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Matisse dibujando a la Mujer persa con la cruz trifoliada
(1929) / Fotografía: Hélène Adant
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Matisse, Mademoiselle L.D. (1937)
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Sigamos. Explicábamos en la entrada anterior que Matisse, antes de dedicarse a la pintura, se
interesó mucho por el dibujo, le gustaba. Cuando estudiaba Derecho acudía a una
academia nocturna para adiestrarse en el asunto. Es una disciplina que practicó
toda su vida. Nos gustan mucho sus dibujos.
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Matisse, Grand tête de femme (1945)
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En efecto, los resultados siempre nos han gustado, con ese trazo tan característico, sin
enmiendas, los contornos puros, las líneas continuas, la seguridad en el
trazado... Sin embargo, en la exposición
Chez Matisse había muy pocos
ejemplos, por desgracia. Algunos de los que adjuntamos nos agradan mucho, pero
no estaban allí, al no pertenecer al
Centre Pompidou.
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Matisse, Le peintre et son modèle (1937)
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Este trazado a pluma, la mujer ante el espejo, retratada por el propio
Matisse, que queda reflejado en él, siempre le ha "molado" a G.U. Recuerda que
lo solía proponer a los alumnnos para que hicieran una reinterpretación del
dibujo (previo pase de diapositivas de cuadros del autor), dotándolo de color
y proponiendo la decoración que se les ocurriera. Los resultados fueron muy
buenos en algunos casos (pocos, a decir verdad).
Gertude Stein, que lo conocía mucho y fue una de sus descubridoras, afirmaba
que
«Matisse utiliza sistemáticamente este tipo de trazo desfigurado de la
misma manera que se emplean las disonancias en la música, el vinagre y el
limón en la cocina o como se aclara el café con cáscara de huevo». Es cierto, deformaba las figuras aposta, pero eso de la cáscara de huevo para aclarar el café no lo vimos venir.
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Matisse,
Le Repos de la danseuse (carrelage rose el bleu) (1942)
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No vayan a pensar ustedes que todo en Matisse era improvisación. Elaboraba sus
pinturas de manera precisa, determinando con antelación la forma de las figuras y los colores
que pensaba utilizar, aunque sobre la marcha pudieran sufrir
variaciones.
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Matisse, Carpeta con 20 láminas estarcidas con gouache
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Ya hemos dicho que los dibujos y recortes, lo más conocido, tienen poca
presencia.
Sin embargo, a partir de la década de 1940, el deterioro de su salud y las
dificultades para pintar llevan a Henri Matisse a una nueva fase creativa,
en la que el collage avec papiers découpés (sus famosos papeles recortados de
colores, quizá lo más conocido y reproducido de él) se convierte en su principal medio de expresión. A este brillante
capítulo final de su carrera pertenece Jazz, un innovador y
experimental libro del artista, un «manuscrito con pinturas modernas, el más
hermoso libro jamás realizado sobre el color», en palabras de su editor,
Tériade.
Al respecto, escribía Antonio Muñoz Molina en enero de 2015 en EL PAÍS:
«En sus noches de insomnio, el viejo pintor que ya no tenía
fuerzas para mantenerse de pie en el taller delante de un lienzo
miraba el techo con los ojos muy abiertos y veía en él figuras
sugeridas por las manchas de humedad o las grietas en la pintura.
Y como le costaba tanto levantarse de la cama ideó un instrumento
de dibujo que consistía en un largo palo de bambú al que ataba un
carboncillo en el extremo. Tumbado en la cama, convaleciente de un
cáncer que lo dejó casi inválido, Henri Matisse distraía el
insomnio haciendo rápidos dibujos en el techo, en su apartamento
de París o en su casa de la Costa Azul, y las limitaciones de su
propia capacidad y de los medios de los que disponía eran de
pronto una liberación más que un inconveniente, un atajo inusitado
hacia la originalidad.
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Matisse en Niza, Hotel Regina / Fotografía Walter Caron
(1948)
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»Pero más todavía que hacer dibujos le gustaba recortar figuras
en lienzos de papel y ver cómo se desprendían de sus manos, sin
apariencia de esfuerzo, como pañuelos de seda desplegándose
floralmente en las manos de un ilusionista. Un día recortó la
silueta de una golondrina y le pidió a su asistente que la pegara
sobre una mancha en la pared del dormitorio. Sobre el papel
oscurecido y gastado, la golondrina blanca se desplegaba en un
cielo inmediato que era el que Matisse había visto 16 años atrás
en su viaje a Tahití.
E inmediatamente después de la golondrina, como atraídos por ella,
cobrando forma en la memoria al mismo tiempo que en el papel,
vinieron otras criaturas y otras formas de los mares del Sur, una
tortuga, una estrella de mar, una caracola, hojas de palmeras,
arborescencias submarinas. [...]
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Henri Matisse retratado en 1952 en el Hotel Regina de Niza /
Fotografía: Lydia Delectorskaya
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»Matisse tenía 75 años. Vivió 10 años más, y no paró de trabajar
hasta el final de su vida, aunque ya no volvió a usar los pinceles
ni el lienzo. En una explosión de libertad y fertilidad creativas
que es el don de algunos viejos indomables, Henri Matisse pasó los
años de su última vejez recortando y organizando y pegando
papeles, usando unas veces unas tijeras de costura y otras de
sastrería, según el tamaño de las figuras que tuviera entre manos.
Decía que ahora dibujaba con las tijeras. [...]
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Jazz, letra de Matisse / El destino e Ícaro
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»Decía un amigo suyo que para Matisse los papeles recortados eran
como la música de jazz: la improvisación, la instantaneidad, el
hallazgo jubiloso que llega sin esfuerzo porque ha requerido
muchos años de dedicación obsesiva. Matisse recortaba un pájaro en
vuelo y decía que ese gesto de las tijeras avanzando sinuosa y
afiladamente a lo largo del papel equivalía a la sensación misma
del vuelo. Pero no todo es júbilo en esa galería embriagadora de
imágenes: el Ícaro recortado en negro sobre fondo azul tiene
marcado en rojo el corazón a un lado del pecho y más que volar
parece que está derrumbándose por un disparo; los fulgores
amarillos que lo rodean pueden ser explosiones de metralla en el
cielo oscuro de las noches de la guerra». [...]
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Nadie mejor que Muñoz Molina con su atinada pluma para hablar de eso.
Esta faceta de Matisse es la que más le gusta. También a nosotros. Su
artículo es muy bello, pero muy extenso para publicarlo aquí integro. Si lo
pueden leer en EL PAÍS, aquí está el enlace:
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Matisse, Las mil y una noches (1950)
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| Matisse, Desnudo azul (1952) |
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Matisse, La tristeza del rey (1952)
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Antes de ir a la tienda para ver el
merchandising establecido para la ocasión, acabamos todo esto con unas frases de Matisse relativas a la
música y el color:
Para acabar, la habitual sala para que los niños se diviertan enganchando en paneles diversas formas de color con velcro, a imitación de los recortables de Matisse, pegando grititos y con éxito dispar. Es algo que hacen en muchas escuelas —"ludotecas", las califica F.C.— y no suele faltar ese espacio en este tipo de exposiciones.
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| Sala infantil, al final de la exposición Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)] |
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| Merchandising durante la exposición
Chez Matisse / [granuribe50 (26 de julio de 2026)]
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En la tienda de CaixaForum siempre hay algunas cosas de interés. Aunque
la exposición de libros es manifiestamente mejorable, se comprende, ya que hay mucho
espacio dedicado a
bibelots diversos. Quizá si fuera un poco más grande, a costa
del gran hall...
Matisse me desborda con este torrente de creatividad e imaginación. Lamento haberme perdido la exposición Chez Matisse.
ResponderEliminarEs que no estaba muy anunciada y, además, quieras o no, da cierta pereza llegarse hasta allí y más desde fuera de Barcelona. Yo me alegro mucho de haber ido, aunque no estuvieran los cuadros más conocidos. Intento ver siempre que puedo ver obras "en vivo y en directo" de los artistas a los que admiro, porque sé que me será difícil volver a encontrarlas, como no sea en la pantalla del ordenador o el móvil y... no es lo mismo. Pero se presentan pocas oportunidades. Supongo que preparar exposiciones así debe de ser muy complicado.
EliminarSaludos
Has puesto la 73 de Tete de femme; yo me hice con la 20 en Ceret. Es una litografia que lleva conmigo muchísimo tiempo, y que siempre ha ocupado un lugar privilegiado en nuestra casa.
ResponderEliminarMe gusta el trazo limpio y nada barroco de sus lineas, y la sencillez de sus contornos. No busca más allá, no lo necesita.
Gracias
A ti. ¡Ah, caramba, qué casualidad! No sabía que obrara en tu poder una copia de Tête de femme, la 20. No me había fijado en que la que muestro sea la 73.
EliminarEs un tipo de dibujo limpio que me recuerda un poco al de Picasso, por ejemplo en el retrato que hizo en 1960 de Nicolasa, la madre de su barbero, Eugenio Arias.
Un abrazo L, sin la X previa.
[img]https://images.auctionet.com/thumbs/large_item_3259694_6094a1cb58.jpg[/img]
Está , me gusta más, que
ResponderEliminarla de ayer, me gustan
mucho los trabajos en
carboncillo, saludo.
No me importaría nada dibujar como él. Intuía que esto quizá te molara más, Orlando. Matisse no gusta a todos, por fortuna, a pesar que en cualquier tienda de reproducciones esas obras de recortes se venden como churros para decorar estudios o salas de estar, a veces sin saber ni siquiera quién es el autor. Los dibujos se venden menos con esa finalidad.
Eliminar[img]https://m.media-amazon.com/images/I/7105lwGyooL._AC_UF350,350_QL80_.jpg[/img]
[img]https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQVaazdAT1qgpJSpbxG85aEwkK116KI_ohFezPhKl46xQ&s=10[/img]
Saludos (gallinas inclusive).