Se mutila la Historia porque hay en ella episodios desagradables que no constituyen un "buen ejemplo". Se mutilan las programaciones en las universidades para no ofender o inquietar a los alumnos, o molestar a las autoridades; se mutila de los programas educativos en la enseñanza primaria y secundaria todo aquello que sea un poco difícil, cueste trabajo de entender o no sea políticamente correcto según los cánones establecidos; se mutilan los museos por lo mismo, y se guardan en almacenes todas aquellas obras que no estén "en la onda" o puedan "dañar la sensibilidad" del espectador. Se "cancela" lo que resulta incómodo (otro modo de mutilación), etcétera. La lista es larga.
F.C. lo resume así:
F.C. lo resume así:
«Amigo Gran Uribe, se mutila por incultura, por intolerancia, por manipulación, por ideologías, por insensatez, por imbecilidad...».
Pero hay mucho más. Ojo con los Ay Untamientos y el dinero que dilapidan. Se mutilan elementos significativos de las ciudades, especialmente si son del XIX o tienen resonancias franquistas, se mutilan los parques en aras del hormigón —"parques más sostenibles", explican— y se mutilan los árboles que les dan vida (corren malos tiempos para ellos, con lo de los incendios: algunos los culpan de ser causantes del desastre). Bien, pues eso. El día que mutilen el parque de Abelardo Sánchez en Albacete, o el de la Alameda de Cervantes ("La Dehesa") en Soria, sin ir más lejos, o el de tantas ciudades que aprecia, G.U. "se pega un tiro" (es un decir). Ahora le ha tocado a Orense, ciudad que conoce y por la que paseó agradablemente en su día en el parque del Posío. ¿Cuál será la próxima víctima?
Pues bien, lean, lean a Carlos Risco, en su artículo titulado Talar el jardín del Posío, se refiere al gran parque de Orense, ahora sometido a una radical transformación para hacerlo "más sostenible".
«Toda ciudad tiene un jardín moral. Un lugar que le recuerda a los hombres la
complejidad viva sobre la que se organiza esta sopa urbanizada de edificios,
calles y tráfico a motor. Un sitio cercado para el recogimiento, donde sucede
el encuentro con lo exótico y lo salvaje. En Ourense este lugar singular es el
jardín del Posío. El Posío fue diseñado para el recreo y la conmoción y en él
crecían palmeras canarias, mimosas de Japón, cedros y tilos fabulosos. Hasta
hace poco, todavía correteaban por sus parterres los pavos reales.
El parque se ha ido malogrando con los años. Las sucesivas intervenciones municipales lo han ido reduciendo en tamaño y riqueza. Ahora, el jardín está recibiendo su estocada final. El ayuntamiento quiere convertirlo en una explanada que es casi plaza dura y sin sombra natural, haciendo del viejo parque un tormento de hormigón desmemoriado.
En un terrorífico render publicado en la web del ayuntamiento y publicitado en
el exterior del jardín se ilustra cómo quedará el parque después de gastarse
casi tres millones de euros, una cifra escandalosa para “recuperar” un jardín
que ya era perfecto.
Y avanza talando árboles que no estaban contemplados en ningún plan, expulsando a las personas de un lugar de encuentro bajo la sombra, que pasa a ser un lugar sin sombra, una gran terraza hormigonada de centro comercial. Son muchos los vecinos que piensan que el jardín del Posío debería permanecer intocado como el Retiro de Madrid o la Alameda de Santiago de Compostela, parques históricos donde se sigue respirando un aire decimonónico y a nadie se le ocurre asfaltarlos, ni construir columpios modernos, ni cortar los árboles viejos o, mucho menos, construir una cafetería de hormigón en una de sus alas. Como escribió John Ruskin: «La restauración es una mentira. Lo que una vez ha sido destruido, ya no puede restaurarse». Cada árbol centenario talado, cada sombra perdida, lleva esa verdad escrita. Como los edificios antiguos, los parques históricos también merecen un respeto y adoración escrupulosos: es un atentado contra su historia y su dignidad, que son en definitiva la de todos». |
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