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| Alfredo Bryce Echenique navegando en su "Sillón Voltaire" |
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| Alfredo Bryce Echenique, portadas de La exagerada vida de Martín Romaña, Ed. Argos Vergara, 1981 |
Al acabar el acto, Alfredo Bryce Echenique le firmó a doña Perpetua un ejemplar de la novela, La exagerada vida de Martín Romaña, cuaderno de navegación en un Sillón Voltaire, que nos gustó siempre mucho y que le había regalado G.U. justamente diecisiete años antes (enero de 1982). Una novela llena de un humor autodenigratorio. La historia de un verdadero inútil que, en el colmo de su despiste, sigue a una amante a las barricadas de mayo del 68 y hace el ridículo "de todas todas".
| Dedicatoria del libro La exagerada vida de Martín Romaña (22/1/1999) |
Su obra por aquella época se había vuelto un poco repetitiva, la verdad. Y ya le perdimos de vista, hasta que una denuncia por plagiar algún artículo de La Vanguardia para un diario peruano (asunto del que al final resultó absuelto en Perú) acabó prácticamente con su carrera literaria, ya que empezó a ser execrado desde todos los puntos cardinales. Una pena. De toda su obra, aparte de Un mundo para Julius, nos gusta especialmente la novela que nos firmó Bryce en aquella noche que acabó tan mal.
Martín Romaña cuenta en la susodicha novela su vida desde Francia, reflexionando sobre sus experiencias en Europa y Perú. El "Sillón Voltaire" es la atalaya o el refugio desde el cual el protagonista, quizá alter ego del propio Bryce, evoca su pasado, con un tono irónico, digresivo y humorístico. La inmadurez, el amor, la crítica social, la visión irónica del mayo del 68 en París y las peripecias de la picaresca contemporánea, con su tan característico estilo de "oralidad expansiva".
Su "cuaderno de navegación" empezaba así, con un cuaderno azul para continuar con otro rojo.
Para acabar, unos renglones de Joaquín Sabina, un buen amigo suyo. Un par de gamberretes...
In memoriam
Puntos y comas, verbena del idioma, buzón del aire,
balas de goma, renglones con aroma a sillón Voltaire,
luna de día, lágrimas de alegría sin telarañas,
chabulerías, Inés del alma mía, Martín Romaña.[...]




D.E.P. Alfredo Bryce Echenique.
ResponderEliminarNo conozco su obra, apenas conozco la novela sudamericana, ya sabes que no leo literatura de ficción posterior al Siglo de las Luces.
Te trae recuerdos, por lo que veo de 1999.
Saludos.
Nos gustaban sus novelas, llenas de un humor cáustico, un punto rabelesiano, lleno de auflagelaciones, una especie de antihéroe.
EliminarMe trae muchos y buenos recuerdos, desde que lo conocimos en el patio de la Escuela de Arte de Almería en 1985, y allí, en su hermoso patio, nos habló entusiasmado de Barcelona, ciudad en la que vivía desde el año anterior.
El hombre padecía mucho de los pies, no soportaba estar mucho tiempo de pie. Le hablamos con gran elogio del tipo que nos había hecho las plantillas, al que él calificó entonces como "el mago" y desde ese momento a nuestro plantillero de cabecera empezamos a llamarlo "el mago", olvidando su nombre y apellido, que ahora ya no recuerdo. Y así hasta la fatídica noche de 1999, que empezó bien y acabó, ya de madrugada, como el rosario de la aurora.
Saludos.
Leí la obra, pero creo que hice una mala comparación, en aquella época estaba García Márquez y el peruano Vargas Llosa; y las comparaciones nunca fueron buenas. Comparé y de la literatura latino americana era el que menos me gustaba. Lo dejé de lado.
ResponderEliminarLos recuerdos siempre nos persiguen.
Abrazos
A cada uno nos gusta lo que nos gusta, y menos mal, si a todos nos gustara y disgustara lo mismo sería aburridísimo y muy complicado. Nunca habría sitio en los restaurantes y hoteles que nos gustan, las novelas de nuestros autores favoritos estarían siempre agotadas y las entradas de cine también. Solo quedaría a punta pala aquello que nos disgusta o desagrada.
EliminarHombre, es que Vargas Llosa y García Márquez, Déu n´hi do. Y, por supuesto, Cortázar. Pero Bryce Echenique transitaba por otra vía, nada que ver con la de esos dos (o tres) "monstruos". Andamos escasos de genios cómicos. Con su muerte hemos perdido, para mi gusto, a uno de los mejores de nuestra lengua. Bryce escribió una novela que en su momento me pareció conmovedora e inolvidable, Un mundo para Julius, una evocación divertida pero tristísima de la infancia. Pero, sin duda, mi libro preferido siempre fue La vida exagerada de Martín Romaña, una novela rabelesiana llena de humor autoflagelante, con una prosa magnífica, muy de la época. Claro, también les pasa a las novelas de los autores antes citados. Ahora las vivo de otro modo y a algunas se les ha caído el tiempo encima. Pero las disfrutamos mucho entonces...
Un abrazo.
Me apunto el nombre. Un beso
ResponderEliminarComo le digo a Miquel, a algunas de esas obras se les ha caído el tiempo encima, pero tuvieron un momento deslumbrante, al menos para los que teníamos entonces entre veinte y treinta años y devorábamos aquello como si no hubiera un mañana. Besos.
EliminarGracias Bryce
ResponderEliminarPues sí, ¡gracias! Era un buen tipo, que me hizo pasar momentos maravillosos, no sólo con sus libros sino también con las charlas a las que asistí; una de ellas, la de Almería ya relatada y también la de su despedida de Barça, un punto más nostálgica.
Eliminarhttps://granuribe50.blogspot.com/2025/11/almeria-juan-benet-y-la-poesia-de.html