sábado, 16 de mayo de 2026

Apuntes sobre una época del arquitecto Alvar Aalto

¡Ay, Alvar Aalto! Disculparán ustedes, G.U. tiene el compromiso desde hace tiempo de hablar de Alvar Aalto, su tocayo y arquitecto preferido, pero no sabe bien por dónde empezar, tantas son las cosas que se podrían decir. En esos casos, más vale agarrarse a algo que le motive mucho y exponerlo a la brava. Ya vendrán ampliaciones posteriores. 

Nos referimos a los que quizá fueran los años más convulsos de su vida. Empecemos. En 1938 ya era conocido en su país cuando gana el concurso para el pabellón de Finlandia en la Exposición Universal de Nueva York (1938), con aquel mítico revestimiento ondulante de madera emulando la "aurora boreal". Quizá lo hayan visto en foto. No vayan a visitarlo: ya no existe. Una obra efímera; suelen serlo las de las exposiciones.
Alvar Aalto y Aino, Pabellón de Finlandia en la Expo de Nueva York de 1938
Allí viaja con su esposa Aino Marsio, una parte fundamental de su estudio; ella gestionaba, diseñaba muebles y lámparas; juntos fundaron la empresa "Artek" que los comercializaba. En realidad, muchas de las ideas atribuidas a Alvar fueron de Aino.

En NY se hacen populares en los medios arquitectónicos. Pero la dicha no fue completa. Sonaban "tambores de guerra" en su tierra. Durante la guerra ruso-finlandesa, muy vinculada con la Segunda Guerra Mundial, Aalto (que tenía ya era 41 años y era oficial en la reserva) fue llamado a filas, y así le vemos vestido en la foto:
Alvar Aalto posa con su familia en la terraza de su casa, con el uniforme de reservista movilizado
No era muy de pegar tiros, y menos ya a su edad, superados los cuarenta. Por tanto, no le gustó nada ese asunto, huyó a Estocolmo y luego a EE. UU. para participar en un ciclo de conferencias organizado por sus amigos americanos, en teoría para para recaudar fondos para Finlandia. Acabó siendo nombrado catedrático del MIT en Boston.

Durante mucho tiempo deseó instalarse allí para siempre, ya que las cosas le iban bien. Quizá lo más conocido que diseñó en esos años fue una residencia de estudiantes, la Baker House, con las formas curvas —que tanto le gustaban— para conseguir vistas al río Charles. Como esa forma reducía el número de habitaciones, su esposa Aino ideó las famosas escaleras en voladizo en la parte trasera, para aumentar el espacio disponible.
Foto aérea actual de la residencia Baher House, en el Instituto Tecnológico de Massachussets
Alvar Aalto (1947) Planta y fachada posterior (la de las escaleras voladas) de la Baker House
Alvar Aalto (1947). Fachada posterior (la de las escaleras voladas) de la Baker House



El caso es que esta especie de escaqueo (G.U. hubiera hecho igual, ojo) dañó mucho su imagen de "patriota" en Finlandia. Se esperaba de él otra cosa; sus amigos no entendían que no volviera a Finlandia en momentos tan angustiosos para todos. Recuerda algo a este otro caso: mientras muchos franceses sufrían y luchaban en la Europa ocupada, Saint-Exupéry pasó parte de la guerra en Nueva York (donde escribió El Principito).

Pero avancemos. Nuestro hombre seguía sin ser bien visto en determinados círculos. En fin, su esposa Aino enfermó, pensamos que de cáncer, y falleció algunas semanas después en Finlandia. Poco antes de su muerte, Alvar hizo este dibujo de ella. Una gran figura de la arquitectura y del diseño injustamente ninguneada por la historia.
Alvar Aalto. Dibujo de su esposa Aino marsio, diez día antes de su muerte (Enero de 1949)


Se abre entonces un agujero negro en su vida, hasta el punto de que muchos dudaron de que volviera a ejercer como arquitecto. Se ha dicho con frecuencia que Aalto no creó escuela en su país, pero lo cierto es que todos sus jóvenes colaboradores en el estudio fallecieron durante la guerra. Pero Alvar era un tipo correoso y supo reaccionar. Y ganó el concurso para ese pequeño Ayuntamiento de Säynätsalo (1949) ¡Menos mal! Esta modesta obra es la que más gusta a G.U.; incluso le sirvió —en malo, claro— de lejana inspiración para su Proyecto de Fin de Carrera (lo llamam PFC): un Centro Cultural.
La verdad es que, cuando se habla de Alvar Aalto, lo primero que se le viene a la cabeza a bastante gente es este modestísimo conjunto. Hemos tecleado en Google / Imágenes escribiendo: «Ayuntamiento de Säynätsalo» y hemos obtenido lo siguiente:
Imágenes del Ay Untamiento de Säynätsalo [tomadas de Google / Imágenes]
Abandonó, de momento (aunque en cierto modo la retomara después), la arquitectura blanca tan propia del Estilo Internacional y se afilió al ladrillo y a la madera, que ya había utilizado en la Baker House y en el Pabellón de Finlandia. Aportarían la calidez y cercanía que él deseaba, un poco "a la italiana". Un conjunto sobreelevado en una colina, ejerciendo como centro cívico en torno a un patio.
Alvar Aalto. Ayuntamiento de Säynätsalo. Vista desde la calle y planta
Dibujo de Bill Risebero en Historia Dibujada de la Arquitectura Occidental, Blume Ediciones, 1982]
Alvar Aalto. Vista de la escalera de acceso al patio del Ayuntamiento de Säynätsalo (1950)

Alvar Aalto. patio del Ayuntamiento de Säynätsalo (1950)
"Sencillito pero bien" [como decía el orondo padre Segarra durante el viaje de bachillerato a Andalucía de nuestro hermano —El Tapir—, frente a una modesta mariscada, que quizá no avalarían nuestros sindicalistas, pero que les dejó boquiabiertos. La pagó de su bolsillo (o no) el bien alimentado jesuita].

Pues eso; la de Alvar Aalto es una composición sencilla que nos encanta. Todo respira calidez y olor a madera; aunque no hayamos estado allí, una pena, casi nos parece olfatearla...
Alvar Aalto. Pasillos en torno al patio central del Ayuntamiento de Säynätsalo (1950)
Alvar Aalto, Biblioteca del Ayuntamiento de Säynätsalo
Sus pasillos en torno al patio, su biblioteca, tan sencilla como encantadora, teniendo en cuenta que se trata de un municipio pequeño. Luego, en otra etapa de su vida, las haría mucho mayores, para centros cívicos, para universidades, sí, pero aquí todo nos parece más doméstico, menos espectacular. Y todo nos parece oler a madera, a libros, con esas preciosas lámparas que diseñara la difunta Aino.
Alvar Aalto. Locales en la planta baja del conjunto, antes de ascender al patio central
Ya lo ven, todo es casolano, sencillo, a escala humana. pero esta obra quizá sea la más valorada de Alvar Aalto, compuesta en una etapa de su vida nada fácil. Luego, dos años después (1952), contraajo matrimonio con Elissa, que había entrado en su despacho cuando falleció Aino. Una mujer, en este caso "de armas tomar", muy diferente a Aino. Con ella el despachó empezó a obtener buenísimos y sustanciosos encargos, que ella concluyó tras la muerte de nuestro muy querido Alvar, pero esa es otra historia...
En fin, un último recuerdo para las dos esposas de Alvar —Aino y Elissa—, dibujadas por él. Sin ellas quizá (o sin quizá) nada hubiera sido lo mismo. Ampliaremos sobre todo ello en breve (DM). Alvar Aalto hizo mucho más, antes y después de este convulso período (1838-1952) que apuntamos hoy.

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