jueves, 8 de diciembre de 2016

La Inmaculada en la pintura española

Recién regresado a sus ocupaciones (entre otras cosas, retomar el curset online sobre Velázquez, que tiene bastante abandonado) y con las pilas ligeramente recargadas (poco), es un buen momento para celebrar este día. Hoy nadie ha ido a trabajar en Cataluña, a diferencia del 6 de diciembre, por lo que se deduce que los catalanes no creen en la Constitución pero sí en la Inmaculada Concepción. ¡Ay caray, qué cosa!

En fin, no nos despistemos. A lo que íbamos: vamos a celebrar este día en el blog con un poco de arte del bueno, a cargo de algunos de los pintores más importantes del barroco español (bueno, a Rubens lo podemos considerar también "de casa" y, en cuanto a Goya, nada tiene que ver ya con el barroco pero le pagarían bien por ese trabajo).

En concreto, lo hacemos con una serie de pinturas dedicadas a la Inmaculada, muchas de las cuales forman parte de crónica visual de la infancia de Gran Uribe, ya que solían figurar (sobre todo las que pintó Murillo), en muchas estampitas de esas que se ponían en los misales que usábamos en los oficios religiosos y que se regalaban a modo de recordatorio del día de la primera comunión ("el día más feliz de mi vida", escribíamos en nuestras redacciones escolares de aquellos tiempos). Quizá convenga aclarar que Gran Uribe estudió en un colegio de curas, como saben algunos de sus seguidores.

Murillo
Velázquez
Rivera
Zurbarán
Para quien no lo sepa, digamos que el dogma de la Inmaculada Concepción es una creencia del catolicismo que sostiene que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que desde el primer instante de su concepción estuvo inmaculadamente "limpia de todo pecado".

Aquí, en España, fue un motivo iconográfico recurrente a lo largo de los siglos y muy especialmente durante el barroco, en el siglo XVII.  Sin duda debía de tratarse de un encargo muy habitual también para los pintores más conocidos, porque todo dios, empezando por los reyes, continuando por los prebostes de la Iglesia —que eran los que cortaban el bacalao— hasta acabar por el último pelafustán con pasta, estaba abducido por este mito, que acabaría siendo declarado dogma de fe por el papa Pío IX mucho después (en 1854). Y "qui paga, mana", como dicen por estos lares, no sin razón.

Rubens
Valdés Leal
El Greco
Goya
Las obras escogidas (hay muchísimas más) están expuestas en el Museo del Prado, salvo la de Velázquez (en la National Gallery, de Londres), la de El Greco (en la Thyssen) y la de Ribera —"El Españoleto"— (en el convento de las Agustinas Recoletas, de Salamanca). No deja de ser curioso que Goya también pintara este tema muchos años después, aunque parece bastante evidente que ese no era el ámbito en que se sentía más a gusto...

En fin, al margen de las creencias de cada uno, "historia es historia" y "arte es arte", como diría un icono de este blog: Vujadin Boskov, un sujeto que formuló sentencias que jamás han podido ser rebatidas.

[Clic en las fotos para ampliarlas]

4 comentarios:

  1. Cierto, Gran Uribe, pero lo podemos situar todavía un pelín más.
    Lo podemos colocar, con su permiso, en el período del barroco sevillano ( Zurbarán, Murillo y Valdez Leal), donde estos tres pintores fundaron una movimiento muy peculiar.
    Por lo demás me quedo con Zurbarán y sus bodegones ocres..
    La temática religiosa me abruma y no me predispone a ser objetivo.
    Salut.

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  2. Menudo plantel de Madonnas. Lo que voy a decir seguro que suena a herejía, o como mínimo a opinión de alguien poco ducho en la materia, cosa que es verdad. Después de observarlas un poco más, no mucho, la verdad, diría lo siguiente.
    La de Murillo tiene expresión de falsa inocencia. La de Velázquez, que es la que más me gusta, de colocarse para la foto. La de Ribera de "yo hago lo que puedo con ese Dios que está como amenazándola". La de Zurbarán de recogimiento. La de Rubens aspecto de "flamenca". La de Valdés Leal de apabullamiento total con ese Dios de expresión indefinible (prefiero no hacerlo por si alguien se siente molesto). La del Greco de mala gaita, como diciendo estoy harta de ser "Purísima", con todos esos ángeles que la cortejan. Y, la de Goya, con cara de circunstancias, también bajo el gesto autoritario de Dios. Cada una tiene su "algo". Ruego perdonen la opinión de alguien profano en la materia y disculpen la zafiedad, si les parece que la hay. Hubiera debido seguir el ejemplo de Tot Barcelona, más elegante, pero cada uno es como es. No podía dejar pasar una ocasión como ésta. MJ

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  3. Sólo dos observaciones. En primer lugar, a mí, como a Gran Uribe y por los mismos motivos, la que me resulta más familiar es la de Murillo. Alguna de las otras versiones ni siquiera la conocía. En segundo lugar, coincido plenamente con GU en que a Goya se le ve algo incómodo con esta temática. Y hasta me atrevo a afirmar que Goya no habría pasado a la Historia si hubiera dependido únicamente de esta versión de la Purísima. desde mi punto de vista, una obra para olvidar.
    El Tapir

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    1. Caramba, Tot Barcelona, MJ y Tapir: ¡qué nivelazo!
      Comparto la mayoría de las observaciones que hacen. A uno no ess la temática que más le atraiga pero la festividad así lo exigía. Me quedo yo también con los bodegones de Zurbarán. No se preocupe, Tot Barcelona, algún día saldrán aquí.
      En cuanto a Goya... yo le veo como un pulpo en un garaje en esa obra.
      Y, hablando de pulpos, vamos a hablar de uno muy grande en la próxima entrada...

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