Hace un par de meses G.U. comentaba la situación de la enseñanza con un amigo, compañero y colega que ha dado clase durante más de 30 años en los jesuitas de Caspe y tiene un nieto que estudia allí. Se le ocurrió preguntarle por lo que hacía en el cole el zagal. Y le sorprendió, ya que uno esperaba que le dijera que "le va cojonudo y aprende mucho". Pues va a ser que no, con toda la sinceridad del mundo, confesó: «¿Quieres que te diga la verdad?: NADA. No hace nada más que "proyectos colaborativos" y no sabe nada de nada. Lo poco que aprende se lo enseño yo cuando vuelve del colegio». Estamos hablando de enseñanza privada concertada en un colegio caro (o sea que no sólo es la pública) y de un abuelo culto que sabe enseñar. Otra cosa tal vez son los colegios de élite a los que envían los políticos y empresarios a sus hijos.
G.U. no tiene nietos, se baja en la próxima y todo esto poco le afecta a él personalmente, es cierto. Pero, aun así le preocupa, quizá por haber sido docente treinta y tantos años. Los políticos son una EME pinchada en un palo, sí, y tienen la culpa de muchas cosas relativas a este asunto, pero hay toda una cadena burocrática que empieza con ellos, que son los que aprueban las leyes. Pasa por los inspectores y por los psicopedagogos que llenaron los colegios con más poder que nadie y acaba en los profesores que son los que dan la clase en el aula, pasando por las familias, claro. Todos son responsables de este fiasco, como explica Jordi Martí, el autor del artículo que cierra esta esta entrada.Se suprimieron los deberes en casa, los exámenes de septiembre, las notas, las lecturas obligatorias y los libros se sustituyeron por ordenadores y tablets. Se desacreditó el esfuerzo y la memorización, convertidos ambos en bestias negras a abolir, pero tan necesarios para el aprendizaje y para obtener una formación de calidad. "Da igual, todo está en Google", decían. El que estudiaba quedó estigmatizado e incluso acosado por sus compañeros, ante la pasividad de profesores, directores e inspectores porque la presencia de "las redes" hacía que eso se produjera casi siempre fuera del recinto escolar. Algunos profesores exigentes eran ridiculizados en los claustros por sus propios compañeros por hacer bien su trabajo, por exigir y suspender al que no sabe.
Y así, como dice a veces F.C,, los colegios e institutos se convirtieron en "ludotecas". Todo eso con la complicidad de todos. Ante todo este panorama, G.U. esperaba que el resultado PISA fuera todavía peor, algo que intentaron evitar las autoridades educativas catalanas falseando el censo de alumnos que debían pasar esas pruebas. En fin, todo un panorama. Por cierto, casi en lo único que se ha mejorado es en el nivel de apego de los alumnos a su centro escolar; no es raro que les guste, si ¡es una ludoteca!
Sobre el asunto que nos ocupa, Jordi Martí escribía hace unos días el siguiente texto, que reproducimos entero, ya que no sabemos qué párrafos seleccionar, todos dicen cosas. Se podrá estar más o menos de acuerdo con él, pero es una opinión informada la suya que cabe tener en cuenta.«Existe una narrativa tan cómoda como falsa que circula estos días por los pasillos de los centros educativos y las redes sociales que consultan los docentes. Me refiero a la que dice que el desastre actual de la enseñanza es culpa única y exclusiva de los politiquillos de turno. Según este mito, los docentes seríamos víctimas inocentes de un engranaje burocrático diseñado en un despacho de la Consejería o del Ministerio mientras nosotros, abnegados héroes, estaríamos intentando resistir a pie de aula. Siento aguar la fiesta del victimismo, pero la realidad es mucho menos amable con el colectivo docente. Las leyes aberrantes y los currículos vaciados no se aplican solos en el aula. Para que el virus del adoctrinamiento pedagógico, la devaluación del conocimiento y la pedagogía del bienestar hayan destruido la escuela pública, ha hecho falta algo imprescindible... colaboracionistas a pie de aula. Ha hecho falta una tupida red de colectivos, fundaciones, plataformas y grupos de renovación pedagógica que, camuflados bajo un aura de romanticismo de la transición o de modernidad vanguardista, han actuado como la quinta columna de la pedagogía de laboratorio. Hablemos de ellos. Repasemos cómo operan y destapemos el gigantesco entramado de subvenciones, difusión mediática afín e ideología de trinchera sobre el que han levantado su imperio de miseria intelectual. No les pongo nombres, pero seguramente seréis capaces, si tenéis un poco de conocimiento de la situación, de saber a quienes me estoy refiriendo. Tenemos aquel movimiento que en los años 60 y 70 nació como un movimiento necesario de resistencia pedagógica y renovación metodológica bajo el franquismo. Un movimiento que ha terminado convirtiéndose con las décadas en una vicaría ideológica fosilizada. Pasaron de defender la escuela pública a convertirse en la guardia de corps de la desestructuración de los temarios. Su influencia en el ámbito catalán y su capacidad para dictar la «línea correcta» a generaciones de maestros ha sido devastadora. Han sustituido el aprendizaje riguroso por la autoindulgencia, elevando la espontaneidad del niño a dogma religioso y convirtiendo cualquier atisbo de exigencia, examen o memoria en un pecado capital contra su particular evangelio pedagógico. Después tenemos a ese laboratorio privado que ha devorado, con su experimento, a la pública y a la privada-concertada. Se trata experimento de ingeniería pedagógica masiva de la última década. Nacido al calor de una determinada Fundación, la UNESCO y el apoyo de una Universidad online, este proyecto logró lo que parecía imposible. Persuadió a cientos de centros públicos para que dinamitaran voluntariamente sus estructuras, sus asignaturas y sus horarios para sustituirlos por el trabajo por proyectos sin base, las aulas sin paredes y el caos organizativo. Vendiéndose como la panacea de la innovación del siglo XXI, convirtieron las aulas y a sus alumnos en cobayas de laboratorio mientras las escuelas privadas de élite seguían enseñando matemáticas, lengua y ciencias con rigor a los hijos de quienes financiaban el invento.No se puede entender el hundimiento conceptual de la educación sin seguir la pista del dinero. Hay Fundaciones que han sido el auténtico think tank de la devaluación educativa. Con un presupuesto envidiable, la cobertura de los grandes medios de comunicación y una capacidad de influencia directa sobre las Consejerías, llevan años emitiendo informes a la carta para justificar la rebaja de la exigencia, el regalar las promociones y la eliminación del valor de la nota académica. La paradoja es de un cinismo absoluto. En nombre de la equidad, han destruido el único instrumento que permitía al hijo de la clase trabajadora competir en igualdad de condiciones. Me estoy refiriendo al conocimiento. También ha surgido en las redes los colectivos y asociaciones de «la militancia del mínimo esfuerzo». Aparecidos al calor de las redes sociales y del activismo de asamblea imperial, estos colectivos llevan la bandera de la inclusión y la emancipación para justificar el vaciamiento absoluto de los contenidos. Para esta rama del colaboracionismo, exigir que un chaval aprenda a redactar o a resolver una ecuación es una forma de violencia sistémica y de exclusión. Han logrado que la mediocridad se vista de progresismo y que el docente que intenta enseñar algo con rigor sea tachado de fascista, racista o, directamente, nazi. Y, finalmente, existen esas plataformas que funcionan como correa de transmisión de los partidos de la órbita de la izquierda burocrática y de los sindicatos afines. Su papel nunca ha sido mejorar el aprendizaje de los alumnos, sino garantizar que la hegemonía cultural del pedagogismo no se mueva un milímetro del boletín oficial cuando mandan los suyos. Tienen sus cuotas de poder garantizadas en las comisiones de expertos, colocan a sus cuadros en las Direcciones Generales de Educación y reciben jugosas subvenciones públicas para organizar jornadas, publicar revistas ininteligibles y repartirse carnés de pureza metodológica. Hay un patrón común que une a todos estos colectivos. Tienen el mismo sesgo ideológico, la misma fijación por el postureo y las mismas puertas giratorias. Cuando el partido afín llega al gobierno autonómico o estatal, los miembros de estos grupos pasan mágicamente de firmar manifiestos a redactar decretos de currículum. Se adjudican contratos de formación del profesorado, monopolizan los Centros de Profesores y llenan las salas de actos vendiendo sus libros y sus aplicaciones de evaluación. Cuentan, además, con la complicidad absoluta de los grandes medios de comunicación, que abren sus portadas y sus programas de radio a sus portavoces para que nos vendan la educación del futuro mientras las estadísticas de comprensión lectora se hunden en la miseria. Pero lo más sangrante no es el dinero público que absorben ni el espacio mediático que ocupan. Lo verdaderamente intolerable es que, en esos quintacolumnistas, hay docentes que traicionan a sus propios compañeros y, lo que es más sangrante, a sus propios alumnos. Han actuado como comisarios políticos en las salas de profesores, señalando al docente tradicional, ridiculizando la lección magistral y presionando a los claustros para que se apunten a la última moda pedagógica subvencionada. Han vendido la ilusión de que se puede aprender sin esfuerzo, saber sin estudiar y progresar sin exigencia. Las leyes cambian con las legislaturas, pero el entramado de estos colectivos permanece. Son el virus latente en el sistema. Y hasta que la resistencia (que, en este caso es mayoría) no señale sin complejos a estos colaboracionistas, seguiremos viendo cómo devoran la escuela desde dentro con la complacencia de quienes cobran por destruirla. Finalmente deciros que, aunque el sesgo ideológico que os he comentado de estos quintacolumnistas sea siempre el mismo, no debemos olvidar que también existe su némesis en el otro lado. Una némesis menos interesada en experimentos pedagógicos y más interesada en meter cucharada en otros ámbitos». |



Lo que describe G.U. es el retrato de una escuela que ha confundido la alegría con la ligereza y la modernidad con el vacío. Una enseñanza que, en nombre de la innovación, ha ido desmontando los pilares que sostenían el aprendizaje: el esfuerzo, la memoria, la exigencia, la responsabilidad compartida. Y mientras unos señalaban a los políticos, otros —docentes, familias, burócratas y pedagogos de laboratorio— colaboraban, por acción u omisión, en convertir el aula en un espacio amable pero estéril.
ResponderEliminarEl texto de Jordi Martí ilumina esa zona oscura: la degradación no llegó solo desde arriba, sino también desde dentro. La escuela se volvió confortable, sí, pero cada vez menos capaz de enseñar. Y ahora, cuando los resultados muestran el naufragio, todos miran hacia otro lado. Quizá por eso este diagnóstico duele: porque recuerda que la educación no se derrumba de golpe, sino lentamente, cuando quienes deberían sostenerla renuncian a hacerlo. Decía el otro día un docente que quizás habría que enseñar de nuevo la tabla de multiplicar cantando como nos hacían a nosotros de pequeños.
Saludos.
Ha sido un derrumbe lento, como señalas, no de la noche a la mañana. Y la degradación no llegó sólo desde arriba. El esfuerzo, la exigencia y la responsabilidad compartida han quedado totalmente desmontados. Y aquí intervienen todos. Por cierto, enseñar y recitar la tabla de multiplicar no estaría de más. Que 3x3 es 9 sin necesidad de utilizar la calculadora para resolverlo y lo mismo que 3², por cierto.
EliminarSaludos.
Nada que no se viera venir, Gran Uribe. Hoy tengo algo similar en casa, pero prefiero tomarmelo con ligereza, ya que que el asunto veo no tiene solución porque es lo que se desea, poco esfuerzo por parte de todos, maestros incluidos, ir a lo fácil y sencillo e ir pasando de curso a los últimos de la clase para que después nos puedan gobernar...
ResponderEliminarUn abrazo
Bueno, yo me lo tomo también con ligereza, a mí que me registren. Pero que "los últimos de la clase" sean los que ahora mandan no me gusta nada.
EliminarUn abrazo.
Yo no tengo niños cerca como para ver lo que les enseñan, pero lo que observo es que están pocas horas en su centro de enseñanza. Yo entraba en el colegio a las 9, salía a las 13:15, volvía a entrar a las 15 y salía a las 19:30, aunque las clases terminaban a las 18 y el resto era estudio, todas en silencio y vigiladas.
ResponderEliminarYo entraba a las 8:30. Teníamos media hora de estudio. Luego misa, patio, tres clases, patio y dos clases más, con salida a las 13:30. Por la tarde, entrada a las 15:30, clase, patio, clase y una hora de estudio hasta las 19:30. En esta hora final aprovechaba para hacer los problemas, pasar a limpio apuntes y estudiar lo del día siguiente. En lugar de los sábados por la tarde, que teníamos dos horas de clase, nuestra fiesta eta los jueves por la tarde. El caso es que al llegar a casa solo me decidaba a jugar a indios y cowboys y a leer a Salgari. Cuando llegaban los trimestrales, aceleraba mi ritmo.
EliminarSaludos.
¡Ah! Y teníamos clase los sábados por la mañana en horario normal.
ResponderEliminarMi querido Gran Uribe:
ResponderEliminarA mi me quedan tres telediarios, la mitad de noche.
Por un lado, y de forma egoísta, ya me da igual lo que haga esta pleyade de políticos que sólo mira con las luces cortas. Por otro lado, pienso en mis nietos y en su formación, pero ¿a qué viene toda esta cháchara?, te preguntarás, pues mira, a que suelo entrar en otras casas, casas que están llevadas por personas cercanas a mi edad, que supera la setentena, lo sabes. ¿Y?, Miquel..¿qué me quieres decir?, pues que enlunas, en varias, no creas, me doy cuenta de que aceptan lo que sucede de forma "normal", porque todo cambia, y que quien lleva las riendas de este pais sabe lo que hace (es cierto que quien lleva las riendas es el que pone y quita ministro/ de Educación, aquí aciertan, y aseveran que nuna se ha cumplido ninguna promesa por parte de ningún mandatario, que todos mienten y que no hay nada nuevo bajo el Sol, ese que alumbra los relojes y les ayuda a dar la hora.
Y el menda, osease yo, ya no quiere responder porque cuando se acepta tal cuestión es cuando ha ganado el sistema, ese que te dice que aunque lo malo gobierne y mienta en tu cara y te tome el pelo y te haga pasar por gilipollas y por etúpido, siempre será mejor que lo que tenga que venir, por lo que vendrá será muy, pero que muy malo, o sea, tan siquiera y pensar que lo mejor, en muschas ocasiones, sino las más, es apartarse, tomar respiro y pensar, dejar pasar cuatro años para coger fuerzas y pensar en asir a los mejores, y volver a presentarse a las elecciones. Pues no, amigo Álvaro, aquí no va así, aquí va de que es mejor pasar por idiota y que te sigan mintiendo con lo del joyero misterioso, ese que ayudará al encantado y su señora la catedrática, antes que entren los otros, que por lo visto ajustarán todo tanto que no podremos viajar con la imserso en esos viajes de 100 € con jamón incluido, baile a la noche y bingo de última hora.
Todo un lujo que no vamos a dejar pasar ¡.
Salut
PD: Te pido disculpas porque este ordenador se come las palabras (no me va muy fino ultimaménte)
EliminarSí, ahora he cambiado de ordenador y ya no me pasa, pero eso de tragarse letras me ocurría mucho con el antiguo y era un coñazo.
EliminarGracias por tu texto. Bueno, no seamos pesimistas, a lo mejor a ti te quedan cuatro telediarios y yo no me bajo en la próxima sino en la siguiente. Por cierto, veo a Pérez-Reverte en esa línea, dice que a sus 74 tacos le quedan cuatro o cinco años de vida; espero que no sean más. Por cierto, sus artículos sobre la enseñanza son impagables, aunque supongo que escribe de oídas.
El gobierno central no hace nada de nada (no es el único), ni en esto ni en nada, confiando en perpetuarse en el poder bajo la amenaza de que viene el lobo y los que vienen detrás lo harán peor, y no dudo que sea así. Pero me llama la atención que ese sujeto en 2023 convocó las elecciones en pleno verano, mucho antes de hora, cuando el PSOE perdió por goleada las municipales y autonómicas, bajo la coartada de que esa duda de si la gente seguía queriéndolo de presidente solo se resolvía "con más democracia" (sic), es decir, votando. Pues bien, ahora no quiere resolver esa misma duda, que va creciendo exponencialmente, diga lo que diga Tezanos.
Un abrazo.
Esto empezó hace muchos años. Hace más de 30 que una amiga, que trabajaba en la secretaría de una Facultad, se horrorizaba de los escritos que le presentaban los alumnos. Llenos de faltas de ortografía y mal redactados hasta el punto de tener que preguntarles: "¿Pero que es lo que solicitas?" porque aquello no se entendía. Y he visto también desde hace muchos años, maestros y maestras con las mismas faltas y semejantes redacciones. Maestros que han pasado por unas oposiciones. ¿Es que los que corrigieron sus ejercicios no lo vieron o no le dieron importancia?
ResponderEliminarYo antes decía que me daba más garantía un centro público que uno privado, porque el enseñante del público pasa por esa prueba y el de privado quizá acaba de terminar su grado. Pero ya no, ya no es eso una garantía
Es que sin unos conocimientos mínimos, sin saber interpretar un texto, ni saber escribir ni tampoco cosas muy básicas es difícil emprender una carrera. Comprendo que en la Universidad estén inquietos.
EliminarNo sé que será de Blogger en el futuro. Del los que escribimos aquí y tenemos página, más o menos casi todos los que conozco escriben bien (conozco a pocos, es verdad). Tú, sin ir más lejos (no es por pelotilla, es que lo pienso de verdad, ¡se nota las muchas horas de clase que tuviste!). ¿Te imaginas el Blogger del futuro, en manos de gente que no sabe hacer la "O" con un canuto? Los correctores no solucionan todo; claro que siempre quedará ponerse en manos de IA para escribir.
En cuanto a los aspirantes a docentes y las oposiciones para maestro y profesor de secundaria, sé cómo han ido en Murcia porque una pariente de Ana se presentaba (y ha suspendido). Ha habido un montón de suspensos, según explican los de los tribunales, porque los opositores interpretaban mal los textos, respondían cosas que no tenían nada que ver con el asunto y escribían con miles de faltas de ortografía. usando un lenguaje abreviado al más puro estilo WhatsApp en sus respuestas, tipo "pq" (porque), "x" (por) y todo eso, ya sabes.. Los que se presentaban y suspendieron estaban muy indignados. Yo creo que un maestro tiene que saber enseñar bien a sus alumnos y, entre otras muchas más cosas, a tener interés por el conocimiento. ¡Qué menos! Si no, más vale que se dedique a otra cosa.
En cuanto a lo público y privado,creo que se han igualado. Lo único que se salva son los colegios de superélite a los que llevan nuestros mandamases a estudiar, sea en España o fuera.
Saludos
A todo esto, lo del
ResponderEliminarEmos , en el blog
de Miquel, es lo
más significativo
del asunto, saludo.
No es lo significativo, es un síntoma, uno de los muchos síntomas de una enfermedad.
EliminarEsto, el "EMOS", lo escribe probablemente un gañán sin estudios:
Eliminar[img]https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgMQy0pJs1YAs73Ud1DZ_1wFoPmKBmTMq6gv10qsF8MuCgxTVgK7ETEmj0VUSTFn-UvfYbEX3gmy5xpzglVgWpbooIMGkrSNAch2Vz77N_Mdpl2nYMFMdWFSzFnhWK8wChY02WI8r75BvCA78k72MKgUbbZ0ej2kZaa4adks2aAdtVcZaIVwIcZmqYWPdk/w568-h640/IMG_4084.JPG[/img]
Y esto, el "HABRIMOS", quizá lo haya escrito un flamante "Licenciado en Biblioteconomía", lo que pasa es que la UNAM es de Méjico. Aquí no pasaría 😂
[img]https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgiN3Pz4t52b9itIRDNo9gcxgeoDXjn837EqkeVD-0AzqiwykRPU95MsBMNeESEKlW3JgMy1XYvotBApJ-5MuW234yySm2suIRIclLA9y6nlHMsDQCkzQ7-OYHDTDOuQbipfEL_-dqIoHudEEGiipyaEQ7ml0V6cvKm_N-h7TKrdZfAk-vzoVtry_L16fVX/s600/GaVuTywWUAAfhVZ.jpg[/img]
Comparto tu escrito. El nivel de la enseñanza en Cataluña está por los suelos, los niños y niñas no saben nada porque no les enseñan nada, así me lo han manifestado varios profesores de escuelas e institutos y con este nivel de incultura llegan a los estudios superiores sin saber nada: no entienden los contenidos, su conocimiento de matemáticas es insignificante, su conocimiento del léxico es una desgracia. Y llegan a la enseñanza superior porque les van aprobando y pasando de curso aunque no sepan nada. Hay un desprecio por la memoria y por el esfuerzo necesario para adquirir el conocimiento. Los políticos no quieren solucionarlo y piensan que, como los jóvenes no saben matemáticas ni se enteran de lo que leen, lo mejor es poner aire acondicionado en las aulas y a lo mejor así, bien acondicionaditos, sabrán dónde está Vigo, sabrán que el Bidasoa no es un señor de Bilbao sino que es un río, o sabrán un poquito mejor las cuatro reglas de la aritmética.
ResponderEliminarUnos dirán que la culpa es de las pantallas o de la diversidad racial de los alumnos que les llegan de todas partes, otros nos hablarán de ratios, otros que piden aumento de sueldo y más días de vacaciones y otros que lo que hay que hacer es una huelga indefinida, unos hablan de la criminalidad de la inteligencia artificial, otros comentarán que lo importante es fomentar la empatía, otros ocuparan la mitad del horario lectivo hablando de la diversidad de género y la otra mitad de los trastornos psicológicos, de las autolesiones y de los intentos de suicidio, etc.
Se han sustituido las asignaturas por los "proyectos colaborativos" realizados en equipo donde uno copia de internet, otro acude a la inteligencia artificial para que solucione la cosa y los otros miran, también los profesores miran y luego aprueban.
Sí, las aulas se han convertido en ludotecas y en ellas juegan los niños, las niñas, las maestrillas, los maestrillos, los profesores y todo el claustro y a la fiesta se unen los burócratas de Ensenyament y toda la caterva de psicólogos, psicopedagogos, personal de refuerzo. Todos juegan al juego de la patata o al juego de lo políticamente correcto.
Salud.
¡Gracias por tu escrito, Francesc! De hecho, creo que eres el primero que utilizaste la palabra ludoteca para calificar lo que son actualmente los centros docentes. Desde que te la leí por primera vez la utilizo con cierta asiduidad (siempre indicando procedencia), ya que pienso que es muy acertada. Hoy, sin ir más lejos.
EliminarRespecto a lo que citas en tu 2º párrafo, es tal cual. El repertorio de excusas de los políticos (además de funcionarios y chuponcetes varios) que se ocupan de la Educación de los países que han obtenido peores resultados es infinito. Enumeras casi todos, de alguno me había olvidado. Aquí no es una excepción. En esto, en camuflajes de la realidad, encabezamos el ranking, claro, aunque no haya cifras de eso. No somos los únicos, ojo. Incluso muchos gobiernos, además del nuestro, han utilizado el confinamiento de 2020 y el cierre de aulas como la explicación central para justificar las caídas históricas en el rendimiento de los alumnos en 2026, pero aquí han incidido sobremanera en este lejano asunto. ¡Cuán largo me lo fiais, amigo Sánchez!.
En cuanto a los proyectos colaborativos, yo asistí varios años a lo que llamaban entonces "Crèdit de síntesi". Era un cachondeo, trabajaba uno y lo copiaban cuatro zánganos. Pero su "éxito" fue peligrosamente a más y ahora esa fórmula se ha extendido como la pólvora. Mi amigo me explicó en qué consistían esos "proyectos". Sólo explica el profesor, y muy someramente, aquello que tenga relación directa con lo que están "proyectando" (😊). Verbigracia: si hace falta saber que la superficie de un rectángulo es 4x9=36, se explica. Y si es en cm², se les cuenta que la superficie de un centímetro cuadrado es la de un cuadrado de un centímetro de lado. Naturalmente, se explica entonces qué es un cuadrado. Nada más. El resto, ya espabilaréis. Quedan, naturalmente, más agujeros que un queso gruyère, pero ¡qué más da! Los zagales lo pasan bien y están a gusto.
En fin, ¡Uf! ¡Qué cansino es todo esto! Mañana juro que hablaré de otra cosa...
Un abrazo.
Creo que hay un error de base a la hora de interpretar los resultados del informe PISA .Este informe no valora la ortografía ni el conocimiento memorístico, ni los datos, ni la realización de ecuaciones o de fórmulas matemáticas... No es el tipo de conocimiento que muchos de los que aquí escriben sostienen que no se da en la enseñanza española o catalana. El informe Pisa mide la capacidad de aplicar conocimientos científicos o matemáticos a la realidad cotidiana en la que se mueven los jóvenes de quince años. Así mismo, ante un texto se trata de extraer información útil para interpretarlo, así como ser consciente de la estructura del mismo. Los países punteros en el informe PIsa, la mayoría orientales -Singapur, Macao, China, Corea del Sur, Japón, Hong Kong- junto con Estonia, Finlandia o Canadá, son países de extraordinario desarrollo tecnológico y de intensa aplicación de la IA. Lo digo para los que argumentan que las tabletas y la IA son las responsables del deterioro del nivel español. Son otras las razones. Simplemente, los profesores de lengua no enseñamos a analizar textos para extraer ideas principales o secundarias enfrascados en enseñar conocimientos sintácticos o de historia literaria. No se enseña a aplicar la ciencia ni las matemáticas al contexto cotidiano. No basta con enseñar fórmulas. El informe Pisa es lo que es para bien y para mal. No mide lo que creemos que mide.
ResponderEliminarLa verdad es que no sé exactamente lo que mide PISA, ni que conocimientos ni qué competencias. Ni idea. Pero, mida lo que mida, es alarmante (aunque no nos sorprenda en absoluto) que sigamos bajando por el tobogán, sin que eso tenga visos de que haya un punto de inflexión hacia arriba. Que en nada de lo que mide estemos mejorando, salvo en el aprecio al centro escolar, no es buen indicativo.
EliminarSaludos.
Lo lamentable es que, creo, principalmente el tobogán hacia el abismo ha venido de una parte del espectro ideológico. Quitaron el cero (con lo que costó definirlo a la Humanidad), dejaron pasar con X asignaturas suspendidas, rebajaron contenidos... Hasta quitaron los números romanos los inútiles de ellos. Supongo que no los entendían. Me viene a la mente un chiste que he leído recientemente, que decía que un romano nunca entendería que una talla XL fuera mayor que la L. Pues estos panolis que hacen leyes igual ni entienden el chiste. Pero si tengo claro una cosa es que se crea una sociedad floja para ser dominada. Y ellos descojonándose (y espero que me perdonéis la palabra). Mientras, nos azuzan con la ultra-ultrísima derechona, que, he aquí el sumun de los horrores, obligará de nuevo a aprenderse los reyes godos. Es para pensárselo.
ResponderEliminarMateo.
decía que un romano nunca entendería que una talla XL fuera mayor que la L.
EliminarOstras, que bueno ¡
salut
Mateo, gracias. Estoy con Tot. Muy bueno lo de la XL.
EliminarTe he tomado de tu texto la expresión "tobogán", aunque he omitido "hacia el abismo", que pienso que es hacia donde nos encaminamos en España (supongo que en otros países también, pero eso no me consuela, al contrario). No sólo en la Educación, sino también todas las consecuencias que provoca tener profesionales mal preparados en todos los ámbitos. Además, una "sociedad floja" tiende a ser dominada, como señalas. Mal asunto. Por eso a los políticos les importa un pimiento el asunto.
Saludos (sé que no sigues el fútbol, pero yo sí: me preocupa el Ath. de Bilbao. Veo difícil que su entrenador supere a Valverde; espero equivocarme).
Sé de alguien que a Energía XXI, la marca Endesa para el mercado regulado, le llama Energía equis equis ele...
EliminarComo esas que llaman "tallas grandes" (dentro de poco tendré que empezar a usarlas, me temo, Albacete pasa factura) o algunos de los abrazos que le envío a Miquel (Tot Barcelona), que es un buen tipo, lo juro.
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