Con la llegada de la Transición y cosas como la "Movida Madrileña", el tatuaje comenzó a usarse como un símbolo de rebeldía y contracultura por parte de tribus urbanas (punks, rockeros). Tatoo´s, los llamaban finamente. Y... «de aquellos polvos vienen estos lodos».
Ahora lo practican mucho los futbolistas. Los del Athletic de Bilbao son
especialmente proclives. Incluso algunos pasan varias horas de sedación para
grabarse imbecilidades, como las de un león (quizá sepan algunos de ustedes que a los jugadores de ese club se
les llama "leones", a pesar de su manifiesta mansedumbre actual). Se ve que a
falta de cosa mejor que hacer en sus ratos de ocio (salvo dos horas de
entreno, tienen todo el resto del día libre), se tatúan todo el cuerpo o se
dedican a hacerse peinaditos ridículos.
Si hay algo "perverso" en el asunto (ojo, hay cosas peores) es que todo eso es copiado ipso facto por los adolescentes. Y las
chavalas ni les cuento, llevan la ropita (o la falta de ella) adecuada para que se
vean sus tatoo´s, aun a riesgo de morirse de frío. Quizá sea que cuanto más
hortera es uno, más tatuajes y moñitos de samurái lleva; y a la inversa, cuanto más chévere (como
dicen en Hispanoamérica), menos de esas cosas, o ninguna. Pero no sólo es cosa de jóvenes, gente
entrada en años sigue luciéndolos tan ufanos.
Un sujeto llamado Cristian López (Barcelona, 1986), conocido en el mundillo como Coreh López, es tatuador
profesional especializado en "Estilo Realista en ByN"; se dice que es uno de los mejores dentro del área metropolitana de Barcelona. Vive de eso y además imparte rentables cursillos online; que lo sepan, por si les interesa apuntarse.Pues bien, Coreh López tiene mucho trabajo tatuando caras en el cuerpo a horteras diversos (y con la vuelta a casa de Puigdemont este domingo se le acumula la faena), pero reconoce que
nunca hasta entonces se había encontrado con una petición tan insólita, y menos en un lugar del cuerpo así (nos referimos a Puchi impreso en el culo).Se trataba de una
broma entre colegas, afirmaba Coreh. Por su parte "Para nada mi tatuaje es una muestra de falta de respeto
sino de admiración", aclaraba el joven con el tatuaje de Puigdemont en el pompis. "Estoy convencido de que si Puigdemont acaba enterándose de que me he
tatuado su cara se lo tomará bien". Hasta tal punto de que comentaba alborozado (en castellano) al verse en el espejo: "Es que parece que se te vaya a comer, tío". Lo publicaba El Periódico el 14 de febrero de
2018 —Día de los Enamorados—, en pleno procés, aunque ya huído el Molt Honorable President al palacete de Waterloo. Pues bien, Coreh López está que no da abasto estos días.





Y además hacerselo es doloroso. Ya son ganas. Un beso
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