El alba en Barcelona desde el Tibidabo / [Fotografía de Alfons Puertas (21/10/2026)]
Esta mañana hemos amanecido así. Una vez más, con una fotografía muy pictórica de Alfons Puertas desde el Observatorio Fabra donde trabaja. El cielo ocupa casi toda la imagen convirtiendo a Barcelona en una especie de franja más oscura, con las montañas del Carmel, el turó de la Rovira, el Ensanche y la línea del mar. Los rojos encendidos, los naranjas y los amarillos del horizonte contrastan con los violetas y los azules grisáceos de las nubes, que parecen desplazarse en grandes oleadas. El contraste entre colores fríos-cálidos y entre colores complementarios produce con frecuencia estos efectos.
G.U. (izquerda) con su madre ("Patiña") y hermanos [Fotogragía: Carlos Sáenz ("Tirano") ¿1962? / granuribe50]
Hemos conectado el ordenador y nos encontramos con una entrada de M.C. sobre el avión del Tibidabo y el original que le sirvió de inspiración. Un avión precioso, el original y la copia. Allí, en un enlace habla de GRAN URIBE y eso "nos llena de orgullo y satisfacción". Sí, a principios de 2024, ambos dedicamos nuestros blogs a este asunto.
Y a raíz de eso nos ha entrado un poco de nostalgia, una vez más, sentimental que es uno. Un servidor acudió al Tibidabo media docena de veces durante su infancia, todavía con el pantaloncito corto. Siempre se montaba en el avión, que era lo que más ilusión le hacía. Esta imagen la tomó nuestro padre algunos años después; es de suponer que esa tarde G.U. aprovechó también para subirse a ese aparato, aunque no es descartable que sus hermanos declinaran ya tal paseo, eran ya mayores e incluso fumaban...
El NO-DO de la época describía el asunto en su grandilocuente estilo habitual, pero es un documento entrañable. Nos gustaba mucho ir allí, la verdad, pero sobre todo ¡el avión, el trencito y el castillo! (la Atalaya y unos vagones colgantes sobre el vacío nos daban
más bien pánico, pero también subíamos). En los espejos nos mondábamos.
Le comentaba a M.C. en su entrada:
«Luego, cuando era tutor de un grupo de 4º de ESO en el instituto, a la hora de que los zagales (¡16 años!) escogieran dónde querían ir de excursión durante el curso, varias veces decidieron el Tibidabo, porque querían darse una vuelta en el avión, subirse a la Atalaya, mirarse en los espejos deformantes y entrar en el Castell Misteriós (que era un pasaje del terror clásico con suelos móviles, efectos de aire, trampas y monstruos mecánicos que daban sustos. Me gustaba en mi más tiena infancia porque me daba mucho yuyu y cuando llevaba a los alumnos todavía estaba "operativo". Pero en 2018 lo reformaron para adaptarlo al "público infantil" y se reabrió bajo el nombre de Castell dels Contes. Una bobada sin gracia alguna, ya que los niños se ve que no pueden tener miedo, pobres). Ni que decir tiene que mis alumnos estaban un poco infantilizados, algo habitual en la ESO, y se lo pasaban pipa allí a los 16 años.
Parque de Atracciones del Tibidabo, observatorio Fabra y Barcelona al fondo [Fotografía: Sonia García]
O sea que, a la media docena de veces de la infancia, hay que añadir otras dos, cuando ejercía mi trascendente labor tutorial de adolescentes. Y el caso es que me seguía gustando; en plan madalena de Proust, me retrotraía a mi infancia, hasta el olor era el que recordaba. Además, el color era el antiguo y todavía no habían pintado de rojo el avión».
El avión del Tibidabo en la actualidad [Fotografía publicada en La Vanguardia (16/12/2018]
No lo vi, no sè, pa donde narices miraba,
ResponderEliminartodo lo demas , desde luego, me dirigia
a Tarrasa en ese momento, buena noche,
un saludo.