jueves, 17 de septiembre de 2026

«Chez» Matisse (y II). El dibujo y las tijeras

Matisse dibujando a la Mujer persa con la cruz trifoliada (1929) / Fotografía: Hélène Adant
Matisse, Mademoiselle L.D. (1937)
Sigamos. Explicábamos en la entrada anterior que Matisse, antes de dedicarse a la pintura, se interesó mucho por el dibujo, le gustaba. Cuando estudiaba Derecho acudía a una academia nocturna para adiestrarse en el asunto. Es una disciplina que practicó toda su vida. Nos gustan mucho sus dibujos.

Matisse, Grand tête de femme (1945)
En efecto, los resultados siempre nos han gustado, con ese trazo tan característico, sin enmiendas, los contornos puros, las líneas continuas, la seguridad en el trazado... Sin embargo, en la exposición Chez Matisse había muy pocos ejemplos, por desgracia. Algunos de los que adjuntamos nos agradan mucho, pero no estaban allí, al no pertenecer al Centre Pompidou.
Matisse, Le peintre et son modèle (1937)
Este trazado a pluma, la mujer ante el espejo, retratada por el propio Matisse, que queda reflejado en él, siempre le ha "molado" a G.U. Recuerda que lo solía proponer a los alumnnos para que hicieran una reinterpretación del dibujo (previo pase de diapositivas de cuadros del autor), dotándolo de color y proponiendo la decoración que se les ocurriera. Los resultados fueron muy buenos en algunos casos (pocos, a decir verdad). 

Gertude Stein, que lo conocía mucho y fue una de sus descubridoras, afirmaba que «Matisse utiliza sistemáticamente este tipo de trazo desfigurado de la misma manera que se emplean las disonancias en la música, el vinagre y el limón en la cocina o como se aclara el café con cáscara de huevo». Es cierto, deformaba las figuras aposta, pero eso de la cáscara de huevo para aclarar el café no lo vimos venir.
Matisse, Le Repos de la danseuse (carrelage rose el bleu) (1942)
No vayan a pensar ustedes que todo en Matisse era improvisación. Elaboraba sus pinturas de manera precisa, determinando con antelación la forma de las figuras y los colores que pensaba utilizar, aunque sobre la marcha pudieran sufrir variaciones.
Matisse, Carpeta con 20 láminas estarcidas con gouache
Ya hemos dicho que los dibujos y recortes, lo más conocido, tienen poca presencia. 

Sin embargo, a partir de la década de 1940, el deterioro de su salud y las dificultades para pintar llevan a Henri Matisse a una nueva fase creativa, en la que el collage avec papiers découpés (papeles recortados de colores) se convierte en su principal medio de expresión. A este brillante capítulo final de su carrera pertenece Jazz, un innovador y experimental libro del artista, un «manuscrito con pinturas modernas, el más hermoso libro jamás realizado sobre el color», en palabras de su editor, Tériade.

Al respecto, escribía Antonio Muñoz Molina en enero de 2015 en EL PAÍS:

«En sus noches de insomnio, el viejo pintor que ya no tenía fuerzas para mantenerse de pie en el taller delante de un lienzo miraba el techo con los ojos muy abiertos y veía en él figuras sugeridas por las manchas de humedad o las grietas en la pintura. Y como le costaba tanto levantarse de la cama ideó un instrumento de dibujo que consistía en un largo palo de bambú al que ataba un carboncillo en el extremo. Tumbado en la cama, convaleciente de un cáncer que lo dejó casi inválido, Henri Matisse distraía el insomnio haciendo rápidos dibujos en el techo, en su apartamento de París o en su casa de la Costa Azul, y las limitaciones de su propia capacidad y de los medios de los que disponía eran de pronto una liberación más que un inconveniente, un atajo inusitado hacia la originalidad.
Matisse en Niza, Hotel Regina / Fotografía Walter Caron (1948)
»Pero más todavía que hacer dibujos le gustaba recortar figuras en lienzos de papel y ver cómo se desprendían de sus manos, sin apariencia de esfuerzo, como pañuelos de seda desplegándose floralmente en las manos de un ilusionista. Un día recortó la silueta de una golondrina y le pidió a su asistente que la pegara sobre una mancha en la pared del dormitorio. Sobre el papel oscurecido y gastado, la golondrina blanca se desplegaba en un cielo inmediato que era el que Matisse había visto 16 años atrás en su viaje a Tahití.
E inmediatamente después de la golondrina, como atraídos por ella, cobrando forma en la memoria al mismo tiempo que en el papel, vinieron otras criaturas y otras formas de los mares del Sur, una tortuga, una estrella de mar, una caracola, hojas de palmeras, arborescencias submarinas. [...]
Henri Matisse retratado en 1952 en el Hotel Regina de Niza / Fotografía: Lydia Delectorskaya
»Matisse tenía 75 años. Vivió 10 años más, y no paró de trabajar hasta el final de su vida, aunque ya no volvió a usar los pinceles ni el lienzo. En una explosión de libertad y fertilidad creativas que es el don de algunos viejos indomables, Henri Matisse pasó los años de su última vejez recortando y organizando y pegando papeles, usando unas veces unas tijeras de costura y otras de sastrería, según el tamaño de las figuras que tuviera entre manos. Decía que ahora dibujaba con las tijeras. [...]
Jazz, letra de Matisse / El destino e Ícaro
»Decía un amigo suyo que para Matisse los papeles recortados eran como la música de jazz: la improvisación, la instantaneidad, el hallazgo jubiloso que llega sin esfuerzo porque ha requerido muchos años de dedicación obsesiva. Matisse recortaba un pájaro en vuelo y decía que ese gesto de las tijeras avanzando sinuosa y afiladamente a lo largo del papel equivalía a la sensación misma del vuelo. Pero no todo es júbilo en esa galería embriagadora de imágenes: el Ícaro recortado en negro sobre fondo azul tiene marcado en rojo el corazón a un lado del pecho y más que volar parece que está derrumbándose por un disparo; los fulgores amarillos que lo rodean pueden ser explosiones de metralla en el cielo oscuro de las noches de la guerra». [...]

Nadie mejor que Muñoz Molina con su atinada pluma para hablar de eso. Esta faceta de Matisse es la que más le gusta. También a nosotros. Su artículo es muy bello, pero muy extenso para publicarlo aquí integro. Si lo pueden leer en EL PAÍS, aquí está el enlace: 

 Antonio Muñoz Molina: El dibujante con tijeras

Matisse, Las mil y una noches (1950)
Matisse, Desnudo azul (1952)
Matisse, La tristeza del rey (1952)
Antes de ir a la tienda para ver el merchandising establecido para la ocasión, acabamos todo esto con unas frases de Matisse relativas a la música y el color:
Para acabar, la habitual sala para que los niños se diviertan enganchando en paneles diversas formas de color con velcro, a imitación de los recortables de Matisse, pegando grititos y con éxito dispar. Es algo que hacen en muchas escuelas —"ludotecas", las califica F.C.— y no suele faltar ese espacio en este tipo de exposiciones.
Sala infantil, al final de la exposición Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)]
Tienda de CaixaForum Barcelona durante la exposición Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)]
En la tienda de CaixaForum siempre hay algunas cosas de interés. Aunque la exposición de libros es manifiestamente mejorable, se comprende, ya que hay mucho espacio dedicado a bibelots diversos. Quizá si fuera un poco más grande, a costa del gran hall...

3 comentarios:

  1. Matisse me desborda con este torrente de creatividad e imaginación. Lamento haberme perdido la exposición Chez Matisse.

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  2. Has puesto la 73 de Tete de femme; yo me hice con la 20 en Ceret. Es una litografia que lleva conmigo muchísimo tiempo, y que siempre ha ocupado un lugar privilegiado en nuestra casa.

    Me gusta el trazo limpio y nada barroco de sus lineas, y la sencillez de sus contornos. No busca más allá, no lo necesita.
    Gracias

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  3. Está , me gusta más, que
    la de ayer, me gustan
    mucho los trabajos en
    carboncillo, saludo.

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