miércoles, 16 de septiembre de 2026

Exposición «Chez» Matisse (I). El color

Aun a sabiendas de que esto que explicamos sucedió ya hace un tiempo y de que la exposición que nos disponemos a comentar se cerró hace hoy exactamente un mes (16 de agosto), pensamos que el arte no tiene fronteras temporales para el disfrute de quienes amamos estas cosas. Vamos a hablar de obras que se produjeron hace cerca de un siglo, pero que siguen vigentes y —gusten más o menos a unos o a otros— poco hay hoy en día que las pueda superar (esto último es una opinión de un carroza, nada más).
La exposición Chez Matisse en CaixaForum de Barcelona (ya estuvo en Madrid antes) acabó el 16 de agosto. Si no estuvieron y les interesa este tipo de pintura (que tiene muchos detractores, no a todos nos gustan las mismas cosas, por suerte), llegan tarde. No hay muchas así por estos lares, la verdad. No estaban las obras más conocidas, pero son las que tiene el Centre Pompidou, que está en obras y va prestando sus fondos para exposiciones temporales. Ahora ésta acabó su recorrido y ha vuelto a París. Estaba bien diseñada y con un recorrido claro, un aspecto importante que no siempre se cumple.

Para no ser demasiado farragosos, dividiremos el asunto en dos entradas, a saber:

I) Las pinturas (el color). Nos vamos a limitar a mostrar las obras que más nos han interesado, según nos aparecían. Hemos descartado algunas que no nos gustaron nada.
II) Los recortes (el dibujo y las tijeras). Había menos de lo que G.U. hubiera deseado, ojo.



Matisse no fue como Picasso, un genio del que ya se intuían las trazas de tal desde muy pequeño. Picasso tuvo un padre que era profesor de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga y le inyectó en vena la vocación artística. Henri Matisse, por contra, estaba predestinado a continuar con el negocio de ultramarinos (o algo así) de su padre. Entre tanto se cumplían las "previsiones sucesorias" empezó Derecho, para pasar el rato; otros biógrafos dicen que Farmacia, pero da igual, nada que ver con el mundo del arte.

Se había interesado bastante por el dibujo, actividad que desde siempre le gustó mucho. Incluso iba de noche a una academia al salir de la facultad. El caso es que enfermó del intestino durante un año y ¡bendita enfermedad!, porque su madre le regaló una bien surtida caja de pinturas para que se entretuviera un poco. Y ahí empezó todo. Abandonó la carrera y se dedicó a la pintura. ¡Menos mal!
Matisse, Autorretrato (1900)
Matisse, Vajilla y fruta (1900) / Albert Marquet, La cafetera (1902)
Al principio pintó en plan académico, como el el autorretrato que abre la exposición. Por aquel entonces, se hizo amigo de Marquet y ambos pintaban cosas similares.
Matisse, Mesa puesta (1897)
Matisse estaba empezando y pintó otro cuadro muy bueno que no está expuesto, llamado Mesa puesta. Nada que ver con otra mesa puesta muy posterior, que tampoco está aquí, La habitación roja, una de sus obras más conocidas. El caso es que no le gustó nada a su profesor ese cuadro por demasiado clásico, augurándole que así no llegaría muy lejos en este mundillo. Tardó mucho en pintarlo (después fue más veloz) y lo hizo en la habitación más fría de la casa para no tener que reponer las frutas (eran carísimas y Matisse por aquel entonces no tenía ni un duro).
Matisse, Luxe, calme et volupté (1904)
Lujo, calma y voluptuosidad (Luxe, calme et volupté) es una pintura al óleo de 1904. En aquella época, Matisse estaba muy influenciado por Signac, a quien respetaba mucho. El título hace referencia al poema de Baudelaire Invitación al viaje, contenido en Las flores del mal: «Allá todo es orden y belleza, lujo, calma y voluptuosidad» (1857).
Matisse, Pont de Saint Michel (1900)
Obras presentadas por Henri Matisse en la Sala VII del Salon d´Automne de 1905 (París)
Matisse siguió espabilando, hasta el punto de que en el Salón de Otoño de 1905 presentó la famosa Mujer con sombrero junto con obras rompedoras de otros artistas (Derain, Braque, Marquet, etc.). El susodicho sombrero consiguió que la gente se enfureciera y hasta hubo quien, más cabreado que los demás, ¡llegó a arañarlo! Como estaba expuesto en la sala VII, en la que había también una escultura del estilo de las de Donatello, el afamado crítico Louis Vauxcelles escribió una reseña titulada Donatello parmi les Fauves (Donatello entre las fieras), que daría origen al término Fauvismo

A Gertrud Stein le interesó mucho ese cuadro tan audaz, vio allí una "ventana de oportunidad" y lo compró por cuatro chavos. Quiso conocer a Matisse, se hicieron amigos y éste le presentó a Picasso. Les compró varios y buscó marchantes a ambos y a otros (Derain, Braque, De Vlaminck, etc.; algunos de sus cuadros figuran aquí).
Un aspecto del inicio de la exposición Chez Matisse en CaixaForum Barcelona (julio de 2026)

De Vlaminck, Calle Marly le Roi; Derain, Vista de Collioure (1905)
Matisse La Moulade (1905)
Gertrude Stein compraba muchos cuadros, los exponía en su casa de Rue de Fleurus y por allí empezaron a desfilar sus autores, hasta que, para regular el asunto, estableció un horario los sábados, en que se celebraba una especie de merienda-cena a su cargo.

Los artistas bebían, cenaban, discutían, no se tragaban unos a otros, pero se informaban de lo que hacían los demás y todos salían la mar de contentos, porque Gertrude los sentaba delante del cuadro que les había comprado y además prometía presentarles a marchantes. ¡Qué hubiera sido de algunos de ellos sin el mecenazgo de Gertrude Stein!
Georges Braque, Bahía Ciotat; Golfo Les Lesques (1907)
Braque frecuentaba también el apartamento de Gertrude Stein en el 27 de la rue de Fleurus, como casi toda la vanguardia artística de la época. Sin embargo, a pesar de que ella compró y tenía en su casa varias obras suyas, el pintor nunca formó parte de su círculo ni recibió una promoción directa de su parte. Cuando Braque abrazó el cubismo, su principal promotor fue Daniel Kahnweiler. Gertrude siempre prefirió a Picasso, a pesar de que el retrato que éste le hizo (1905-1906), casi precubista (una obra muy conocida), no hay constancia de que le entusiasmara especialmente a Gertrude, aunque el resultado final no le desagradó. De hecho, Picasso rehizo su rostro varias veces.
Robert Delaunay, Paysage au disque (1907)
Paysage au disque lo pintó Robert Delaunay en 1907. La utilización del color es fauvista, pero Delaunay se había apuntado por entonces al orfismo puntillista, inspirado por Signac, un artista que tuvo una gran influencia en muchos pintores, como en el caso de Matisse y su Lujo, calma y voluptuosidad (Luxe, calme et volupté), de 1904, antes citado. Allí combinaba la técnica del puntillismo con un uso audaz y no naturalista del color, marcando ya la transición hacia el fauvismo.
Matisse, Le luxe, (Lujo I), 1907
Lujo I lo pintó Matisse en el verano de 1907. Tres figuras femeninas en un paisaje costero esquemático, un poco la continuación de la pintura que vimos antes, pero aquí ya no hay atisbos de puntillismo. Es un momento clave hacia su lenguaje más personal.
Natalia Goncharova, Naturaleza muerta con bogavante (1909)
Naturaleza muerta con bogavante (1909) es una obra expresionista de la pintora vanguardista rusa Natalia Goncharova que ejemplifica el fructífero diálogo entre el arte ruso y el fauvismo francés. La pintura revela que había asimilado las teorías cromáticas de Henri Matisse y los pintores fauves. A diferencia de la delicadeza de ciertas corrientes francesas, Goncharova impregna la composición con una energía tosca, directa y casi primitiva, se diría que vinculada a sus raíces rusas, con un cierto aire neoprimitivista. Los objetos y superficies se vuelcan hacia el espectador, aplanando deliberadamente el espacio pictórico. A G.U. le gusta mucho este cuadro, quizá por la amenazadora presencia del bogavante y esa horizontal divisoria entre los colores.
August Macke, Mujer tocando el laúd (1910)
Mujer tocando el laúd (Lautenspielerin) es un óleo pintado en 1910 por el artista expresionista alemán August Macke, un pintor que nos gusta mucho, al que hemos dedicado alguna entrada en esta casa. Macke fue una de las figuras clave del expresionismo alemán y del grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), destacando por el uso de colores intensos y luminosos. Falleció muy joven, en el frente, a los 27 años.
Desnudo tumbado; Dos negras; Jeannette I y IV (Matisse)
El Rapto de Europa (Lipchitz, 2ª a la izquierda)
Matisse fue uno de los primeros artistas en mostrar interés por el arte africano. El caso es que también practicó la escultura; se muestran algunas en la exposición, aunque casi nunca intentó reproducir en sus obras la escultura africana.
Matisse, Nature morte à la statuette africaine
Salvo en este caso —la excepción confirma la regla—, en que reproduce una escultura del Congo que había comprado a un anticuario. Es Nature morte à la statuette africaine, una obra que no está en la exposición. Parece ser que esa escultura entusiasmó a Picasso. De hecho, parte de la obra cubista posterior del malagueño se ha dicho muchas veces que estaba vagamente inspirada en ese arte africano. Quizá sí.
Matisse, Margueritte au chat noir (1910); L´Algérienne (1909)
La de la izquierda es un retrato de su hija (a la que dibujó y pintó varias veces), titulado Marguerite au chat noir (Marguerite con gato negro), pintada en 1910 por Matisse. Nos gusta ese azul turquesa y el rosa, que divide el cuadro por la mitad. A la derecha, L' Algérienne (La argelina) fue pintada en la primavera de 1909. Esta obra destaca por el uso vibrante del color y cierto aire norteafricano, que está presente en muchas de sus obras. Le atraían mucho Argelia y Marruecos, a donde viajó algunas veces. En esos viajes quedó fascinado por el paisaje, la artesanía local, los textiles y los motivos arabescos.
Matisse, Intérieur, bocal de poissons rouges (1914)
Nos gusta mucho este cuadro, Interior con pecera (1914), la relación interior-exterior de su taller en París. Detrás de la pecera, un gran ventana da al Sena y al Pont de Saint-Michel. La obra está dominada por los tonos azules, con la pecera y los dos peces de color rojo anaranjado como centro de interés de la composición. Muy bueno.
Matisse, Tête blanche et rose; Porte-fenêtre à Collioure (1914)
Tête blanche et rose es una incursión de Matisse en el cubismo, en 1914, una obra bastante insólita en él. Su hija Margueritte de nuevo, pero ¡qué diferente al retrato de Margueritte con el gato; también la obra de la derecha, Porte-fenêtre à Collioure, radicalmente geométrico y minimalista.
Matisse, Lorette à la tasse de café (1917)
La modelo Lorette yace en una pose escorzada. En este caso, predominan los tonos apagados, neutros, ocres y grises, algo bastante poco habitual en Matisse.
Matisse, Intérieur à Nice, la siesta (1922)
Interior en Niza, la siesta (1922). Tiene varias en este tipo de ambiente. La escena representa a una mujer recostada en un sillón disfrutando de un momento de descanso, enmarcada por una ventana abierta con las típicas persianas de Niza y postigos azules, y un rico juego de patrones decorativos usuales durante su estancia en la Costa Azul.
Muchos sostienen que el arte debe agredir, inquietar; si no... no es arte. Si hemos de hacer caso a estas palabras, Matisse no militaba en ese equipo, afortunadamente.
Matisse, Le Rêve (1935); Nu rose assis (1935-1936)
Lidia Delektórskaya fue una mujer que asumió tareas propias de galerista, editora y ayudante del pintor, posando incluso para él en diversas pinturas y dibujos. En la de la izquierda destaca el cabello en tonos verdosos con un fondo azul muy texturizado. La segunda es un desnudo de líneas fluidas, un cuadro que sufrió varias modificaciones hasta la simplificación final, muy propia de la madurez de Matisse. Nos gustan ambos.
Otro aspecto de le exposición Chez Matisse en CaixaForum Barcelona (julio de 2026)
Matisse, Nature morte au buffet vert (1928)
Nature morte au buffet vert, es un bodegón bastante famoso, un punto cézaniano, que nos gusta mucho. Ya saben que Paul Cézanne fue la gran figura que influyó en muchos artistas de las primeras décadas del S. XX. La obra está compuesta por un aparador de tono verde, un plato con frutas, la jarra decorada y un mantel a cuadros.

Henri Matisse siempre dijo que le gustaba mucho más pintar o dibujar personas que naturalezas muertas, pero aquí no lo parece, la verdad. La composición destaca por el uso expresivo del color, contraponiendo el hermoso verde del aparador y el azul del mantel con el fondo y la luminosidad de las frutas. Otra vez un brillante contraste entre colores complementarios. Si le quitas al cuadro esos tonos anaranjados, la cosa pierde. 

Escribía Picasso así, y tal vez no le faltaba razón:

«El hecho de que en uno de mis cuadros aparezca una mancha determinada de rojo no es lo esencial del cuadro. Se pintó independientemente de ello. Podrías sacar el rojo y el cuadro continuaría allí. En Matisse, empero, es impensable suprimir una mancha de rojo, aunque fuera muy pequeña, sin que el cuadro se venga abajo inmediatamente»

De las obras que siguen en esta 1ª parte ninguna es de Matisse:
Picasso, Naturaleza muerta con candelero (1944)
No vamos a aburrirles más. Ya que citamos a Picasso, acabamos esta entrega con una obra del susodicho, de un cubismo tardío (Naturaleza muerta con candelero). La pintó en agosto de 1944 en París, coincidiendo con la liberación de la ciudad. Otra, de una de sus novias, Françoise Gilot, la única mujer que fue capaz de dejarlo plantado, Fregadero y tomates. Las de un pintor nabi, Pierre Bonnard y, de remate, una del gran arquitecto Le Corbusier, que ¡también pintaba! (muy bien, por cierto).
Françoise Gilot, Évier et tomates (1951)
Pierre Bonnard, Nu à sa toilette (1931); Nu de dos à la toilette (1934)
Le Corbusier, Metamorfosis del violín (1920-1952)
[Continúa en Chez Matisse (y II). El dibujo y las tijeras]
En efecto, dejamos para otra entrega (II) los recortes de papel pintados con gouache y algunos dibujos, que no tienen mucha presencia en la exposición, por desgracia.

[Las fotografías las tomó granuribe50 el 26 de julio de 2026, salvo las de los cuadros que no estaban en la exposición; a saber: las del Salon d´Automne y Nature morte à la statuette africaine. En cuanto a las imágenes de los textos, están tomadas del libro Matisse (Ed. Taschen), de Volkmar Essers, muy recomendable. Otras reflexiones están tomadas de la Autobiografía de Alice B. Toklas, un libro autobiográfico escrito por Gertrude Stein en 1933 simulando ser su amiga Alice, muy recomendable también. G.U. lo obtuvo porque M.C. se lo regaló en una cafetería de las Ramblas a finales de 2019. Siempre solemos volver a él cuando queremos saber cosas del arte y la literatura de aquellos años en el París de las primeras décadas del S. XX, en los que Gertrude Stein estuvo tan implicada].

2 comentarios:

  1. Realmente una entrada de diez, Gran Uribe ¡
    Hay tanto para responder y tanto para preguntar que no sabría por donde empezar.
    Me encanta el puntillismo de Seurat, y desde luego el de su discípulo, Signat, del que aprendió Matisse. El cuadro de Matisse, Luxe, calme et volupté, es uno de mis preferidos.

    Quedé prendado, ya ves, del de Albert Marquet, La cafetera, lo encuentro sublime , con esos colores ocres, y no sabría cual escoger si me pusieran el de Matisse al lado suyo.

    Tête blanche et rose es otro de los oleos que me van, pero si de alguno estoy prendado es de Nu rose assis. Sus colores suaves, de los que no me cabe duda Pere Pruna copió sus celestes, son algo que me dejan patidifuso.

    No me desagradó el de Pierre Bonnard, y me entusiasmó el de Picasso, tiene su personalidad característica.

    En si la exposición fue muy buena; por mi parte fui temprano porque supuse que se llenaría de personal, y no me equivoqué, tuve tiempo de verla tranquilamente porque a las 10´30 aquello estaba a petar.

    Mil gracias por ponernos al detalle, realmente has hecho una muy buena entrada, de aquellas de guardar.
    Abrazos L...si, L, porque L es 50, y si te pongo XXL resulta que te estoy poniendo 30, aunque este se escriba tecleando tres veces la X.
    El otro día caí en la cuenta de que esto de las tallas es una engañifa. La pequeña es la "L", o sea la 50. La otra mas grande, la XL, es la 40; la otra mas grande es la XXL, o sease, la 30...Creo que nos roban hasta el sentido común.




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  2. Quisiera entender de
    pintura, y quisiera que
    me enganchara mas,
    el ir a exposiciónes,
    siempre fui un mal
    dibujante, saludo.

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