Como sabrán, G.U. ha pasado estas "entrañables" jornadas en Ibiza. Lluvia y frío todos los días. Ha habido poco tiempo para disfrutar de la lectura, ya que allí hay asuntos diversos,
no todos agradables, y, salvo tumbado en la cama, no hay lugar disponible para
ejercer tal actividad. En estos casos, ya que
seguir el hilo de una novela o ensayo es empresa harto difícil, suele optar
por relatos breves.
En
La cita y otros cuentos de terror, editada por Nórdica Libros, se reúnen
diez de los que escribió
Emilia Pardo Bazán. Muy breves todos, el libro no tiene más allá de cien páginas. Como quizá sepan, publicó en
torno a 400, casi todos en diarios y revistas. Los compuso en todos los
registros, pero todos ellos con una prosa excelente. No le dieron sillón en la
RAE, quizá porque era mujer y no especialmente agraciada: muchos guardamos la
imagen de cuando la estudiamos en la literatura del Bachillerato.
Allí, en el libro de 6º, figuraba un retrato de una señora en su escritorio, un poco con "cara de guardia",
un punto displicente, bastante gruesa, tocada con trabajados moños y con una prominente
papada. Se nos explicaba en dos líneas que había escrito
Los pazos de Ulloa y
La madre naturaleza. Nada más.
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| El Pazo de Meirás, Sada (La Coruña) |
Años más tarde, nos enteramos que el
Pazo de Meirás lo mandó
construir Emilia Pardo Bazán a finales del XIX. Allí escribió parte de su obra y tenía su biblioteca. A su muerte,
su familia no pudo mantenerlo y en 1938 una junta local se lo regaló a Franco; a ese sujeto le hacía ilusión. Y aún más tarde, leímos
Los pazos de Ulloa y nos gustó. Y poco más, salvo que
tuvo un idilio con Pérez Galdós.
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| Elena Ferrándiz ilustra los relatos libro y la portada de "La cita" (Emilia Pardo Bazán) / (Ed. Nórdica Libros) |
No se crean lo de que son de terror. En estos diez cuentos reunidos en
La
cita nos encontramos, sí, con un ambiente algo tétrico, gótico, romántico, alejado
quizá del terror más puro y duro, pero con un cierto halo de inquietud, ese
escalofrío que a veces nos recorre la espalda leyendo. Estos relatos nos presentan también la
esencia de la Galicia natal de la autora, la fina ironía y la retranca
gallega, como en el que da nombre a la recopilación, todo ello con una prosa siempre muy buena.
Y para que vean ustedes lo que supone la venganza, cuando los hermanos te hacen
una putada y, además, te encierran en la cárcel por una denuncia falsa, aquí
tenemos
Las dos vengadoras, un relato dedicado a León Tolstoi. Seleccionamos los dos párrafos del principio:
«Había un hombre muy perseguido, no tanto por la suerte como por los demás
hombres, sus prójimos y, especialmente, por los que debieran profesarle cariño
y tenerle ley. No parecía sino que, por negra fatalidad, a Zenón -que así se
llamaba- toda la miel se le volvía hiel o mejor dicho, ponzoña. Sus hermanos,
que eran dos, se concertaron para despojarle de la herencia paterna y le
dejaron en la calle, sin más ropa que la puesta, sin techo ni lumbre. Casóse,
y su mejor amigo le afrentó públicamente con su mujer y, como si no bastase,
la vil pareja le acusó de falsario, forjó pruebas contra él y logró que le
sentenciasen a presidio, donde, inocente, arrastró largo tiempo el grillete de
los criminales.
 | Las dos vengadoras [Ilustración de Elena Ferrándiz] |
Aunque Zenón tenía al principio el alma abierta y generosa, el carácter noble
y suma bondad, las traiciones, persecuciones y calumnias, el deshonor, los
ultrajes y los desengaños fueron ulcerando su espíritu y cambiando su ser de
tal manera que, en vez de resignarse y perdonar, como perdonó el Maestro,
sintió poco a poco crecer en su corazón un espantable deseo, una sed
ardentísima de venganza. Ya no ansiaba cumplir el tiempo de su condena por ser
libre y volver a la sociedad, sino por buscar ocasión de saciar la ira que,
gota a gota, había ido destilando. Pasábase las noches en vela fraguando
planes que ejecutaría al punto de terminarse su cautiverio. Con paciencia,
hilo a hilo, iba tejiendo la trama, y restregándose las manos gozoso, decía
para sí: «Hoy salgo y mañana vuelvo a la prisión, pero de esta vez vuelvo por
algo, por haber pagado a mis enemigos con usura el mal que me hicieron.
Inocente me encerraron aquí, y otra vez me encerrarán culpable, pero habiendo
saboreado las delicias del desquite. Véngueme yo, y álcese el patíbulo
después.» [...] |
Ibiza/Galicia. No puede parecerme otra cosa que una curiosa coincidencia.
ResponderEliminar¿La razón? —Vine al mundo en St. Antoni de Portmany (entonces Antonio Abad), y soy hijo de padres gallegos.
Conocí San Antonio Abad en 1973. Era estupendo. Luego ya fue Sant Antoni de Portmany. Pero el turismo de borrachera y la moda de la tontuna de las puestas de sol con aplausos incluidos (que son preciosas, todo sea dicho) lo esforciaron. Ahora voy poco por allí, salvo a veces a alguno de los bares del puerto o del Club Náutico, a ser posible fuera de temporada. En cuanto a Pardo Bazán, ya veo que llevas su apellido. Es una escritora que me gusta mucho, sea en su faceta naturalista, costumbrista, gastronómica, costumbrita o, como es el caso, de misterio o espectral. Tiene un estilo elegante.
EliminarSaludos.
Poco he leído de esta escritora, a decir verdad; tendré que hacerme con ellibro, aunque ahora tengo un par en lista de espera.
ResponderEliminarGracias
Es una recopilación, entre las muchas posibles (escribió 400), de diez relatos muy breves, que opta por la faceta misteriosa de la escritora. Se lee en un plis plas, siempre con un estilo lírico, falto de pedantería, sin impostura y con un dominio excelso del lenguaje. Quizá el más conocido de los diez es "La resucitada".
EliminarSaludos.
Buena compañía. No creo que Galdós tenga celos de ti por haber estado a solas con la Pardo Bazán.
ResponderEliminarSaludos.
De su relación con Galdós solo se conservan las cartas de ella; tal vez hubieran ruborizado a sus contemporáneos. Le escribía, por ejemplo: "Pánfilo de mi corazón: rabio por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpo todo Te aplastaré.» Pues eso, era una mujer que tenía mucho peligro.
EliminarSaludos.
En varias ocasiones he comentado que apenas leo literatura de ficción posterior al Siglo de las Luces y a continuación añado excepto los autores de la Generación del 98, estos sí que los he leído y casi toda su obra me ha gustado mucho, muy especialmente la obra de Pardo Bazán y de Pérez Galdós, luego con el permiso de Eduardo Gil Bera también me gusta Pío Baroja y casi todos los demás. Después ya nada más de ficción, sólo ensayo y poesía.
ResponderEliminarSalud.
Sí, si, lo sé, después del Siglo de las Luces, poca cosa. Yo, en cambio, he leído poco de ese siglo. En cuanto a Pardo Bazán, me encanta su prosa, nada pedante pero muy cuidada.
EliminarSaludos.
Que tal? el pazo,
ResponderEliminartodavía los buitres
de los Martínez
Bordiu, no lo han
entregado? ,un
saludo.
La verdad, Orlando, es que no lo sé; lo último que leí hace tiempo es que la Justicia sentenció que el pazo era patrimonio del Estado, mientras los descendientes de Franco defendían que era suyo y que lo sería siempre. Y ahora leo en Internet que los herederos de Franco ya no viven en el Pazo de Meirás. La propiedad fue devuelta al Estado español el 10 de diciembre de 2020, tras una larga batalla legal que determinó su titularidad pública.
EliminarUn saludo.
Pues me ha gustado, y mucho, el fragmento seleccionado de Pardo Bazán. En mi memoria de EGB está junto a Fernán Caballero y a Rosalía, sin haber leído nada de ninguna de ellas. Todo no se puede. Pero veo que los que planificaban la EGB sí que sabían elegir bien lo que enseñaban.
ResponderEliminarSaludos.
Mateo.
Es lo mejor del relato, esos dos párrafos. La continuación me decepcionó un poco.
EliminarEn efecto, yo creo que antes se planificaba mejor lo que había que enseñar; claro que sobre eso siempre habrá psicopedagogos y profesores que lo rebatan, que aquello no servía para nada, etc.
Saludos.