jueves, 1 de abril de 2021

La "Última cena" y la luna llena

Hasta ahora, G.U. —un sujeto terco donde los haya— sostenía que la "Última Cena", o sea, el Jueves Santo, siempre caía en luna llena, a pesar de que muchas veces pudo comprobar que la luna esa noche no estaba llena, era menos redonda. Le sonaba que la noche de autos del año 33 cayó en jueves de plenilunio, y pensó que siempre había de ser así.

Hoy por fin se ha enterado de que el Concilio de Nicea (año 325) fijó, por motivos que no vienen al caso, que la Pascua de Resurrección tenía que ser el primer domingo después de la primera luna llena de la primavera, que no es lo mismo, obviamente. La cosa tiene su intríngulis, porque la primavera puede empezar el 19, 20 o 21 de marzo y la luna, cuya ciclo es de 28 días, va como va, ya saben.

Leonardo da Vinci, la Última Cena (1495-1498), Refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie, Milán

[Por ejemplo. La primavera del año pasado empezó el 20 de marzo de 2020, la primera luna llena después de esa fecha fue el 8 de abril, miércoles, y la Pascua de Resurrección, primer domingo después de esa luna llena, el domingo 12 de abril. O sea que la luna llena fue el Miércoles Santo, y no el jueves. Y este año, la primavera empezó también el 20 de marzo (no siempre es así), la primera luna llena fue el 28 de marzo (domingo) y el primer domingo después de esa luna llena es la Pascua de Resurrección, o sea, el 4 de abril. Por eso la luna llena cayó este año en Domingo de Ramos y no el Jueves Santo tampoco. Como ven, G.U., que no había estudiado mucho el asunto, estuvo siempre en un error].

El caso es que esa noche, la de la Última Cena auténtica, si se hubiera producido este año o el pasado, tendría que haberse realizado por videoconferencia entre Jesucristo y los doce apóstoles, tal como está circulando estos días por las "redes sociales", con cada discípulo cenando en su propia casa, pero todos "online". No olvidemos que se trataría de trece grupos-burbuja diferentes sentados ante la mesa de ese salón.


El comedor de la casa de infancia y adolescencia de G.U. era una espaciosa y fría estancia, tirando a lúgubre, en la que olía a cerrado, al petróleo de la estufa y a tabaco; una nube de humo flotaba siempre en el aire, todo dios fumaba allí. Tenía molduras en el techo y una balconera con persianas de librillo con vistas a un club de tenis abandonado. 

Como esta reproducción, pero con el marco granate oscuro; así era el que pendía en la pared de la casa de la calle Muntaner
Las paredes eran de un papel pintado ocre un tanto decrépito, que olía un poco a rancio; su dibujo no lo recordamos. Y en una de ellas pendía la "Última cena", un remedo metálico de la pintura de Leonardo, supimos luego, con un marco granate oscuro brillante, o él lo recuerda así. Quizá ustedes hayan convivido en su infancia con una pieza parecida.

Pero no era el único tema religioso que había en esa sala, porque en una esquina estaba, presidiendo la estancia a un par de metros de altura, una inquietante estatua del Sagrado Corazón casi a tamaño natural, con una mano levantada de modo admonitorio. Todo era grande en ese comedor. La imagen estaba colgada encima de uno de los enormes butacones desde los que veíamos la tele, de tal modo que el que se sentaba en él nunca las tenía todas consigo. El hermano de G.U. era un tipo previsor pese a su juventud y a veces seguía los programas con un gran almohadón encima de la cabeza, por si acaso: no era para menos. La verdad es que todo en esa casa era un disparate, y ese era uno más.

En fin, había otras cosas en ese comedor, quizá hablaremos de ellas otro día: la mesa en la que se hacía de todo, incluso jugar a ping-pong; la aparatosa lámpara de techo de metal, con unos flecos verdes cuya sombra durante la cena simulaba un flequillito en la frente de nuestro severo padre; los aparadores inmensos... Pero G.U. las rememora siempre de manera entrañable. Son sus recuerdos de infancia, y la infancia quizá sea el único paraíso terrenal que hemos conocido, antes de que la vida nos hiciera saber que aquello se había acabado y había que empezar a espabilar. En fin...

10 comentarios:

  1. Los recuerdos siempre se idealizan, quizá porque en ellos va incluida la edad siempre más joven de uno.
    No había casa que no se preciase que no tuviera una imitación de Leonardo, pero si se hablaba de ello los contertulios nunca se ponían de acuerdo si debían ser con doce o con once los discípulos presentes.

    La entrada bien ha valido para recordar a la familia, que no es poco.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta hablar de esas cosas de cuando en cuando, aún a sabiendas de que no interesan a (casi) nadie... Pro me quedan grabadas para mí, y de cuando en cuando les echo un ojo.

      Eliminar
  2. Es curioso pero solo recuerdo lo que había en una parte del comedor. No me acuerdo de ningún cuadro y supongo que los había.
    Sin embargo del recibidor me acuerdo de cada detalle. Era una habitación muy grande un poco alargada. La puerta de entrada estaba en una esquina y en la pared de la izquierda había un perchero de pared. En la pared contigua y enfrente de la puerta de entrada había un sofá de madera negra, de respaldo y asiento de material trenzado, con un sillón a cada lado y un espejo grande apaisado con un marco precioso. Delante, en la pared donde estaba la puerta de entrada, dos banquetas con brazos que hacían juego con los muebles anteriores y una mesita en medio. El radiador, situado en la esquina más alejada de la puerta de entrada en esta pared, estaba camuflado con un mueble del estilo de los mencionados y para terminar, una cortina de un terciopelo color granate acababa la decoración y lo separaba del pasillo. Los cuadros eran unos grabados de un pintor amigo de mi padre. De mayor, nunca entendí por qué había una habitación tan grande a la entrada de un piso pequeño. Pero quedaba bien. Puede que de pequeña fuera donde más me gustaba estar. Ahora que lo pienso bien, era el sitio donde más me gustaba estar.
    Yo también agradezco la oportunidad de recordar la casa familiar. MJ

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El recibidor de nuestra casa también era muy grande; algún día "me ocuparé" de él. Gracias por tu descripción.

      Eliminar
  3. Yo de Semana Santa me acuerdo del pescado, uno que antes era fundamentalmente carnívoro detestaba comer pescado, no así cenarlo. En mi casa no había cuadros de esos, en la de mi familia si, mi tia tenia uno de la ultima cena y tambien el famoso con la escena de caza y el paisaje...

    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Viajando por el sur en los años setenta recuerdo que un viernes santo entramos en un bar y, sin pensarlo, pedimos un bocadillo de jamón a la señotra del mostrador, entrada en años y vestida de negro. Puso grandes pegas y no estuvo dispuesta a prepararlo: "en Viernes Santo y comiendo jamón". Hubo que cambiar de planes y pedirlo de queso.

      Eliminar
  4. Magníficos recuerdos. En mi caso debo decir que no había en mi casa ningún simbolo religioso, jamás se habló en casa de religión y tampoco en la escuela tuve trato con curas, capellanes o monjas, mi colegio era algo raro en aquel entonces.
    Salud

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué suerte! Los símbolos religiosos de casa estaban staban casi todos concentrados en el comedor, salvo una presunta reliquia de Santa Teresa que estaba en una sala.

      Eliminar
  5. Ostras que sesenteros "parriba" sois... en casa no había santurrones y menos en el comedor donde mi padre escuchaba la radio pirenaica tapado con una manta para no emitir sonidos...
    Pero hice la comunión con traje prestado y rosario de una vecina que lo perdí... y eso que mis padres nunca iban a misa (faltaría mas)...
    En fin cada cual es cada quien

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Radio pirenaica también la escuchábamos, pero a escondidas de nuestro padre... Era una radio en la que en el dial salían decenas de ciudades, algunas extrañísimas. La emisión solía tener grandes interferencias y muchos pitidos, se oía muy mal, pero siempre quedaba claro que los días de Franco estaban contados (hablo de los años sesenta).

      Eliminar