| Imagen tomada segundos después del atentado anarquista al rey Alfonso XIII, en 1906 [Fotografía: Eugenio Mesonero Romanos (31 de mayo de 1906)] |
La primera parte de la novela transcurre en Madrid, con personajes y disquisiciones muy barojianas, hasta que él y su hija María acaban escondidos en casa de un jardinero de la Casa de Campo, que le debe algún favor al médico. Desde ese lugar, el doctor Aracil contacta a hurtadillas con algunos amigos que saben de su paradero. Uno de ellos es el doctor Iturrioz, uno de los personajes más fascinantes y complejos creados por Pío Baroja (reaparece también con un peso enorme en El árbol de la ciencia). En La dama errante, funciona principalmente como el alter ego ideológico y filosófico del autor.
A través de Iturrioz, Baroja proyecta su propia visión del mundo y articula el armazón de la novela. El cinismo y la experiencia desencantada, la contradicción del intelectual noventayochista, la conciencia crítica de España, etc. Veamos un ejemplo de una conversación con María Aracil, hija de su amigo, en un speech típicamente barojiano.«—Eres un salvaje. —¿Por qué no? En España todos tenemos un gran fondo de salvajismo. Aquí no hay espíritu cívico, social, de humanismo. No lo ha habido nunca. —Desgraciadamente. —O afortunadamente. Aquí no hay más que tres cosas: un patriotismo, de Madrid, burocrático y falso; un regionalismo, que es una cursilería, un provincialismo infecto, y luego la barbarie natural de la raza. Esto es lo español. Y no lo comprenden. [...] Así que en todos los órdenes de la vida triunfa lo mediocre, y lo mediocre se apoya en lo que es más mediocre todavía. Toda nuestra civilización actual ha servido para reducir al español, que antes era valiente y atrevido, y convertirlo en un pobre diablo. Y luego no es sólo la mezquindad de la vida, sino que es también su irrealidad. La vida española no tiene cuerpo, no es nada. Los instintos vegetativos y una serie de impresiones en la retina; ésa es toda nuestra existencia, nada más. Somos mejores para figurar en las vitrinas de un museo arqueológico que para luchar; vivimos hechos unos animales domésticos, no fuertes y bien cebados, sino canijos y tristes, con el aire débil y lánguido que tienen los animales cuando se los encierra. Porque hay que ver hasta dónde hemos llegado de pequeñez, de mezquindad, de cursilería. Antes creíamos que los cursis eran los pobres, y no, en España los cursis son los potentados, los aristócratas, los duques, los escritores, los políticos; lo cursi es el Congreso, las redacciones de los periódicos, los saloncillos de los teatros, el Ateneo, los lunes del Español...». |
Mañana seguimos con la segunda parte de esta novela de Pío Baroja, que le ha gustado mucho a G.U. (no en vano es un fan de él, incluso el de sus peores novelas, que las tiene). Un viaje desde Madrid a través de la España profunda de principios del S. XX, hasta llegar a Lisboa, donde tomarán un barco a Londres.



No he leído ese libro de Baroja, había leído algunas obras de este autor y en medio de mis lecturas se entrometió la crítica implacable de Eduardo Gil Bera, "Baroja o el miedo", y dejé aparcadas las lecturas de Pío Baroja para reemprenderlas más adelante. Ahora con tu escrito me animas a volver al asunto.
ResponderEliminarSaludos.
Buscaré la novela. Un beso
ResponderEliminarEs que no deja de tener razón, Gran Uribe: "Así que en todos los órdenes de la vida (en España) triunfa lo mediocre, y lo mediocre se apoya en lo que es más mediocre todavía.", ¿dime donde yerra?
ResponderEliminarSucede que además nos negamos a aceptar la realidad en nuestro convencimiento de que nuestras ideas no son la erradas y apartamos todo aquello que no confluya con nuestra manera de pensar, manera de pensar que se alimenta de aquello que deseamos que suceda, no de lo que sucede; es tan evidente el hecho que incluso todo lo elevamos a nivel personal, y nos ofendemos si alguien se atreve a decir que algo en contra de nuestro candidato preferente, pasando por alto todo aquello que pueda hacerle cómplice de acciones punibles.
Penosos, somos penosos.
Un abrazote
Perdona, Gran Uribe, pero mira lo que escribí hace mas de tres años: https://totbarcelona.blogspot.com/2023/03/no-se-tiene-lo-que-se-tiene-que-tener.html
EliminarTengo las obras completas de Baroja, pero este no lo he leído. Me lo apunto para leerlo cuando acabe Al este del Edén de Steinbeck. Me gusta volver siempre a Baroja. Saludos.
ResponderEliminarA mí me pasa como con la los macarrones a la boloñesa, las ensaladillas rusas y las tortillas españolas. Las hay buenas, regulares y malas. Me las zampo todas. Con Baroja me pasa igual, me acompaña siempre ese sonsonete, ese ritmo y esa prosa inconfundible. En mi opinión como lector, y no como otra cosa, no todas son buenas; también las hay regulares y malas, no puede estar uno igual de acertado siempre. Me da igual, me las zampo todas. Saludos.
EliminarEn el colegio, con 16 años, me dijo la profesora de Literatura: "¿Has leído a Baroja?" Le contesté: "No. ¿Por qué?" "Pues porque tienes su estilo escribiendo", me dijo.
ResponderEliminarAhora, no sé si tengo su estilo porque sigo sin haberlo leído. Una asignatura totalmente pendiente por llevar muchos años sin leer narrativa.
No me extraña que te dijera eso. Tu manera de escribir parece sugerirme que no sólo has leído ensayos, diarios, historia, biografías o cosas así, incluso poesía: tiene un tinte barojiano, como de alguien que le ha dado fuerte a la narrativa. Pero veo que no es así, será algo innato...
EliminarCon los años que tengo, he pasado por muchas etapas en mis lecturas y sí que tuve una época de mucha narrativa, que coincidió con el boom de los escritores latinoamericanos, del realismo mágico y todo eso, pero también de los escritores alemanes que coincidieron en esa misma época y que creo me influyeron más que los americanos a pesar de ser traducciones. Antes de eso, tuve una época muy barroca influida (te vas a reír) por un amigo: Tico Medina. Afortunadamente, una temporada de escribir reseñas de discos para un amigo locutor, al que le habían encargado un programa de presentación de discos nuevos y no tenía ni idea, me hizo "podar" mi prosa y dejarla como estaba antes. Como verás, las influencias son muchas y la de Baroja debe ser de nacimiento.
EliminarPues sí, será de nacimiento entonces. Por cierto, no sabía que Tico Medina fuera amigo tuyo ni que tuviera una manera de escribir barroca, sólo lo conocía por sus intervenciones en televisión.
EliminarEn cuanto a mí, leo novelas desde los ocho años (además de los TBO`s, primero fue Salgari y Julio Verne, luego —gracias a que mi hermana estudió Filología Hispánica me zampaba todo lo que traía por casa— enlacé con Galdós, todo el 98, el 27, el realismo español de los cincuenta (los Goytisolo, Luis Martín Santos, Antonio Ferres, García Hortelano, Alfonso Grosso, etc.), el "boom sudamericano" (todo, salvo algún pelma), Ramón J. Sender (muy bueno), Carmen Martín Gaite (también) y otros autores sueltos. Teatro: todo el Siglo de Oro (mi padre tenía una buena colección y era muy aficionado a leerlo). De los escritores españoles actuales, creo que sólo me ha interesado mucho Javier Marías, tan opuesto a Baroja en su manera de novelar, y algunos más, pero pocos. Mucha más literatura en español que extranjera, aunque también ésta, especialmentre la francesa. Ensayos, muchos menos, sólo los que nos hacían leer cuando estudiaba Arquitectura, algunos de ellos muy abstrusos; es un género al que tomé algo de manía. Me parece mentira recordar que por entonces ¡leía sin gafas!
En fin, todas esas lecturas y las infinitas cartas que escribía a gente diversa (en mi adolescencia y también en la mili me hinché) me enseñaron a redactar. Poca gramática y reglas de ortografía sé, aunque creo que lo suficiente. Jamás he entendido los líos que se traen con ella en la enseñanza media; cuando veía las cosas que les explicaba mi esposa (era profesora de Lengua y Literatura) a los zagales en el instituto, alucinaba...
Saludos.
Te has dejado a Delibes...
EliminarY sí, Tico Medina y yo fuimos amigos siendo muy jóvenes, antes de irse a Madrid. Después, correspondencia un poco de tiempo... y se acabó. Lo normal a esas edades. También él cambió bastante el estilo rebuscado y lleno de adjetivos que tenía en sus inicios en la revista Careta, en donde destacaba por el maltrato a algunas de las entrevistadas, como cuando dijo de una cantante: "Tiene los dientes amarillos y las piernas delgaditas y en paréntesis como un cowboy". Era listo y sabía que, para abrirse camino en Madrid un chico de provincias y feo con apuros, tenía que llamar la atención de alguna forma.
Pues sí, se me ha pasado, y eso que para mí está en un pedestal, situado después de los que cito de los años cincuenta y antes del "boom sudamericano".
EliminarHace tres días hubiera cumplido 106 años. Recuerdo que La sombra del ciprés es alargada, la primera novela de Miguel Delibes (con la que ganó el Premio Nadal en 1947), fue una lectura obligatoria cuando hacía PREU, en 1966. Estaba bien escogida y ya me impactó con su prosa tan depurada. Tres años después, pasé un mes en casa de unos parientes que tenían una finca en el páramo de los montes Torozos. Allí me leí todos sus libros de caza. Y desde entonces me he zampado todo, creo, hasta la última suya El hereje, impresionante.
Para mí es el mejor, y a él he dedicado varias páginas en El blog del gran Uribe y... demasiado pocas que han sido.
https://granuribe50.blogspot.com/2020/10/hoy-hace-cien-anos-que-nacio-miguel.html
Estimado amigo:
ResponderEliminarHe dado muchas vueltas a la entrada anterior, muchas. He recurrido a mi antiguo profesor, el que me llevó casi todos los trabajos de Filosofía, para que me aclarara lo que tenía claro pero no acababa de comprender.
En una escena ploítica donde el protagonismo es la política, lo político es jurídico, de tal manera que lo moral (el agradecer los hijos, el beso en la boca, y demás) es social e individual.
Todo esto viene porque el poder es político, no moral, y no pueden haber discursos morales para sistemas políticos (Ortega).
Lo moral es lo Trascendente, lo político es lo Legal, por lo que en un discurso Legalnormativo (el que hubo en ese momento por el Sr Sánchez), los besos, promesas de amor y connotaciones de felicidad mutua son una falsa conclusión realista que nada tienen que ver con los hechos políticos electorales.
NO se pueden mezclar cuestiones legales (un discurso político) con acciones trascendentes (abrazos , besos, agradecimiemtos por los hijos y promesas de amor mutuo); ese hecho no es mas que una instrumentalización de un gesto moral al servicio de un fin político, su fin, que no es mas que legitimarse ante el electorado para alcanzar el poder.
PD: Detrás de esto está Ortega y Habermas, y no sólo son simples palabras, sino consideraciones a tener en cuenta sobre teorías en acciones comunicativas, de las que el Sr Sánchez es un habil hacedor.
Gracias y perdón por la extensión.
Perdonado quedas, aunque este comentario pertenezca a la entrada anterior. Está bien fundamentado y no puedo sino darte toda la razón.
EliminarPero el populismo del que decía renegar hace años nuestro enamorado presidente parece impregnar buena parte de su actuación posterior. No sólo a un culebrón todo lo de estos días, se asemeja también a la Kirchner, mujer del presidente de Argentina y que luego consiguió su cargo; "peronismo" en estado puro (como aquí, en mi modesta opinión). El eslogan lo utilizó ya ella en su campaña de 2011, utilizando sin rubor alguno una antigua imagen con su marido (fallecido ya por entonces) y el imbatible eslogan "La fuerza del amor". Mal asunto.
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Un abrazo