jueves, 22 de octubre de 2026

Sobre los tatuajes y la vuelta de Puigdemont

Dedicaba F.C. su entrada de ayer al tatuaje. G.U. les confiesa que no le gusta nada este "arte". Tenía una buena profesora de acuarela cuyo marido era médico y tatuador. Y ella —según decía— se dedicaba a quitarlos a aquella gente que se arrepentía de tenerlo, que era bastante. No sé si eso es posible, ni si ella también los diseñaba, era muy artista.
Los primeros que vio G.U. fueron en Melilla en 1976, en la mili, a compañeros que lucían "con gran orgullo y satisfacción" la cara de su novia o incluso ¡el logotipo de Regulares! en cara, espalda, pecho o piernas, pero la gente "normal" no los tenía.

Con la llegada de la Transición y cosas como la "Movida Madrileña", el tatuaje comenzó a usarse como un símbolo de rebeldía y contracultura por parte de tribus urbanas (punks, rockeros). Tatoo´s, los llamaban finamente. Y... «de aquellos polvos vienen estos lodos».

Ahora se los hacen imprimir muchos futbolistas, se diría que casi todos. Los del Athletic de Bilbao son especialmente proclives. Incluso algunos pasan varias horas de sedación (eso duele) para grabarse imbecilidades, como las de un león (quizá sepan algunos de ustedes que a los jugadores de ese club se les llama "leones", a pesar de su manifiesta mansedumbre actual). Se ve que a falta de cosa mejor que hacer en sus ratos de ocio (salvo dos horas de entreno, tienen todo el resto del día libre), se tatúan todo el cuerpo o se dedican a hacerse peinaditos ridículos, que van variando con cierta frecuencia.  
Si hay algo "perverso" en el asunto (ojo, hay cosas peores) es que todo eso es copiado ipso facto por los adolescentes. Y las chavalas ni les cuento, llevan la ropita (o la falta de ella) adecuada para que se vean sus tatoo´s, aun a riesgo de morirse de frío. Quizá sea que cuanto más hortera es uno, más tatuajes y moñitos de samurái lleva; y a la inversa, cuanto más chévere (como dicen en Hispanoamérica), menos de esas cosas, o ninguna. Pero no sólo es cosa de jóvenes, gente entrada en años sigue luciéndolos tan ufanos.
Un sujeto llamado Cristian López (Barcelona, 1986), conocido en el mundillo como Coreh López, es tatuador profesional especializado en "Estilo Realista en ByN"; se dice que es uno de los mejores dentro del área metropolitana de Barcelona. Vive de eso y además imparte rentables cursillos online; que lo sepan, por si les interesa apuntarse.
Pues bien, Coreh López tiene mucho trabajo tatuando caras en el cuerpo a horteras diversos (y con la vuelta a casa de Puigdemont este domingo se le acumula la faena), pero reconoce que nunca hasta entonces se había encontrado con una petición tan insólita, y menos en un lugar del cuerpo así (nos referimos a Puchi impreso en el culo).

Se trataba de una broma entre colegas, afirmaba Coreh. Por su parte "Para nada mi tatuaje es una muestra de falta de respeto sino de admiración", aclaraba el joven con el tatuaje de Puigdemont en el pompis. "Estoy convencido de que si Puigdemont acaba enterándose de que me he tatuado su cara se lo tomará bien". Hasta tal punto de que comentaba alborozado (en castellano) al verse en el espejo: "Es que parece que se te vaya a comer, tío". Lo publicaba El Periódico el 14 de febrero de 2018 —Día de los Enamorados—, en pleno procés, aunque ya huído el Molt Honorable President al palacete de Waterloo. Pues bien, Coreh López está que no da abasto estos días. 

En efecto, Puchi volverá pronto, en olor de multitudes; su pianista Comín lo ha hecho hoy, jurando la Constitución así: "Por fidelidad al pueblo de Cataluña y cumpliendo el mandato del 1 de octubre, por imperativo legal, sí, prometo". A día de hoy, no se sabe si alguien imprimirá a Comín en su trasero. Su padre, Alfonso Carlos, parecía un buen tipo.

2 comentarios:

  1. Y además hacerselo es doloroso. Ya son ganas. Un beso

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  2. Las personas que se tatuan no lo hacen para ellos, sino para que se los vean los demás.
    Esto es importante de aclarar, dado que uno piensa que se graban cosas imborrables: un campeonato de fútbol, el ser primero en una olimpiada, el nombre de tu hijo..., pero no, si se observa bien las chicas se tatuan en la nalga todo tipo de cosas, pero claro para que se les vea han de llevar minipantalones; así los chicos, que se tatuan detrás de las pantorrillas y han de llevar pantalones cortos en pleno invievierno y desear que haya alguien que les siga, porque ellos no se ven lo tatuado.
    Los tatuajes son el símbolo de la falta de cultura y ser parte de la masa, esa que quiere ir a la moda y o sea, la cultura de la alienación, palabra en desuso pero que tiene un valor especial en este momento.

    Por lo del Puchi, me imagino que si pone la nalga de lado y al mismo tiempo esta cagando de cuclillas, cuando le salga el cagarro al igual parecerá que se está fumando un puro.
    Es de poema¡
    Un abrazote ¡¡¡

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