo salón de peluquería que ya pintara en su día nuestra muy apreciada Amalia Avia. Por cierto, Iglesias ha tenido el detalle de mantener una parte de la fachada.

Amalia Avia, Salón de peluquería
Pablo Iglesias posa en la puerta de la "Taberna Garibaldi"
[Tisbe y Amy / Lucía Etxebarría / granuribe50]
Pablo Iglesias posa ufano con su excartera de Vicepresidente en la puerta de la "Taberna Garibaldi"
[EFE / granuribe50]

Y, ¡ojo al dato!, esto es lo que hay en la carta. Lean. 'Salmorejo partisano', enchiladas 'Viva Zapata', carrilleras 'Brigada Garibaldi'. Pero no inquietarse, también hay platos veganos, como el 'No me llame Ternera'. Y para no quedarnos secos, cautivadores cócteles, como 'Fidel Mojito', 'Ché Daiquiri', 'Mandela Zulú', 'Gramsci Negroni', 'Durruti Dry Martini' y el 'Pasionaria Puerto de Valencia'. Si van por Madrid, reserven un hueco en su agenda para pasarse por la "Taberna Garibaldi". Está cerca del Congreso de los Diputados y de las Diputadas, un sacro lugar que se ha contagiado del más rancio estilo tabernario.



POSDATA: Los "Amigos de Durruti" no están de acuerdo con el "Cóctel Durruti". Exigen su retirada
Fachada de la Taberna Garibaldi (18/3/2024) / [Tomás del Cerro / granuribe50]

sábado, 14 de marzo de 2026

Sábados de arquitectura (y arte)

G.U. está rumiando la posibilidad de—al igual que M.C. nos pone jazz o películas surrealistas de los años veinte los sábados— publicar aquí ese día de la semana una obra de arquitectura, pictórica, de música o de fotografía que nos guste (o que nos disguste, ambas posibilidades nos interesan).

Pues bien, estaba G.U. en ello, buscando la primera de la serie, cuando ha visto en Internet esta casa de la que no tenía noticia, un chalet un punto brutalista y absurdo, con esas supervigas que le han llamado la atención. Debe de dar cierto canguelo bañarse en esa piscina...

Madrid, Las Rozas, Casa Hemeroscopium, Ensamble Studio, Antón García Abril, arquitecto

La acompaña el texto siguiente: 

«Apartada del ruido y de las prisas de la capital española, la residencia se refugia en las inmediaciones de la población madrileña de Las Rozas. El propio nombre de la casa, Hemeroscopium —lugar donde se pone el sol—, alude a una horizontalidad implícita en la composición del edificio, que expande los límites para entrar en relación con el paisaje. El programa se distribuye entre una planta baja más social, en la que destacan la fluidez de los espacios, y un volumen en el piso superior que se reserva para recoger los dormitorios. Esta obra representa un equilibrio entre ingeniería y arquitectura, donde la envolvente formal se diluye para permitir que las vistas se abran hacia el entorno».

Madrid, Las Rozas, Casa Hemeroscopium, Ensamble Studio, Antón García Abril, arquitectos
No debe de ser fácil habitar en una casa así, G.U. no se sentiría a gusto, pero sobre gustos y colores...



Lo que iba a acabar aquí nos ha recordado lejanamente a la casa que diseñó Fernando Higueras para Lucio Muñoz y Amalia Avia, en Torrelodones, la Casa Lucio Muñoz. Una obra que fue muy premiada en aquel momento. Incluso hoy en día se organizan excursiones para visitarla. Pero antes de eso...

Información previa:

Amalia Avia, fue una maravillosa figurativista de los establecimientos del Madrid antiguo —hemos hablado de ella varias veces—, que estuvo casada con el pintor abstracto Lucio Muñoz hasta el fallecimiento de éste en 1998. Fue el autor del panel de la Asamblea de Madrid, ese lugar que conocen bien Ayuso y los ayusers, entre los cuales no nos encontramos, pero nos gusta el mural de Lucio.
Amalia Avia, 'Filatelia Finarte' (1989). Colección privada.
Lucio Muñoz, La Ciudad Inacabada (1998), Mural para la Asamblea de Madrid
Hacia 1960 les empezaron a ir bien las cosas y no se les ocurrió otra cosa que, en su parcela de Torrelodones, encargarle un chalet de fin de semana al entonces arquitecto emergente Fernando Higueras, que tenía en ese momento afán por pasar a la Historia de la Arquitectura. Era muy bueno Fernando Higueras, mucho, un tipo enormemente imaginativo, pero parece que el bienestar de los habitantes futuros del chalet de Lucio y Amalia se lo traía al pairo. Lo pasó mal la buena de Amalia en aquella época, por culpa del chalet de marras. Lo explicaba en sus memorias, De puertas adentro:

Lucio y yo contemplábamos atónitos cómo para una casa cuyos planos no excedían los ciento cincuenta metros cuadrados aparecían inmensas vigas de hormigón e infinidad de otros materiales. La madera destinada al suelo de nuestra vivienda era la de un viejo barco desguazado traída de no sé dónde (se nos decía que justamente por ser de un barco viejo iba a resultar muy barata).[...]
Fernando Higueras, Casa Lucio Muñoz, en Torrelodones, Madrid (1960)
Nosotros veíamos asustados cómo aquel monumento crecía en belleza y tamaño, pero nuestras preocupaciones fueron siempre acalladas con un «tranquilos, no pasa nada, todo sigue el curso económico previsto; no hay por qué alarmarse».
Fernando Higueras, Casa Lucio Muñoz, en Torrelodones, Madrid (1960)
«El disgusto fue espantoso. No queríamos aquella casa; no teníamos dinero para pagarla. Que se la llevaran y nos devolvieran nuestro terreno que tanto nos gustaba. Habíamos encargado a Fernando Higueras una casa de cuatro habitaciones, garaje y dos estudios y eso era, en efecto, lo que nos estaban haciendo. No se puede decir que la planta hubiera cambiado, pero a su alrededor había surgido un insólito montaje de vigas, terrazas, piscina montada al aire sobre una gran plataforma y jardineras y más jardineras al servicio de adornar la casa (no una jardinería pensada para el hombre, para que los habitantes de la casa la disfrutaran: eran plantas para colaborar y embellecer la arquitectura, pero cuyo cuidado requería, entre otras cosas, una hora de riego diario durante el verano).
Amalia Avia con su hijo Rodrigo Muñoz Avia en el chalet de Torrelodones (1964)
Todo muy bonito y muy integrado: la casa, el paisaje, la jardinería. Un gran espectáculo contemplado desde fuera». Y añade más adelante algo así: Pasábamos los fines de semana en ella. Nada me hacía más feliz que abandonarla el lunes, camino de Madrid.

sábado, 4 de febrero de 2023

Sobre la pintora Amalia Avia y sus memorias

Portada de los libros De puertas adentro y La casa de los pintores

Las memorias de Amalia Avia (1930-2011) —De puertas adentro— fueron publicadas en 2004 y han sido reeditadas recientemente, con motivo de su exposición "El Japón en Los Ángeles", junto con el libro que ha publicado su hijo Rodrigo Muñoz Avia (La casa de los pintores), que complementa muy bien al de su madre. Es en estos días cuando ha leído ambas G.U., que siempre admiró mucho a esa pintora, así como a sus compañeros de la generación de los llamados "Realistas de Madrid" (Antonio López, Isabel Quintanilla, María Moreno, Esperanza Parada, etc.).

Cartel de la exposición ""El Japón en Los Ángeles"

Sabíamos de lo buena pintora que era, pero no imaginábamos que escribiera tan bien, y lo hace aquí de manera excelsa acerca de su vida y de sus recuerdos en un período tan difícil, tan deprimente (el que va desde la guerra civil hasta la muerte de Franco). Narra en ellas de manera muy sencilla su infancia en el pueblo de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), el asesinato de su padre en 1936 —era terrateniente allí—, la huida a Madrid de toda la familia, donde tenían también una buena casa —pertenecía a una familia acomodada—, la muerte de dos de sus hermanos por tuberculosis (o algo así).

Todo eso, que sin duda la influyó en su vida y en su obra, explicado sin tremendismo alguno, sin afanes presuntamente literarios, con una fluidez y naturalidad que para sí quisiéramos muchos a la hora de coger la pluma, con ese arte de saber contar bien las cosas que no tiene todo el mundo. Desde ese momento le hemos cogido un gran cariño como persona, aunque ya se lo tuviéramos como pintora desde hace mucho tiempo.  

Amalia Avia, "Pueblo" (1957), una de sus primeras obras

Y seguimos leyendo embelesados. A partir del capítulo XVII, las memorias entran en otra dimensión. Aquí nos habla de cómo, ya instalada en Madrid (su otro gran amor), se decide a estudiar pintura en la Academia Peña, con una gran inseguridad en ella misma, pero con gran determinación. Allí conocerá a su futuro marido, el abstracto Lucio Muñoz.  

Y luego el momento en que la abandona con otras tres amigas para montar estudio propio, las clases que recibe en el Círculo de Bellas Artes, su contacto allí con las élites de la vanguardia en España, los pintores de la abstracción, su matrimonio con Lucio Muñoz (en 1960) y toda su carrera pictórica posterior, narrado todo con gran sencillez también. 

Retrato de las pintoras Gloria Alcahud (1931), Coro Solís, Amalia Avia (1930-2011) y Esperanza Parada (1928-2011)
[En el estudio que compartían en la calle Béjar, Madrid, (1954)]
Con Lucio Muñoz y el retrato que le hizo éste (1958)

Hasta que cierra las memorias dos días después de morir Franco, en 1975, con un epílogo rápido de lo que le pasó a partir de entonces, un poco tristón, otoñal, porque ya no se encontraba bien de salud y asimiló mal la viudez. Lucio Muñoz había fallecido en 1998, de un cáncer que le pilló en plena elaboración del mural para la Asamblea de Madrid.

En fin, ya dijimos que este es el libro que le hubiera gustado escribir a este bloguero acerca de su propia vida, en el caso de que supiera hacerlo y tuviera cosas interesantes que contar. (Hay muchas imágenes; mejor en papel que en e-book).


En cuanto al del hijo, La casa de los pintores, G.U. hubiera querido saber escribir algo así acerca de sus propios padres, y bien que lamenta su incapacidad y pereza. Es un gran libro también, bien escrito y muy explicativo del ambiente en aquella casa y de las técnicas que utilizaban ambos, Amalia y Lucio. Impacta la descripción de los últimos meses de Lucio Muñoz, con la elaboración del mural para el interior del edificio de la "Asamblea de Madrid", tan trabajosa.

Mural para la Asamblea de Madrid, la última obra de Lucio Muñoz (1998)

Complementaremos esto en breve, hablando de su pintura, que ya comprendemos mejor después de leer sus memorias. Si les interesa el asunto, queden atentos a la pantalla, que eso está al caer. 

sábado, 28 de octubre de 2023

Antonio López está en el Paseo de Gracia, ojo al dato

¡Amigos! El día de ayer era excelente; y las ganas de ir al centro, suficientes para emprender la aventura. Pero hacía falta un acicate, y el estímulo lo teníamos de sobra: la exposición sobre Antonio López en el edificio "La Pedrera", de Gaudí, en la parte alta del Paseo de Gracia, en Barcelona.
El Paseo de Gracia y la Casa Milà ("La Pedrera") / [granuribe50 (27/10/2023)]
La primera sorpresa la tenemos al empezar a deambular por el susodicho paseo, acercándonos al lugar de destino. Han colocado unos colgajos que anuncian la navidad ya en octubre, una especie de cuerdas que giran con el viento, con estrellitas que brillan al sol. Naturalmente, por allí no hay ninguna paloma a la que se le ocurra acercarse.
 
Aparte de eso, lo demás sigue igual. Colas para entrar en las tiendas de lujo, que si Prada, que si Chanel, que si Versace, que si Dior, que si Vuitton, que si Gucci, bueno, de ese estilo. No hubo la  coincidencia de cruzarse con un solo lugareño: todos parecían turistas "de alto standing" o lo eran, y había muchos.
 La Casa Milà ("La Pedrera") / [granuribe50 (27/10/2023)]
Frente a la fachada de "La Pedrera", la gente de costumbre, pero no inquietarse: nadie está esperando para entrar en la exposición de Antonio López. O están de mirones o aspiran a subir al terrado para ver las chimeneas de Gaudí y hacerse unos cuantos selfies para Instagram. Eso sí, es preciso agarrar bien el bolso y el móvil, porque por allí pululan cada día decenas de carteristas muy cualificados.
 La Casa Milà ("La Pedrera") / [granuribe50 (27/10/2023)]
Miramos hacia arriba. Partiendo de infinidad de elementos reciclados y con gran libertad artística, Gaudí elaboró las barandillas de hierro forjado de las fachadas de la Casa Milà como si fueran piezas de escultura abstracta que nos remiten a un mundo vegetal, tal vez un fondo marino lleno de algas, quién sabe.
Folleto de mano de la exposición "Antonio López" / Escalera Casa Milà ("La Pedrera") [granuribe50 (27/10/2023)]
Y ya estamos subiendo por la escalera de la Casa Milà, a ver qué nos depara la exposición sobre Antonio López, un dibujante, pintor y escultor que nos gusta mucho, bastante ninguneado durante los años sesenta y setenta porque no practicaba el arte abstracto, que era lo que estaba en boga entonces. Él fue quien abrió el camino para que otros de la escuela realista (Isabel Quintanilla, Amalia Avia, etc.) empezaran a tener cierta acogida por parte de galeristas y público.
Antonio López. Nevera de hielo (1966) / Carmencita jugando (1959-1960)
Interior de la exposición (Nevera de hielo, La fresquera y La cena)
Algunos detalles de tipo onírico o surreal impregnan bastantes de sus pinturas, especialmente las más antiguas. Por otra parte, no esperemos encontrar nunca movimiento en la obra de Antonio López, sea pintura o escultura; ni lo hay ni probablemente lo pretende. Es una obra para admirar despacio, sin prisa.
Antonio López. Cabeza griega y vestido azul (1958-2011)
Antonio López. La alacena (1962-1963) / Mari en Embajadores (1962)
Antonio López y María Moreno en el cerro del Tío Pío (1978); Fotografía Luis Pérez Mínguez / Madrid desde el cerro del Tío Pío (1962-1963)
Dibuja, pinta o esculpe en su estudio, con precisión de orfebre y con entusiasmo juvenil, pero rara vez lo hace a partir de fotografías. Con pesados caballetes al hombro, su mochila, sus cajas de pinturas, recorría incansable los alrededores de Madrid en compañía de su esposa María Moreno ("Mari"), otra grandísima artista encuadrada como "realista" (al igual que las antes citadas Amalia Avia o Isabel Quintanilla), hasta que la enfermedad la invalidó para esos menesteres.
Antonio López. Busto de Mari (1961) / Mari (1961)
Antonio López. Hombre y mujer (1968-1986-1994)
El estatismo, la intemporalidad presente en sus pinturas y esculturas, empieza a hacerlo extensivo a las vistas que toma desde las alturas o a pie de calle en el centro de Madrid y en sus suburbios. No están en la exposición sus obras más conocidas, como su Madrid desde Torres Blancas o algunas más que pintó en la Gran Vía. A cambio hay bastantes dibujos y estudios inacabados de los interiores de su modesta casa en Madrid, aunque no su famoso Lavabo y espejo. Las fotografías de esos temas que tomó G.U. durante la visita no tienen calidad para publicarse aquí. Falta luz. ¡Lástima!
Antonio López. Gran Vía, 1 de agosto, 7:30 horas (2010-2015) / Madrid desde Capitán Haya (1987-1996)
Gran Vía (1974-1981) / Antonio López en una visita a la Gran Vía, años después (Fotografía: Claudio Álvarez)
Una vez acabada su obra, Antonio López vuelve con frecuencia "al lugar del crimen". Nos explicaba muy bien una de esas visitas Antonio Muñoz Molina en su artículo La decisión de la verdad, en 1992.

«En una foto reciente Antonio López García aparece vestido de explorador o de buhonero en la confluencia de la Gran Vía y la calle de Alcalá, justo en el mismo lugar donde durante varios años se apostó con las primeras luces del día para pintar el amanecer desierto de Madrid. Con el pelo canoso y despeinado, con una gabardina que le viene un poco grande, con unas botas rurales y el cinto de una especie de morral cruzándole el pecho, Antonio López García emerge sobre el asfalto de Madrid como un peregrino saludable y arcaico que ha venido a pie desde su provincia para ver con sus propios ojos el alba misteriosa de la capital, y se le nota enseguida que no dejará de ser forastero y que ya nunca se marchará de allí. Antonio López García tiene algo de viajero asombrado, de hombre del campo transterrado a Madrid, de campesino y de artesano absorto que puede pasarse horas y días sumergido en su labor, tan atento a ella que no escucha ruidos ni voces, tan ensimismado en las perfecciones materiales de las cosas que al final no sabe si ha pasado breves horas o años enteros contemplándolas, queriendo tan detalladamente repetirlas que se le escaparán sin remedio en el sigilo de sus mutaciones inmóviles».[...]
Antonio López. Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas (1990-2006)
Escribía el arquitecto y pintor Óscar Tusquets en el capítulo "Pintar bien lo imaginado", de su libro Pasando a limpio:

«Antonio López nunca intenta representar un instante; intenta representar la eternidad. Nunca representa cosas en movimiento, la velocidad no le interesa, es un antifuturista. No pinta coches circulando, ni siquiera aparcados, ya que mañana serán otros y él sabe que el cuadro no le va a llevar meses, sino años. En sus cuadros nunca aparecen nubes pasajeras, [...] sino brumas estáticas, momentos eternos. Cielos de Madrid».

Escalera Casa Milà ("La Pedrera") / [granuribe50 (27/10/2023)]
Bueno y aquí se acaba la visita, descendiendo tan contentos por la maravillosa escalera de la casa Milà, antes de desembocar en el ajetreo del Paseo de Gracia, tan diferente a lo que hemos contemplado dentro. Uno sale deslumbrado ante tanta luz, quizá por contraste con lo poco y mal iluminados que están los cuadros, algo habitual, por desgracia.¡Hasta la próxima!
Paseo de Gracia [granuribe50 (27/10/2023)]


lunes, 28 de octubre de 2024

Última hora: Errejón ha encontrado trabajo

Mucha gente se está preguntando qué será de Íñigo Errejón, en qué empleará el tiempo libre y sus horas de trabajo, ya que antes se dedicaba —durante el día— en cuerpo y alma al Congreso y a echar sermoncetes feministas. Uno bastante vibrante fue el que lanzó con ocasión del "beso no consentido" que espetó aquel gañán apellidado Rubiales a la futbolista Hermoso. ¡La cacería que se motó entonces!

G.U. da por hecho que los políticos no cumplen sus promesas, vienen así ya de fábrica, pero todavía le siguen molestando aquellos que hacen exactamente lo contrario de cuanto anunciaron que harían. Y, por otro lado, ya tenemos en la hoguera al pequeño inquisidor, un sujeto del que sus correligionarios debían de saber todo, pero lo ocultaron ("era un activo del partido"), y ahora nadie sabía nada. Tan despiadados y a menudo injustos que se muestran con los que hacen algo así y no son de su cuerda...


¿Quién aceptará a un tipo con esta lacra y que no ha trabajado en su p*** vida, salvo en los pasillos de Podemos y luego en el Congreso? ¿Quizá un trabajo de profesor en la Facultad de Ciencias Políticas, esgrimiendo como "mérito" que escracheó a Rosa Díez, junto con Iglesias? ¿Habrá puerta giratoria para Errejón, ahora que ha sido condenado a la hoguera por el pueblo y sus representantes políticos?
Amalia Avia, Salón de peluquería
Entre tanto, Iglesias, antiguo compañero de farras del susodicho, continúa sirviendo birras y cubatas en el que fuera Salón de Peluquería y ahora TABERNA GARIBALDI, de su propiedad, que está teniendo mucho éxito. Está en el barrio de Lavapiés, por si quieren pasarse por allí. Ya saben, se trata de aquel local que pintara en su día la gran Amalia Avia, a la que hemos dedicado algunas entradas
Pablo Iglesias (con cartera) y Errejón (con móvil), en la puerta de la Taberna Garibaldi / [granuribe50]
Hay mucho lío montado y, como dicen los clásicos, «a río revuelto, ganancia de pescadores». ¿Hay manos negras ocultas moviendo los hilos? Entre otros dimes y diretes, se especula estos días con que Pablo Iglesias (que estaba mosqueado todavía con Errejón por haberlo abandonado) quiere volver a dedicarse a la política aprovechando el fiasco de SUMAR y trata de pillar otra vez cartera. La verdad es que se le echa en falta para engrosar un poco más (si cabe) el quilombo de la política española. 
Iglesias y Errejón, posan felices en la barra de la TABERNA GARIBALDI / [granuribe50]
Pero al parecer se lo está pensando, ya que la Taberna Garibaldi va viento en popa, tanto es así que se ha quejado en alguna de ocasión de falta de personal cualificado que atienda en la concurrida barra. Y, hablando de ocasiones, la ocasión la pintaban calva, ha decidido perdonar la vida a Errejón y echarle una mano a su compañero de escraches contratándolo de camarero. Por tanto, no se inquieten por él.  

martes, 1 de marzo de 2016

Isabel Quintanilla, una gran artista

Por fortuna, no todos los pintores son tan fantasmas como muchos de los que han expuesto en ARCO 2016, la obra de algunos de los cuales fue mostrada aquí ayer. Y tenemos un buen ejemplo de ello en la exposición Realistas de Madrid (en el Thyssen-Bornemisza hasta el 22 de mayo). En ella encontramos la obra de Amalia Avia — una pintora que encanta a G.U.—, María Moreno, Antonio López (el pintor que nos hizo aprender a valorar a otros muchos que no habían optado por la abstracción, tan en boga en los años sesenta), la propia Isabel Quintanilla, etc., componentes del "Grupo de los Siete", que se formó a raíz de la aparición de la novela "El Jarama" (1955), de Sánchez Ferlosio.

Por su parte, Andrés Trapiello bautizó a este grupo como "Los silenciosos" porque —decía— «así es como han vivido la mayor parte de ellos y gran parte de su vida, recogidos, haciendo su trabajo, sosteniendo sin queja y con tesón una realidad que se estaba deshaciendo a su lado estrepitosamente».

Captura de pantalla del momento de la entrevista en que Isabel Quintanilla comenta su obra "Cuarto de baño"
La semana pasada le hicieron una entrevista a Isabel Quintanilla (Madrid, 1938), una artista como la copa de un pino, ilusionada y sencilla, con cierto sentido del humor, como cuando comentaba ese dictamen que le hizo un niño pequeño a su padre durante la visita a la exposición, al ver el óleo "Cuarto de baño": "Papá, este cuadro es el más profesional"—le dijo. [minuto 4'15" de la grabación de la que suministramos el enlace]


Detalle de "Cuarto de baño" (Isabel Quintanilla)
Detalle de "Cuarto de baño" (Isabel Quintanilla)



PARA SABER MÁS:

domingo, 5 de mayo de 2024

Un homenaje a la madre (¡y a Isabel Quintanilla!)

Que G.U. es un fan de la obra de Isabel Quintanilla (y demás "Realistas de Madrid") es un secreto a voces. A ella y a sus compañeros de generación (Amalia Avia, Antonio López, María Moreno, Esperanza Parada, etc.) hemos dedicado varias entradas. En la tarde de hoy, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que el Manzanares pasa por Madrid y que es el día de la madre (los abuelos/as tienen el suyo propio), abrimos la entrada con la pintura Homenaje a mi madre y con La habitación de costura.

Isabel Quintanilla, Homenaje a mi madre (1971). Óleo sobre tabla, 74 x 100 cm
Pinakothek der Moderne (Múnich)
Isabel Quintanilla, La habitación de costura (1974). Óleo sobre tabla, 100 x 82 cm
Colección privada
Ya que a G.U. le parece que, por motivos que no vienen al caso, no va a poder ir a Madrid a ver la exposición del Museo Ico sobre los pueblos de colonización, ni las Colecciones Reales, ni la exposición «EL REALISMO ÍNTIMO DE ISABEL QUINTANILLA» en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, se ha agenciado el catálogo de esta última, que está muy bien. En realidad, sucede que su pintura es muy difícil encontrarla en museos; suele estar en manos de coleccionistas privados (en general, alemanes).

Por tanto, esa exposición es una oportunidad de verlas en vivo y en directo, no a través de fotografía. Si G.U. estuviera o estuviese en Madrid (o si anduviera por allí cerca), no se lo pensaría dos veces. Este tipo de muestras (salvo si son sobre Antonio López) no suelen llegar a Barcelona. ¡Realistas de Madrit! ¡Aaaj!...
Isabel Quintanilla pintando a la intemperie en una imagen sin datar
Isabel Quintanilla, Jardín (1966). Óleo sobre tabla, 100 x 82 cm
Colección privada
Isabel Quintanilla pintando Gran interior, 1973
Fotografía de Stefan Moses
Extraemos estos párrafos del texto que escribe en el catálogo Leticia de Cos Martín, conservadora del Thyssen y comisaria de la exposición, dado que atañen a lo que hoy tratamos:

La pintora costurera

«Si mi madre no estaba pintando, es porque estaba cosiendo. Fue un portento de las labores. Siempre que tenía un rato de ocio se dedicaba a arreglar sus prendas. Tenía un orden meticuloso de sus labores. Todo esto lo heredó de su madre, María, que era modista y arreglaba vestidos de señoras de clase alta v de niña, Maribel, la acompañaba»".

Estas declaraciones de Francisco López Quintanilla, hijo de Isabel Quintanilla, nos resultan reveladoras y es que son muchas las obras en las que la costura y los utensilios que le son propios aparecen por doquier. La máquina de coser, las tijeras, los dedales, la mesa de planchar... 

Y la propia Isabel explicaba acerca de su madre:

«Cuando fallece mi padre, mi madre y una de mis tías se pusieron a coser. He heredado la maña y el carácter de mi madre. Ella era muy decidida como yo. Todo lo que se proponía hacer, lo hacía. Era muy habilidosa. Cosía muy bien y tuvo clientela muy buena. Así sacó adelante a la familia». 

La admiración de Quintanilla hacia su progenitora es absoluta, lo transmite en sus declaraciones, pero sobre todo lo plasma en otra de sus obras maestras. Homenaje a mi madre. Una madre que no vemos en esa ni en ninguna otra obra, pero que la artista no deja de tener presente. La máquina de coser evocará muy probablemente al espectador el tiempo en el que en muchos hogares españoles había una Singer, una Alfa... Porque lo habitual era que la ropa se confeccionara o al menos se arreglara en casa.

Isabel Quintanilla posaba en 2016 ante La noche (1995) y La habitación de costura (1974)

«Homenaje a mi madre y La habitación de costura son ejercicios nocturnos, como muchas de las pinturas de Isabel. En esos dos casos la elección de la noche tiene que ver con el recuerdo personal de ver a la madre trabajando hasta tarde para acabar los encargos a tiempo. En La habitación de costura, como efecto de la lámpara de pie encendida, vemos grandes proyecciones circulares sobre la pared, el techo y sobre el armario, acentuando el dramatismo de la escena.


Siempre rechazó la etiqueta de hiperrealista que querían endosarle. Los hiperrealistas americanos solían trabajar sobre fotos, que transferían al lienzo por diversos métodos y seguían trabajando en él. Isabel solo pintaba objetos próximos, sencillos, muy queridos, que conocía bien, y le encantaba ver cómo evolucionaban con los cambios de luz.

El caso es que, hoy en día, Isabel Quintanilla quizá hubiera tenido que pintar otro tipo de homenaje a su madre. Tal vez un hiperrealista lo haría mejor...
[granuribe50]