Hará cosa de un mes dejó de funcionar Internet en casa. Sin él... ¡estábamos perdidos! La inmediata llamada a 1004 se saldó con que se trataba de una avería general en esa zona, pero ¡ojo!, habían detectado, al efectuar el análisis de la línea, que teníamos un Router obsoleto, atrasado o antiguo, no recordamos el adjetivo. Y que un mensajero nos traería al día siguiente un Router SmartWiFi 6 Go.
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| El Router que obra en poder de G.U., a la espera de "configuración" |
G.U. es un analfabeto en estos asuntos, que sabe que para un iniciado son
"coser y cantar", pero él no figura en esa categoría. Es más, detesta todo
esto, casi como Arturo Pérez-Reverte, como podrán comprobar más adelante. Uno no es capaz de "configurar" nada. A la
pregunta de G.U. de si el que lo trajera se encargaría de "configurar" todo el
asunto, ordenador, TV, Movistar+, móviles, nevera, robot de limpieza, etc., el
asesor comercial indicó que no, que era muy fácil ajustar los nuevos
parámetros, había un folleto de instrucciones en la caja y un enlace a un
vídeo explicativo. Y colgó sin más.
Y al día siguiente, en efecto, llegó un
sujeto con el flamante Router. En Telefónica nos han dicho que, haciendo una
excepción, vendrá un técnico a solucionar el asunto sin coste adicional y que
ya se pondrán en contacto con nosotros para quedar día y hora. Un mes después, aún estamos
esperando, sin prisa alguna, porque nuestro Router antiguo funciona perfectamente, aunque esté obsoleto.
Entretanto, el jueves leímos una columna del escritor antes citado, que tiene una pluma muy ágil para describir este tipo de embrollos y aquí nos sentimos identificados con él una vez más. Dice así:
«Compré un televisor nuevo. No porque lo necesitara, sino porque soy un ingrato: el antiguo funcionaba sin pedir a cambio más que cariño. Encendías, salía la imagen y punto. Algo que ni el progreso ni mi estupidez podíamos tolerar. El nuevo llegó en una caja enorme que abrí como quien desactiva una bomba: con cuidado, sudor frío y la intuición de que hagas lo que hagas, cable rojo o cable azul, algo va a salir mal. Dentro estaba él: negro, ultraplano, mirándome con la arrogancia silenciosa de los objetos que saben que eres un tiñalpa. Yo soy moderno y tú no. Lo enchufé, pulsé ‘encender’ y ahí empezó lo guapo. «Bienvenido», dijo la pantalla. Mentía, claro. Nadie te da la bienvenida a un interrogatorio policial. Primera orden: el idioma. Español. Todavía bien. Segunda: país. España. Seguimos. Tercera: conexión a Internet. Aquí ya levanté una ceja pero acepté. Introduje la contraseña del WiFi usando un mando diseñado por alguien que claramente odia a los seres humanos. Fallé, claro. Fallé otra vez. A la tercera entró por pura chiripa. Entonces, sin anestesia, llegó la frase capital que define nuestra época: «Para continuar, debe iniciar sesión o crear una cuenta».
Ahí comprendí —la jiñaste, Burtlancaster— que no había comprado un televisor;
había adquirido un funcionario, un burócrata electrónico con alma de
rascapuertas y vocación de notario. ¿Iniciar sesión? Claro, cómo no. Porque
todo ciudadano decente tiene, por supuesto, una cuenta creada para cada
electrodoméstico que compra: una para el microondas, otra para la aspiradora,
otra para la madre que los parió. Pero, bueno. De perdidos al río. Metí mi
correo. Contraseña incorrecta, naturalmente. Recuperar contraseña. Móvil en
mano. Código. Otro código. El código ha caducado. Vuelvo al televisor. Inicio sesión. Error. No un error concreto, no. Un «error inesperado». Que es la forma tecnológica de decir «búscate la vida, gilipollas». Respiro hondo. Vuelvo a empezar. Esta vez sí entra. Milagro. «¿Desea mejorar su experiencia activando el asistente de voz?». No, perra. No deseo hablar con la tele ni con nadie. Con mi abogado, si acaso. Desactivo todo. Me pregunta la máquina, supongo que en plan recochineo, si estoy seguro. Pues claro que estoy seguro. He leído Historia, cabrones.
Siguiente fase: actualización del sistema. Obligatoria. Barra de progreso
eterna. El televisor se reinicia. Me da tiempo a pensar en el fracaso de mi
vida, en la decadencia de Occidente. En Flori. Vuelve a encenderse.
«Bienvenido». Idioma. País. WiFi. Inicio sesión. Todo de nuevo. Porque el
progreso también consiste en repetir las cosas hasta echar la pota. Aquí es donde comprendes que la máquina no es tonta, ni complicada. Es cruel. Sabe chotearse. Sabe exactamente lo que ha hecho contigo, la hija de la gran puta». Arturo Pérez-Reverte, Valore su experiencia de configuración |
Pérez-Reverte usa la TV sobre todo para ver cine, al que es muy aficionado (como lo era Javier Marías). El caso es que en casa nos pasa un poco lo mismo, pero no estamos muy satisfechos con la TV que tenemos; no se oye del todo bien y no se entiende lo que dicen los actores (y actrices) españoles/as, que bisbisean y no vocalizan, por lo que vemos esas películas con subtítulos, cuando los hay (pocas veces). Por tanto, estamos barruntando comprar otra (del mismo tamaño pero con mejor altavoz), aunque tras la experiencia que relata don Arturo —quizá algo ficticia— se nos pasan un poco las ganas.




Je, je.
ResponderEliminarHace diez días que he estrenado coche. Un modelo híbrido de Renault, con cambio automático y cargado de "ayudas a la conducción". Ya he conducido anteriormente vehículos con cambio automático. Es un sistema particularmente cómodo: marcha atrás, marcha adelante y punto neutro para estacionamiento.
Pero, ¡¡ ay !! con las ayudas. La encargada de entregas del concesionario me dio unas explicaciones superficiales de cómo funcionan, accionando una constelación de botones situados en los radios del volante. Un maravilloso GPS te sitúa en las zonas de circulación con sus velocidades delimitadas por la normativa.
Primer dia al volante : con las ayudas activadas, el coche se frena cuando superas los 30 kilometros hora en cualquier calle, aunque sea una ancha avenida con todos los semaforos en verde, con el consiguiente peligro de que el vehículo que te precede te embista por detrás con esa frenada inexplicable.
Segundo acto : entro en la ronda litorla en dirección al puerto de Barcelona. No hay apenas tránsito, y en un momento dado, el coche frena espontaneamente con un aviso en el tablier : ¡¡ Peligro de colisión inminente !!.
Literalmente, me acojono y procedo a desconectar las "ayudas", que eso si tengo claro como se hace a traves de la miriada de pulsadores.
Explicación : la "maquina infernal" detecta si tienes las dos manos al volante, y si no es así, a los treinta segundos salta ese aviso y esa frenada correctiva automática. Y es que un servidor, circulando por carretera y en condiciones relajadas, tenia la costumbre de conducir empuñando el volante con una sola mano.
Conclusión, tengo que revisar el "breve manual de funcionamiento". Unas sesenta páginas en archivo PDF que he tenido que descargar de la pagina del fabricante, para "CONFIGURAR" las malditas ayudas a la conducción, y no padecer mas sustos como los anteriores.
Con lo dócil que era el viejo Toyota diesel. . . . .Nunca me llevó la contraria.
Lo del "router" no es "na"
Saludos
Comprendo, comprendo, comparado con esos coches inteligentes, lo del router no es nada. Yo también a veces suelto una mano del volante pero como el mío es tonto no se frena. Por otra parte, detesto esos PDFs explicativos, especialmente los que son de coches, con unos esquemas y dibujitos que no suelo entender con facilidad. En fin, espero que con paciencia y estudio te adaptes rápidamente a la inteligencia de tu coche.
EliminarSaludos.
jajajajaja..Lucháis contra el sistema¡¡¡ jajajaja
ResponderEliminarLo tenéis todo perdido.
Deciros que en una ocasión luché contra el Roomba por lo mismo y me dijo, la hija de la gran chingada algo aproximado a esto :
"Cada vez que intentes configurarme, mostraré un error inexistente: "E4 - Dignidad del Usuario no Encontrada"
Todo está hecho para joder al humano, doy fé.
Salut ¡
Y tanto. antes para mi, conducir era una actividad agradable y relajada. Ahora arranco el coche con una cierta desconfianza en ese fantasma maligno que habita en la máquina.
EliminarEsto es una burocracia sanguinaria, cruel, despiadada, asesina que se ha metido en nuestras casas. Saben lo que hacen. Ellos son los espías, los grandes inquisidores, los que nos quieren hacer creer que somos tontos, son los ejecutores de la decadencia de la razón, son la hez que sale de las escuelas de negocio, son la podredumbre tecnológica, son los ladrones de nuestra sensatez, provocan un mal estructural que ya se ha enquistado en nuestra cotidianeidad. Quieren nuestra sangre, nuestros bolsillos, nuestras cuentas corriente, nuestra materia gris, y están en ello. Utilizan la mentira, la manipulación, el engaño, la estafa, el timo...
ResponderEliminarHace ya unas semanitas que el telefonillo que dijo que se me había caducado el whatsapp y no sé que otra cosa más, pues ya está, estoy sin estas cosas y afortunadamente todavía me puedo comer una sopa de pescado (la hago con escórpora y rape), es una un delicia.
Salud.
Interesante sopa. Me gusta la sopa de pescado si está bien hech y tú seguro que la haces bien. Si no es así, si está hecha de cualquier manera, la detesto, especialmente cuando la cocinan en otro piso y me llega su olor por el patio.
EliminarLo tenemos crudo con esas máquinas inteligentes. Es un mal que ya se ha enquistado en nuestra sociedad, por desgracia.
En cuanto al whastapp, al menos te libras de la tabarra que dan ciertos grupitos a los que , al menos yo, he sido adscrito (en algún caso sin consultarme).
Saludos.
Todo esto es cierto, G.U. El relato de Arturo P. Reverte es real como la vida misma. Así son las máquinas, pero una cosa curiosa. Yo soy de hecho bastante impaciente, pero con la tecnología son muy paciente y cuando me encuentro situaciones así, lo intento una y otra vez, y a veces, desmoralizado, dejo pasar unas horas o unos días y vuelvo a enfrentarme al problema, y, hasta ahora, no me ha pasado que no pueda resolver un proceso complejo como los que se detallan. A mis diecisiete años estudié en COU Lógica matemática, y yo que me encaminaba a las letras, a pesar de haber hecho bachillerato de ciencias, me encontré con las famosas veinte tautologías que me fascinaron cuando las estudié a fondo. Todo proceso lógico tiene siempre caminos para ser resuelto, solo es cuestión de tiempo. Y la tecnología requiere tiempo y paciencia aunque nos parezca kafkiana. Siempre hay una solución, aunque no me planteo problemas mayores que están fuera de mi alcance. En los problemas cotidianos de artefactos tecnológicos, suelo salir airoso. Saludos.
ResponderEliminarSí, Joselu, es cuestión de paciencia. Me sucede con muchas páginas web, especialmente las de instituciones públicas, en las que es frecuente que salga el "error inesperado, inténtelo más tarde". También las de compra online, en las que te piden mil datos, pero siempre falta algo, o ya usaste ese nombre de usuario o clicas donde no debes y aparecen mensajes en rojo y no sabes en qué falla.
EliminarEn cuanto a configurar aparatos, soy totalmente nulo, tal como explico en el texto. Me consuela saber que también lo es gente inteligente como el señor Pérez.
Saludos.
Hoy en Sexto Sexenio el espeluznante caso de Abundio Tolomeo un individuo que afirma leerse siempre los Términos, las Condiciones de uso y el trato de los Datos de carácter personal de todos sus electrodomésticos y automóvil. Aterrador documento.
ResponderEliminarEn mi caso, tengo tres aplicaciones en el móvil para que me manden un código que debo meter cuando entro en el configurador de camiones, con su usuario y su clave que me cambian cada tres meses. Tengo que marcar esas claves y ese usuario para que me manden un numero y meterme en el stock de V.N., en el de V.O. Tengo claves para la banca electrónica, para la tarifa, para la financiera, para el correo oficial, para el oficioso, para mi calefacción, para la alarma del taller...
Todo esto mientras escucho al criminal de turno decir: "Es muy fácil de instalar y utilizar" cuando nos muestra otra nueva aplicación de mierda que debemos instalar. "Te hace la vida más fácil" dicen los facinerosos.
Los muy "hijoputas" cuando muestras tus naturales reticencias a este despropósito se te quedan mirando como si fueras un analfabeto funcional, es entonces cuando quiero venganza y con el colmillo retorcido les pregunto: ¿Te sabes de memoria el teléfono de tu madre? y ahí muestro lo estúpido de todo esto, se saben de memoria las claves y los usuarios pero no el teléfono de su madre o de su padre o de sus hijos o hermanos. Ahí se que he vencido, porque yo me los sé, esos números y muchísimos más.
Y pagar siempre con efectivo, que no se nos olvide, hay algo perverso cuando compras un café y el dinero que no has tocado pasa al banco del que te vende algo y ni yo, ni él lo tocamos, todo se lo queda y lo manejan los bancos, ¿estamos locos?. Llegara el día en que nos dejaran sin dinero pulsando un botón y nos quedaremos pensando con cara de idiotas ¿Cómo hemos llegado a esto?.
Había leído el texto de Don Arturo, que como articulista es de lo mejor que ha dado este país, de sus libros, algunos me gustan y otros no.
Un saludo, a pasarlo bien y gastar poco y en efectivo.
Me molesta todo esto, muy especialmente cuando me hacen cambiar la contraseña cada x meses y ni siquiera recuerdo la que tenía, y hay que enviar mensaje para que te envíen una provisional extrañísima y tengo que cambiarla y repetirla otra vez y te dicen contraseña no segura busque otra, uf, qué coñazo. Y así todo.
EliminarEn cuanto a Pérez-Reverte, me parece un gran articulista. Sus textos son afilados y se leen con facilidad. Domina el formato. Me gustó mucho, un poco parecido al que publico, uno que se llamaba "Hoteles inteligentes y la madre que los parió" (pongo arriba el enlace). He tenido la desgracia de estar en alguno de esos y es exactamente como lo pinta. En cuanto a las novelas, creo que me las he leído todas, excepto las de Alatriste y la última. Algunas me gustaron y otras no. Entre estas últimas, una que trancurría en un hotel solitario y se producía un asesinato, un poco a lo Agatha Christie pero en malo (se llama "El problema final") y otra de la batalla del Ebro. En cambio, me gustó mucho la serie de Falcó y "El italiano".
Otro saludo para ti, ¡con los mismos deseos!
Lo de que no vocalizan, que tienen mala dicción los dobladores, no lo vas a solucionar con un cambio de tele. Por cierto, también tiro de subtítulos, algo imprescindible en Netflix, con sus doblajes a un castellano internacional, medio americano.
ResponderEliminarEso se lo digo a mi señora: que ni otra tele ni una barra de sonido solucionarán el asunto. Creo que será igual. Los actores de hoy en día no saben vocalizar, porque en general no tienen formación ninguna y además le añaden la presunta verosimilitud de poner bisbiseando el acento que corresponda, sea cheli, gallego, maño, andaluz, catalán, vasco, pijo, de pueblo, el que sea, en vez de hablar normal sin forzar esos acentos.
EliminarEn cuanto a los doblajes de Netflix, a mí no me sorprende, porque soporté sin pestañear los doblajes de los telefilms de los años sesenta: Bonanza, Los intocables, Perry Mason, etc., que eran todos así.
Saludos.