Se mutila la Historia porque hay en ella episodios desagradables que no constituyen un "buen ejemplo". Se mutilan las programaciones en las universidades para no ofender o inquietar a los alumnos, o molestar a las autoridades; se mutila de los programas educativos en la enseñanza primaria y secundaria todo aquello que sea un poco difícil, cueste trabajo de entender o no sea políticamente correcto según los cánones establecidos; se mutilan los museos por lo mismo, y se guardan en almacenes todas aquellas obras que no estén "en la onda" o puedan "dañar la sensibilidad" del espectador. Se "cancela" lo que resulta incómodo (otro modo de mutilación), etcétera. La lista es larga.
F.C. lo resume así:
«Amigo Gran Uribe, se mutila por incultura, por intolerancia, por manipulación, por ideologías, por insensatez, por imbecilidad...».
Pero hay mucho más. Ojo con los Ay Untamientos y el dinero que dilapidan. Se mutilan elementos significativos de las ciudades, especialmente si son del XIX o tienen resonancias franquistas, se mutilan los parques en aras del hormigón —"parques más sostenibles", explican— y se mutilan los árboles que les dan vida (corren malos tiempos para ellos, con lo de los incendios: algunos los culpan de ser causantes del desastre). Bien, pues eso. El día que mutilen el parque de Abelardo Sánchez en Albacete, o el de la Alameda de Cervantes ("La Dehesa") en Soria, sin ir más lejos, o el de tantas ciudades que aprecia, G.U. "se pega un tiro" (es un decir). Ahora le ha tocado a Orense, ciudad que conoce y por la que paseó agradablemente en su día en el parque del Posío. ¿Cuál será la próxima víctima?
Pues bien, lean, lean a Carlos Risco, en su artículo titulado Talar el jardín del Posío, se refiere al gran parque de Orense, ahora sometido a una radical transformación para hacerlo "más sostenible".
Orense, Jardín del Posío / [Fotografía: Julio Augusto Bautista Pacheco (~1960)]
«Toda ciudad tiene un jardín moral. Un lugar que le recuerda a los hombres la
complejidad viva sobre la que se organiza esta sopa urbanizada de edificios,
calles y tráfico a motor. Un sitio cercado para el recogimiento, donde sucede
el encuentro con lo exótico y lo salvaje. En Ourense este lugar singular es el
jardín del Posío. El Posío fue diseñado para el recreo y la conmoción y en él
crecían palmeras canarias, mimosas de Japón, cedros y tilos fabulosos. Hasta
hace poco, todavía correteaban por sus parterres los pavos reales.
El parque se ha ido malogrando con los años. Las sucesivas intervenciones municipales lo han ido reduciendo en tamaño y riqueza. Ahora, el jardín está recibiendo su estocada final. El ayuntamiento quiere convertirlo en una explanada que es casi plaza dura y sin sombra natural, haciendo del viejo parque un tormento de hormigón desmemoriado.
Mapa aéreo en 3D del proyecto de remodelación de El Posío
En un terrorífico render publicado en la web del ayuntamiento y publicitado en
el exterior del jardín se ilustra cómo quedará el parque después de gastarse
casi tres millones de euros, una cifra escandalosa para “recuperar” un jardín
que ya era perfecto.
El antiguo parque se secciona y desmembra para ejecutar una gran cafetería de
hormigón armado y una zona con columpios modernos, poniendo fin al jardín
histórico. Un desastre mayúsculo que, contra todo sentido común y amor a la
vida, avanza impunemente.
Cafetería / Nuevas zonas de juegos previstas
Y avanza talando árboles que no estaban contemplados en ningún plan,
expulsando a las personas de un lugar de encuentro bajo la sombra, que pasa a
ser un lugar sin sombra, una gran terraza hormigonada de centro comercial. Son
muchos los vecinos que piensan que el jardín del Posío debería permanecer
intocado como el Retiro de Madrid o la Alameda de Santiago de Compostela,
parques históricos donde se sigue respirando un aire decimonónico y a nadie se
le ocurre asfaltarlos, ni construir columpios modernos, ni cortar los árboles
viejos o, mucho menos, construir una cafetería de hormigón en una de sus alas.
Las nuevas zonas verdes previstas en El Posío
Como escribió John Ruskin: «La restauración es una mentira. Lo que una vez ha sido destruido, ya no puede restaurarse». Cada árbol centenario talado, cada sombra perdida, lleva esa verdad escrita. Como los edificios antiguos, los parques históricos también merecen un respeto y adoración escrupulosos: es un atentado contra su historia y su dignidad, que son en definitiva la de todos».
G.U. ha estado a punto varias veces de publicar en el blog este concierto de Vivaldi, porque de siempre le ha gustado mucho —especialmente el movimiento Largo, que es muy evocador (3:52)— y le trae recuerdos que no vienen al caso explicar, bastante les martiriza a ustedes en plan "abuelo Cebolleta".
Nunca se decidió, surgían otras cosas, pero a raíz de una entrada de M.C. el que sale el gran laudista Julian Bream tocando una pieza magnífica de John Dowland, en presencia de Stravinski, le ha dado el hilo para hacerlo precisamente hoy. ¡Que pasen un buen finde final de vacaciones!
Lo hizo muy popular el lorquino Narciso Yepes con su guitarra de 10 cuerdas. Aquí tenemos el Largo:
¿Qué es ser "un primavera"? Coloq. Dicho de persona: Simple o fácil de
engañar.
Pues eso, hay mucha gente que se deja embaucar por las imágenes que ve en Internet
de sitios maravillosos, acude allí para hacerse el selfie correspondiente
para colgar en Instagram y, cuando llega al lugar, se siente estafada.
Estaba G.U. viendo hoy un telediario y han sacado la noticia de la gente que se había
visto engañada al visitar las Termas de Caracalla, en Roma, y también en otros lugares.
Sir Lawrence Alma-Tadema, Termas de Caracalla (1899) / Recreación de las Termas para turistas incautos
Bien, no son lo que parecía en la pintura del XIX ni tampoco esa imagen de la
piscina con varios pisos, columnas de diversos órdenes, un poco raros, que muestran algunos. Pero, a cambio, el Ay Untamiento de Roma ha colocado ahora un pequeño estanque con
unos chorritos verticales como esos que ponen en algunas plazas, quizá en recuerdo del
agua, que era la protagonista de aquel imponente conjunto.
La Termas de Caracalla en la actualidad
Pero la cosa viene a cuento porque, casualidades que tiene la vida, el más puro azar, hoy se
cumplen precisamente treinta y tres años del día que las visitamos por primera vez. Una visita interesante y un lugar espléndido, lleno de sugerencias, que no necesita para nada un estanque y unos chorritos así.
Roma, Ruinas de las Termas de Caracalla (de Antonino) / Grabado de Piranesi (~1750)
Pero, ya que hablamos de qué es "un primavera": un "primavera" es G.U. (y
también doña Perpetua).
En efecto, un 28 de agosto, como hoy, visitamos las termas con todo detenimiento. Al salir, mientras esperábamos el autobús para volver a nuestro alojamiento
(Centro Diffusione Spiritualitá: Via dei Riari, 43, un convento de monjas en el
Trastévere, con vistas al faro del Gianícolo), doña Perpetua le tomó una foto a este
bloguero, que estaba sentado a la sombra con su bolsa de fotos (cámaras, objetivos...).
Roma. Vía de las Termas de Caracalla / Trastévere (28/8/1992) / (Fotografías: doña Perpetua)
Esa entrañable escena, bastante propia de guiris, no le debió de pasar desapercibida a un tipo que circulaba por allí en su coche. Se detuvo y nos preguntó cómo se llegaba a la Embajada
francesa. Él era representante de Pierre Cardin —dijo—y necesitaba acudir allí por
un asunto urgente. G.U., todo un "primavera", consultó en sus guías de viaje, pero no supo
encontrar dónde estaba la citada embajada.
El hombre dijo, «es igual, pero como me habéis caído muy bien, os regalo estas
dos cazadoras». Dicho lo cual, abrió la puerta de atrás del coche y nos endosó una bolsa con las cazadoras "de Pierre Cardin".
Ya tenía G.U. la bolsa en la mano cuando ese tipo añadió: «pero necesito un favor: estoy sin gasolina, no me funciona la tarjeta y quizá me podríais dejar
algo». Agradecido por tan generoso regalo, G.U. sacó su billetero y
le ofreció dinero, poco, pero suficiente al menos para unos litritos. Claro, al hombre le
pareció exiguo, una miseria, le cogió de la mano y, ya estaba a punto de tomarle el
billetero, cuando menda cayó en la cuenta del asunto y empezó asustarse; se liberó de la mano de ese tipo, recuperó la cartera y escapó de allí (con la bolsa). Ese sujeto dio un acelerón y se marchó (sin la pasta).
Llegó en seguida el autobús y no
hubo tiempo de apreciar en su justa medida el regalito que nos había endosado ese individuo. Tomamos el bus con la bolsa y, ya en el Trastévere, hicimos un alto para ver su
contenido. Resultaron ser dos infames prendas rígidas, de un plástico
pestilente, hediondo, no de Pierre Cardin, obviamente. Allí mismo, en el primer
container que vimos, las arrojamos a la basura, muy cabreados con nosotros mismos. Además, no queríamos entrar donde las monjas
con esa pestilencia.
[La primera foto refleja el momento anterior a
la irrupción de ese sinvergüenza (en Roma hay muchos) y la segunda el momento
anterior a tirar la bolsa con las cazadoras "de Pierre Cardin" a la basura].
Como ven ustedes, unos primaveras, pero unos primaveras que tomaron nota. A la siguiente vez que visitaron "la Ciudad Eterna", en las proximidades del Castillo de Sant´Angelo —en una bulevar junto al río Tíber— se paró un coche con un individuo al volante que, mapa en mano,
nos preguntó cómo se iba al Vaticano (estaba muy cerca, casi se veía desde allí). Era precisamente un 28 de agosto también.
Roma, Tíber, Puente de Sant´Angelo y Castillo de Sant´Angelo / [granuribe50 (28/8/2003)]
G.U. reconoció rápidamente al mismo
sujeto de once años atrás y le empezó a increpar, gritándole lo primero que se le ocurrió en un italiano macarrónico, ¡"Due
cazadori, due cazadori"!, a lo que el muy sinvergüenza (que llevaba también un surtido de bolsas en el asiento de atrás) salió zumbando. Otra vez el azar. Y es que la experiencia es un grado. Piranesi tomó la vista desde el otro lado del puente.
Roma, Castillo de Sant´Angelo / Grabado de Piranesi (~1750)
[Piranesi se enamoró de Roma y de sus ruinas, que representó con esmero. Dibujó puentes, prisiones imaginarias —un punto distópicas—, capiteles... Tan arduo empeño le impidió ejercer la arquitectura].
En primer lugar, y antes de entrar en materia, Manuel de la Calva, 1/2
Dúo Dinámico, DEP
El verano languidecía y se acababan las vacaciones. No hacíamos nada, pero
pasaban cosas...
G.U. lee bastante novela de ficción, siempre que esté bien escrita, le
interese lo que cuenta y no destile cursilería por sus poros. Este mes de
agosto, con la pata quebrada y en casa, se ha zampado varias. Hay una que le
ha llamado especialmente la atención, tal vez por esa descripción que hace de los años
cincuenta de una pareja americana estándar; se casan sin saber muy bien por
qué y acaban viviendo en un decrépito apartamento, engañados
por la publicidad que manejaban. Después, la cosa va a peor.
De aquella época de EEUU, nos gusta la música (el jazz, el blues, el rhythm and
blues, el rock, también el country), nos interesa la manera en que se
desarrolló el Pop Art como reflejo del American way of life y la
publicidad que lo ensalzaba, que acabó invadiendo todos los confines. Nos
viene ahora a la memoria aquel collage del inglés Richard Hamilton, titulado
¿Qué es lo que hace que las casas de hoy sean tan diferentes, tan
atractivas?
(1956), todo un icono del Pop Art, que tanto llamaba la (dispersa) atención de los alumnos
de G.U. cincuenta años después (2006). Algo muy curioso, como la novela.
¿Pero qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan
atractivos? / Richard Hamilton (1956)
Volvamos a la novela (nunca las recomendamos, ojo). Se titula
Golpe magistral, de Jessica Anthony (Ed. Gatopardo, 2024). Seleccionamos un párrafo bastante
representativo de lo que estamos hablando:
«Apartamentos Acropolis Place», había leído Kathleen Beckett en el
folleto. «¡La casa de sus sueños en una colina! Un hogar moderno
para la familia moderna», y venían fotos en color de una familia
blanca a sus anchas: el padre, con una pipa en la boca, sentado en
el sofá con el periódico desplegado sobre el regazo a modo de manta;
dos hijos, niño y niña, jugando a sus pies, y la madre cómodamente
encaramada a un reposabrazos, vigilándolos con una sonrisa
simpática.
A espaldas de ella, una flamante cocina con tres zonas de trabajo
ofrecía «abundante espacio de encimera y almacenaje para la tarea de
preparar la comida», y al fondo, en el exterior, a través de la
puerta corredera de cristal, se veían jóvenes vecinos que saludaban
desde sus balcones de hierro forjado, las largas aletas de los
relucientes coches nuevos aparcados en sus relucientes garajes
abiertos nuevos y, en el centro de todo, rodeado de césped, un
estrecho camino de hormigón que conducía hasta, y rodeaba, una
reluciente piscina comunitaria de color azul turquesa y con forma de
riñón.
Acropolis Place, pensaba Kathleen a medida que transcurrían las
horas. ¿Cómo iba a saber que era un lúgubre complejo de apartamentos
lleno de ancianos? El día de su llegada, habían pasado con sus
pertenencias junto a una ambulancia que atendía a un par de
bonachones octogenarios que habían sufrido sendas caídas. En
cuanto Kathleen entró en el 14B y echó un vistazo a la pequeña y
triste cocina, a la moqueta verde de pared a pared con una mancha
junto a la chimenea, fue evidente para ella, si bien para nadie más
de la familia, que ahora los rodeaba la muerte.
[Grok / granuribe50]
La única buena noticia era la piscina. Todos estaban deseando
usarla. El día de su llegada, los niños se plantaron en el balcón,
señalando y preguntándole a su madre cuándo podrían bañarse. Pero la
piscina estaba cubierta, cerrada de cara al
invierno.»
Hace un mes y pico falleció José María Guelbenzu, un crítico literario que
fue faro para G.U. a la hora de leer las novelas que él diseccionaba en Babelia
(EL PAÍS); uno de los pocos (Gascón, El Roto...) que nos anclaban todavía a ese diario. Murió de modo inesperado, días después de enviar su última crítica a Babelia. Es ésta. En su recuerdo, seleccionamos algunos párrafos de ella, pero no estableceremos los
saltos que solemos hacer cuando extractamos (que los indicamos por [...]). Leemos lo siguiente:
«Esta novela es ciertamente curiosa: escrita en 2024 cuenta una historia
americana de los años cincuenta. ¿Quién se ocupa de aquella sociedad
norteamericana en este siglo XXI y por qué?
La perrita Laika, preparada para irse al espacio en el Sputnik 2
/ [SOVFOTO / Getty Images]
El 3 de noviembre de 1957 el Sputnik 2 ruso está ya orbitando alrededor
de la Tierra con la perrita Laika en su interior y es el tema de
conversación del público hogareño americano. Kathleen Beckett es un ama
de casa que vive en un edificio de apartamentos en Newark, Delaware,
llamado Atlantic Place. Está casada con Virgil Beckett y tienen dos
hijos, Nicholas y Nathaniel. Él es agente de seguros y se instala en la
comodidad de la empresa Equitable con sus viejos amigos y su golf. Su
máxima aspiración es vivir confortablemente y "no pegar sello". Ella
había destacado como tenista. Su momento de gloria había sido como
competidora de una tenista de prestigio, Margaret Osborne du Pont.
Cuando comprendió que jamás podría derrotarla tomó la decisión de
casarse. Por ello, "su decisión de decirle sí a Virgil había sido
decirle no al tenis".
Así que, del mismo modo que Virgil
aceptó el primer empleo que encontró, ella se convirtió en una ama de
casa americana. Pero ahora sabemos que fue esta vida americana, ingenua,
familiar y segura de sí, donde empezaron a sembrarse los vientos que han
traído las tormentas de decretos de Donald Trump. Está contada por
Jessica Anthony, no como una época vivida por ella, sino como una época
contemplada desde la perspectiva de la distancia y aunque esa elección
puede darle a la novela un aire de déjà vu, es, en realidad, una
reflexión sobre el pasado que va más allá de la nostalgia de un tiempo y
que desvela las consecuencias de aquella forma de vida.
Al fin, Kathleen es consciente del precio que ha tenido que pagar por la
estabilidad social y personal. Y un día, en el edificio de Atlantic
Place, encuentra un bañador de los años del instituto, se lo pone y, en
vez de ir a la iglesia con su familia, se mete en la piscina del
edificio y allí se queda todo el día, en pleno noviembre, ante el
estupor del vecindario. Y con Virgil, desconcertado, en el borde de la
piscina, Kathleen parece que no estuviera dispuesta a salir del agua si
él no era capaz de reconocer la mediocridad de la vida que habían
elegido».
A petición de M.C., y cumpliendo sus deseos, que son órdenes para G.U., proponemos este tema de Red Garland
Please Send Me Someone to Love (1957). Un pianista quizá menos conocido que otros, pero muy bueno. A esta pieza, original de Percy Manfield, le da un toque bluesy que nos gusta.
A modo de bonus track, algo muy diferente, pero que nos "mola":
Los Rolling y Gimme Shelter (1969)
[A ver cuánto tardan en suprimirlas de aquí. Mejor verlas directamente en YouTube]
Gran Uribe está enfadado y muy triste. Algunas noches, incluso, ve fantasmas. ¿Hay
algo más que no sepamos, aparte de especulaciones siniestras? No pensemos
mal. Es lo que tenemos, un Estado que no funciona, en el que cualquier tragedia se
reduce a destacar la incompetencia o desidia del adversario político. Estamos hartos de que se tiren los trastos unos a otros, a todos los tenemos por unos inútiles. No
esperamos nada de ellos. La gente de allí se siente abandonada a su suerte y es por eso que intenta apagar el fuego hasta con garrafas de agua. El artículo, del que extractamos dos párrafos, lo
escribe Daniel Gascón en EL PAÍS de hoy, ojo al dato. Se titula, como es natural,De un país en llamas.
Fotografía: Brais Lorenzo, Carballeda de Avia (Orense) (20/8/2025)
[...] «Algunos dirigentes políticos y sus correveidiles solo entienden
las crisis como crisis comunicativas e interpretan el Estado de las
Autonomías como un mecanismo de evasión de responsabilidades. Lo
central de cualquier catástrofe es mostrar la incompetencia del
adversario y encontrar su origen en la inmoralidad de los contrarios.
El resultado es una sensación de desamparo y desconfianza en un
sistema que parece cada vez más superado ante las emergencias e
incluso el día a día: los que lo gestionan no parecen creer en él. El
descontento de los ciudadanos se acoge con populismo paternalista, si
conviene, o con irritación, cuando molesta.
Fotografía: Brais Lorenzo (20/8/2025)
Si la solución de un problema exige su descomposición en aspectos
concretos, un trampantojo frecuente es volverlo más abstracto: por
ejemplo, reclamar un pacto de Estado contra la emergencia climática
como el que ha pedido el presidente del Gobierno, a los siete años de
llegar al cargo. Como es una cuestión difícil de gestión, competencias
compartidas e intereses en liza, trazaremos una línea ideológica
(diciendo que no lo es: el objetivo de esa apelación a la unidad es
buscar la división). No hay Presupuestos, pero prometemos una gran
transformación. Como casi no queda Estado, promovemos pactos de
Estado. No podemos bajar del coche, pero afrontamos un reto
planetario. No sabemos resolver un problema relativamente pequeño, así
que apuntamos a uno más grande».
Les hablábamos el otro día del libro de Boadella en el que éste ejerce de pigmalión de un jovencito que se las da de modelno, transgresor y muy progre. El muchacho le acusa al maestro de que eso es lo que él era antiguamente, pero que ahora ha dejado de ser un provocador para devenir todo lo contrario, un viejo aburguesado, amante de lo antiguo, retrógrado y tirando a facha. Como comprenderán ustedes, Boadella toma estas acusaciones a chacota y sigue en su empeño de que su alumno entienda algo.
El libro contiene situaciones de bastante interés para G.U. Con ellos confirma que Boadella no es nada tonto y sabe de lo que habla. Les ofrecemos un momento en el que le indica al chico que lo transgresor se encuentra con mucha frecuencia en el pasado, tanto en las artes como en el mundo de las ideas.
—«No se lo tome a pitorreo porque la insurrección va en sentido contrario a
lo que usted cree. Lo que considera en desuso es lo más insurgente y
arriesgado que se puede hacer en este momento.
—¿Adónde quiere ir a parar? No trate otra vez de liarme, ¿eh? —Después de la decadencia de Roma...
Tomás Couture, Decadencia de Roma, 1847, Museo d´Orsay (París)
—Se va usted muy lejos. —Aprendiz, o me escucha o se va a la puta calle.
—Lo siento... le escucho. —Después de la decadencia de Roma, algunas artes sufrieron un
estancamiento, y en el caso de la pintura y la escultura, una notable
declinación que duró cerca de doce siglos. Cierto que apareció el románico
y el gótico, pero si lo comparamos con los momentos álgidos del arte
grecorromano, nos resulta más encorsetado y sujeto a unas formas muy
reglamentadas. Lo cual es lógico debido al dominio del
monoteísmo.
Románico versus gótico [Iglesia de Eunate (Navarra) / Catedral de Chartres]
—Bien. ¿Y qué?... —En la Italia del siglo XIV se inicia un movimiento humanístico cuyo
núcleo esencial es la reivindicación de las culturas clásicas griega y
romana.
—El Renacimiento... —Exacto. Esta corriente significará el progresivo abandono del Medievo y
el principio de la era moderna en las artes, las ciencias y las
humanidades. Posteriormente, a esa convulsión social, tal como usted ha
dicho, se la llama Renacimiento porque se manifiesta como una restauración
del pasado. Una restauración con inspiraciones del mundo mítico. El
término «renacimiento» es, pues, muy exacto.
Rafael, La Escuela de Atenas, 1510, Museos Vaticanos (Roma) / [granuribe50]
—De acuerdo. ¿Y a qué viene eso? —Con ello, quiero decirle que la inspiración del pasado ha sido muchas
veces el motor de agitación del presente y ha significado el desbloqueo de
ciclos convulsos y extraviados. El progreso de la humanidad no es una
línea ascendente limpia y continua. Tal como decía el gran Josep Pla: «La
vida es ondulante». Así como encontramos regresiones oscurantistas,
existen también retornos lúcidos a contextos y figuras que levantaron
ideas y obras de gran clarividencia.
Josep Pla,«La vida es ondulante»
—Eso de «convulso y extraviado» supongo que lo cita intencionadamente en
referencia al momento actual. ¿No es así? —Es obvio. Esas cosas viejas de las que me acusa venerar son a menudo
fundamentos sólidos de nuestra cultura. Usted tiene dos opciones: sumarse
a la corriente mayoritaria y seguir esparciendo mierdas bajo los
seudónimos de vanguardia, modernidad y progreso o bien optar por la
insurrección ante esas falacias. En definitiva, aquella provocación que
usted, con tanta insistencia, ha venido reclamando que yo le detallara, no
es más que eso.
Anicet Charles Gabriel Lemonnier, En el salón de Madame Geoffrin' (1812) Lectura de El huérfano de China, de Voltaire. [Además de Voltaire, están presentes Rousseau, Montesquieu, Diderot, d’Alembert, etc.]
Se trata de no secundar cómodamente los dogmas que le marcan el entorno y la moda. Un entorno cercano, como pueden ser sus mentores universitarios, sus agitadores coleguis subversivos de móvil o los gurús de sus redes. También incluyo la inercia capona de la sociedad bien cebada. Solo es cuestión de mantenerse indomable como un
librepensador en un momento en que los medios penetran con su bazofia
hasta en nuestra más profunda intimidad». [Fin de la cita].
Y esto que sigue, un poco en línea con lo último, no lo dice Boadella, no, es algo que se pregunta desde hace mucho tiempo G.U. Esta gente de las universidades de EEUU... ¿cuándo estudia? ¿Cuándo lee?
Muchos de los que hemos estudiado en la universidad hemos hecho un poco el imbécil (no creemos que sea el caso de F.C.), pero G.U. piensa que en EEUU, con tanto prestigio que tienen sus universidades de élite, se supera por goleada todo lo nuestro. ¿Allí estudian o pasan el rato a la espera del título?
Recordamos aún la novela de Tom Wolfe (de 2004) Soy Charlotte Simmons. Ésta llega ilusionada a la Universidad, pero la imagen que trae de uno de los centros educativos más selectos de EEUU no tarda en desmoronarse. Entre deportistas de élite que solo juegan al básquet o al béisbol, de escaso cerebro, alumnos que realizan los trabajos de otros a sueldo, golfos ricos y jovencitas obsesionados/as con la ropa de marca y el sexo, Charlotte Simmons pronto descubre que las drogas y el alcohol juegan en su idealizado campus un papel más destacado que el saber, los libros de texto y los que no son de texto. Lo malo del asunto es que todo lo de allí acaba llegándonos aquí y todo aquello lo copiamos tal cual.
Sí, somos conscientes de que esto no es nada en comparación con el infierno
que está viviendo medio España, el horror del que lo ha perdido todo y el
terror del que teme perderlo en breve. Pero poco podemos hacer desde aquí,
aparte de enviar nuestra solidaridad y esperar que las cosas vayan a mejor, o sea, que llueva y refresque, que es lo único que puede apagar esos fuegos, ni mil aviones lo harían.
Por tanto, vamos con una bagatela, pero que nos ha tenido muy atareados estos
días. No sabemos si lo han experimentado ustedes alguna vez. En plan casero,
pocas cosas hay peores, se lo adelanta G.U. Si a uno, como es el caso, se
le estropea ("colapsa", como se dice ahora) la nevera — llena del todo— en pleno
"ferragosto", lo tiene claro. Nada hay más trabajoso y empreñador que poner
otra en su lugar. Por fortuna, nos ha pillado en casa y no en la "isla mágica": la vuelta a casa hubiera sido espeluznante.
Dónde conservar lo que hay, dónde buscar un
modelo equivalente, que te lo traigan "a uña de caballo" sin destrozar las
paredes de la escalera (no cabe en el ascensor) o del piso. Esperar a que los líquidos se asienten, enchufarla y que empiece a enfriar (pasan varias horas); ir poniendo los pocos alimentos que has rescatado y que no estén ya chuchurríos... En fin,
Amazon nos ha traído una (de esas anchas, con el congelador arriba, que son
las que nos gustan) y al fin todo está ya operativo. No nos gusta que lleve wifi, no le encontramos la utilidad, pero se ve que es lo que toca hoy en día. ¡Viva Jeff Bezos!
Vista de la puerta del congelador de la nevera Samsung, ya tuneada
Hemos conseguido reponer los imanes que había en la antigua. Sí, sí, ya lo
sabemos, dicen que la nevera enfría menos con esos aditamentos, pero es que ese
color metalizado con el que hacen casi todos los frigoríficos hoy en día nos parece de lo más
tristón, y así nos alegra la vista y trae recuerdos.
Son todos los que están, pero no están todos los que son, obviamente (falta
Gaudí, Miró, Picasso, cuyos pins abundan tanto por aquí). G.U. necesitaría de
varios frigoríficos para ello. pero está Diego Velázquez, of course, y
también Antonio López, Kandinsky, Valentín de Zubiaurre, Juan Gris, Escher, De
Chirico, Adolfo Guiard, Torné Esquius, Andy Warhol, Toulouse-Lautrec,
Zurbarán, Fantin-Latour, Sofonisba Anguissola. Y el teatro Romano de
Cartagena, Lorca, frutas y verduras varias, las cabinas de Londres, el
Chrysler Building de Nueva York, dos pares de galochas, un violonchelo,
una mandala, un cerdito cocinero (representa a G.U), el propio cromo de Gran
Uribe, varios adminículos de cocina, etc.
Acto de entrega del retrato de Javier Lambán (10 de julio de 2025) Sor Isabel Guerra (autora del retrato), Javier Lambán y Jorge Azcón
Un buen retrato el que le ha hecho Sor Isabel Guerra a Javier Lambán; fue entregado el 10 de julio.
EL PSOE IMPONE UNA SANCIÓN DE 600 EUROS A MAYTE PÉREZ POR ACUDIR AL HOMENAJE DE LAMBÁN
Leemos en Heraldo de Aragón:
«La dirección del grupo socialista en el Senado ha impuesto finalmente una sanción de 600 euros a la parlamentaria turolense Mayte Pérez por acudir al homenaje al expresidente aragonés Javier Lambán cuando ese mismo día, el pasado 10 de julio, había una sesión ordinaria de pleno convocada. La resolución se le ha comunicado esta semana a la senadora autonómica, que ha optado por mantener un perfil bajo y no hacer declaraciones. Si no presenta alegaciones, una posibilidad que en las filas socialistas se da por descartada, se le descontará ya la cuantía en la próxima nómina».
Aparte de frases protocolarias en X (antes Twitter) para salir del paso, apenas hemos leído nada sobre su muerte. Se entiende, ya saben, «llamad al petardo ese», exigía hace un tiempo el «Puto Amo». Del Heraldo de Aragón extractamos —en homenaje a su figura y porque compartimos lo que escribe— el que quizá fue último artículo de Javier Lambán en ese diario, Los mártires de la democracia:
«Abogo por una movilización civil para conmemorar el centenario de la guerra, recuperando la concordia de 1978 y erradicando la pulsión fratricida de 1936. Llegar al aniversario con los muertos de las cunetas exhumados y enterrados con dignidad; con los 300 atentados de ETA pendientes ya resueltos y con las víctimas tratadas con la reverencia que merecen sería una buena señal.
No parece destinada al éxito mi idea. Desde tiempos inmemoriales, el poder se ha legitimado y ha tratado de imponer su visión del presente utilizando la historia, algunas veces respetándola y casi siempre desvirtuándola. La guerra civil y el terrorismo son bien ilustrativos al respecto.
En el caso de la guerra civil, yo mismo me dediqué desde los 19 años a reivindicar el legado de las víctimas y después a estudiarla junto a la República como los fenómenos trascendentales de nuestra historia que fueron. Sigo haciéndolo, pero con mucho cuidado de no reabrir heridas sino de cerrarlas. Porque la Transición, un proceso que supuso pasar de la dictadura a la democracia y que asombró al mundo, la hizo posible un prodigioso acuerdo entre los hijos de los perdedores y de los vencedores de la guerra, un gesto supremo de concordia que permitió dejar atrás una de las etapas más tenebrosas de nuestro pasado y asentar una convivencia que todos hemos disfrutado durante muchos años. Pero en las últimas dos décadas, amplios sectores de la izquierda social y política han decidido cancelar el legado de aquella Transición y construir un bibloquismo que ha quebrado la convivencia y nos ha devuelto a los tiempos convulsos anteriores a 1977.
Javier Lambán. Foto: PSOE
No se nos escapan las graves consecuencias que se derivan de este retroceso histórico ni los fines políticos a los que sirve. No obstante, el manto del olvido que la sociedad española está extendiendo sobre las víctimas del terrorismo no me parece menos oneroso para el futuro del régimen del 78: la democracia que fundó la Constitución no se fue construyendo después contra el franquismo sino contra el terrorismo, por lo que perder esa perspectiva supone desdeñar ese heroico esfuerzo que comprometió a la mayoría de los españoles. Fue una batalla ganada por el Estado de derecho, con la eficacia de la Guardia Civil, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas; con el gran trabajo de jueces y fiscales; con la altura de miras que casi siempre demostraron los políticos, con Pérez Rubalcaba a la cabeza; con una sociedad vasca extorsionada, obligada a emigrar; con una sociedad española presa con frecuencia del miedo pero confiada en el buen hacer del Estado; con el dolor de las familias de las personas asesinadas y, por encima de todo, con las víctimas, con quienes perdieron la vida, a las que no dudo en calificar como verdaderos mártires de la democracia.
Pero lamentablemente hace ya mucho que se viene relativizando el terrorismo y olvidando a las víctimas, llegando a la apoteosis de la infamia, la incorporación de Bildu a la gobernanza del Estado. Un partido que no ha renunciado al legado terrorista, pero que resulta imprescindible para sostener al actual Gobierno. Quizá en menos de un año no quede ni un preso en la cárcel. Que Otegi y Aizpurua, con evidentes responsabilidades en el ámbito de ETA, sean hoy sus caras visibles es muy doloroso.[...]
En fin, que cada vez me convenzo más de que nuestra democracia está hecha de una sustancia moral, uno de cuyos componentes más definitorios es la lucha contra el terrorismo y la victoria final de los demócratas. En aras de recuperar nuestra autoestima como país, se impone reivindicar con determinación esa herencia impagable».
El premio es, naturalmente, para la inolvidable intervención de Paco Umbral en el programa de Mercedes Milá, con su mítico «He venido aquí a hablar de mi libro». Es una frase que muchos de nosotros hemos repetido alguna vez. Nos lo recordaba hoy en su blog el incansable M.C.
No es un caso aislado. Cuando en TV se invita a algún personaje del mundo de la cultura (ocurre poco) se le suele hacer soportar unos chistecitos absurdos, que el invitado se siente en la casi obligación de simular que le divierten, pero de su trabajo, nada de nada. ¡Fantástico Umbral, por protestar!
Gracias a él, G.U. se ha decidido a rebuscar en sus archivos algunos de los momentos inolvidables que nos produjo la TVE hace muuuchos años. Algunos no los hemos podido encontrar y en otros el vídeo es demasiado largo para ponerlo. En el de Arias Navarro, no ha encontrado ningún extracto más breve.
Ruiz Mateos y su "te pego, leche" a Miguel Boyer
Fernán Gómez y su "A la mierda" a un pelma.
Jordi Pujol amonesta a unos manifestantes: "Cállese, no le corresponde hablar"
Fernando Arrabal y "El mileniarismo va a llegar"
Tarradellas desde el balcón de la Generalitat
Entrevista "A fondo" de Soler Serrano a Josep Pla. "Tráiler"
Arias Navarro ("Carnicerito de Málaga") llora la muerte de Franco
Ínigo y Uri Geller doblando una cuchara
Y, finalmente, algo más actual... La Fontanera Leire y Aldama
El PP degradará de subdirectora a bedel a la mujer del comisionado de la dana
tras mentir
José Ángel Batalla ("Periquitín") y Carmen Ninet, posaban enamorados cuando la vida les sonreía
La vida es dura y en el mundo de la política (también en el de los
negocios) uno está arriba y en un plis plas... está abajo. Es el caso de esta
sonriente pareja, "Periquitín" (José Ángel Batalla) y Carmen Ninet. Él ocupó siempre buenos cargos. Fue Director General de la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las
Emergencias, y actualmente ejercía de Comisionado del Gobierno de España para la DANA. Ella era la Subdirectora
del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM), un edificio proyectado por el prestigioso arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra.
Carmen Ninet, posa ante la entrada del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad
Ambos, sin la titulación correspondiente para desempeñar esos cargos. Él
falsificó presuntamente su titulo de Archivística y Biblioteconomía y ella no ha
podido acreditar la titulación universitaria que se exige para desempeñar ese
puesto de libre designación, clasificado como A1-26-C3. Él se intentó quitar
la vida junto a la tapia de un camposanto y ella ha sido degradada del puesto de subdirectora
del citado museo. Aquí arriba la tienen, posando orgullosa ante la entrada del Centro cuando aún lo subdirigía.
Carmen Ninet, custodiando la Labradora valenciana, de Luis Dubon (1917) / [granuribe50]
En este caso, según hemos leído, ha sido degradada, presuntamente, a la condición de conserje o bedel¹ de ese Centro que antes subdirigió. Pero parece que se ha adaptado mejor que "Periquitín" y ya posa ufana vigilando cuadros del museo. Aquí presentamos la nueva imagen de Carmen Ninet, ya en trabajos propios de su nueva
función, más acordes con su exigua titulación, en ocasiones vigilando la seguridad de las salas o bien orientando a los visitantes del museo o, incluso, vendiendo las entradas.
***
(1) G.U recuerda a los bedeles de la ETSAB, siempre con una especie de blazer azul con ribetes plateados y pantalón gris. El de la planta baja (le parece recordar que se llamaba Modesto) gobernaba en su zona casi como un sátrapa, que hasta se permitía abroncar a los profesores; tenía mal carácter, pero lo sabía todo y todo el mundo le preguntaba cosas. Él repartía las papeletas con las notas de fin de curso de todos los alumnos. Los que había en las plantas se ocupaban de anunciar la llegada del profesor al aula, si los alumnos esperábamos en ella, y, cinco minutos antes de que diera la hora, asomaban por la puerta con esta cantinela: «Señor catedrático, faltan cinco minutos para acabar la clase».
Del programa de mano de la exposición de 2009 en CaixaFòrum
En 1928, Joaquim Mir (Barcelona, 1873-1940) resumía así el que fue su manifiesto
como artista: "Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los
ojos y el alma". Con esta frase se abría la exposición que en 2009 le dedicó CaixaFòrum
Barcelona. Se refería a ella Joselu cuando comentaba la entrada dedicada a
Sorolla. El color y la luz lo significaron todo para el pintor barcelonés.
En la portada, Joaquim Mir, Calafell, Museu Pau Casals
G.U. no pudo hacerse con el catálogo entonces, no estaba disponible, pero sí con
el libro de Enric Jardí, de Ediciones Polígrafa, muy bueno, como era habitual en
Polígrafa. No es nada fácil ver sus obras. La mayoría están en colecciones
particulares y las que hay en museos no están expuestas, como es el caso del
MNAC y el Reina Sofía. Por eso, esa excelente exposición tuvo un valor muy especial.
En este retrato de joven, obra de Maurice Fromkes (Museo del Prado), lo ven ya
bastante mayor, pero también fue un zagal. Su
padre tenía una tienda de betes i fils y él estaba predestinado a ella. No se le
daba mal, porque tenía simpatía natural y sabía vender, pero era un pésimo
estudiante, el último de la clase, sacaba unas notas miserables y abandonó sus estudios. ¡Ah!, allí se hizo amigo de Isidro Nonell.
Pero, ¡amigos!, todo lo que no le gustaba estudiar le gustaba pintar y se escapaba
siempre que podía. Su padre se subía por las paredes, porque pensaba que
dedicarse a eso equivalía a morirse de hambre. Aun así, le dio permiso para
apuntarse a la academia Graner y, con lo aprendido allí, se presentó al examen
de entrada en la Escola de la Llotja, que superó sin problemas. Allí mostró creatividad, talento y una gran determinación. Con el tiempo, empezó a ganar premios de pintura, a exponer en diversas galerías y a vender bien sus cuadros, por lo que abandonó el negocio familiar.
Joaquim Mir, La platja de Vilanova (Col. particular)
Pintó los suburbios de Barcelona, paisajes de Mallorca, de Olot (su padre era de allí)
y de Vilanova (de donde era su madre), la zona del Penedés y del campo de
Tarragona. Esos paisajes son los que más le gustan a G.U., quizá porque los
conoce muy bien (y su luz) de cuando doña Perpetua daba clase en Vilafranca. Mostramos algunos de ellos, pero es difícil escoger.
Proceden de colecciones particulares, del MNAC, del Reina Sofía y del Museu de l´Empordà (aunque no
están expuestos, salvo un par de ellos). Cuando se trasladó su familia al Vallés, también pintó paisajes de Caldes de Montui.
Joaquim Mir, Lliris i llot, MNAC (Barcelona)
Joaquim Mir, Afores de Vilanova (Abadía de Montserrat)
Joaquim Mir, Novembre a Canyelles, Col. J. Amat
Joaquim Mir, Canyelles, Museu de l´Empordà
Joaquim Mir, Fantasía del Ebro II, Miravet, Reina Sofía
Joaquim Mir, Joia o Pastoral (Aleixar), MNAC (Barcelona)
En fin, tiene una obra muy amplia, como se puede apreciar en el vídeo de YouTube, que abarca casi cincuenta años. No todas las obras nos gustan por igual, pero eso nos pasa con todos los pintores, sobre todo si pintaron tantos cuadros como Joaquim Mir, un artista incansable.
Dentro vídeo (ojo al dato: es largo):
Para acabar, trancribimos unas frases del crítico de arte A.M. Campoy, de 1976, acerca de Joaquim Mir: «su obra representa el atardecer más hermoso del naturalismo en España, el crepúsculo vespertino impresionista, jovial y titilante despedida de la naturaleza magnificada en sí misma. El impresionismo, en efecto, no fue una aurora sino un atardecer, representa el final de una cultura que ha visto en la naturaleza su fuente de inspiración. Con él se cierra el ciclo que abrió el Renacimiento. El cubismo clausura las orgías cromáticas y las luminosidades del postrer naturalismo».