Historias de la puta mili fue una serie de cómic creada por el dibujante Ivà para "El Jueves" (1986), que luego tuvo una versión cinematográfica manifiestamente mejorable a principios de los noventa, una especie de sátira del servicio militar obligatorio (no es descartable que vuelva). Quizá alguno de los que se asoman aquí recuerde aquello.
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| Melilla, Cuartel de Regulares II (24 de diciembre de 1975 —Nochebuena—) |
Viene a cuento el asunto porque hoy, hace exactamente
50 años (16 de julio de 1976), G.U. tomó un permiso de un mes mientras cumplía sus obligaciones para con "la Patria" en Melilla. Se acuerda, porque era muy esperado. Por tanto, permitirán ustedes que hoy ejerza una vez más en este blog de "abuelo cebolleta" y les publique tres imágenes.
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| Melilla, Fuerte de la Purísima (14 de julio de 1976) / [Fotografía: Francesc Martí] |
Aquí arriba, en el Fuerte de la Purísima, en la frontera, un par de días antes de tomar el permiso. Un lugar en el que inquietaba hacer guardias. La fotografía que sigue más abajo está relacionada con algo que G.U. ha respondido a una habitual comentarista de El blog del gran Uribe desde hace unos meses (S.C.). Ella le indicaba, por otra vía, que una foto publicada aquí recientemente (y en otros lugares) no se correspondía con el evento con la que la habíamos relacionado. De hecho, en muchos sitios existe ese error.
Es algo que pasa muchas veces. Un tipo con cierta influencia y seguidores publica una imagen de un acontecimiento o de un lugar y todo el mundo copia que es de donde el autor afirma. Uno escribe una cosa y se va reproduciendo de unos a otros sin que nadie se dedique a comprobar la fiabilidad del asunto. ¡Son las redes, amigos!
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| Melilla, Cuartel de Regulares II (mayo de 1976) / [Fotografía: Francesc Martí / granuribe50] |
En la respuesta recordábamos aquello que se contaba en la mili (
se non è vero, è ben trovato) cuando pintaron el banco situado enfrente de la compañía. El soldadito que entró de guardia rellenó el rutinario estadillo con un: "hay un banco enfrente de la compañía que está recién pintado" (o barnizado). Y puso un cartel encima, advirtiendo de esa circunstancia. La burocracia cuartelera hizo que los siguientes que entraban de guardia escribieran el estadillo copiando el anterior y respetando el letrero. Nadie osaba sentarse allí. Y así meses y meses, años y años, hasta tal punto que las siguientes generaciones de reclutas se lo encontraban así en los años siguientes:
"RECIÉN PINTADO".
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